Despide el Duque con suma ingratitud á los Catalanes que le habian
servido sin quererles pagar, con que los unos y los otros se previenen
para la guerra.
Luego que el Duque se vió absoluto y pacifico señor de su estado, no
trató de cumplir su palabra, pagando lo que habia ofrecido á los
nuestros quando los llamó á su servicio, antes bien tratándoles con poca
estimacion, les fué maquinando su ruina: cosa al parecer imposible,
olvidarse de tan reciente y señalado beneficio, como fué restituirle en
su Estado, y reprimir tan poderosos enemigos.
Admiró extrañamente esta novedad, y mudanza á los Catalanes, y
Aragoneses, que esperaban de su mano vivir de allí adelante con honra y
comodidad; porque como el Duque se criára en Sicilia, en el Castillo de
Agosta, mostraba aficion á los Catalanes, y hablaba su lengua como si
fuera natural y propia suya.
Quedaron suspensos de velle, tan trocado, quando mas prendas y
obligaciones corrian. La traza que tuvo el Duque para librarse de las
descomodidades que la gente de guerra pudiera causar en su Estado
pacifico, fué la siguiente.
Entresacó de nuestro exército doscientos soldados de á caballo los de
mayor servicio y partes, y trescientos infantes, y repartió entre todos
ellos algunas haciendas con harta moderacion por todo su Estado.
Quedaron estos contentísimos, y los demas tambien esperando de que el
Duque habia de usar de la misma liberalidad con ellos. Pero al tiempo
que creyeron ver cumplidas sus esperanzas, les mandó el Duque que dentro
de un breve plazo se saliesen de su Estado, y que quando no le
obedeciese los trataria como á rebeldes, y enemigos.
Los nuestros, aunque confusos y turbados de golpe tan poco prevenido,
con el valor y determinacion que solian, le respondieron que obedecerían
con mucho gusto si les pagaba el sueldo que se les debia, pues tan bien
le habian servido, y los seis meses adelantados que les ofreció quando
vinieron á su servicio, que con este dinero podrían alcanzar vaxeles
para volver á su patria seguros aunque mal pagados.
Replicó á esto el Duque con tanta soberbia, y con tanto desconocimiento
de los servicios pasados, y dixo que se fuesen de su presencia, y se
saliesen de su tierra, que él ni les debia, ni les queria pagar lo que
con tanta desvergüenza le pedian: que aprestasen luego su salida, si no
querian verse muertos ó cautivos. Esta respuesta obligó á los nuestros,
á que determinasen antes morir que salir de su tierra sin que se les
diese entera satisfacion. Hicieronle saber esta resolucion; y entretanto
se apoderaron de algunos puestos importantes, á donde los pueblos aunque
por fuerza les contribuian para sustentarse.
Luego que el Duque supo que los Catalanes se querian defender, hizo
grandes juntas de gente, así de naturales, como de extrañas, para
echarles por fuerza de su estado, pudiéndolo hacer con menos gasto,
menos peligro, y menos nota de su ingratitud, si les despidiera dándoles
las pagas que tan bien habian merecido.
Al fin se resolvió de hecharles por fuerza, y para esto juntó un
poderosísimo exército bien desigual con nuestro corto poder, porque de
Atenienses, Thebanos, Platenses, Locrenses, Tocenses, y Magarenses, y
ochocientos caballos Franceses, llegó á tener seis mil y quatrocientos
caballos, y ocho mil infantes, aunque Montaner quiere que sean mucho
mas, pero en este caso me ha parecido seguir á Nicephoro que lo escribe
harto difusamente, y pudo tener mas noticia por hallarse mas cerca que
Montaner que ya no estaba presente en esta jornada, y el Griego es muy
neutral quando no escribe los sucesos de su nacion, sino de las
extrañas. Los doscientos caballos, y trescientos infantes á quien el
Duque habia dado las haciendas que se ha dicho viendo el peligro de sus
campañeros, y creyendo que aquel mismo rigor se habia tambien de
executar en ellos, fueronse al Duque, y le dixeron, como entendían que
aquel exército que tenia junto era para contra sus compañeros, y amigos;
y que si esto era así verdad, ellos les renunciaban las haciendas que
les dió, porque tenian por mejor suerte morir defendiendo á los suyos,
que gozar riquezas en paz, pereciendo ellos.
El Duque confiado de sus fuerzas, que eran tan superiores á las
nuestras, les respondió con palabras tan pesadas, y tan llenas de mil
ultrajes y afrentas, que quando no vinieran tan resueltos de apartarse
de su servicio, solo esta respuesta les obligára á procurar vengarse.
Las palabras en todos los hombres han de ser muy medidas, y mas en los
Príncipes, porque de la descortesía no se puede esperar sino
aborrecimiento, y las mas veces deseo y cuidado de satisfacion y
venganza.
Palabras descompuestas causan justa indignacion aun en los mas humildes.
La cortesía es lazo con que se prenden los corazones, y usada con los
enemigos suele ser medio para ablandarlos en el mayor ímpetu de su
furia.
Con esto se fueron los quinientos á juntar con los demás Catalanes, y
Aragoneses, y les avisaron de la ultima resolucion del Duque, de quien
dice Nicephoro, que estaba tan arrogante y soberbio, viendo debaxo de su
mano tanta y tan lucida gente, que ya sus designios eran mayores que
destruir á los Catalanes, porque esto lo pensaba hacer como de paso, y
entrar despues en las Provincias del Imperio, haciendo una cruel y
sangrienta guerra hasta llegar á Constantinopla. Pero todas estas trazas
atajó Dios en sus principios, porque la sobrada confianza de sí mismo
nunca se logra.