Rocafort y su gente prestan juramento de fidelidad á Tibaldo de Sipoys
en nombre de Carlos de Francia.
En este tíempo, ya Tibaldo trataba de traer al servicio de Carlos á
Rocafort y á toda la compañía y procuraba grangearles por todos los
medios que pudo. No faltó quien le advirtió que en ninguna cosa podia
ganar más la voluntad de Rocafort, que entregándole dos de aquellos
prisioneros que tenia, que el uno de ellos era Montaner, y el otro
García Gomez Palacin, enemigo grande de Rocafort. Tibaldo dió credito al
aviso, y sin más averiguacion embarcó en sus galeras á Montaner, y á
Palacin, y él en persona partió la vuelta del cabo de Casandria, donde
estaban los nuestros con Rocafort; y apenas hubo llegado á su presencia,
cuando le presentó los dos prisioneros, pareciéndole que habian de ser
el medio de sus amistades, y así fueron ellas tan desdichadas, pues se
fundaron en la sangre, y muerte de un inocente. Entregaronse ambos
prisioneros, pero con diferente suerte, porque al uno le apartaron para
quitarle la vida, y al otro para darle libertad. Honraron con grandes
demostraciones de contento á Montaner, y á Palacin mandó Rocafort
cortarle luego la cabeza, sin darle mas tiempo de vida de lo que el
verdugo tardó á darle la muerte, y sin que persona alguna se atreviese á
replicar sobre ello á Rocafort. Que se halle hombre tan ruin como
Rocafort entre tanto soldados, y capitanes no me causa admiracion; pero
que entre todos ellos no se halláse un hombre de bien que detuviera, ó
replicára á Rocafort, advirtiéndole, si quiera, que ofendia su fama, y
obscurecia sus hechos, con ejecucion tan inhumana, y fuera de tiempo.
Era García Gomez Palacin Aragones, valiente soldado, y honrado
caballero, aunque desdichado, principal capitan, y valedor del vando de
Berenguer de Entenza, y Fernan Jimenez de Arenós.
Con este hecho indigno de cualquier hombre que lo sea, perdió Rocafort
amigos, y reputacion; pues dar la muerte á un caballero que se retiraba
como vencido á la patria, de donde no le pudiera ofender, ni impedir su
grandeza, fué indicio y señal manifiesta de su crueldad, y fiereza.
Montaner como habia sido Maestre Racional de nuestro ejército, y era el
que mandaba todos los oficiales de pluma, tenia grangeados con su buen
término, y verdad los animos de todos los soldados, y así le amaban como
á padre, cosa raras veces vista amar la gente de pluma á quien
ordinariamente aborrecen y murmuran, porque les parece que estando
descansados, con trampas y enredos en daño de la milicia se acrecientan,
y enriquecen, y ellos con mil trabajos y peligros viven siempre en una
miserable suerte.
Recibieron todos á Montaner con regocijo general, y luego le dieron una
posada de las mas honradas que habia, y los Turcos, y Turcoples los
primeros le presentaron veinte caballos, y mil escudos, y Rocafort un
caballo de mucho precio, y otras cosas de valor, sin que huviese persona
de estimacion en todo el ejército que no le diese algo. Tibaldo de
Sipoys, y los capitanes Venecianos que le entregaron, quedaron corridos
de ver que se hiciese tanta honra á quien ellos habian robado cuanto
tenia, y temieron que no le hiciese daño en desbaratar sus trazas, y
pretensiones; pero Montaner era cuerdo, y como no le pareció cosa segura
quedarse en nuestro campo, ni las impidió, ni las faboreció.
Rocafort que hasta entonces habia estado dudoso en aceptar lo que por
parte de Carlos de Francia le ofrecia Tibaldo de Sipoys, porque el
respeto de la casa de Aragon le detenia pero cuando tuvo por cierto que
por no haber querido admitir al Infante por el rey Don Fadrique, las
casas de los reyes de Aragon, Sicilia, y Mallorca, le serian enemigos,
vino en lo que Tibaldo deseaba, que la compañia le recibiese por su
general en nombre de Carlos de Francia, ofreciéndoles el sueldo
aventajado, y grandes esperanzas, que era lo que les podia dar. Con esto
le juraron fidelidad, forzados á lo que yo puedo juzgar, de la violencia
de Rocafort, porque deshechar á su príncipe natural, y tomar al estraño,
y enemigo, no es posible que los Catalanes, y Aragoneses voluntariamente
lo consintiesen, ni Rocafort lo intentáse, sino por la seguridad que
tenian en los Turcos, y Turcoples, y parte de la Almugavaria que
ciegamente le obedecían, aunque lo que Rocafort hizo no parece que fuese
traicion, porque no tomó las armas contra sus príncipes, sino solo se
apartó de sus servicios: cosa en aquellos tiempos licita y usada, y mas
cuando precedian agravios. Ni menos fué por aborrecimiento que tuviesen
á la casa de Aragon, y amor á la de Francia, sino que quiso arrimarse
por entonces al príncipe menos poderoso, para con mas facilidad
apartarse de él cuando sus cosas llegasen al estado en que esperaba
verse.
Porque corria una voz entre muchas, que Rocafort se queria llamar rey de
Tesalónica, ó Salonique, y no era esto sin algun fundamento, pues habia
mudado el sello del ejército que era la imagen de San Pedro, y en su
lugar mandó poner un rey coronado; señales evidentes de sus altos y
atrevidos pensamientos, y que sin duda llegára á ser príncipe absoluto,
si su grande avaricia, y soberbia no atajára los pasos de su próspera
fortuna, al tiempo que le ofrecia un estado con que pudiera fundar, y
engrandecer su casa. Que si Rocafort viviera cuando los nuestros
ocuparon los Estados de Athenas, y Neopatria, tengo por sin duda que no
llamaran al rey de Sicilia sino que le recibieran por su príncipe y
señor; pues se pudiera hacer con muy justo titulo, habiendo sido
Rocafort su general tantos años en tiempos de trabajos, y debajo de cuyo
mando, y govierno habian alcanzado tantas victorias, y dado glorioso fin
á tan señaladas empresas.
Luego que las galeras Venecianas vieron á Tibaldo general del ejército
en nombre de Carlos, partieron la vuelta de su casa y Ramon Montaner con
ellas, aunque le rogaron mucho que se quedase, pero como él conocia la
poca seguridad que habia en la condicion de Rocafort, jamas quiso
quedarse, ni aun pediendoselo muy encarecidamente el mismo Tibaldo.