--Mi querido tutor--dijo Mauricio, presentándose al escribano
D...--necesito, una vez más, ampararme de su férula para un asunto
misterioso en que debo actuar.--
Y refirió al escribano lo ocurrido en la casa de Correos, entregándole
la tarjeta del fiador desconocido.
--El señor Eduardo M. Coll, hijo mio, es Gerente de «La Buenos Aires»,
Compañía de Seguros en la que yo mismo soy accionista ¿qué será ello?
Vamos allá.....--
El presidente don Emilio N. Casares y el Gerente, recibieron al señor
D.... como á un antiguo amigo.
Presentado Mauricio Ridel, el Gerente le manifestó que á la muerte
de Cárlos Ridel, la Compañía había solicitado la presencia de los
herederos, y demandado del síndico de la quiebra, la entrega de la
póliza número 49 de un seguro que hiciera el señor Ridel.
La póliza no se encontró, ni en sus papeles particulares, ni en los de
la razon social.
--¿Existiría en poder de Vd., por acaso?
--No señor--respondió Mauricio--El señor D.... ha manejado mis
intereses, desde la muerte de mi madre, hasta el dia que, por mi órden,
los entregó al concurso; y ni él, ni yo, hemos recibido papel alguno
perteneciente á mi padre.
--Esme grato decir á Vd. que, en último caso, la presencia del heredero
suple la falta de la póliza. Bastaría un documento del señor, con la
declaracion de único heredero; el certificado del médico y la partida
de defuncion. Veremos la resolucion del Directorio. Si fuera favorable,
para llenar ciertas fórmulas, se pondrán avisos por seis dias,
solicitando la póliza de vida del señor Cárlos Ridel.