CAPITULO LVI.

Rocafort y su gente prestan juramento de fidelidad á Tibaldo de Sipoys

en nombre de Carlos de Francia.

En este tíempo, ya Tibaldo trataba de traer al servicio de Carlos á

Rocafort y á toda la compañía y procuraba grangearles por todos los

medios que pudo. No faltó quien le advirtió que en ninguna cosa podia

ganar más la voluntad de Rocafort, que entregándole dos de aquellos

prisioneros que tenia, que el uno de ellos era Montaner, y el otro

García Gomez Palacin, enemigo grande de Rocafort. Tibaldo dió credito al

aviso, y sin más averiguacion embarcó en sus galeras á Montaner, y á

Palacin, y él en persona partió la vuelta del cabo de Casandria, donde

estaban los nuestros con Rocafort; y apenas hubo llegado á su presencia,

cuando le presentó los dos prisioneros, pareciéndole que habian de ser

el medio de sus amistades, y así fueron ellas tan desdichadas, pues se

fundaron en la sangre, y muerte de un inocente. Entregaronse ambos

prisioneros, pero con diferente suerte, porque al uno le apartaron para

quitarle la vida, y al otro para darle libertad. Honraron con grandes

demostraciones de contento á Montaner, y á Palacin mandó Rocafort

cortarle luego la cabeza, sin darle mas tiempo de vida de lo que el

verdugo tardó á darle la muerte, y sin que persona alguna se atreviese á

replicar sobre ello á Rocafort. Que se halle hombre tan ruin como

Rocafort entre tanto soldados, y capitanes no me causa admiracion; pero

que entre todos ellos no se halláse un hombre de bien que detuviera, ó

replicára á Rocafort, advirtiéndole, si quiera, que ofendia su fama, y

obscurecia sus hechos, con ejecucion tan inhumana, y fuera de tiempo.

Era García Gomez Palacin Aragones, valiente soldado, y honrado

caballero, aunque desdichado, principal capitan, y valedor del vando de

Berenguer de Entenza, y Fernan Jimenez de Arenós.

Con este hecho indigno de cualquier hombre que lo sea, perdió Rocafort

amigos, y reputacion; pues dar la muerte á un caballero que se retiraba

como vencido á la patria, de donde no le pudiera ofender, ni impedir su

grandeza, fué indicio y señal manifiesta de su crueldad, y fiereza.

Montaner como habia sido Maestre Racional de nuestro ejército, y era el

que mandaba todos los oficiales de pluma, tenia grangeados con su buen

término, y verdad los animos de todos los soldados, y así le amaban como

á padre, cosa raras veces vista amar la gente de pluma á quien

ordinariamente aborrecen y murmuran, porque les parece que estando

descansados, con trampas y enredos en daño de la milicia se acrecientan,

y enriquecen, y ellos con mil trabajos y peligros viven siempre en una

miserable suerte.

Recibieron todos á Montaner con regocijo general, y luego le dieron una

posada de las mas honradas que habia, y los Turcos, y Turcoples los

primeros le presentaron veinte caballos, y mil escudos, y Rocafort un

caballo de mucho precio, y otras cosas de valor, sin que huviese persona

de estimacion en todo el ejército que no le diese algo. Tibaldo de

Sipoys, y los capitanes Venecianos que le entregaron, quedaron corridos

de ver que se hiciese tanta honra á quien ellos habian robado cuanto

tenia, y temieron que no le hiciese daño en desbaratar sus trazas, y

pretensiones; pero Montaner era cuerdo, y como no le pareció cosa segura

quedarse en nuestro campo, ni las impidió, ni las faboreció.

Rocafort que hasta entonces habia estado dudoso en aceptar lo que por

parte de Carlos de Francia le ofrecia Tibaldo de Sipoys, porque el

respeto de la casa de Aragon le detenia pero cuando tuvo por cierto que

por no haber querido admitir al Infante por el rey Don Fadrique, las

casas de los reyes de Aragon, Sicilia, y Mallorca, le serian enemigos,

vino en lo que Tibaldo deseaba, que la compañia le recibiese por su

general en nombre de Carlos de Francia, ofreciéndoles el sueldo

aventajado, y grandes esperanzas, que era lo que les podia dar. Con esto

le juraron fidelidad, forzados á lo que yo puedo juzgar, de la violencia

de Rocafort, porque deshechar á su príncipe natural, y tomar al estraño,

y enemigo, no es posible que los Catalanes, y Aragoneses voluntariamente

lo consintiesen, ni Rocafort lo intentáse, sino por la seguridad que

tenian en los Turcos, y Turcoples, y parte de la Almugavaria que

ciegamente le obedecían, aunque lo que Rocafort hizo no parece que fuese

traicion, porque no tomó las armas contra sus príncipes, sino solo se

apartó de sus servicios: cosa en aquellos tiempos licita y usada, y mas

cuando precedian agravios. Ni menos fué por aborrecimiento que tuviesen

á la casa de Aragon, y amor á la de Francia, sino que quiso arrimarse

por entonces al príncipe menos poderoso, para con mas facilidad

apartarse de él cuando sus cosas llegasen al estado en que esperaba

verse.

Porque corria una voz entre muchas, que Rocafort se queria llamar rey de

Tesalónica, ó Salonique, y no era esto sin algun fundamento, pues habia

mudado el sello del ejército que era la imagen de San Pedro, y en su

lugar mandó poner un rey coronado; señales evidentes de sus altos y

atrevidos pensamientos, y que sin duda llegára á ser príncipe absoluto,

si su grande avaricia, y soberbia no atajára los pasos de su próspera

fortuna, al tiempo que le ofrecia un estado con que pudiera fundar, y

engrandecer su casa. Que si Rocafort viviera cuando los nuestros

ocuparon los Estados de Athenas, y Neopatria, tengo por sin duda que no

llamaran al rey de Sicilia sino que le recibieran por su príncipe y

señor; pues se pudiera hacer con muy justo titulo, habiendo sido

Rocafort su general tantos años en tiempos de trabajos, y debajo de cuyo

mando, y govierno habian alcanzado tantas victorias, y dado glorioso fin

á tan señaladas empresas.

Luego que las galeras Venecianas vieron á Tibaldo general del ejército

en nombre de Carlos, partieron la vuelta de su casa y Ramon Montaner con

ellas, aunque le rogaron mucho que se quedase, pero como él conocia la

poca seguridad que habia en la condicion de Rocafort, jamas quiso

quedarse, ni aun pediendoselo muy encarecidamente el mismo Tibaldo.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 84 / 112 题