Montaner con las galeras Venecianas vuelve al Negroponte, y en Athenas
se ve con el Infante Don Fernando.
Juan Tari general de las galeras Venecianas por órden de Tibaldo dió una
galera á Montaner, para que llevase en ella sus camaradas, sus criados,
y su ropa, y su persona se embarcó en la Capitana con Tari, de quien fué
por extremo regalado, y servido.
A mas de esto Tibaldo dió cartas á Montaner para Negroponte, en que
mandaba que se le restituyese todo lo que se le habia robado de su
galera cuando prendieron al Infante, y esto so pena de la vida y
perdimiento de bienes, si alguno lo ocultase. Con este buen despacho
partió Montaner á Negroponte con las galeras Venecianas, donde llegaron
con buen tiempo y luego se notificaron las cartas de Tibaldo al justicia
mayor de Venecianos. Hicieronse luego pregones con las penas dichas á
los que no restituyesen, y Juan Damici, y Bonifacio de Berona, como
señores tambien de la Isla hicieron los mismos pregones, cuando vieron
la carta de Tibaldo, supremo ministro en aquellas partes del rey de
Francia. Fueron los pregones poco obedecido, porque no se hicieron sino
solo para satisfacer y cumplir con esta demostracion con Tibaldo, porque
Montaner no cobró cosa alguna de las perdidas, ni se le dió otra
satisfacion. Montaner como verdadero criado y servidor el Infante, pidió
á Juan Tari que le diese lugar para ir á la Ciudad de Athenas á verle y
consolalle en su prision, que como nació subdito de los de su casa, no
podia dexar de acudir en caso tan apretado como velle preso. Tari con
mucha cortesía le ofreció de aguardar quatro dias en Negroponte, en que
tendría bastante tiempo para ir á visitar al Infante, y volverse; porque
de Negroponte, á Athenas habia solas veinte y cuatro millas.
Partió Montaner con cinco caballos, y en llegando á la Ciudad quiso ver
al Duque, y aunque le halló enfermo, le dió lugar para le viese, y le
recibió con mucha cortesía, y con palabras muy encarecidas le significó
el sentimiento que habia tenido del suceso de Negroponte, quando le
robaron su galera, y ofreció que en todo lo que se le ofreciese le
ayudaria con veras. Montaner respondió que estimaba mucho la merced, y
honra que le hacia, pero que solo deseaba ver al Infante Don Fernando.
Diole licencia el Duque con mucho cumplimiento, y mandó que en el tiempo
que Montaner estuviese con el Infante, todos quantos quisiesen pudiesen
entrar en el castillo, y visitalle. Dieron luego libre la entrada de
Sant Ober, y Montaner en viendo al Infante, las lagrimas le sirvieron de
palabras, que mostraron el sentimiento de ver su persona puesta en manos
de estrangeros. El infante en lugar de recibir algun consuelo de
Montaner, fué él el que se le dió, y animó con palabras de grande valor
y constancia.
Dos dias se detuvo Montaner en su compañía, platicandose los medios mas
necesarios para su libertad, y últimamente quiso quedarse para serville,
y asistille en la prision, no le consintió el Infante por parecelle mas
conveniente que fuese á Sicilia á tratar con el Rey de su libertad.
Diole cartas para el Rey, y le encargó que como testigo de vista
refiriese á su tio todo lo que habia pasado en Thracia, y Macedonia,
acerca de admitille en su nombre. Con esto se despidió Montaner, y fué á
tomar licencia del Duque para volverse, de quien fué regalado con
algunas joyas, que le fueron de mucho provecho, porque todo el dinero
que trahia habia dexado al Infante, y repartidos sus vestidos entre los
que le servian.
Vuelto á Negroponte, se partieron luego las galeras, y navegando por las
costas de la Morea, llegaron á la Isla de la Sapiencia, donde toparon
quatro galeras de Riambau Dasfar, de quien ya tenia lengua Montaner. Los
Venecianos sospechosos siempre como gente de República, apartandose con
Montaner, le preguntaron si Riambau Dasfar era hombre que les guardaria
fe. Respodióles que era buen caballero, y que él no sería enemigo ni
haria daño á los amigos del Rey de Aragon, y que con seguridad podrían
estar todos juntos, y honrar á Riambau. Con esto se sosegaron, y
Montaner pasó á la galera de Riambau Dasfar, y luego todas se juntaron,
y se convidaron los capitanes con mucha llaneza y seguridad.
Llegaron á Clarencia donde se detuvieron las galeras Venecianas, y
entonces Montaner se pasó á las de Riambau, en cuya compañía llegó á
Sicilia, y en Castronuevo se vió con el Rey, y le dió larga relacion de
lo que pasaba juntamente con la carta del Infante. Mostró el Rey gran
sentimiento, y luego escribió al Rey de Mallorca, y al Rey de Aragon,
para que todos juntos ayudasen á la libertad de Don Fernando; y en este
medio Carlos hermano del Rey de Francia escribió al Duque de Athenas que
enviase la persona del Infante al Rey Roberto de Nápoles. Obedeció el
Duque; y así vino el infante á Nápoles preso, donde estuvo un año en una
cortés prision, porque salia á caza, y comia con Roberto, y con su
muger, que era su hermana. El rey de Mallorca su padre por medio del Rey
de Francia le alcanzó libertad, con que el Infante vino á Colibre á
verse con su padre.