CAPITULO LI.

Rocafort antes de partirse el infante del ejército ganó á Nona, y de

comun parecer de los capitanes, deja el ejército los presidios de

Thracia, y determina pasar á Macedonia.

La venida del infante D. Fernando al ejército, acabó de poner en

desesperacion á los griegos que estaban sitiados, y dentro de pocos dias

se hubo de entregar con mucha perdida en las manos del vencedor, porque

aunque no perdieron las vidas, quedaron sin haciendas. Berenguer de

Entenza tambien tomó á Megarix. Sentíase ya en nuestro campo gran falta

de vituallas, porque diez jornadas al contorno de Galípoli estaba todo

talado y destruido, que los cinco años últimos de los siete que

estuvieron en esta provincia, se mantuvieron de lo que la tierra sin

cultivar producía, pues no llegaban á los árboles, y viñas sinó para

quitarles el fruto. A lo último vino esto á faltar, y fué forzoso tratar

de buscar otras provincias donde entretenerse, y poder vivir. Habíase

diferido esto por las enemistades de Entenza, y Rocafort, que estaban

aun tan vivas, que no se osaban mover de sus alojamientos, ni juntarse

por el recelo que se tenia que entrambas las dos parcialidades no

llegasen á rompimiento: tanto pueden disgustos é intereses particulares,

que impiden el remedio comun y quieren mas perecer con ellos, que vivir

cediendo de su locas y vanas pretensiones. Todos fueron de parecer que

desmantelasen á Galípoli, y los demás presidios, y en esto conformaron

los capitanes competidores juntamente con los turcos, y turcoples; y así

suplicaron al infante la gente buena y libre de pasiones, que fuese

servido de no desampararles hasta dejarles en otra provincia, porque

debajo de su autoridad, y nombre, irian todos muy seguros y en este

medio se podrían concertar las diferencias de Entenza, y Rocafort. El

infante tuvo su acuerdo por bueno, y ofreció de hacerlo, y á lo que yo

puedo entender, movido de lástima de que Berenguer de Entenza, y Fernan

Jiménez de Arenós quedasen en las manos de Rocafort, á quien el respeto

del infante parece que detenia la ejecucion de su animo vengativo, quiso

tentar si con esta detencion podia concertar estas diferencias, y

dejarles con mucha paz y quietud, para que unidos y conformes pudiesen

hacer mayores progresos, esperando siempre que obedecerian al rey,

aunque por entonces lo hubiese rehusado. Juntó el infante las cabezas

principales del ejército, con todos los del consejo, y resueltos ya de

salir de aquellos presidios que tenian en Thracia, por haberles forzado

la necesidad, y falta de vituallas. Trataron que camino tomarian; y qué

ciudad en Macedonia ocuparian. Hubo diferentes pareceres, y últimamente

pareció el más acertado, que se acometiese la ciudad de Cristopol,

puesta en los confines de Tracia en Macedonia por tener la entrada de

las dos provincias fácil, y la retirada segura, y los socorros de mar

sin poderselos impedir, como en Galípoli, que ocupado el estrecho con

pocos navios de guerra impedian el libre comercio que venia por mar á

darles alguna ayuda. Ordenose que Ramon Montaner con hasta treinta y

seis velas que habia en nuestra armada, y entre ellas cuatro galeras,

llevasen las mujeres, niños, y viejos, por mar á la ciudad de Cristopol,

despues de haber desmantelado todos los presidios que en aquellas costas

se tenian por nosotros, como Galípoli, Nona, Pacía, Modico, y Megarix.

El infante y los demás capitanes ordenaron en esta forma su partida.

Berenguer de Rocafort con los turcos y turcoples, y la mayor parte de

los Almugavares saliese un dia antes qué Berenguer, y Fernan Jimenez, y

que siempre se guardase este orden en el camino siguiendo siempre

Berenguer á Rocafort una jornada lejos, y esto se hizo por quitar las

ocasiones que pudiera haber de disgusto, si los dos bandos juntos se

alojáran, donde forzosamente sobre el tomar los puestos vinieran á las

manos. Pudose sin peligro dividir sus fuerzas, por no tener enemigo

poderoso en la campaña que les pudiese prontamente acometer, porque

divididos el espacio de un dia de camino, no se pudieran socorrer si le

tuvieran, toda la gente de guerra atendia más á defenderse dentro de las

ciudades, que salir á ofender nuestro ejército; cosa que tantas veces

emprendieron con notable daño suyo y gloria nuestra. Juntos en Galípoli,

despues de haber desmantelado todos los demás presidios, partió Rocafort

con su gente por el camino mas vecino al mar, y al otro dia le siguió

Berenguer de Entenza, y el infante, ocupando siempre los puestos que

Rocafort dejaba. Después de haber caminado algunos dias, comenzaron á

entrar en lo poblado de la provincia, á donde sus armas no habian

llegado. Los Griegos con el pavor del nombre de Catalanes huian la

tierra adentro dejando en los pueblos bastimentos en grande abundancia,

con que los nuestros pasaban con mucha comodidad, y libres del daño, que

siempre creyeron de faltarles con que vivir. Esta fué una de sus

empresas grandes, entrarse por tierras, y provincias no conocidas, sin

tener seguridad de alguna plaza, ó de algun Príncipe amigo. La

expedicion de los diez mil Griegos que cuenta Xenofonte, fué de las

mayores que celebra la antigüedad, pero siempre los Griegos llevaban por

fin llegar á su patria, y parte con armas atravesaban Provincias, y

naciones estrañas: pero los Catalanes solo tenian por fin de aquel

viaje, no el descanso de su patria sino la expugnacion de una Ciudad

grande y fuerte, que resolvieron de acometer antes de salir de Galípoli,

y que el fin de una fatiga y peligro grande fuese el principio de otro

mayor.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 79 / 112 题