El hombre que más profesa
Mi amistad, siendo los dos
Envidia, ya que no afrenta
De cuantos la antigüedad
Por tantos siglos celebra.
Los dos estudiamos juntos,
Y pasando de las letras
A las armas, los dos fuimos
Camaradas en la guerra.
En las de Piamonte, cuando
El señor duque de Feria
Con la jineta me honró,
Le dí, Cosme, mi bandera.
Fué mi alférez; y despues,
Sacando de una refriega
Una penetrante herida,
Le curé en mi cama mesma.
La vida, despues de Dios,
Me debe: dejo otras deudas
De menores intereses,
Que entre nobles es bajeza
Referirlas; pues por eso
Pintó la docta academia
Al galardon, una dama
Rica, y las espaldas vueltas;
Dando á entender, que, en haciendo
El beneficio, es discreta
Accion olvidarse dél;
Que no le hace el que le acuerda.
En fin, Don Juan obligado
De amistades y finezas,
Viendo que su Majestad
Con este gobierno premia
Mis servicios, y que vengo
De paso á la corte, intenta
Hoy hospedarme en su casa
Por pagarme con las mesmas;
Y aunque á Búrgos me escribió
De casa y calle las señas,
No quise andar preguntando
A caballo dónde era;
Y así dejé en la posada
Las mulas y las maletas,
Yendo hácia donde me dice.
Ví las galas y libreas,
E informado de la causa,
Quise, aunque de paso, verlas.
Llegamos tarde en efecto,
Porque...
ESCENA II.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL, _tapadas_. — DICHOS.
D.ª ÁNG.
Si, como lo muestra
El traje, sois caballero
De obligaciones y prendas,
Amparad á una mujer
Que á valerse de vos llega.
Honor y vida me importa
Que aquel hidalgo no sepa
Quién soy, y que no me siga.
Estorbad, por vida vuestra,
A una mujer principal
Una desdicha, una afrenta;
Que podrá ser que algun dia...
¡Adios, adios, que voy muerta!
_(Vanse las dos muy aprisa.)_
COSME.
¿Es dama, ó es torbellino?
D. MAN.
¡Hay tal suceso!
COSME.
¿Qué piensas
Hacer?
D. MAN.
¿Eso me preguntas?
¿Cómo puede mi nobleza
Excusarse de estorbar
Una desdicha, una afrenta?
Que, segun muestra, sin duda
En su marido.
COSME.
¿Y qué intentas?
D. MAN.
Detenerle con alguna
Industria; mas, si con ella
No puedo, será forzoso
El valerme de la fuerza,
Sin que él entienda la causa.
COSME.
Si industria buscas, espera,
Que á mí se me ofrece una.
Esta carta, que encomienda
Es de un amigo, me valga.
ESCENA III.
DON LUIS, RODRIGO. — DON MANUEL, COSME.
D. LUIS.
Yo tengo de conocerla,
No más de por el cuidado
Con que de mí se recela.
RODRIGO.
Síguela, y sabrás quién es.
_(Llega Cosme, y retírase Don Manuel.)_
COSME.
Señor, aunque con vergüenza
Llego: vuesarced me haga
Tan gran merced, que me lea
A quién esta carta dice.
D. LUIS.
No voy agora con flema.
_(Detiénele Cosme.)_
COSME.
Pues si flema sólo os falta,
Yo tengo cantidad de ella,
Y podré partir con vos.
D. LUIS.
Apartad.
D. MAN.
_(Ap.)_ ¡Oh qué derecha
Es la calle! Aun no se pierden
De vista.
COSME.
Por vida vuestra...
D. LUIS.
¡Vive Dios, que sois pesado,
Y os romperé la cabeza,
Si mucho me haceis...!
COSME.
Por eso
Os haré poco.
D. LUIS.
Paciencia
Me falta para sufriros.
¡Apartad de aquí!
_(Empújale.)_
D. MAN.
(_Ap._ Ya es fuerza
Llegar. Acabe el valor
Lo que empezó la cautela.)
Caballero, ese criado _(Llega.)_
Es mio, y no sé que pueda
Haberos hoy ofendido,
Para que de esa manera
Le atropelleis.
D. LUIS.
No respondo
A la duda ó á la queja,
Porque nunca satisfice
A nadie. Adios.
D. MAN.
Si tuviera
Necesidad mi valor
De satisfacciones, crea
Vuestra arrogancia de mí,
Que no me fuera sin ella.
Preguntar en qué os ofende,
En qué os agravia ó molesta,
Merece más cortesía:
Y pues la corte la enseña,
No la pongais el mal nombre,
De que un forastero venga
A enseñarla á los que tienen
Obligacion de saberla.
D. LUIS.
Quien pensare que no puedo
Enseñarla yo...
D. MAN.
La lengua
Suspended, y hable el acero.
D. LUIS.
Decís bien.
_(Sacan las espadas, y riñen.)_
COSME.
¡Oh quién tuviera
Gana de reñir!
RODRIGO.
Sacad
La espada vos.
COSME.
Es doncella,
Y sin cédula ó palabra,
No puedo sacarla.
ESCENA IV.
DOÑA BEATRIZ, CLARA, _con mantos_. — DON JUAN Y GENTE. — DICHOS.
D. JUAN.
Suelta,
Beatriz.
D.ª BEAT.
No has de ir.
D. JUAN.
Mira que es
Con mi hermano la pendencia.
D.ª BEAT.
¡Ay de mí triste!
D. JUAN.
A tu lado _(A Don Luis.)_
Estoy.
D. LUIS.
Don Juan, tente, espera;
Que, más que á darme valor,
A hacerme cobarde llegas.
Caballero forastero,
Quien no excusó la pendencia
Solo, estando acompañado,
Bien se ve que no la deja
De cobarde. Idos con Dios;
Que no sabe mi nobleza
Reñir mal, y más con quien
Tanto brío y valor muestra.
Idos con Dios.
D. MAN.
Yo os estimo
Bizarría y gentileza;
Pero si de mí, por dicha,
Algun escrúpulo os queda,
Me hallareis donde quisiereis.
D. LUIS.
Norabuena.
D. MAN.
Norabuena.
D. JUAN.
¡Qué es lo que miro y escucho!
¡Don Manuel!
D. MAN.
¡Don Juan!
D. JUAN.
Suspensa
El alma no determina
Qué hacer, cuando considera
Un hermano y un amigo
(Que es lo mismo) en diferencia
Tal, y hasta saber la causa,
Dudaré.
D. LUIS.
La causa es esta:
Volver por ese criado
Este caballero intenta,
Que necio me ocasionó
A hablarle mal. Todo cesa
Con esto.
D. JUAN.
Pues siendo así,
Cortés me darás licencia,
Para que llegue á abrazarle.
El noble huésped, que espera
Nuestra casa, es el señor
Don Manuel. Hermano, llega;
Que dos, que han reñido iguales,
Desde aquel instante quedan
Más amigos; pues ya hicieron
De su valor experiencia.
Dadme los brazos.
D. MAN.
Primero
Que á vos os los dé, me lleva
El valor que he visto en él,
A que al servicio me ofrezca
Del señor Don Luis.
D. LUIS.
Yo soy
Vuestro amigo, y ya me pesa
De no haberos conocido,
Pues vuestro valor pudiera
Haberme informado.
D. MAN.
El vuestro
Escarmentado me deja.
Una herida en esta mano
He sacado.
D. LUIS.
Más quisiera
Tenerla mil veces yo.
COSME.
¡Qué cortesana pendencia!
D. JUAN.
Venid al punto á curaros.
Tú, Don Luis, aquí te queda
Hasta que tome su coche
Doña Beatriz, que me espera;
Y desta descortesía
Me disculparás con ella.—
Venid, señor, á mi casa,
Mejor dijera á la vuestra,
Donde os cureis.
D. MAN.
Que no es nada.
D. JUAN.
Venid presto.
D. MAN.
_(Ap.)_ ¡Qué tristeza
Me ha dado que me reciba
Con sangre Madrid!
D. LUIS.
_(Ap.)_ ¡Qué pena
Tengo de no haber podido
Saber qué dama era aquella!
COSME.
_(Ap.)_ ¡Qué bien merecido tiene
Mi amo lo que se lleva,
Porque no se meta á ser
Don Quijote de la legua!
_(Vanse Don Manuel, Don Juan y Cosme.)_
ESCENA V.
DON LUIS, DOÑA BEATRIZ, CLARA, RODRIGO.
D. LUIS.
Ya la tormenta pasó.
Otra vez, señora, vuelva
A restituir las flores,
Que agora marchita y seca,
De vuestra hermosura el hielo
De un desmayo.
D.ª BEAT.
¿Dónde queda
Don Juan?
D. LUIS.
Que le perdoneis
Os pide; porque le llevan
Forzosas obligaciones,
Y el cuidar con diligencia
De la salud de un amigo
Que va herido.
D.ª BEAT.
¡Ay de mí! ¡Muerta
Estoy! ¿Es Don Juan?
D. LUIS.
Señora,
No es Don Juan; que no estuviera,
Estando herido mi hermano,
Yo con tan grande paciencia.
No os asusteis; que no es justo
Que sin que él la herida tenga,
Tengamos entre los dos,
Yo el dolor y vos la pena:
Digo dolor, el de veros
Tan postrada, tan sujeta
A un pesar imaginado,
Que hiere con mayor fuerza.
D.ª BEAT.
Señor Don Luis, ya sabeis
Que estimo vuestras finezas,
Supuesto que lo merecen
Por amorosas y vuestras;
Pero no puedo pagarlas;
Que esto han de hacer las estrellas
Y no hay de lo que no hacen,
Quien las tome residencia.
Si lo que ménos se halla,
Es hoy lo que más se precia
En la corte, agradeced
El desengaño, siquiera
Por ser cosa que se halla
Con dificultad en ella.
Quedad con Dios.
_(Vanse Doña Beatriz y Clara.)_
ESCENA VI.
DON LUIS, RODRIGO.
D. LUIS.
Id con Dios.—
No hay accion que me suceda
Bien, Rodrigo. Si una dama
Veo airosa, y conocerla
Solicito, me detienen
Un necio y una pendencia;
Que no sé cuál es peor:
Si riño, y mi hermano llega,
Es mi enemigo su amigo:
Si por disculpa me deja
De una dama, es una dama
Que mil pesares me cuesta:
De suerte que una tapada
Me huye, un necio me atormenta,
Un forastero me mata,
Y un hermano me le lleva
A ser mi huésped á casa,
Y otra dama me desprecia.
¡De mal anda mi fortuna!
RODRIGO.
De todas aquesas penas
¿Qué sé la que sientes más?
D. LUIS.
No sabes.
RODRIGO.
¿Que la que llegas
A sentir más, son los celos
De tu hermano y Beatriz bella?
D. LUIS.
Engáñaste.
RODRIGO.
¿Pues cuál es?
D. LUIS.
Si tengo de hablar de véras,
(De tí sólo me fiara)
Lo que más siento es que sea
Mi hermano tan poco atento,
Que llevar á casa quiera
Un hombre mozo, teniendo,
Rodrigo, una hermana bella,
Viuda y moza, y como sabes,
Tan de secreto, que apénas
Sabe el sol que vive en casa;
Porque, Beatriz, por ser deuda,
Solamente la visita.
RODRIGO.
Ya sé que su esposo era
Administrador en puerto
De mar de unas reales rentas
Y quedó debiendo al Rey
Grande cantidad de hacienda,
Y ella á la corte se vino
De secreto, donde intenta,
Escondida y retirada,
Componer mejor sus deudas:
Y esto disculpa á tu hermano;
Pues, si mejor consideras
Que su estado no la da
Ni permision, ni licencia
De que nadie la visite,
Y que, aunque tu huésped sea
Don Manuel, no ha de saber
Que en casa, señor, se encierra
Tal mujer, ¿qué inconveniente
Hay en admitirle en ella?
Y más habiendo tenido
Tal recato y advertencia,
Que para su cuarto ha dado
Por otra calle la puerta,
Y la que salia á la casa,
Por desmentir la sospecha,
De que el cuidado la habia
Cerrado, ó porque pudiera
Con facilidad abrirse
Otra vez, fabricó en ella
Una alacena de vidrios,
Labrada de tal manera,
Que parece que jamás
En tal parte ha habido puerta.
D. LUIS.
¿Ves con lo que me aseguras?
Pues con eso mismo intentas
Darme muerte; pues ya dices
Que no ha puesto por defensa
De su honor más que unos vidrios,
Que al primer golpe se quiebran.
_(Vanse.)_
* * * * *
Habitacion de Doña Ángela en casa de Don Juan.
ESCENA VII.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL.
D.ª ÁNG.
Vuélveme á dar, Isabel,
Esas tocas (¡pena esquiva!),
Vuelve á amortajarme viva,
Ya que mi suerte cruel
Lo quiere así.
ISABEL.
Toma presto;
Porque si tu hermano viene
Y alguna sospecha tiene,
No la confirme con esto,
De hallarte de la manera
Que hoy en Palacio te vió.
D.ª ÁNG.
¡Válgame el cielo! Que yo
Entre dos paredes muera,
Donde apénas el sol sabe
Quién soy, pues la pena mia
En el término del dia
Ni se contiene, ni cabe:
Donde inconstante la luna,
Que aprende influjos de mí,
No puede decir: «Ya ví
Que lloraba su fortuna.»
Donde en efecto encerrada
Sin libertad he vivido,
Porque enviudé de un marido,
Con dos hermanos casada:
¡Y luego delito sea,
Sin que toque en liviandad,
Depuesta la autoridad,
Ir donde tapada vea
Un teatro en quien la fama,
Para su aplauso inmortal,
Con acentos de metal
A voces de bronce llama!
¡Suerte injusta, dura estrella!
ISABEL.
Señora, no tiene duda
El que mirándote viuda,
Tan moza, bizarra y bella,
Tus hermanos cuidadosos
Te celen; porque este estado
Es el más ocasionado
A delitos amorosos;
Y más en la corte hoy,
Donde se han dado en usar
Unas viuditas de azar,
Que al cielo mil gracias doy
Cuando en la calle las veo
Tan honestas, tan fruncidas,
Tan beatas, y aturdidas;
Y en quedándose en manteo
Es el mirarlas contento;
Pues sin toca y devocion,
Saltan más á cualquier són,
Que una pelota de viento.
Y este discurso doblado
Para otro tiempo, señora,
¿Cómo no habemos agora
En el forastero hablado,
A quien tu honor encargaste,
Y tu galan hoy le hiciste?
D.ª ÁNG.
Parece que me leiste
El alma en eso que hablaste.
Cuidadosa me ha tenido,
No por él, sino por mí;
Porque despues, cuando oí
De las cuchilladas ruido,
Me puse (mas son quimeras),
Isabel, á imaginar
Que él habia de tomar
Mi disgusto tan de véras,
Que habia de sacar la espada
En mi defensa. Yo fuí
Necia en empeñarle así;
Mas una mujer turbada
¿Qué mira ó qué considera?
ISABEL.
Yo no sé si lo estorbó;
Mas sé que no nos siguió
Tu hermano más.
D.ª ÁNG.
Oye, espera.
ESCENA VIII.
DON LUIS. — DOÑA ÁNGELA, ISABEL.
D. LUIS.
¡Ángela!
D.ª ÁNG.
Hermano y señor,
Turbado y confuso vienes.
¿Qué ha sucedido, qué tienes?
D. LUIS.
Harto tengo, tengo honor.
D.ª ÁNG.
_(Ap.)_ ¡Ay de mí! sin duda es
Que Don Luis me conoció.
D. LUIS.
Y así siento mucho yo
Que te estimen poco.
D.ª ÁNG.
Pues
¿Has tenido algun disgusto?
D. LUIS.
Lo peor es que cuando vengo
A verte, el disgusto tengo
Que tuve, Ángela.
ISABEL.
_(Ap.)_ ¿Otro susto?
D.ª ÁNG.
Pues yo, ¿en qué te puedo dar,
Hermano, disgusto? Advierte...
D. LUIS.
Tú eres la causa; y el verte...
D.ª ÁNG.
¡Ay de mí!
D. LUIS.
Ángela, estimar
Tan poco de nuestro hermano...
D.ª ÁNG.
_(Ap.)_ Eso sí.
D. LUIS.
Pues cuando vienes
Con los disgustos que tienes,
Cuidado te da. No en vano
El enojo que tenía
Con él, el huésped pagó;
Pues sin conocerle yo,
Hoy le he herido en profecía.
D.ª ÁNG.
Pues ¿cómo fué?
D. LUIS.
Entré en la plaza
De Palacio, hermana, á pié,
Hasta el palenque; porqué
Toda la desembaraza
De coches y caballeros
La guardia. A un corro me fuí
De amigos, adonde ví
Que alegres y lisonjeros
Los tenía una tapada,
A quien todos celebraron
Lo que dijo, y alabaron
De entendida y sazonada.
Desde el punto que llegué,
Otra palabra no habló,
Tanto que á alguno obligó
A preguntarla por qué
Porque yo llegaba, habia
Con tanto extremo callado.
Todo me puso en cuidado.
Miré si la conocia,
Y no pude; porque ella
Le puso más en taparse,
En esconderse y guardarse.
Viendo que no pude vella,
Seguirla determiné:
Ella siempre atras volvia
A ver si yo la seguia,
Cuyo gran cuidado fué
Espuela de mi cuidado.
Yendo desta suerte pues,
Llegó un hidalgo, que es
De nuestro huésped criado,
A decir que le leyese
Una carta; respondí
Que iba de prisa, y creí
Que detenerme quisiese
Con este intento, porqué
La mujer le habló al pasar;
Y tanto dió en porfiar,
Que le dije no sé qué.
Llegó en aquella ocasion,
En defensa del criado,
Nuestro huésped, muy soldado.
Sacamos en conclusion
Las espadas. Todo es esto;
Pero más pudiera ser.
D.ª ÁNG.
¡Miren la mala mujer
En qué ocasion te habia puesto!
Que hay mujeres tramoyeras.
Pondré, que no conocia
Quién eras y que lo hacía
Sólo porque la siguieras.
Por eso estoy harta yo
De decir (si bien te acuerdas)
Que mires que no te pierdas
Por mujercillas, que no
Saben más que aventurar
Los hombres.
D. LUIS.
¿En qué has pasado
La tarde?
D.ª ÁNG.
En casa me he estado,
Entretenida en llorar.
D. LUIS.
¿Hate nuestro hermano visto?
D.ª ÁNG.
Desde esta mañana no
Ha entrado aquí.
D. LUIS.
¡Qué mal yo
Estos descuidos resisto!
D.ª ÁNG.
Pues deja los sentimientos;
Que al fin sufrirle es mejor;
Que es nuestro hermano mayor,
Y comemos de alimentos.
D. LUIS.
Si tú estás tan consolada,
Yo tambien; que yo por tí
Lo sentia. Y porque así
Veas no dárseme nada,
A verle voy, y áun con él
Haré una galantería.
_(Vase.)_
ESCENA IX.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL.
ISABEL.
¿Qué dirás, señora mia,
Despues del susto cruel,
De lo que en casa nos pasa?
Pues el que hoy ha defendido
Tu vida, huésped y herido
Le tienes dentro de casa.
D.ª ÁNG.
Yo, Isabel, lo sospeché
Cuando de mi hermano oí
La pendencia, y cuando ví
Que el herido el huésped fué.
Pero áun bien no lo he creido;
Porque caso extraño fuera
Que un hombre á Madrid viniera,
Y hallase recien venido,
Una dama que rogase
Que su vida defendiese,
Un hermano que le hiriese
Y otro que le aposentase.
Fuera notable suceso;
Y aunque todo puede ser,
No lo tengo de creer
Sin verlo.
ISABEL.
Y si para eso
Te dispones, yo bien sé
Por dónde verle podrás,
Y áun más que verle.
D.ª ÁNG.
Tú estás
Loca. ¿Cómo, si se ve
De mi cuarto tan distante,
El suyo?
ISABEL.
Parte hay por donde
Este cuarto corresponde
Al otro: esto no te espante.
D.ª ÁNG.
No porque verlo deseo,
Sino sólo por saber,
Díme, ¿cómo puede ser?
Que lo escucho y no lo creo.
ISABEL.
¿No has oido que labró
En la puerta una alacena
Tu hermano?
D.ª ÁNG.
Ya lo que ordena
Tu ingenio he entendido yo.
Dirás que pues es de tabla,
Algun agujero hagamos
Por donde al huésped veamos.
ISABEL.
Más que eso mi ingenio entabla.
D.ª ÁNG.
Dí.
ISABEL.
Por cerrar y encubrir
La puerta que se tenía,
Y que á este jardin salia,
Y poder volverla á abrir,
Hizo tu hermano poner
Portátil una alacena.
Esta (aunque de vidrios llena)
Se puede muy bien mover.
Yo lo sé bien; porque, cuando
La alacena aderecé,
La escalera la arrimé,
Y ella se fué desclavando
Poco á poco: de manera,
Que todo junto cayó,
Y dimos en tierra yo,
Alacena y escalera;
De suerte, que en falso agora
La tal alacena está,
Y, apartándose, podrá
Cualquiera pasar, señora.
D.ª ÁNG.
Esto no es determinar,
Sino prevenir primero.
Ves aquí, Isabel, que quiero
A esotro cuarto pasar,
Y he quitado la alacena.
Por allá, ¿no se podrá
Quitar tambien?
ISABEL.
Claro está;
Y para hacerla más buena,
En falso se han de poner
Dos clavos, para advertir
Que sólo la sepa abrir
El que lo llega á saber.
D.ª ÁNG.
Al criado que viniere
Por luz y por ropa, dí
Que vuelva á avisarte á tí,
Si acaso el huésped saliere
De casa; que, segun creo,
No le obligará la herida
A hacer cama.
ISABEL.
¿Y, por tu vida,
Irás?
D.ª ÁNG.
Un necio deseo
Tengo de saber si es él
El que mi vida guardó:
Porque, si le cuesto yo
Sangre y cuidado, Isabel,
Es bien mirar por su herida,
Si es que segura del miedo
De ser conocida, puedo
Ser con él agradecida.
Vamos, que tengo de ver
La alacena; y si pasar
Puedo al cuarto, he de cuidar,
Sin que él lo llegue á entender,
Desde aquí de su regalo.
ISABEL.
Notable cuento será.
Mas ¿si lo cuenta?
D.ª ÁNG.
No hará,
Que hombre, que su esfuerzo igualo
A su gala y discrecion,
Puesto que de todo ha hecho
Noble experiencia en mi pecho
En la primera ocasion,
De valiente en lo arrestado,
De galan en lo lucido,
En el modo de entendido,
No me ha de causar cuidado
Que diga suceso igual;
Que fuera notable mengua
Que echara una mala lengua
Tan buenas partes á mal.
_(Vanse.)_
* * * * *
Cuarto de Don Manuel. — Una alacena movible, hecha con anaqueles;
vidrios en ella. Un brasero, etc.
ESCENA X.
DON JUAN, DON MANUEL, UN CRIADO _con luz; despues_ DON LUIS, Y OTRO
CRIADO.
D. JUAN.
Acostaos, por mi vida.
D. MAN.
Es tan poca la herida,
Que ántes, Don Juan, sospecho
Que parece melindre el haber hecho
Caso ninguno della.
D. JUAN.
Harta ventura ha sido de mi estrella;
Que no me consolara
Jamás, si este contento me costara
El pesar de teneros
En mi casa indispuesto, y el de veros
Herido por la mano
(Si bien no ha sido culpa) de mi hermano.
D. MAN.
Él es buen caballero,
Y me tiene envidioso de su acero,
De su estilo admirado,
Y he de ser muy su amigo y su criado.
_(Llega Don Luis y un criado con un azafate cubierto, y en él un
aderezo de espada.)_
D. LUIS.
Yo, señor, lo soy vuestro,
Como en la pena que recibo muestro,
Ofreciéndôs mi vida;
Y porque el instrumento de la herida
En mi poder no quede,
Pues ya agradarme ni servirme puede,
Bien como aquel criado
Que á su señor algun disgusto ha dado,
Hoy de mí lo despido.
Esta es, señor, la espada que os ha herido;
A vuestras plantas viene
A pediros perdon, si culpa tiene.
Tome vuestra querella
Con ella en mí venganza de mí y della.
D. MAN.
Sois valiente y discreto:
En todo me venceis. La espada aceto,
Porque siempre á mi lado
Me enseñe á ser valiente. Confiado
Desde hoy vivir procuro;
Porque ¿de quién no vivirá seguro
Quien vuestro acero ciñe generoso?
Que él solo me tuviera temeroso.
D. JUAN.
Pues Don Luis me ha enseñado
A lo que estoy por huésped obligado,
Otro regalo quiero
Que recibais de mí.
D. MAN.
¡Qué tarde espero
Pagar tantos favores!
Los dos os competís en darme honores.
ESCENA XI.
COSME, _cargado de maletas y cojines_. — DICHOS.
COSME.
Docientos mil demonios
De su furia infernal den testimonios,
Volviéndose inclementes
Docientas mil serpientes,
Que, asiéndome, de un vuelo
Den conmigo de patas en el cielo,
Del mandato oprimidos
De Dios, por justos juicios compelidos;
Si vivir no quisiera sin injurias
En Galicia ó Asturias,
Antes que en esta corte.
D. MAN.
Reporta...
COSME.
El repertorio se reporte.
D. JUAN.
¿Qué dices?
COSME.
Lo que digo;
Que es traidor quien da paso á su enemigo.
D. LUIS.
¿Qué enemigo? Detente.
COSME.
El agua de una fuente y otra fuente.
D. MAN.
¿Y por eso te inquietas?
COSME.
Venía de cojines y maletas
Por la calle cargado,
Y en una zanja de una fuente he dado,
Y así lo traigo todo
(Como dice el refran) puesto de lodo.
¿Quién esto en casa mete?
D. MAN.
Véte de aquí, que estás borracho. Véte.
COSME.
Si borracho estuviera,
Ménos mi enojo con el agua fuera.
Cuando en un libro leo de mil fuentes
Que vuelven várias cosas sus corrientes,
No me espanto, si aquí ver determino,
Que nace el agua á convertirse en vino.
D. MAN.
Si él empieza, en un año
No acabará.
D. JUAN.
Él tiene humor extraño.
D. LUIS.
Sólo de tí queria
Saber (si sabes lêr, como este dia
En el libro citado
Muestras) ¿por qué pediste tan pesado
Que una carta leyese? ¿Qué te apartas?
COSME.
Porque sé lêr en libros y no en cartas.
D. LUIS.
Está bien respondido.
D. MAN.
Que no hagais caso dél, por Dios os pido.
Ya le ireis conociendo,
Y sabreis que es burlon.
COSME.
Hacer pretendo
De mis burlas alarde.
Para alguna os convido.
D. MAN.
Pues no es tarde,
Porque me importa, hoy quiero
Hacer una visita.
D. JUAN.
Yo os espero
Para cenar.
D. MAN.
Tú, Cosme, esas maletas
Abre, y saca la ropa; no las metas
Hasta limpiarlas harto.
D. JUAN.
Si quisieres cerrar, esta es del cuarto
La llave; que aunque tengo
Llave maestra, por si acaso vengo
Tarde, más que las dos, otra no tiene,
Ni otra puerta tampoco, (_Ap._ Así conviene.)
Y en el cuarto la deja, y cada dia
Vendrán á aderezarle.
_(Vanse todos, ménos Cosme.)_
ESCENA XII.
COSME.
Hacienda mia,
Ven acá; que yo quiero
Visitarte primero;
Porque ver determino
Cuánto habemos sisado en el camino;
Que, como en las posadas
No se hilan las cuentas tan delgadas
Como en casa, que vive en sus porfías
La cuenta y la razon por lacerías,
Hay mayor aparejo de provecho,
Para meter la mano, no en mi pecho,
Sino en la bolsa ajena.
_(Abre la maleta, y saca una bolsa.)_
Hallé la propia; buena está y rebuena,
Pues aquesta jornada
Subió doncella, y se apeó preñada.
Contarlo quiero, aunque es tiempo perdido,
Porque yo ¿qué borregos he vendido
A mi señor para que mire y vea
Si está cabal? Lo que ello fuere sea.
Su maleta es aquesta:
Ropa quiero sacar, por si se acuesta
Tan presto; que él mandó que hiciese esto.
¿Mas porque él lo mandó, se ha de hacer presto?
Por haberlo él mandado
Antes no lo he de hacer, que soy criado.
Salirme un rato es justo
A rezar á una ermita. ¿Tendrás gusto
Desto, Cosme?—Tendré.—Pues, Cosme, vamos
Que ántes son nuestros gustos que los amos.
_(Vase.)_
ESCENA XIII.
DOÑA ÁNGELA, ISABEL, _que salen por la puerta disimulada con la
alacena_.
ISABEL.
Que está el cuarto solo dijo
Rodrigo, porque el tal huésped
Y tus hermanos se fueron.
D.ª ÁNG.
Por eso pude atreverme
A hacer sola esta experiencia.
ISABEL.
¿Ves que no hay inconveniente
Para pasar hasta aquí?
D.ª ÁNG.
Antes, Isabel, parece
Que todo cuanto previne
Yo, fué muy impertinente,
Pues con ninguno encontramos;
Que la puerta fácilmente
Se abre y se vuelve á cerrar,
Sin ser posible que se eche
De ver.
ISABEL.
¿Y á qué hemos venido?
D.ª ÁNG.
A volvernos solamente;
Que, para hacer sola una
Travesura dos mujeres,
Basta haberla imaginado;
Porque al fin esto no tiene
Más fundamento que haber
Hablado en ello dos veces,
Y estar yo determinada
(Siendo verdad que es aqueste
Caballero el que por mí
Se empeñó osado y valiente,
Como te he dicho) á mirar
Por su regalo.
ISABEL.
Aquí tiene
El que le trajo tu hermano,
Y una espada en un bufete.
D.ª ÁNG.
Ven acá. ¿Mi escribanía
Trajeron aquí?
ISABEL.
Dió en ese
Desvarío mi señor.
Dijo que aquí la pusiese
Con recado de escribir,
Y mil libros diferentes.
D.ª ÁNG.
En el suelo hay dos maletas.
ISABEL.
Y abiertas. Señora, ¿quieres
Que veamos lo que hay en ellas?
D.ª ÁNG.
Sí, que quiero neciamente
Mirar qué ropas y alhajas
Trae.
ISABEL.
Soldado y pretendiente,
Vendrá muy mal alhajado.
_(Sacan todo cuanto van diciendo, y lo esparcen por la sala.)_
D.ª ÁNG.
¿Qué es eso?
ISABEL.
Muchos papeles.
D.ª ÁNG.
¿Son de mujer?
ISABEL.
No, señora,
Sino procesos que vienen
Cosidos, y pesan mucho.
D.ª ÁNG.
Pues si fueran de mujeres,
Ellos fueran más livianos.
Mal en eso te detienes.
ISABEL.
Ropa blanca hay aquí alguna.
D.ª ÁNG.
¿Huele bien?
ISABEL.
Sí, á limpia huele.
D.ª ÁNG.
Ese es el mejor perfume.
ISABEL.
Las tres calidades tiene
De blanca, blanda y delgada.
Mas, señora, ¿qué es aqueste
Pellejo con unos hierros
De herramientas diferentes?
D.ª ÁNG.
Muestra á ver. Hasta aquí hierro
De sacamuelas parece;
Mas estas son tenacillas,
Y el alzador del copete
Y los bigotes esotras.
ISABEL.
Item, escobilla y peine.
Oye, que, más prevenido,
No le faltará al tal huésped
La horma de su zapato.
D.ª ÁNG.
¿Por qué?
ISABEL.
Porque aquí la tiene.
D.ª ÁNG.
¿Hay más?
ISABEL.
Sí, señora. Item,
Como á forma de billetes,
Legajo segundo.
D.ª ÁNG.
Muestra.
De mujer son, y contienen
Más que papel. Un retrato
Está aquí.
ISABEL.
¿Qué te suspende?
D.ª ÁNG.
El verle; que una hermosura,
Si está pintada, divierte.
ISABEL.
Parece que te ha pesado
De hallarle.
D.ª ÁNG.
¡Qué necia eres!
No mires más.
ISABEL.
¿Y qué intentas?
D.ª ÁNG.
Dejarle escrito un billete.
Toma el retrato.
_(Pónese á escribir.)_
ISABEL.
Entre tanto
La maleta del sirviente
He de ver. Esto es dinero;
Cuartazos son insolentes,
Que en la república donde
Son los príncipes y reyes
Las doblas y patacones,
Ellos son la comun plebe.
Una burla le he de hacer,
Y ha de ser de aquesta suerte:
Quitarle de aquí el dinero
Al tal lacayo, y ponerle
Unos carbones. Dirán:
¿Dónde demonios los tiene
Esta mujer? no advirtiendo
Que esto sucedió en Noviembre,
Y que hay brasero en el cuarto.
_(Quita el dinero de la bolsa, y pone carbon.)_
D.ª ÁNG.
Ya escribí. ¿Qué te parece
Adónde deje el papel,
Porque, si mi hermano viene,
No le vea?
ISABEL.
Allí, debajo
De la toalla que tienen
Las almohadas; que al quitarla,
Se verá forzosamente,
Y no es parte que hasta entónces
Se ha de andar.
D.ª ÁNG.