19 Septiembre.

El cementerio de Génova es famoso; veamos el cementerio de Génova. No me

place visitar a los muertos en su ciudad. He visto el presuntuoso Green

Wood, allá en los Estados Unidos, y el célebre Père Lachaise, en París.

Casi siempre he notado, aun allí, las injusticias de la suerte. Poe, en

Boston, tiene un pobre busto; Verlaine no tiene aún nada sobre sus

huesos. Los Sres. Bouvard y Pécuchet en todos los cementerios del mundo

ostentan mármoles y bronces por toneladas; y más que los Sres. Bouvard y

Pécuchet, los Sres. Chose y Machin. Pero jamás me ha chocado tanto lo

grotesco de la vanidad burguesa, en la muerte, como en este enorme

camposanto. Graciosas, elegantes, pintorescas, muchas de las capillitas

y mausoleos que decoran la pendiente de la colina, hermosean el lugar

fúnebre; así son admirables también y de mérito artístico, bastantes

sarcófagos y estatuas que se encuentran en las galerías. Pero la

profusión de lo contrario choca. Buenas gentes que poseen los

suficientes escudos, se hacen fabricar un papá de bronce, una mamá de

mármol, y se colocan ellas mismas en actitud dolorosa. Y así el cincel

o la fundición perpetúan máscaras codiciosas, faces de enfermos,

_bons-hommes_ satisfechos, imágenes de gordos rentistas o de secos

traficantes. Ello da al contemplador

Peregrinaciones Obras Completas Vol. XII · 第 37 / 73 题