23 de Septiembre.

El Duomo, el Baptisterio, la Torre o Campanile. Lejos de las arterias

principales de la población en que circula una escasa vida, esos

monumentos perpetúan la grandeza pasada, y halagan con el marmóreo

florecimiento de sus nobles construcciones. Os repetiré que delante de

estas obras, desde largos siglos bañadas de religiosas contemplaciones,

o bruñidas y lustradas de ojos de turistas y de estudiosos, no he de

comenzar con inoportunos datos técnicos, ni sumas de columnas, ni

medida de extensiones. Yo sólo sé que esto es bello, de una belleza

serena e imponente, que sobre la solidez de la fábrica se erige la pompa

de las formas; que los muros, las cúpulas, las arcadas, la labor de una

arquitectura graciosa y sincera, dicen en su cristalizada elocuencia,

tanto como los libros y los cuadros, las victorias orgullosas de aquella

Pisa industriosa, conquistadora y batalladora, que de todas partes traía

ideas y riquezas. Busqueto plantó los cimientos de la ilustre iglesia

sobre el botín de los bárbaros.

La fachada del Duomo es una página de piedra en que la «música» del

arquitecto seduce como la lectura de un armonioso poema. Las puertas son

a su vez, otras magníficas hojas de este libro soberbio, en que se

multiplican los temas, en el bronce fundido por Partigiani y Serrano,

según la fantasía de Juan de Bolonia. En la lateral, hay el encanto de

lo arcaico. De mi visita a lo interior traigo llena la retina, del gran

Cristo del mosaico del ábside; de una singular madona de Pierini del

Vaga; de deliciosas figuras del Sodoma que me exigirían un página por lo

menos para cada una; del Caín rojo de Sogliani, que dice la primordial

injusticia al lado de su papagayo. Y entre tantas cosas ¿cómo olvidar el

grupo de mármol del Moschino, el Adán y Eva del fondo?

El Baptisterio, tiara de piedra, relicario de mármol, joya de gracia y

de majestad. La perla que atrae en esta maravillosa concha labrada por

un poeta de arquitectura, es el célebre púlpito de Nicolás Pisano,

sobre el cual os recomiendo volváis a nuestro Vasari.

El Campanile, ya os lo he dicho: la rueca de Pisa. El indestructible

mono que hay en cada cual, y los ejercicios del sentido común ilustrado,

encuentran en este deleitoso lugar que reune tan preciadas

magnificencias, tres cosas que harán producir siempre reflexiones de la

más exquisita calidad: en el Duomo la lámpara de Galileo; en el

Baptisterio el eco; en el Campanile la inclinación.

Peregrinaciones Obras Completas Vol. XII · 第 43 / 73 题