CAPITULO LXIV.

Despide el Duque con suma ingratitud á los Catalanes que le habian

servido sin quererles pagar, con que los unos y los otros se previenen

para la guerra.

Luego que el Duque se vió absoluto y pacifico señor de su estado, no

trató de cumplir su palabra, pagando lo que habia ofrecido á los

nuestros quando los llamó á su servicio, antes bien tratándoles con poca

estimacion, les fué maquinando su ruina: cosa al parecer imposible,

olvidarse de tan reciente y señalado beneficio, como fué restituirle en

su Estado, y reprimir tan poderosos enemigos.

Admiró extrañamente esta novedad, y mudanza á los Catalanes, y

Aragoneses, que esperaban de su mano vivir de allí adelante con honra y

comodidad; porque como el Duque se criára en Sicilia, en el Castillo de

Agosta, mostraba aficion á los Catalanes, y hablaba su lengua como si

fuera natural y propia suya.

Quedaron suspensos de velle, tan trocado, quando mas prendas y

obligaciones corrian. La traza que tuvo el Duque para librarse de las

descomodidades que la gente de guerra pudiera causar en su Estado

pacifico, fué la siguiente.

Entresacó de nuestro exército doscientos soldados de á caballo los de

mayor servicio y partes, y trescientos infantes, y repartió entre todos

ellos algunas haciendas con harta moderacion por todo su Estado.

Quedaron estos contentísimos, y los demas tambien esperando de que el

Duque habia de usar de la misma liberalidad con ellos. Pero al tiempo

que creyeron ver cumplidas sus esperanzas, les mandó el Duque que dentro

de un breve plazo se saliesen de su Estado, y que quando no le

obedeciese los trataria como á rebeldes, y enemigos.

Los nuestros, aunque confusos y turbados de golpe tan poco prevenido,

con el valor y determinacion que solian, le respondieron que obedecerían

con mucho gusto si les pagaba el sueldo que se les debia, pues tan bien

le habian servido, y los seis meses adelantados que les ofreció quando

vinieron á su servicio, que con este dinero podrían alcanzar vaxeles

para volver á su patria seguros aunque mal pagados.

Replicó á esto el Duque con tanta soberbia, y con tanto desconocimiento

de los servicios pasados, y dixo que se fuesen de su presencia, y se

saliesen de su tierra, que él ni les debia, ni les queria pagar lo que

con tanta desvergüenza le pedian: que aprestasen luego su salida, si no

querian verse muertos ó cautivos. Esta respuesta obligó á los nuestros,

á que determinasen antes morir que salir de su tierra sin que se les

diese entera satisfacion. Hicieronle saber esta resolucion; y entretanto

se apoderaron de algunos puestos importantes, á donde los pueblos aunque

por fuerza les contribuian para sustentarse.

Luego que el Duque supo que los Catalanes se querian defender, hizo

grandes juntas de gente, así de naturales, como de extrañas, para

echarles por fuerza de su estado, pudiéndolo hacer con menos gasto,

menos peligro, y menos nota de su ingratitud, si les despidiera dándoles

las pagas que tan bien habian merecido.

Al fin se resolvió de hecharles por fuerza, y para esto juntó un

poderosísimo exército bien desigual con nuestro corto poder, porque de

Atenienses, Thebanos, Platenses, Locrenses, Tocenses, y Magarenses, y

ochocientos caballos Franceses, llegó á tener seis mil y quatrocientos

caballos, y ocho mil infantes, aunque Montaner quiere que sean mucho

mas, pero en este caso me ha parecido seguir á Nicephoro que lo escribe

harto difusamente, y pudo tener mas noticia por hallarse mas cerca que

Montaner que ya no estaba presente en esta jornada, y el Griego es muy

neutral quando no escribe los sucesos de su nacion, sino de las

extrañas. Los doscientos caballos, y trescientos infantes á quien el

Duque habia dado las haciendas que se ha dicho viendo el peligro de sus

campañeros, y creyendo que aquel mismo rigor se habia tambien de

executar en ellos, fueronse al Duque, y le dixeron, como entendían que

aquel exército que tenia junto era para contra sus compañeros, y amigos;

y que si esto era así verdad, ellos les renunciaban las haciendas que

les dió, porque tenian por mejor suerte morir defendiendo á los suyos,

que gozar riquezas en paz, pereciendo ellos.

El Duque confiado de sus fuerzas, que eran tan superiores á las

nuestras, les respondió con palabras tan pesadas, y tan llenas de mil

ultrajes y afrentas, que quando no vinieran tan resueltos de apartarse

de su servicio, solo esta respuesta les obligára á procurar vengarse.

Las palabras en todos los hombres han de ser muy medidas, y mas en los

Príncipes, porque de la descortesía no se puede esperar sino

aborrecimiento, y las mas veces deseo y cuidado de satisfacion y

venganza.

Palabras descompuestas causan justa indignacion aun en los mas humildes.

La cortesía es lazo con que se prenden los corazones, y usada con los

enemigos suele ser medio para ablandarlos en el mayor ímpetu de su

furia.

Con esto se fueron los quinientos á juntar con los demás Catalanes, y

Aragoneses, y les avisaron de la ultima resolucion del Duque, de quien

dice Nicephoro, que estaba tan arrogante y soberbio, viendo debaxo de su

mano tanta y tan lucida gente, que ya sus designios eran mayores que

destruir á los Catalanes, porque esto lo pensaba hacer como de paso, y

entrar despues en las Provincias del Imperio, haciendo una cruel y

sangrienta guerra hasta llegar á Constantinopla. Pero todas estas trazas

atajó Dios en sus principios, porque la sobrada confianza de sí mismo

nunca se logra.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 92 / 112 题