No hay médico tan hábil para las rápidas curaciones como la felicidad.
A su dulce influencia, Mauricio recobró luego la salud y volvió
al trabajo con un ardor, perseverancia y afan que asombraron,
inquietándolo, á Emilio, uno de sus compañeros de labor.
Era que tenía prisa de llenar las condiciones que él mismo había
impuesto á la realizacion de su dicha: adquirir, si no una fortuna, un
holgado bienestar, al menos, que ofrecer á la criatura idolatrada que
iba á ser su esposa.
Pero ¡ah! el lucro en el trabajo, si bien seguro, es lento, y tarda en
llegar.
Solo con audaces golpes de mano, y no en esa esfera de luz, sino en las
regiones tenebrosas de la política, se improvisan las fortunas que con
asombro vemos surjir, no obstante conocer su orígen.
Este pensamiento nublaba á veces su frente.
Una mirada de Julia le restituía la felicidad.
--¡Ah!--solía decirle ella entónces,--¿por qué no hemos de unir nuestro
destino en el trabajo, como se han unido nuestros corazones en el amor?
¿Qué goces de la opulencia igualarán á la dulzura de caminar juntos, á
través del destino, y apoyado el uno en el otro, buscar el pan de la
vida?
--No, amada mia--respondió Mauricio, con acento de autoridad--nunca
permitiría á mi esposa encadenarse á esa ley de labor, mision del
hombre.
¡Ah! cuando seas mia, ¿había de dejarte salir de mis brazos para ir á
desafiar las humillaciones, á que el trabajo expone á la mujer en el
áspero contacto de la vida? ¡Jamás!
--Esperemos--repuso ella--pero, no impacientes, sino con plácida
resignacion. ¡Ah! en cuanto á mí, encuéntrome tan feliz, que quisiera
vivir eternamente en este trocito de cielo.--
Mauricio pensaba tambien así, en esos dulces momentos; pero en otros,
las tristezas volvían á su alma.