XXVII

No hay médico tan hábil para las rápidas curaciones como la felicidad.

A su dulce influencia, Mauricio recobró luego la salud y volvió

al trabajo con un ardor, perseverancia y afan que asombraron,

inquietándolo, á Emilio, uno de sus compañeros de labor.

Era que tenía prisa de llenar las condiciones que él mismo había

impuesto á la realizacion de su dicha: adquirir, si no una fortuna, un

holgado bienestar, al menos, que ofrecer á la criatura idolatrada que

iba á ser su esposa.

Pero ¡ah! el lucro en el trabajo, si bien seguro, es lento, y tarda en

llegar.

Solo con audaces golpes de mano, y no en esa esfera de luz, sino en las

regiones tenebrosas de la política, se improvisan las fortunas que con

asombro vemos surjir, no obstante conocer su orígen.

Este pensamiento nublaba á veces su frente.

Una mirada de Julia le restituía la felicidad.

--¡Ah!--solía decirle ella entónces,--¿por qué no hemos de unir nuestro

destino en el trabajo, como se han unido nuestros corazones en el amor?

¿Qué goces de la opulencia igualarán á la dulzura de caminar juntos, á

través del destino, y apoyado el uno en el otro, buscar el pan de la

vida?

--No, amada mia--respondió Mauricio, con acento de autoridad--nunca

permitiría á mi esposa encadenarse á esa ley de labor, mision del

hombre.

¡Ah! cuando seas mia, ¿había de dejarte salir de mis brazos para ir á

desafiar las humillaciones, á que el trabajo expone á la mujer en el

áspero contacto de la vida? ¡Jamás!

--Esperemos--repuso ella--pero, no impacientes, sino con plácida

resignacion. ¡Ah! en cuanto á mí, encuéntrome tan feliz, que quisiera

vivir eternamente en este trocito de cielo.--

Mauricio pensaba tambien así, en esos dulces momentos; pero en otros,

las tristezas volvían á su alma.

Oasis en la vida · 第 38 / 43 题