Aquí yo quiero,

Para que no se me olviden

Y estén á mano, ponerlos,

Miéntras me detengo un rato,

Solamente á decir esto:

¿Has creido ya que hay duendes?

D. MAN.

¡Qué disparate tan necio!

COSME.

¿Esto es disparate? ¿Ves

Tú mismo tantos efectos,

Como venirse á tus manos

Un regalo por el viento,

Y áun dudas? Pero bien haces

Si á tí te va bien con eso;

Mas déjame á mí, que yo,

Que peor partido tengo,

Lo crea.

D. MAN.

¿De qué manera?

COSME.

Desta manera lo pruebo:

Si nos revuelven la ropa,

Te ries mucho de verlo;

Y yo soy quien la compone,

Que no es trabajo pequeño.

Si á tí te dejan papeles,

Y te llevan los conceptos;

A mí me dejan carbones,

Y se llevan mi dinero.

Si traen dulces, tú te huelgas

Como un padre de comerlos;

Y yo ayuno como un puto,

Pues ni los toco ni veo.

Si á tí te dan las camisas,

Las valonas y pañuelos;

A mí los sustos me dan

De escucharlo y de saberlo.

Si, cuando los dos venimos

Aquí, casi á un mismo tiempo,

Te dan á tí un azafate

Tan aseado y compuesto;

A mí un mojicon me dan

En aquestos pestorejos,

Tan descomunal, tan grande,

Que me hace escupir los sesos.

Para tí sólo, señor,

Es el gusto y el provecho,

Para mí el susto y el daño;

Y tiene el duende en efecto,

Para tí mano de lana,

Para mí mano de hierro.

Pues déjame que lo crea;

Que se apura el sufrimiento,

Queriendo negarle á un hombre

lo que está pasando y viendo.

D. MAN.

Haz las maletas, y vamos;

Que allá en el cuarto te espero

De Don Juan.

COSME.

¿Pues qué hay que hacer

Si allá vestido de negro

Has de andar, y esto se hace

Con tomar un ferreruelo?

D. MAN.

Deja cerrado, y la llave

Lleva; que si en este tiempo

Hiciera falta, otra tiene

Don Juan.—Confuso me ausento

Por no llevar ya sabido

Esto, que ha de ser tan presto

Pero uno importa al honor

De mi casa y de mi aumento,

Y otro solamente á un gusto;

Y así entre los dos extremos,

Donde el honor es lo más,

Todo lo demas es ménos.

_(Vanse.)_

* * * * *

Cuarto de Doña Ángela.

ESCENA XIII.

DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ, ISABEL.

D.ª ÁNG.

¿Eso te ha sucedido?

ISABEL.

Ya todo el embeleco ví perdido,

Porque, si allí me viera,

Fuerza, señora, fuera

El descubrirse todo;

Pero en efecto, me escapé del modo

Que te dije.

D.ª ÁNG.

Fué extraño

Suceso.

D.ª BEAT.

Y ha de dar fuerza al engaño,

Sin haber visto gente,

Ver que dé un azafate, y que se ausente.

D.ª ÁNG.

Si tras desto consigo

Que me vea del modo que te digo,

Ni dudo de que pierda

El juicio.

D.ª BEAT.

La atencion más grave y cuerda

Es fuerza que se espante,

Ángela, con suceso semejante;

Porque querer llamalle

Sin saber donde viene, y que se halle

Luego con una dama

Tan hermosa, tan rica y de tal fama,

Sin que sepa quién es, ni dónde vive

(Que esto es lo que tu ingenio le apercibe)

Y haya, vendado y ciego,

De volver á salir y dudar luego,

¿A quién no ha de admirar?

D.ª ÁNG.

Todo advertido

Está ya, y por estar tú aquí no ha sido

Hoy la noche primera

Que ha de venir á verme.

D.ª BEAT.

¿No supiera

Yo callar el suceso

De tu amor?

D.ª ÁNG.

Que no, prima, no es por eso

Sino que estando en casa

Tú, como á mis hermanos les abrasa

Tu amor, no salen della,

Adorando los rayos de tu estrella;

Y fuera aventurarme,

No ausentándose ellos, empeñarme.

ESCENA XIV.

DON LUIS, _al paño_. — DICHOS.

D. LUIS.

_(Ap.)_ ¡Oh cielos, quién pudiera

Disimular su afecto, quién pusiera

Límite al pensamiento,

Freno á la voz y ley al sentimiento!

Pero ya que conmigo

Tan poco puedo, que esto no consigo,

Desde aquí he de ensayarme

A vencer mi pasion, y reportarme.

D.ª BEAT.

Yo diré de qué suerte

Se podrá disponer, para no hacerte

Mal tercio, y para hallarme

Aquí; porque sintiera el ausentarme,

Sin que el efecto viera

Que deseo.

D.ª ÁNG.

Pues dí de qué manera.

D. LUIS.

_(Ap.)_ ¿Qué es lo que las dos tratan,

Que de su mismo aliento se recatan?

D.ª BEAT.

Las dos publicaremos

Que mi padre envió por mí, y haremos

La deshecha con modos,

Que creyendo que estoy ya ausente todos

Vuelva á quedarme en casa...

D. LUIS.

_(Ap.)_ ¿Qué es esto, cielos, que en mi agravio pasa?

D.ª BEAT.

Y oculta con secreto

Sin estorbos podré ver el efeto...

D. LUIS.

_(Ap.)_ ¿Qué es lo que oigo, hado injusto?

D.ª BEAT.

Que ha de ser para mí de tanto gusto.

D.ª ÁNG.

Y luégo, ¿qué diremos

De verte aquí otra vez?

D.ª BEAT.

¿Pues no tendremos

(¡Qué mal eso te admira!)

Ingenio para hacer otra mentira?

D. LUIS.

_(Ap.)_ Sí tendreis. ¡Que esto escucho!

Con nuevas penas y tormentos lucho.

D.ª BEAT.

Con esto, sin testigos y en secreto,

Deste notable amor veré el efeto;

Pues estando escondida

Yo, y estando la casa recogida,

Sin escándalo arguyo

Que pasar pueda de su cuarto al tuyo.

D. LUIS.

_(Ap.)_ Bien claramente infiero

(Cobarde vivo, y atrevido muero)

Su intencion. Mas dichoso

Mi hermano la merece: ¡estoy celoso!

A darle se prefiere

La ocasion que desea; y así quiere

Que de su cuarto pase

Sin que nadie lo sepa, y yo me abrase;

Y porque sin testigos

Se logren (¡oh enemigos!)

Mintiendo mi sospecha,

Hacer quiere conmigo la deshecha.

Pues si esto es así, cielo,

Para el estorbo de su amor apelo:

Y cuando esté escondida,

Buscando otra ocasion, con atrevida

Resolucion veré toda la casa,

Hasta hallarle; que el fuego que me abrasa,

Ya no tiene otro medio;

Que el estorbar es último remedio

De un celoso. Valedme, ¡santos cielos!

Que abrasado de amor, muero de celos.

_(Vase.)_

D.ª ÁNG.

Está bien prevenido,

Y mañana diremos que te has ido.

ESCENA XV.

DON JUAN. — DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ, ISABEL.

D. JUAN.

¡Hermana! ¡Beatriz bella!

D.ª BEAT.

Ya te echábamos ménos.

D. JUAN.

Si mi estrella

Tantas dichas mejora,

Que me eche ménos vuestro sol, señora,

De mí mismo envidioso,

Tendré mi mismo bien por sospechoso

Que posible no ha sido

Que os haya merecido

Mi amor ese cuidado;

Y así, de mí envidioso y envidiado

Tendré en tan dulce abismo

Yo lástima y envidia de mí mismo.

D.ª BEAT.

Contradecir no quiero

Argumento, Don Juan, tan lisonjero,

Que quien ha dilatado

Tanto el venirme á ver, y me ha olvidado

¿Quién duda que estaria

Bien divertido, sí, y allí tendría

Envidia á su ventura

Y lástima, perdiendo la hermosura

Que tanto le divierte?

Luego claro se prueba desta suerte

Con cierto silogismo

La lástima y envidia de sí mismo.

D. JUAN.

Si no fuera ofenderme y ofenderos,

Intentara, Beatriz, satisfaceros

Con deciros que he estado

Con Don Manuel, mi huésped, ocupado

Agora en su partida,

Porque se fué esta noche.

D.ª ÁNG.

¡Ay de mi vida!

D. JUAN.

¿De qué, hermana, es el susto?

D.ª ÁNG.

Sobresalta un placer como un disgusto.

D. JUAN.

Pésame que no sea

Placer cumplido el que tu pecho vea;

Pues volverá mañana.

D.ª ÁNG.

(_Ap._ Vuelva á vivir una esperanza vana.)

Ya yo me habia espantado,

Que tan de paso nos venía el enfado,

Que fué siempre importuno.

D. JUAN.

Yo no sospecho que te dé ninguno,

Sino que tú y Don Luis mostrais disgusto,

Por ser cosa en que yo he tenido gusto.

D.ª ÁNG.

No quiero responderte,

Aunque tengo bien qué; y es por no hacerte

Mal juego, siendo agora

Tercero de tu amor, pues nadie ignora

Que ejerce amor las flores de fullero

Mano á mano, mejor que con tercero.—

Vénte, Isabel, conmigo; _(Ap. á ella.)_

Que aquesta noche misma á traer me obligo

El retrato; pues puedo

Pasar con más espacio y ménos miedo.

Tenme tú prevenida

Una luz, y en que pueda ir escondida;

Porque no ha de tener, contra mi fama,

Quien me escribe, retrato de otra dama.

_(Vanse Doña Ángela é Isabel.)_

ESCENA XVI.

DOÑA BEATRIZ, DON JUAN.

D.ª BEAT.

No creo que te debo

Tantas finezas.

D. JUAN.

Los quilates pruebo

De mi fe (porque es mucha)

En un discurso.

D.ª BEAT.

Díle.

D. JUAN.

Pues escucha.

Bella Beatriz, mi fe es tan verdadera,

Mi amor tan firme, mi aficion tan rara,

Que, aunque yo no quererte deseara,

Contra mi mismo afecto te quisiera.

Estímate mi vida de manera,

Que, á poder olvidarte, te olvidara,

Porque despues por eleccion te amara:

Fuera gusto mi amor, y no ley fuera.

Quien quiere á una mujer, porque no puede

Olvidalla, no obliga con querella,

Pues nada el albedrío le concede.

Yo no puedo olvidarte, Beatriz bella,

Y siento el ver que tan ufana quede,

Con la victoria de tu amor mi estrella.

D.ª BEAT.

Si la eleccion se debe al albedrío,

Y la fuerza al impulso de una estrella,

Voluntad más segura será aquella

Que no vive sujeta á un desvarío.

Y así de tus finezas desconfío,

Pues mi fe, que imposibles atropella,

Si viera á mi albedrío andar sin ella,

Negara, vive el cielo, que era mio.

Pues aquel breve instante que gastara

En olvidar, para volver á amarte,

Sintiera que mi afecto me faltara.

Y huélgome de ver que no soy parte

Para olvidarte, pues que no te amara

El rato que tratara de olvidarte.

_(Vanse.)_

* * * * *

Calle.

ESCENA XVII.

COSME, _huyendo de_ DON MANUEL, _que le sigue_.

D. MAN.

¡Vive Dios, si no mirara...

COSME.

Por eso miras.

D. MAN.

Que fuera

Infamia mia, que hiciera

Un desatino!

COSME.

Repara

En que te he servido bien,

Y un descuido no está en mano,

De un católico cristiano.

D. MAN.

¿Quién ha de sufrirte, quién,

Si lo que más importó,

Y lo que más te he encargado

Es lo que más se ha olvidado?

COSME.

Pues por eso se olvidó,

Por ser lo que me importaba;

Que si importante no fuera,

¿En olvidarse, qué hiciera?

¡Viven los cielos! que estaba

Tan cuidadoso en traer

Los papeles, que por eso

Los puse aparte, y confieso

Que el cuidado vino á ser

El mismo que me dañó;

Pues si aparte no estuvieran,

Con los demas se vinieran.

D. MAN.

Harto es que se te acordó

En la mitad del camino.

COSME.

Un gran cuidado llevaba,

Sin saber qué le causaba;

Que le juzgué desatino,

Hasta que en el caso dí,

Y supe que era el cuidado

El habérseme olvidado

Los papeles.

D. MAN.

Dí que allí

El mozo espere, teniendo

Las mulas; porque tambien

Llegar con ruido no es bien,

Despertando á quien durmiendo

Está ya; pues puedo entrar,

Supuesto que llave tengo,

Y el despacho, por quien vengo,

Sin ser sentido sacar.

_(Vase Cosme, y vuelve.)_

COSME.

Ya el mozo queda advertido,

Mas considera, señor,

Que sin luz es grande error

Querer hallarlos, y el ruido

Excusarse no es posible;

Porque si luz no nos dan

En el cuarto de Don Juan,

¿Cómo hemos de ver?

D. MAN.

¡Terrible

Es tu enfado! ¿Agora quieres

Que le alborote y le llame?

¿Pues no sabrás (díme, infame,

Que causa de todo eres)

Por el tiento, dónde fué

Dónde quedaron?

COSME.

No es esa

La duda; que yo á la mesa,

Donde sé que los dejé,

Iré á ciegas.

D. MAN.

Abre presto.

COSME.

Lo que á mi temor responde

Es que no sabré yo adónde

El duende los habrá puesto;

Porque ¿qué cosa he dejado,

Que haya vuelto á hallarla yo

En la parte que quedó?

D. MAN.

Si los hubiere mudado,

Luz entónces pediremos;

Pero hasta verlo, no es bien

Que alborotemos, á quien

Buen hospedaje debemos.

_(Vanse.)_

* * * * *

Cuarto de Don Manuel.

ESCENA XVIII.

DOÑA ÁNGELA É ISABEL, _que salen de la alacena_.

D.ª ÁNG.

Isabel, pues recogida

Está la casa, y es dueño

De los sentidos el sueño,

Ladron de la media vida,

Y sé que el huésped se ha ido,

Robarle el retrato quiero

Que ví en el lance primero.

ISABEL.

Entra quedo, y no hagas ruido.

D.ª ÁNG.

Cierra tú por allá fuera,

Y hasta venirme á avisar

No saldré yo, por no dar

En más riesgo.

ISABEL.

Aquí me espera.

_(Vase Isabel, cerrando la alacena.)_

ESCENA XIX.

DON MANUEL, COSME, _á oscuras_. — DOÑA ÁNGELA.

COSME.

_(Hablando bajo con su amo junto á la puerta.)_

Ya está abierto.

D. MAN.

Pisa quedo;

Que, si aquí sienten rumor,

Será alboroto mayor.

COSME.

¿Crêrásme que tengo miedo?

Este duende bien pudiera

Tenernos luz encendida.

D.ª ÁNG.

La luz que traje escondida,

Porque de aquesta manera

No se viese, es tiempo ya

De descubrir.

_(Saca una luz que trajo encubierta en una linterna.)_

COSME.

_(Ap. á su amo.)_ Nunca ha andado

El duende tan bien mandado.

¡Qué presto la luz nos da!

Considera agora aquí

Si te quiere bien el duende,

Pues que para tí la enciende,

Y la apaga para mí.

D. MAN.

¡Válgame el cielo! Ya es

Esto sobrenatural;

Que traer con priesa tal

Luz, no es obra humana.

COSME.

¿Ves

Como á confesar viniste

Que es verdad?

D. MAN.

¡De mármol soy!

Por volver atras estoy.

COSME.

Mortal eres: ya temiste.

D.ª ÁNG.

Hácia aquí la mesa veo,

Y con papeles está.

COSME.

Hácia la mesa se va.

D. MAN.

¡Vive Dios, que dudo y creo

Una admiracion tan nueva!

COSME.

¿Ves cómo nos va guiando,

Lo que venimos buscando,

Sin que veamos quién la lleva?

_(Doña Ángela pone la luz en un candelero que habrá en la mesa, y toma

una silla y siéntase de espaldas á los dos.)_

D.ª ÁNG.

Pongo aquí la luz, y agora

La escribanía veré.

D. MAN.

Aguarda, que á los reflejos

De la luz todo se ve;

Y no ví en toda mi vida

Tan soberana mujer.

¡Válgame el cielo! ¿qué es esto?

Hidras á mi parecer,

Son los prodigios, pues de uno

Nacen mil. ¡Cielos! ¿qué haré?

COSME.

Despacio lo va tomando.

Silla arrastra.

D. MAN.

Imágen es

De la más rara beldad,

Que el soberano pincel

Ha obrado.

COSME.

Así es verdad;

Porque solo la hizo él.

D. MAN.

Más que la luz resplandecen

Sus ojos.

COSME.

Lo cierto es,

Que son sus ojos luceros

Del cielo de Lucifer.

D. MAN.

Cada cabello es un rayo

Del sol.

COSME.

Hurtáronlos dél.

D. MAN.

Una estrella es cada rizo.

COSME.

Sí será; porque tambien

Se las trajeron acá,

O una parte de las tres.

D. MAN.

¡No ví más rara hermosura!

COSME.

No dijeras eso á fe,

Si el pié la vieras; porque estos

Son malditos por el pié.

D. MAN.

¡Un asombro de belleza,

Un ángel hermoso es!

COSME.

Es verdad, pero patudo.

D. MAN.

¿Qué es esto, qué intenta hacer

Con mis papeles?

COSME.

Yo apuesto

Que querrá mirar y ver

Lo que buscas, porque aquí

Tengamos ménos que hacer;

Que es duende muy servicial.

D. MAN.

¡Válgame el cielo! ¿qué haré?

Nunca me he visto cobarde,

Sino solo aquesta vez.

COSME.

Yo sí, muchas.

D. MAN.

Y calzado

De prision de hielo el pié,

Tengo el cabello erizado,

Y cada suspiro es,

Para mi pecho un puñal,

Para mi cuello un cordel.

Mas ¿yo he de tener temor?

¡Vive el cielo que he de ver

Si sé vencer un encanto!

_(Llega, y cógela de un brazo.)_

Ángel, demonio, ó mujer,

A fe que no has de librarte

De mis manos esta vez.

D.ª ÁNG.

_(Ap.)_ ¡Ay infeliz de mí!

Fingida su ausencia fué:

Más ha sabido que yo.

COSME.

De parte de Dios (aquí es

Troya del diablo) nos dí...

D.ª ÁNG.

_(Ap.)_ Mas yo disimularé.

COSME.

¿Quién eres, y qué nos quieres?

D.ª ÁNG.

Generoso Don Manuel

Enriquez, á quien está

Guardado un inmenso bien,

No me toques, no me llegues

Que llegarás á perder

La mayor dicha que el cielo

Te previno, por merced

Del hado que te apadrina

Por decretos de su ley.

Yo te escribí aquesta tarde

En el último papel,

Que nos veríamos presto,

Y anteviendo aquesto fué.

Y pues cumplí mi palabra

Supuesto que ya me ves,

En la más humana forma

Que he podido elegir, ve

En paz, y déjame aquí;

Porque aun cumplido no es

El tiempo en que mis sucesos

Has de alcanzar y saber.

Mañana lo sabrás todo;

Y mira, que á nadie des

Parte desto, si no quieres

Una gran suerte perder.

Ve en paz.

COSME.

Pues que con la paz

Nos convida, señor, ¿qué

Esperamos?

D. MAN.

(_Ap._ ¡Vive Dios,

Que corrido de temer

Vanos asombros estoy!

Y puesto que no los crê

Mi valor, he de apurar

Todo el caso de una vez.)

Mujer, quien quiera que seas,

(Que no tengo de creer

Que eres otra cosa nunca)

Vive Dios, que he de saber

Quién eres, cómo has entrado

Aquí, con qué fin, y á qué.

Sin esperar á mañana

Esta dicha gozaré;

Si demonio, por demonio,

Y si mujer, por mujer;

Que á mi esfuerzo no le da

Que recelar ni temer

Tu amenaza, cuando fueras

Demonio; aunque yo bien sé

Que teniendo cuerpo tú,

Demonio no puedes ser,

Sino mujer.

COSME.

Todo es uno.

D.ª ÁNG.

No me toques, que á perder

Echas una dicha.

COSME.

Dice

El señor diablo muy bien;

No la toques, pues no ha sido

Arpa, laúd ni rabel.

D. MAN.

Si eres espíritu agora

Con la espada lo veré;

_(Saca la espada.)_

Pues aunque te hiera aquí,

No he de poderte ofender.

D.ª ÁNG.

¡Ay de mí! ¡deten la espada,

Sangriento el brazo deten!

Que no es bien que des la muerte

A una infelice mujer.

Yo confieso que lo soy;

Y aunque es delito el querer,

No delito que merezca

Morir mal, por querer bien.

No manches pues, no desdores

Con mi sangre el rosicler

De ese acero.

D. MAN.

Dí, ¿quién eres?

D.ª ÁNG.

Fuerza el decirlo ha de ser;

Porque no puedo llevar

Tan al fin como pensé

Este amor, este deseo.

Esta verdad, esta fe.

Pero estamos á peligro,

Si nos oyen, ó nos ven,

De la muerte; porque soy

Mucho más de lo que ves;

Y así es fuerza, por quitar

Estorbos que puede haber,

Cerrar, señor, esa puerta,

Y áun la del portal tambien;

Porque no puedan ver luz,

Si acaso vienen á ver

Quién anda aquí.

D. MAN.

Alumbra, Cosme,

Cerremos las puertas. ¿Ves

Cómo es mujer, y no duende?

COSME.

Yo ¿no lo dije tambien?

_(Vanse los dos.)_

ESCENA XX.

DOÑA ÁNGELA, _y luego_ ISABEL.

D.ª ÁNG.

Cerrada estoy por defuera.

Ya ¡cielos! fuerza ha de ser

Decir la verdad, supuesto

Que me ha cerrado Isabel,

Y que el huésped me ha cogido

Aquí.

_(Sale Isabel por la alacena.)_

ISABEL.

Ce, señora, ce.

Tu hermano por tí pregunta.

D.ª ÁNG.

Bien sucede. Echa el cancel

De la alacena. ¡Ay amor!

La duda se queda en pié.

_(Vanse y cierran la alacena.)_

ESCENA XXI.

DON MANUEL, COSME.

D. MAN.

Ya están cerradas las puertas,

Proseguid, señora; haced

Relacion... pero, ¿qué es esto?

¿Dónde está?

COSME.

Pues yo ¿qué sé?

D. MAN.

¿Si se ha entrado en el alcoba?

Ve delante.

COSME.

Yendo á pié,

Es, señor, descortesía

Ir yo delante.

D. MAN.

Veré

Todo el cuarto. Suelta, digo.

COSME.

Digo que suelto.

_(Quítale Don Manuel la luz, entra en el cuarto y vuelve á salir.)_

D. MAN.

¡Cruel

Es mi suerte!

COSME.

Aun bien que agora

Por la puerta no se fué.

D. MAN.

¿Pues por dónde pudo irse?

COSME.

Eso no alcanzo yo. ¿Ves

(Siempre te lo he dicho yo)

Cómo es diablo, y no mujer?

D. MAN.

¡Vive Dios, que he de mirar

Todo este cuarto, hasta ver

Si debajo de los cuadros

Rota está alguna pared,

Si encubren estas alfombras

Alguna cueva, y tambien

Las bovedillas del techo!

COSME.

Solamente aquí se ve

Esta alacena.

D. MAN.

Por ella

No hay que dudar ni temer,

Siempre compuesta de vidrios.

A mirar lo demas ven.

COSME.

Yo no soy nada miron.

D. MAN.

Pues no tengo de creer

Que es fantástica su forma,

Puesto que llegó á temer

La muerte.

COSME.

Tambien llegó

A adivinar y saber

Que, á sólo verla esta noche,

Habíamos de volver.

D. MAN.

Como sombra se mostró,

Fantástica su luz fué;

Pero como cosa humana,

Se dejó tocar y ver:

Como mortal se temió,

Receló como mujer,

Como ilusion se deshizo,

Como fantasma se fué.

Si doy la rienda al discurso,

No sé, ¡vive Dios! no sé,

Ni qué tengo de dudar,

Ni qué tengo de creer.

COSME.

Yo sí.

D. MAN.

¿Qué?

COSME.

Que es mujer-diablo;

Pues que novedad no es,

Si la mujer es demonio

Todo el año, que una vez,

Por desquitarse de tantas,

Sea el demonio mujer.

JORNADA TERCERA.

Cuarto de Doña Ángela.

ESCENA PRIMERA.

DON MANUEL, _á oscuras_; ISABEL, _guiándole_.

ISABEL.

Espérame en esta sala:

Luégo saldrá á verte aquí

Mi señora.

_(Vase, cerrando.)_

D. MAN.

No está mala

La tramoya. ¿Cerró? Sí.

¡Qué pena á mi pena iguala!

Yo volví del Escorial,

Y este encanto peregrino,

Este pasmo celestial

Que á traerme la luz vino

Y me deja en duda igual,

Me tiene escrito un papel,

Diciendo muy tierna en él:

«Si os atreveis á venir

A verme, habeis de salir

Esta noche con aquel

Criado que os acompaña.

Dos hombres esperarán

En el cementerio (¡extraña

Parte!) de San Sebastian,

Y una silla.» Y no me engaña.

En ella entré y discurrí,

Hasta que el tino perdí.

Y al fin á un portal de horror

Lleno, de sombra y temor,

Solo y á oscuras salí.

Aquí llegó una mujer,

(Al oir y al parecer)

Y á oscuras y por el tiento,

De aposento en aposento,

Sin oir, hablar, ni ver,

Me guió. Pero ya veo

Luz; por el resquicio es

De una puerta. Tu deseo

Lograste, amor, pues ya ves

La dama; aventuras creo.

_(Acecha por la cerradura.)_

¡Qué casa tan alhajada!

¡Qué mujeres tan lucidas!

¡Qué sala tan adornada!

¡Qué damas tan bien prendidas!

¡Qué beldad tan extremada!

_(Abren la puerta, y salen várias criadas trayendo toallas, conservas

y agua, haciendo reverencias todas al pasar, y detras de todas, Doña

Ángela, ricamente vestida.)_

ESCENA II.

DOÑA ÁNGELA, CRIADAS, DOÑA BEATRIZ. — DON MANUEL.

D.ª ÁNG.

_(Ap. á Doña Beatriz.)_

Pues presumen que eres ida

A tu casa mis hermanos,

Quedándote aquí escondida,

Los recelos serán vanos;

Porque una vez recogida,

Ya no habrá que temer nada.

D.ª BEAT.

¿Y qué ha de ser mi papel?

D.ª ÁNG.

Agora el de mi criada;

Luego el de ver, retirada,

Lo que me pasa con él.—

¿Estareis muy disgustado _(A Don Manuel.)_

De esperarme?

D. MAN.

No, señora;

Que quien espera la aurora,

Bien sabe que su cuidado,

En las sombras sepultado

De la noche oscura y fria,

Ha de tener; y así hacía

Gusto el pesar que pasaba;

Pues cuanto más se alargaba,

Tanto más llamaba al dia.

Si bien no era menester

Pasar noche tan oscura,

Si el sol de vuestra hermosura

Me habia de amanecer;

Que para resplandecer

Vos, soberano arrebol,

La sombra ni el tornasol

De la noche no os habia

De estorbar; que sois el dia

Que amanece sin el sol.

Huye la noche, señora,

Y pasa á la dulce salva

La risa bella del alba,

Que ilumina, mas no dora;

Despues del alba la aurora,

De rayos y luz escasa,

Dora, mas no abrasa. Pasa

La aurora, y tras su arrebol

Pasa el sol; y sólo el sol

Dora, ilumina y abrasa.

El alba, para brillar,

Quiso á la noche seguir;

La aurora, para lucir,

Al alba quiso imitar;

El sol, deidad singular,

A la aurora desafía,

Vos al sol: luego la fria

Noche no era menester,

Si podeis amanecer

Sol del sol despues del dia.

D.ª ÁNG.

Aunque agradecer debiera

Discurso tan cortesano,

Quejarme quiero (no en vano),

De ofensa tan lisonjera;

Pues no siendo esta la esfera,

A cuyo noble ardimiento

Fatigas padece el viento,

Sino un albergue piadoso,

Os viene á hacer sospechoso

El mismo encarecimiento.

No soy alba, pues la risa

Me falta en contento tanto;

Ni aurora, pues que mi llanto

De mi dolor no os avisa;

No soy sol, pues no divisa

Mi luz la verdad que adoro,

Y así lo que soy ignoro;

Que sólo sé que no soy

Alba, aurora ó sol; pues hoy

No alumbro, rio, ni lloro.

Y así os ruego que digais,

Señor Don Manuel, de mí

Que una mujer soy y fuí,

A quien vos sólo obligais

Al extremo que mirais.

D. MAN.

Muy poco debe de ser;

Pues aunque me llego á ver

Aquí, os pudiera argüir

Que tengo más que sentir,

Señora, que agradecer.

Y así, me doy por sentido.

D.ª ÁNG.

¿Vos de mí sentido?

D. MAN.

Sí,

Pues que no fiais de mí

Quién sois.

D.ª ÁNG.

Solamente os pido

Que eso no mandeis; que ha sido

Imposible de contar.

Si quereis venirme á hablar,

Con calidad ha de ser

Que no lo habeis de saber,

Ni lo habeis de preguntar;

Porque para con vos hoy

Un enigma á ser me ofrezco,

Que ni soy lo que parezco,

Ni parezco lo que soy.

Miéntras encubierta estoy,

Podreis verme y podré veros;

Porque si á satisfaceros

Llegais, y quien soy sabeis,

Vos quererme no querreis,

Aunque yo quiera quereros.

Pincel que lo muerto informa,

Tal vez un cuadro previene,

Que una forma á una luz tiene,

Y á otra luz tiene otra forma.

Amor, que es pintor, conforma

Dos luces, que en mí teneis;

Si hoy á aquesta luz me veis,

Y por eso me estimais,

Cuando á otra luz me veais,

Quizá me aborrecereis.

Lo que deciros me importa

Es en cuanto á haber creido

Que de Don Luis dama he sido;

Que esta sospecha reporta

Mi juramento, y la acorta.

D. MAN.

¿Pues qué, señora, os moviera

A encubriros dél?

D.ª ÁNG.

Pudiera

Ser tan principal mujer,

Que tuviera que perder,

Si Don Luis me conociera.

D. MAN.

Pues decidme solamente,

¿Cómo á mi casa pasais?

D.ª ÁNG.

Ni eso es tiempo que sepais;

Que es el mismo inconveniente.

D.ª BEAT.

(_Ap._ Aquí entro yo lindamente.)

Ya el agua y dulce está aquí;

Vuexcelencia mire si...

_(Llegan todas con las toallas, agua y algunas cajas de dulce.)_

D.ª ÁNG.

¡Qué error y qué impertinencia!

Necia, ¿quién es excelencia?

¿Quieres engañar así

Ahora al señor Don Manuel,

Para que con eso crea

Que yo gran señora sea?

D.ª BEAT.

Advierte...

D. MAN.

_(Ap.)_ De mi cruel

Duda salí con aquel

Descuido; agora he creido

Que una gran señora ha sido,

Que, por serlo, se encubrió,

Y que con el oro vió

Su secreto conseguido.

ESCENA III.

DON JUAN. — DICHOS.

D. JUAN.

_(Dentro.)_ Abre, Isabel, esta puerta.

D.ª ÁNG.

_(Ap.)_ ¡Ay cielos! ¿qué ruido es este?

ISABEL.

¡Yo soy muerta!

D.ª BEAT.

_(Ap.)_ ¡Helada estoy!

D. MAN.

_(Ap.)_ ¿Aun no cesan mis crueles

Fortunas? ¡Válgame el cielo!

D.ª ÁNG.

Señor, mi padre es aqueste.

D. MAN.

¿Qué he de hacer?

D.ª ÁNG.

Fuerza es que vais

A esconderos á un retrete.

Isabel, llévale tú,

Hasta que oculto le dejes

En aquel cuarto que sabes,

Apartado; ya me entiendes.

ISABEL.

Vamos presto.

D. JUAN.

_(Dentro.)_ ¿No acabais

De abrir la puerta?

D. MAN.

¡Valedme,

Cielos, que vida y honor

Van jugadas á una suerte!

_(Vase Don Manuel con Isabel.)_

D. JUAN.

_(Dentro.)_ La puerta echaré en el suelo.

D.ª ÁNG.

Retírate tú, pues puedes,

En esa cuadra, Beatriz;

No te hallen aquí.

_(Vase Doña Beatriz, y sale Don Juan.)_

D.ª ÁNG.

¿Qué quieres

A estas horas en mi cuarto,

Que así á alborotarnos vienes?

D. JUAN.

Teatro selecto, tomo 3 de 4 · 第 6 / 15 段