16 de Septiembre.

Los monumentos de Turín, confieso realmente, no me fascinan. Por todas

partes estos políticos, estos generales, estos príncipes, me aguan la

fiesta ideal que busca mi espíritu. Estos políticos son demasiado

conocidos y demasiado cercanos para que interesen a quien busca en

Italia sobre todo el reino de la Belleza, de la poesía, del Arte. Por lo

tanto, saludo con respeto al héroe Pietro Mica, a los hábiles y

esforzados patriotas y a los Saboyas de bronce, y me detengo ante el

monumento del Mont-Cenis, que, con su idea ciclópea, dice a mi alma, en

su simbolismo, más cosas que las que me puede decir el ilustre Mazzini y

el no menos ilustre Cavour.

En el parque--porque es un parque, aunque le llamen jardín--del

Valentino, deleitan las gracias de una acariciante naturaleza. El Po que

corre bajo los arcos de los puentes, pacíficamente; los montes cercanos,

feraces, cultivados, coronados por la Superga, sembrados de villas y

casitas. En la tarde dulce cae con la luz una paz y una melancolía que

hacen nacer luceros en el alma. Dichosa gente la que a la orilla de este

viejo río vive la perpetua juventud que se revela en la hermosura de

estos espectáculos.

Al ponerse el sol vuelven al club los _yachtmen_ que se ejercitan en su

_rowing_. Unos pescadores recogen sus cañas.

Antes he tenido tiempo de visitar un castillo medioeval que se ha

dejado para los turistas, desde que se construyó, con motivo de la

exposición de 1884. Es algo mejor que lo realizado por Robida en el

Viejo París. Todo, hasta los menores detalles interiores y exteriores,

dan la ilusión de un retroceso a la vida del siglo XV. Quisiera uno tan

solamente que los ferreros que abajo trabajan con gran habilidad sus

obras de un arte injustamente venido a menos, vistiesen y hablasen como

en lo antiguo.

Peregrinaciones Obras Completas Vol. XII · 第 33 / 73 题