--Tienes una carta en el correo--dijo Emilio á Mauricio, cuando éste
entraba en la redaccion.
--¿Sí? Pues voy ahora mismo por ella. Quizá es de Francia. ¡Cuánto
tiempo que nada sé de aquella querida gente!
Y salió á prisa.....
--La 3.3_S_4 para Mauricio Ridel--dijo éste al empleado del Correo en
las cartas de posta restante.
Entre varias personas allí presentes, hallábase un caballero que al oir
aquel nombre, volvióse y miró al que lo pronunciara.
El empleado con una carta en la mano, dirijió á Mauricio el
sacramental--¿Puede Vd. dar comprobante de su persona?
--¿Si el señor quisiera aceptarme por fiador?--dijo á Mauricio con una
voz benévola y tranquila, el caballero que en él se fijara.
--¡Ah! señor--respondió éste--no sé si debo......
--¿Por qué no, señor?--interrumpió el empleado--con tal fianza, no
solamente esto: un tesoro.--
Y dió á Mauricio su carta.
Cuando éste se volvió hácia su favorecedor para darle las gracias, él
lo interrumpió para preguntarle si era hijo del señor Cárlos Ridel.
--Soy su hijo único, señor; y á mi vez suplico á Vd. me diga por qué me
hace esta pregunta.--
El desconocido, sin responderle, presentóle su tarjeta y le dijo:
--Ruego á Vd. que, acompañado de alguna persona caracterizada y de
antigua relacion con el señor Cárlos Ridel, se presente en la oficina
128 Rivadavia, donde haré á Vd. una comunicacion que muy mucho le
interesa.--
Perplejo, sin saber que quería de él el desconocido; pero atraido por
el timbre simpático de su voz, buscó su nombre en la tarjeta que tenía
en la mano, para saludarlo con la expresion de su gratitud.
--Eduardo M. Coll--leyó.
--No conozco este nombre: Pero ¿á quién conoce en su patria el pobre
proscrito?