Muy bien adviertes.

Ponle allí, y ve recogiendo

Todo esto.

ISABEL.

Mira que tuercen

Ya la llave.

D.ª ÁNG.

Pues dejallo

Todo, esté como estuviere,

Y á escondernos, Isabel,

Ven.

ISABEL.

Alacena _me fecit_.

_(Vanse por la alacena.)_

ESCENA XIV.

COSME.

Ya que me he servido á mí,

De barato quiero hacerle

A mi amo otro servicio.—

Mas ¿quién nuestra hacienda vende

Que así hace almoneda della?

¡Vive Cristo, que parece

Plazuela de la Cebada

La sala con nuestros bienes!

¿Quién está aquí? No está nadie,

Por Dios; y si está, no quiere

Responder. No me responda,

Que me huelgo de que eche

De ver que soy enemigo

De respondones. Con este

Humor, sea bueno, ó sea malo

(Si he de hablar discretamente),

Estoy temblando de miedo:

Pero como á mí me deje

El revoltoso de alhajas

Libre mi dinero, llegue

Y revuelva las maletas

Una y cuatrocientas veces.

Mas ¿qué veo? ¡Vive Dios,

_(Registra la bolsa.)_

Que en carbones lo convierten!

Duendecillo, duendecillo,

Quienquiera que seas ó fueres,

El dinero que tú das

En lo que mandares vuelve,

¿Mas lo que yo hurto, por qué?

ESCENA XV.

DON MANUEL, DON JUAN, DON LUIS. — COSME.

D. JUAN.

¿De qué das voces?

D. LUIS.

¿Qué tienes?

D. MAN.

¿Qué te ha sucedido? Habla.

COSME.

¡Lindo desenfado es ese!

Si tienes por inquilino,

Señor, en tu casa un duende,

¿Para qué nos recebiste

En ella? Un instante breve

Que falté de aquí, la ropa

De tal modo y de tal suerte

Hallé, que, toda esparcida,

Una almoneda parece.

D. JUAN.

¿Falta algo?

COSME.

No falta nada.

El dinero solamente

Que en esta bolsa tenía,

Que era mio, me convierte

En carbones.

D. LUIS.

Sí, ya entiendo.

D. MAN.

¡Qué necia burla previenes!

¡Qué fria y qué sin donaire!

D. JUAN.

¡Qué mala y qué impertinente!

COSME.

No es burla esta, ¡vive Dios!

D. MAN.

Calla, que estás como sueles.

COSME.

Es verdad; mas suelo estar

En mi juicio algunas veces.

D. JUAN.

Quedaos con Dios, y acostaos,

Don Manuel, sin que os desvele

El duende de la posada;

Y aconsejadle que intente

Otras burlas, al criado.

_(Vase.)_

D. LUIS.

No en vano sois tan valiente

Como sois, si habeis de andar,

Desnuda la espada siempre,

Saliendo de los disgustos

El que este loco os pusiere.

_(Vase.)_

ESCENA XVI.

DON MANUEL, COSME.

D. MAN.

¿Ves cuál me tratan por tí?

Todos por loco me tienen

Porque te sufro. A cualquiera

Parte que voy, me suceden

Mil desaires por tu causa.

COSME.

Ya estás solo, y no he de hacerte

Burla mano á mano yo;

Porque sólo en tercio puede

Tirarse uno con su padre.

Dos mil demonios me lleven

Si no es verdad que salí;

Y álguien, fuese quien se fuese,

Hizo este estrago.

D. MAN.

Con eso

Ahora disculparte quieres

De la necedad. Recoge

Esto que esparcido tienes,

Y entra á acostarte.

COSME.

Señor,

En una galera reme...

D. MAN.

Calla, calla, ó vive Dios

Que la cabeza te quiebre.

_(Entra en la alcoba.)_

COSME.

Pesárame con extremo

Que lo tal me sucediese.

Ahora bien, vuelvo á envasar

Otra vez los adherentes

De mis maletas. ¡Oh cielos,

Quién la trompeta tuviese

Del juicio de las alhajas,

Porque á una voz solamente

Viniesen todas!

_(Vuelve Don Manuel con un papel.)_

D. MAN.

Alumbra,

Cosme.

COSME.

Pues ¿qué te sucede,

Señor? ¿Has hallado acaso

Allá dentro alguna gente?

D. MAN.

Descubrí la cama, Cosme,

Para acostarme, y halléme

Debajo de la toalla

De la cama, este billete

Cerrado; y ya el sobrescrito

Me admira más.

COSME.

¿A quién viene?

D. MAN.

A mí; mas de modo extraño.

COSME.

¿Cómo dice?

D. MAN.

Desta suerte.

_(Lee.)_ «Nadie me abra, porque soy

»De Don Manuel solamente.»

COSME.

¡Plegue á Dios, que no me creas

Por fuerza! No le abras, tente,

Sin conjurarle primero.

D. MAN.

Cosme, lo que me suspende

Es la novedad, no el miedo;

Que quien admira no teme.

_(Lee.)_ «Con cuidado me tiene vuestra salud, como á quien fué

la causa de su riesgo. Y así, agradecida y lastimada, os suplico

me aviseis della, y os sirvais de mí; que para lo uno y lo otro

habrá ocasion, dejando la respuesta donde hallasteis éste:

advirtiendo que el secreto importa, porque el dia que lo sepa

alguno de los amigos, perderé yo el honor y la vida.»

COSME.

¡Extraño caso!

D. MAN.

¿Qué extraño?

COSME.

¿Eso no te admira?

D. MAN.

No;

Antes con esto llegó

A mi vista el desengaño.

COSME.

¿Cómo?

D. MAN.

Bien claro se ve

Que aquella dama tapada,

Que tan ciega y tan turbada

De Don Luis huyendo fué,

Era su dama, supuesto,

Cosme, que no puede ser,

Si es soltero, su mujer.

Y dando por cierto esto,

¿Qué dificultad tendrá

Que en la casa de su amante,

Tenga ella mano bastante

Para entrar?

COSME.

Muy bien está

Pensado; mas mi temor

Pasa adelante. Confieso

Que es su dama, y el suceso

Te doy por bueno, señor;

¿Pero ella cómo podia

Desde la calle, saber

Lo que habia de suceder,

Para tener este dia

Ya prevenido el papel?

D. MAN.

Despues de haberme pasado,

Pudo dársele á un criado.

COSME.

Y aunque se le diera, ¿él

Cómo aquí ha de haberle puesto?

Pues nadie en el cuarto entró

Desde que en él quedé yo.

D. MAN.

Bien pudo ser ántes de esto.

COSME.

Sí; mas hallar trabucadas

Las maletas y la ropa,

Y el papel escrito, topa

En más.

D. MAN.

Mira si cerradas

Esas ventanas están.

COSME.

Y con aldabas y rejas.

D. MAN.

Con mayor duda me dejas,

Y mil sospechas me dan.

COSME.

¿De qué?

D. MAN.

No sabré explicallo.

COSME.

En efecto, ¿qué has de hacer?

D. MAN.

Escribir y responder

Pretendo, hasta averiguallo,

Con estilo que parezca

Que no ha hallado en mi valor,

Ni admiracion ni temor;

Que no dudo que se ofrezca

Una ocasion en que demos,

Viendo que papeles hay,

Con quien los lleva y los tray.

COSME.

¿Y de aquesto no daremos

Cuenta á los huéspedes?

D. MAN.

No,

Porque no tengo de hacer

Mal alguno á una mujer,

Que así de mí se fió.

COSME.

¿Luego ya ofendes á quien

Su galan juzgas?

D. MAN.

No tal,

Pues sin hacerla á ella mal,

Puedo yo proceder bien.

COSME.

No, señor; más hay aquí

De lo que á tí te parece:

Con cada discurso crece

Mi sospecha.

D. MAN.

¿Cómo así?

COSME.

Ves aquí que van y vienen

Papeles, y que jamás

Aunque lo examines más,

Ciertos desengaños tienen:

¿Qué crêrás?

D. MAN.

Que ingenio y arte

Hay para entrar y salir,

Para cerrar, para abrir,

Y que el cuarto tiene parte

Por dónde. Y en duda tal,

El juicio podré perder:

Pero no, Cosme, creer

Cosa sobrenatural.

COSME.

¿No hay duendes?

D. MAN.

Nadie los vió.

COSME.

¿Familiares?

D. MAN.

Son quimeras.

COSME.

¿Brujas?

D. MAN.

Ménos.

COSME.

¿Hechiceras?

D. MAN.

¡Qué error!

COSME.

¿Hay súcubos?

D. MAN.

No.

COSME.

¿Encantadoras?

D. MAN.

Tampoco.

COSME.

¿Mágicas?

D. MAN.

Es necedad.

COSME.

¿Nigromantes?

D. MAN.

Liviandad.

COSME.

¿Energúmenos?

D. MAN.

¡Qué loco!

COSME.

¡Vive Dios que te cogí!

¿Diablos?

D. MAN.

Sin poder notorio.

COSME.

¿Hay almas del purgatorio?

D. MAN.

¿Que me enamoren á mí?

¡Hay más necia bobería!

Déjame; que estás cansado.

COSME.

En fin, ¿qué has determinado?

D. MAN.

Asistir de noche y dia

Con cuidados singulares

(Aquí el desengaño fundo)

Sin creer que hay en el mundo

Ni duendes ni familiares.

COSME.

Pues yo en efecto presumo

Que algun demonio los tray,

Que esto y más habrá, donde hay

Quien tome tabaco de humo.

JORNADA SEGUNDA.

Habitacion de Doña Ángela.

ESCENA PRIMERA.

DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ, ISABEL.

D.ª BEAT.

Notables cosas me cuentas.

D.ª ÁNG.

No te parezcan notables,

Hasta que sepas el fin.

¿En qué quedamos?

D.ª BEAT.

Quedaste

En que por el alacena

Hasta su cuarto pasastes,

Que es tan difícil de verse

Como fué de abrirse fácil;

Que le escribiste un papel,

Y que al otro dia hallaste

La respuesta.

D.ª ÁNG.

Digo pues

Que tan cortés y galante

Estilo no ví jamás,

Mezclando entre lo admirable

Del suceso, lo gracioso,

Imitando los andantes

Caballeros, á quien pasan

Aventuras semejantes.

El papel, Beatriz, es éste:

Holgaréme que te agrade.

_(Lee.)_ «Fermosa dueña, cualquier que vos seais la condolida

deste afanado caballero, y asaz piadosa minorais sus cuitas,

ruégovos me querais facer sabidor del follon mezquino, ó pagano

malandrin, que en este encanto vos amancilla, para que segunda

vegada en vueso nombre, sano ya de las pasadas feridas, éntre en

descomunal batalla, magüer que finque muerto en ella; que non es

la vida de más pro que la muerte, tenudo á su deber un caballero.

El dador de la luz vos mampare, é á mí non olvide.

»_El caballero de la Dama Duende._»

D.ª BEAT.

¡Buen estilo por mi vida,

Y á propósito el lenguaje,

Del encanto y la aventura!

D.ª ÁNG.

Cuando esperé que con graves

Admiraciones viniera

El papel, ví semejante

Desenfado, cuyo estilo

Quise llevar adelante,

Y respondiéndole así,

Pasé...

ISABEL.

Detente, no pases,

Que viene D. Juan, tu hermano.

D.ª ÁNG.

Vendrá muy firme y amante

A agradecerte la dicha

De verte, Beatriz, y hablarte

En su casa.

D.ª BEAT.

No me pesa,

Si hemos de decir verdades.

ESCENA II.

DON JUAN. — DICHAS.

D. JUAN.

No hay mal que por bien no venga,

Dicen adagios vulgares,

Y en mí se ve, pues que vienen

Por mis bienes vuestros males.

He sabido, Beatriz bella,

Que un pesar, que vuestro padre

Con vos tuvo, á nuestra casa

Sin gusto y contento os trae.

Pésame que hayan de ser

Lisonjeros y agradables,

Como para vos mis gustos,

Para mí vuestros pesares;

Pues es fuerza que no sienta

Desdichas que han sido parte

De veros: porque hoy amor

Diversos efectos hace,

En vos de pena, y en mí

De gloria, bien como el áspid,

De quien, si sale el veneno,

Tambien la triaca sale.

Vos seais muy bien venida;

Que aunque es corto el hospedaje,

Bien se podrá hallar un sol

En compañía de un ángel.

D.ª BEAT.

Pésames y parabienes

Tan cortésmente mezclasteis,

Que no sé á qué responderos.

Disgustada con mi padre

Vengo: la culpa tuvisteis;

Pues aunque el galan no sabe,

Sabe que por el balcon

Hablé anoche, y miéntras pase

El enojo, con mi prima

Quiere que esté, porque hace

De su virtud confianza.

Sólo os diré, y esto baste,

Que los disgustos estimo;

Porque tambien en mí cause

Amor efectos diversos,

Bien como el sol, cuando esparce

Bellos rayos, que una flor

Se marchita y otra nace.

Hiere el amor en mi pecho,

Y es sólo un rayo bastante

A que se muera el pesar,

Y nazca el gusto de hallarme

En vuestra casa, que ha sido

Una esfera de diamante,

Hermosa envidia de un sol,

Y capaz dosel de un ángel.

D.ª ÁNG.

Bien se ve que de ganancia

Andais hoy los dos amantes,

Pues que me dais de barato

Tantos favores.

D. JUAN.

¿No sabes,

Hermana, lo que he pensado?

Que tú sola, por vengarte

Del cuidado que te da

Mi huésped, cuerda buscaste

Huéspeda, que á mí me ponga

En cuidado semejante.

D.ª ÁNG.

Dices bien, y yo lo he hecho

Sólo porque la regales.

D. JUAN.

Yo me doy por muy contento

De la venganza.

_(Quiere irse.)_

D.ª BEAT.

¿Qué haces,

Don Juan? ¿dónde vas?

D. JUAN.

Beatriz,

A servirte; que dejarte,

Sólo á tí por tí pudiera.

D.ª ÁNG.

Déjale ir.

D. JUAN.

Dios os guarde.

ESCENA III.

DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ, ISABEL.

D.ª ÁNG.

Sí, cuidado con su huésped

Me dió, y cuidado tan grande,

Que apénas sé de mi vida,

Y él de la suya no sabe.

Viéndote á tí, con el mismo

Cuidado he de desquitarme;

Porque de huésped á huésped

Estemos los dos iguales.

D.ª BEAT.

El deseo de saber

Tu suceso, fuera parte

Solamente á no sentir

Su ausencia.

D.ª ÁNG.

Por no cansarte,

Papeles suyos y mios

Fueron y vinieron, tales

(Los suyos digo) que pueden

Admitirse y celebrarse;

Porque mezclando las véras

Y las burlas, no ví iguales

Discursos.

D.ª BEAT.

Y él, en efecto,

¿Qué es á lo que se persuade?

D.ª ÁNG.

A que debo de ser dama

De Don Luis, juntando partes

De haberme escondido dél

Y de tener otra llave

Del cuarto.

D.ª BEAT.

Sola una cosa

Dificultad se me hace.

D.ª ÁNG.

¿Dí cuál es?

D.ª BEAT.

¿Cómo este hombre

Viendo que hay quien lleva y trae

Papeles, no te ha espiado,

Y te ha cogido en el lance?

D.ª ÁNG.

No está eso por prevenir;

Porque tengo á sus umbrales

Un hombre yo, que me avisa

De quién entra y de quién sale;

Y así no pasa Isabel

Hasta saber que no hay nadie.

Que ya ha sucedido, amiga,

Un dia entero quedarse

Un criado para verlo,

Y haberle salido en balde

La diligencia y cuidado.

Y porque no se me pase

De la memoria, Isabel,

Llévate aquel azafate

En siendo tiempo.

D.ª BEAT.

Otra duda.

¿Cómo es posible que alabes

De tan entendido, un hombre

Que no ha dado en casos tales

En el secreto comun

De la alacena?

D.ª ÁNG.

¿Ahora sabes

Lo del huevo de Juanelo,

Que los ingenios más grandes

Trabajaron en hacer

Que en un bufete de jaspe

Se tuviese en pié, y Juanelo

Con sólo llegar y darle

Un golpecito, le tuvo?

Las grandes dificultades,

Hasta saberse lo son;

Que sabido, todo es fácil.

D.ª BEAT.

Otra pregunta.

D.ª ÁNG.

Dí cuál.

D.ª BEAT.

¿De tan locos disparates

Qué piensas sacar?

D.ª ÁNG.

No sé.

Dijérate que mostrarme

Agradecida, y pasar

Mis penas y soledades,

Si ya no fuera más que esto,

Porque necia y ignorante,

He llegado á tener celos

De ver que el retrato guarde

De una dama, y áun estoy

Dispuesta á entrar y tomarle

En la primera ocasion;

Y no sé cómo declare

Que estoy ya determinada

A que me vea y me hable.

D.ª BEAT.

¿Descubierta por quién eres?

D.ª ÁNG.

¡Jesus, el cielo me guarde!

Ni él, pienso yo, que á un amigo

Y huésped traicion tan grande

Hiciera; pues el pensar

Que soy dama suya, hace

Que me escriba temeroso,

Cortés, turbado y cobarde;

Y en efecto, yo no tengo

De ponerme á ese desaire.

D.ª BEAT.

¿Pues cómo ha de verte?

D.ª ÁNG.

Escucha,

Y sabrás la más notable

Traza, sin que yo al peligro

De verme en su cuarto pase,

Y él venga, sin saber dónde.

ISABEL.

Pon otro hermano á la márgen,

Que viene Don Luis.

D.ª ÁNG.

Despues

Lo sabrás.

D.ª BEAT.

¡Qué desiguales

Son los influjos! ¡Que el cielo

En igual mérito y partes

Ponga tantas diferencias

Y tantas distancias halle,

Que, con un mismo deseo,

Uno obligue y otro canse!

Vamos de aquí, que no quiero

Que llegue Don Luis á hablarme.

_(Quiere irse.)_

ESCENA IV.

DON LUIS. — DICHAS.

D. LUIS.

¿Por qué os ausentais así?

D.ª BEAT.

Sólo porque vos llegasteis.

D. LUIS.

La luz más hermosura y pura,

De quien el sol la aprendió,

¿Huye porque llego yo?

¿Soy la noche por ventura?

Pues perdone tu hermosura

Si atrevido y descortés

En detenerte me ves;

Que yo, en esta contingencia,

No quiero pedir licencia,

Porque tú no me la des.

Que, estimando tu rigor,

No quiere la suerte mia

Que áun esto, que es cortesía,

Tenga nombre de favor.

Ya sé que mi loco amor

En tus desprecios no alcanza

Un átomo de esperanza;

Pero yo, viendo tan fuerte

Rigor, tengo que quererte,

Por sólo tomar venganza.

Mayor gloria me darás,

Cuando más penas me ofrezcas;

Pues cuando más me aborrezcas,

Tengo de quererte más.

Si desto quejosa estás,

Porque con solo un querer

Los dos vengamos á ser,

Entre el placer y el pesar,

Extremos, aprende á amar

O enséñame á aborrecer;

Enséñame tú rigores,

Yo te enseñaré finezas;

Enséñame tú asperezas,

Yo te enseñaré favores;

Tú desprecios, y yo amores;

Tú olvido, y yo firme fe;

Aunque es mejor, porque dé

Gloria al amor, siendo dios,

Que olvides tú por los dos;

Que yo por los dos querré.

D.ª BEAT.

Tan cortésmente os quejais,

Que, aunque agradecer quisiera

Vuestras penas, no lo hiciera,

Sólo porque las digais.

D. LUIS.

Como tan mal me tratais,

El idioma del desden

Aprendí.

D.ª BEAT.

Pues ese es bien

Que sigais; que en caso tal,

Hará soledad el mal

A quien le dice tan bien.

_(Quiere irse, y detiénela Don Luis.)_

D. LUIS.

Oye, si acaso te vengas,

Y padezcamos los dos.

D.ª BEAT.

No he de escucharos. Por Dios,

Amiga, que le detengas.

_(Vase.)_

D.ª ÁNG.

¡Que tan poco valor tengas

Que esto quieras oir y ver!

D. LUIS.

¡Ay hermana! ¿qué he de hacer?

D.ª ÁNG.

Dar tus penas al olvido;

Que querer aborrecido

Es morir, y no querer.

D. LUIS.

Quejoso, ¿cómo podré

Olvidarla? ¡Que es error!

Díla que me haga un favor,

Y obligado olvidaré;

Ofendido no; porqué

El más prudente, el más sabio

Da su sentimiento al labio;

Si olvidarse el favor suele,

Es porque el favor no duele

De la suerte que el agravio.

_(Vanse.)_

ESCENA V.

RODRIGO. — DON LUIS.

RODRIGO.

¿De dónde vienes?

D. LUIS.

No sé.

RODRIGO.

Triste parece que estás:

¿La causa no me dirás?

D. LUIS.

Con Doña Beatriz hablé.

RODRIGO.

No digas más; ya se ve

En tí lo que respondió.

Pero ¿dónde está, que yo

No la he visto?

D. LUIS.

La tirana

Es huéspeda de mi hermana

Unos dias, porque no

Me falte un enfado así

De un huésped; que cada dia

Mis hermanos á porfía

Se conjuran contra mí;

Pues cualquiera tiene aquí

Uno que pesar me dé:

De Don Manuel, ya se ve,

Y de Beatriz; pues los cielos,

Me traen á casa mis celos,

Porque sin ellos no esté.

RODRIGO.

Mira que Don Manuel puede

Oirte, que viene allí.

ESCENA VI.

DON MANUEL. — DICHOS.

D. MAN.

_(Ap.)_ ¡Sólo en el mundo por mí

Tan gran prodigio sucede!

¿Qué haré, cielos, con que quede

Desengañado, y saber

De una vez si esta mujer

Dama de Don Luis ha sido,

O cómo mano ha tenido

Y cautela, para hacer

Tantos engaños?

D. LUIS.

Señor

Don Manuel.

D. MAN.

Señor Don Luis.

D. LUIS.

¿De dónde bueno venís?

D. MAN.

De Palacio.

D. LUIS.

Grande error

El mio fué en preguntar,

A quien pretensiones tiene,

Dónde va, ni dónde viene;

Porque es fuerza que ha de dar

Cualquiera línea en Palacio,

Como centro de su esfera.

D. MAN.

Si sólo á Palacio fuera,

Estuviera más despacio;

Pero mi afan inmortal

Mayor término ha pedido.

Su Majestad ha salido

Esta tarde al Escorial,

Y es fuerza esta noche ir

Con mis despachos allá,

Que de importancia será.

D. LUIS.

Si ayudaros á servir

Puedo en algo, ya sabeis

Que soy, en cualquier suceso,

Vuestro.

D. MAN.

Las manos os beso

Por la merced que me haceis.

D. LUIS.

Ved, que no es lisonja esto.

D. MAN.

Ya veo que es voluntad

De mi aumento.

D. LUIS.

_(Ap.)_ Así es verdad,

Porque negocies más presto.

D. MAN.

Pero á un galan cortesano

Tanto como vos, no es justo

Divertirle de su gusto;

Porque yo tengo por llano

Que estareis entretenido,

Y gran desacuerdo fuera

Que ausentaros pretendiera.

D. LUIS.

Aunque hubiérades oido

Lo que con Rodrigo hablaba,

No respondiérais así.

D. MAN.

¿Luego bien he dicho?

D. LUIS.

Sí,

Que aunque es verdad que lloraba

De una hermosura el rigor,

A la firme voluntad,

La hace tanta soledad

El desden como el favor.

D. MAN.

¡Qué desvalido os pintais!

D. LUIS.

Amo una grande hermosura

Sin estrella y sin ventura.

D. MAN.

¿Conmigo disimulais

Agora?

D. LUIS.

¡Pluguiera al cielo!

Mas tan infeliz nací,

Que huye esta beldad de mí

Como de la noche el velo

De la hermosa luz del dia,

A cuyos rayos me quemo.

¿Quereis ver con cuánto extremo

Es la triste suerte mia?

Pues porque no la siguiera

Amante y celoso yo,

A una persona pidió

Que mis pasos detuviera.

Ved si hay rigores más fieros,

Pues todos suelen buscar

Terceros para alcanzar,

Y ella huye por terceros.

_(Vanse Don Luis y Rodrigo.)_

ESCENA VII.

DON MANUEL.

¿Qué más se ha de declarar?

¡Mujer que su vista huyó,

Y á otra persona pidió

Que le llegase á estorbar!

Por mí lo dice y por ella.

Ya por lo ménos vencí

Una duda, pues ya ví

Que, aunque es verdad que es aquella,

No es su dama; porque él

Despreciado no viviera,

Si en su casa la tuviera.

Ya es mi duda más cruel,

Si no es su dama, ni vive

En su casa, ¿cómo así

Escribe y responde? Aquí

Muere un engaño, y concibe

Otro engaño. ¿Qué he de hacer?

Que soy en mis opiniones

Confusion de confusiones.

¡Válgate Dios por mujer!

ESCENA VIII.

COSME. — DON MANUEL.

COSME.

Señor, ¿qué hay de duende? ¿acaso

Hasle visto por acá?

Que de saber que no está

Allá, me holgaré.

D. MAN.

Habla paso.

COSME.

Que tengo mucho que hacer

En nuestro cuarto, y no puedo

Entrar.

D. MAN.

Pues ¿qué tienes?

COSME.

Miedo.

D. MAN.

¿Miedo un hombre ha de tener?

COSME.

No le ha de tener, señor.

Pero ve aquí que le tiene,

Porque al suceso conviene.

D. MAN.

Deja aquese necio humor,

Y lleva luz, porque tengo

Que disponer y escribir,

Y esta noche he de salir

De Madrid.

COSME.

A eso me atengo,

Pues dices con eso aquí

Que tienes miedo al suceso.

D. MAN.

Antes te he dicho con eso

Que no hago caso de tí;

Pues de otras cosas me acuerdo,

Que son diferentes, cuando

En estas me estás hablando.

El tiempo en efecto pierdo.

En tanto que me despido

De Don Juan, ten luz.

_(Vase.)_

COSME.

Sí haré.

Luz al duende llevaré,

Que es hora que sea servido,

Y no esté á escuras. Aquí

Ha de haber una cerilla;

En aquella lamparilla,

Que se está muriendo allí,

Encenderla agora puedo.

¡Oh qué prevenido soy!

Y entre estas y estotras voy

Titiritando de miedo.

_(Vase.)_

* * * * *

Cuarto de Don Manuel

ESCENA IX.

ISABEL, _que sale por la alacena con un azafate cubierto_.

Fuera están, que así el criado

Me lo dijo. Agora es tiempo

De poner este azafate

De ropa blanca en el puesto

Señalado.—¡Ay de mí triste!

Que como es de noche, tengo,

Con la grande oscuridad,

De mí misma, asombro y miedo.

¡Válgame Dios, que temblando

Estoy! El duende primero

Soy que se encomienda á Dios.

No hallo el bufete. ¿Qué es esto?

Con la turbacion y espanto

Perdí de la sala el tiento.

No sé dónde estoy, ni hallo

La mesa. ¿Qué he de hacer? ¡Cielos!

Si no acertase á salir,

Y me hallasen aquí dentro,

Dábamos con todo el caso

Al traste. Gran temor tengo,

Y más agora, que abrir

La puerta del cuarto siento,

Y trae luz el que la abre.

Aquí dió fin el suceso;

Que ya ni puedo esconderme,

Ni volver á salir puedo.

ESCENA X.

COSME, _con luz_. — ISABEL.

COSME.

Duende, mi señor, si acaso

Obligan los rendimientos

A los duendes bien nacidos,

Humildemente le ruego

Que no se acuerde de mí

En sus muchos embelecos,

Y esto por cuatro razones:

La primera, yo me entiendo;

_(Va andando, é Isabel detras de él, huyendo de que la vea.)_

La segunda, usted lo sabe.

La tercera, por aquello

De que al buen entendedor...

La cuarta, por estos versos:

Señora Dama Duende,

Duélase de mí,

Que soy niño y solo,

Y nunca en tal me ví.

ISABEL.

_(Ap.)_ Ya con la luz he cobrado

El tino del aposento,

Y él no me ha visto; si aquí

Se la mato, será cierto

Que, miéntras la va á encender,

Salir á mi cuarto puedo;

Que cuando sienta el rüido,

No me verá por lo ménos,

Y á dos daños el menor.

COSME.

¡Qué gran músico es el miedo!

ISABEL.

_(Ap.)_ Esto ha de ser desta suerte.

_(Dale un golpe, y mátale la luz.)_

COSME.

¡Ay infeliz que me han muerto!

¡Confesion!

ISABEL.

Ahora podré

Escaparme.

ESCENA XI.

DON MANUEL. — ISABEL, COSME.

D. MAN.

¿Qué es aquesto,

Cosme? ¿cómo estás sin luz?

COSME.

Como á los dos nos ha muerto

El duende: á la luz, de un soplo,

Y á mí de un golpe.

D. MAN.

Tu miedo

Te hará creer esas cosas.

COSME.

Bien á mi costa las creo.

ISABEL.

_(Ap.)_ ¡Oh si la puerta encontrase!

D. MAN.

¿Quién está aquí?

_(Encuentra Isabel con Don Manuel, y él la tiene del azafate.)_

ISABEL.

_(Ap.)_ Peor es esto;

Que con el amo he encontrado.

D. MAN.

Trae luz, Cosme, que ya tengo

A quien es.

COSME.

Pues no le sueltes.

D. MAN.

No haré; ve por ella presto.

COSME.

Tenle bien.

_(Vase.)_

ISABEL.

_(Ap.)_ Del azafate

Asió; en sus manos le dejo.

Hallé la alacena. ¡Adios!

_(Vase, dejándole el azafate en la mano.)_

D. MAN.

Cualquiera que es, se esté quedo

Hasta que traigan la luz;

Porque si no, ¡vive el cielo,

Que le dé de puñaladas!—

Pero sólo abrazo el viento,

Y encuentro sólo una cosa

De ropa y de poco peso.

¿Qué será? ¡Válgame Dios,

Que en más confusion me ha puesto!

ESCENA XII.

COSME, _con la luz_. — DON MANUEL.

COSME.

Téngase el duende á la luz.

Pues ¿qué es dél? ¿no estaba preso?

¿Qué es esto, señor?

D. MAN.

No acierto

A responder. Esta ropa

Me ha dejado, y se fué huyendo.

COSME.

¿Y qué dices deste lance?

Aun bien, que agora tú mesmo

Dijiste que le tenías,

Y se te fué por el viento.

D. MAN.

Diré que aquesta persona,

Que con arte y con ingenio

Entra y sale aquí, esta noche

Estaba encerrada dentro;

Que, para poder salir,

Te mató la luz, y luego

Me dejó á mí el azafate,

Y se me ha escapado huyendo.

COSME.

¿Por dónde?

D. MAN.

Por esa puerta.

COSME.

Harásme que pierda el seso.

¡Vive Dios, que yo le ví

A los últimos reflejos,

Que la pavesa dejó

De la luz, que me habia muerto!

D. MAN.

¿Qué forma tenía?

COSME.

Era un fraile

Tamañito, y tenía puesto

Un cucurucho tamaño;

Que por estas señas creo

Que era duende capuchino.

D. MAN.

¡Qué de cosas hace el miedo!

Alumbra aquí, y lo que trajo

El frailecito veremos.

Ten este azafate tú.

COSME.

¿Yo azafates del infierno?

D. MAN.

Tenle pues.

COSME.

Tengo las manos

Sucias, señor, con el sebo

De la vela, y mancharé

El tafetan que cubierto

Le tiene; mejor será

Que le pongas en el suelo.

D. MAN.

Ropa blanca es, y un papel.

Veamos si el fraile es discreto.

_(Lee.)_ «En el poco tiempo que ha que vivís en esa casa, no

se ha podido hacer más ropa; como se fuere haciendo, se irá

llevando. A lo que decís del amigo, persuadido á que soy dama

de D. Luis, os aseguro que no sólo no lo soy, pero que no puedo

serlo; y esto dejo para la vista que será presto. Dios os guarde.»

Bautizado está este duende,

Pues de Dios se acuerda.

COSME.

¿Veslo,

Cómo hay duende religioso?

D. MAN.

Muy tarde es; ve componiendo

Las maletas y cojines,

Y en una bolsa pon estos

Papeles, que son el todo

A que vamos; que yo entiendo

En tanto dejar respuesta

A mi duende.

_(Da unos papeles á Cosme, pónelos él sobre una silla, y Don Manuel

escribe.)_

COSME.

Teatro selecto, tomo 3 de 4 · 第 5 / 15 段