17 de Septiembre.

Por el funicular que hay que tomar atravesando el Po, se va a la

Superga. Es ésta, como sabréis, una iglesia construída en lo más

empinado de la altura, al oriente de Turín.

Los trenes van jadeantes, en un camino que refresca la sombra y la

verdura de los árboles. El domo corona soberbiamente el monte. Ese

templo para águilas es una tumba de príncipes. Allí, en la cueva

fúnebre, están los huesos de muchos miembros de la casa reinante. Es lo

que, artísticamente, se va a visitar con mayor interés, a causa de uno

que otro hermoso mausoleo. Nada más impresionante que un simple nicho en

que se guarda la corona que las lavanderas de España enviaron a la buena

reina doña María de la Gloria, esposa de Amadeo.

Vasto y magnífico panorama, desde la eminencia. A lo lejos los Alpes,

que el sol llena de luz; el Levanna, el Roche Melon, la punta de nieve

del Mont-Rose. Más cerca los campos que divide el Po en su curso, en

que las ciudades y pueblos se miran como cajas de juguetes de Nuremberg;

las ondulaciones de las verdes colinas, los senos de los valles, el Viso

erguido, y Turín allí cerca, corona del Piamonte. Comienzan a asediar

los vendedores de tarjetas postales y los solicitadores de _buona

mancia_. Todavía no he encontrado, ¡asombraos! ingleses. Pero los

siento. Ellos han de aparecer dentro de poco, ineludibles andadores,

doctores oxfordianos en Bædeker, compradores de pisapapeles de

alabastro, o prigs que asedian a los primitivos.

Turín está solitario ahora, y paréceme que ha de ser triste siempre. Las

gentes de pro andan en el veraneo. Las que quedan, por negocio o por

necesidad, parecen muy tranquilas y poco ruidosas. Por las calles hay

escasa circulación. En la noche las galerías están sin vida, con

excepción de una que otra en que se ven militares y burgueses que se

pasean. Las mujeres que encuentro no se parecen a las italianas de mi

imaginación. Luego, son hasta las que se diría dedicadas a una

existencia poco austera, escasamente expansivas y hasta serias, Turín,

convengamos, es una ciudad muy honrada. Reconozcamos estas condiciones a

Turín.

[imagen]

Peregrinaciones Obras Completas Vol. XII · 第 34 / 73 题