15 de Septiembre.

Anoche he presenciado la llegada del duque de los Abruzzos a su buena

ciudad de Turín. Turín es la villa de los Saboyas, la verdadera ciudad

del _Fert_. Con gran entusiasmo fué recibido el joven explorador, entre

calles de aplausos y bajo arcos de vivas. Como yo alabase la audacia

brava y el peligroso _sport_ de su alteza, indudablemente enamorado de

la gloria y de la ciencia, me dijo un distinguido caballero turinés,

mientras los cocheros rojos conducían al príncipe, a los Aosta y al

capitán Cagni:

--«Todo está muy bien. Pero ¿qué provecho práctico trae a Italia el

hecho de este joven que se gasta una buena serie de miles de liras y

pierde dos dedos en una exploración de la que no ha sacado sino ir un

poco más sobre el hielo que Nansen? La empresa es insegura, fantástica y

poco probable.»

Señor, contesté a mi interlocutor, todas las grandes y geniales empresas

son por lo general fantásticas, inseguras, poco probables: y vuestro

compatriota el genovés Colón es una prueba de ello. Poco ha perdido el

duque con perder dos dedos en donde muchos, hasta su compañero Querini,

han perdido todo el cuerpo. Por otra parte, todo eso vale más que las

ocupaciones generales de sus colegas: ver correr caballos flacos,

fusilar pichones, agitar raquetas y disputarse pelotas, a la manera

imperante de los ingleses, fomentar la cría de perros y entretenimiento

de señoritas joviales. El duque de los Abruzzos, a quien he visto en

Buenos Aires muy simpático y muy gentil, en esa obra de valor y de

singularidad, ha interpretado a su manera el _Sempre avanti Saboia_ de

su casa. Además le debemos que los estados Unidos, por medio de uno de

sus órganos de más páginas y de mayor tiraje, se haya admirado de que un

latino haya puesto antes el pie en un lugar que no ha sido hollado por

anglosajones. Lo cual debe mortificar al Sr. Demolins y alegrar a mi

amigo Arreguine.»

El duque pasó entre las sonoras ovaciones. Buen aspecto, aunque se nota

en él las durezas de la vida de la invernada. A su lado iba Cagni,

verdadero héroe del viaje. En la estación he visto a la risueña y bella

novia de Cagni, y al viejo general su padre. No he podido menos que

pensar en los que quedaron allá en la nieve, en la soledad, en la muerte

irremisible...

* * * * *

Comida con el _onorevole_ Gianolio, y otras distinguidas personas; un

_avvocato_ y el decano de notarios turineses. El diputado es un

excelente y filosófico caballero, que entre sus barbas llenas de años

deja salir las más sesudas razones; y junta a una cortesía un tanto

campechana, la más sincera amabilidad. No conoce bien la Argentina,

pero tiene informes de sus riquezas, de su hospitalidad, del desarrollo

fabuloso de Buenos Aires. Se sorprende cuando se le habla del número de

italianos que hay en nuestra capital, lo cual demuestra que no todos, en

el parlamento, están aquí muy al tanto de estos asuntos. Hablamos

política, estadística, un poco, muy poco de literatura, pues el elemento

no es propicio, a pesar de estar a la mesa un par de hermosos ojos

italianos. Mi calidad de poeta ¡a Dios gracias! permanece incógnita, y

un madrigal comenzado se desvanecería al olor de la _fonduta_. ¡La

_fonduta_! ¿no sabéis lo que es esto, el plato especial de Turín, rubio

como el oro, apetitoso y perfumado de trufas blancas?

No sé cómo el señor de Ámicis, que aquí reside, ha conservado sus

cualidades plañideras y sentimentales a pesar del frecuente encuentro

con esta invención que es gozo de los ojos y del paladar. La _fonduta_

va custodiada de un chianti noble y de un barolo viejo que exigen

respetuosas inclinaciones.

* * * * *

Paseo por las galerías de la ciudad, por la vía Roma, y entramos con mi

compañero de viaje, al Giardino Romano, teatro estival bastante

desmantelado. Impera aquí también el café-concert. Y pensamos en el

Casino de Buenos Aires, cuando después de varios números deplorables,

salen los dos Colombel, que acabamos de ver en el Alcázar d’Été de

París, y nos gratifican con la romance, la romance... _¡la romance du

Muguet!_

Peregrinaciones Obras Completas Vol. XII · 第 32 / 73 题