CAPITULO LXV.

Victoria de los catalanes contra del Duque de Athenas, y su muerte, con

que los catalanes se apoderaron de aquellos Estados, y dieron fin á su

peregrinacion.

Los Catalanes, y Aragoneses luego que supieron que el Duque venia

marchando con todo su campo la vuelta de sus alojamientos, hicieron lo

que otras veces, quando se vieron forzados de la necesidad, que fué

poner el remedio en solo su valor. Determinaron salirle al encuentro,

aunque se hubiese de pelear con tanta desigualdad.

Hallabanse en nuestro exército, entre todas las tres naciones, tres mil

y quinientos caballos, y quatro mil infantes, quando dexaron sus

quarteles para salir á recibir al Duque.

Llegaron á alojarse el primer dia en unos prados por donde atravesaba

una acequia muy grande, que les ofreció un ardid y traza importante para

su ruina del enemigo. La yerba de los prados estaba crecida un palmo

alta, bastante para encubrir el terreno.

Empantanaron todos aquellos campos vecinos, por donde juzgaron que la

caballería habia de hacer sus primeros acometimientos. Para la suya

dexaron algunos en seco, para que quando fuese menester pudiese salir y

escaramuzar por lo enjunto y firme; sucedióles bien la traza, porque el

Duque al otro dia vino con todo el exército, tan poderoso, que fué

ocasion, de su descuido en advertir los ardides del enemigo, y les

pareció que solo el lucimiento de sus armas y galas bastaba para

humillar sus enemigos. En descubriendo á los nuestros ordenó sus

esquadrones, y porque tenia mayor confianza de la caballería, la puso

toda delante, y él en persona con una tropa de doscientos caballeros

Franceses, y los mas lucidos de la Provincia, tomó la vanguarda.

Nuestra gente al tiempo que el Duque se disponia para la batalla, quiso

hacer lo mismo mezclando los esquadrones y tropas de los Turcos, y

Turcoples entre las suyas; pero ellos se salieron á fuera diciendo, que

no querian pelear, porque tenian por imposible que el Duque viniese

contra los Catalanes, de quien habia sido tan bien servido, sino que

debia ser traza con que los querian destruir á ellos como á gente de

diferente religion.

No se turbaron los Catalanes, y Aragoneses en esta resolucion de los

Turcos, aunque por la brevedad no les podian desengañar, ni quisieron

rehusar la batalla, antes con mas coraje salieron á escaramuzar, y cebar

al enemigo que viniese á buscar su misma muerte. El Duque con la primer

tropa de vanguarda vino cerrando contra un escuadron de infantería, que

estaba de la otra parte de los campos empantanados, y con la furia que

la caballería llevaba se metió sin poderlo advertir en medio de ellos, y

al mismo tiempo los Almugavares sueltos y desembarazados con sus dardos,

y espadas se arrojaron sobre los que cargados de hierro se rebolcaban en

el lodo y cieno con sus caballos. Llegaron las demas tropas para

socorrer al Duque, y cayeron en el mismo peligro.

El Duque como mas conocido, fué de los primeros que murieron á manos de

los que poco antes habia menospreciado, y maltratado con palabras

afrentosas. Esto suele ser el fin de los arrogantes y desvanecidos, que

de ordinario vienen á perecer donde creyeron que habian de triunfar.

Muerto el Duque, y los que iban en su tropa, quedó lo restante del campo

lleno de miedo y confusion, porque ya los Catalanes y Aragoneses les

habian acometido por diversas partes; y los Turcos, y Turcoples

satisfechos de sus recelos, viendo que los nuestros degollaban la gente

del Duque, salieron de refresco contra ella, y dieron cumplimiento á la

victoria.

Pereció con el Duque mucha gente principal, porque de setecientos

caballeros que entraron en la batalla solos dos quedaron vivos. El uno

fué Bonifacio de Verona, y el otro Roger Deslau, caballero de Rosellon,

y muy conocido en nuestro exército, por haber venido muchas veces con

embaxada del Duque á nuestros Capitanes, quando moraban en Casandria.

Fué batalla muy terrible y sangrienta, y duró mas el alcance y el matar,

que el vencimiento; porque en siendo muerto el Duque, y empantanadas las

primeras tropas de la caballería, hubo gran desorden en lo restante del

exército enemigo, con que fué facil el rompelle. Ganada tan señalada

victoria pasaron adelante, y en pocos dias se apoderaron de la Ciudad de

Thebas, y luego de la de Athenas, con todas las fuerzas del Estado del

Duque, rendidas las mas sin esperar sitio, porque toda la defensa se

habia perdido en la batalla.

Con esto quedaron nuestros Catalanes, y Aragoneses señores de aquel

Estado, y Provincia, al cabo de trece años de guerra; y con esto dieron

fin á toda su peregrinacion, y asentaron su morada gozando de las

haciendas, y mugeres de los vencidos.

Porque despues que se vieron sin contradicion dueños de todo, la mayor

parte de los soldados se casaron con las personas mas principales y mas

ricas de la Provincia, y quedó fundado en ella un nuevo Estado, y

Señorio, que nuestros Reyes de Aragon estimaron mucho, por ser ganado,

no con sus propias fuerzas, ni con la hacienda comun de sus Reynos, sino

por hombres particulares subditos suyos; gran dicha de Príncipes tener

tales vasallos, que los trabajos, los gastos, y los peligros vayan por

su cuenta, y el fruto de las victorias, la conquista de los Reynos, la

gloria de haberlos adquirido, y el mando, y gobierno de ellos sea por el

Príncipe en cuyos Estados nacieron. Estaban los nuestros tan faltos de

personas principales, y caballeros que les gobernasen, que pidieron á

Bonifacio de Verona, uno de los caballeros que quedaron vivos de la

batalla, que fuese su Capitan.

Pero Bonifacio por parecelle que tendría la misma autoridad que tuvo

Tibaut, no quiso admitir lo que le ofrecían. Dos cosas por cierto

extrañas hallo en este caso; la primera que pusiesen los ojos para su

Capitan en un extranjero, y prisionero suyo; y la segunda que él no lo

quisiese ser. Desengañados de su voluntad, hicieron Capitan á Roger

Deslau, y le dieron por muger la que lo habia sido del Señor de Sola,

muger principal y rica. Con este Capitan se gobernó algun tiempo aquel

Estado.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 93 / 112 题