Rocafort antes de partirse el infante del ejército ganó á Nona, y de
comun parecer de los capitanes, deja el ejército los presidios de
Thracia, y determina pasar á Macedonia.
La venida del infante D. Fernando al ejército, acabó de poner en
desesperacion á los griegos que estaban sitiados, y dentro de pocos dias
se hubo de entregar con mucha perdida en las manos del vencedor, porque
aunque no perdieron las vidas, quedaron sin haciendas. Berenguer de
Entenza tambien tomó á Megarix. Sentíase ya en nuestro campo gran falta
de vituallas, porque diez jornadas al contorno de Galípoli estaba todo
talado y destruido, que los cinco años últimos de los siete que
estuvieron en esta provincia, se mantuvieron de lo que la tierra sin
cultivar producía, pues no llegaban á los árboles, y viñas sinó para
quitarles el fruto. A lo último vino esto á faltar, y fué forzoso tratar
de buscar otras provincias donde entretenerse, y poder vivir. Habíase
diferido esto por las enemistades de Entenza, y Rocafort, que estaban
aun tan vivas, que no se osaban mover de sus alojamientos, ni juntarse
por el recelo que se tenia que entrambas las dos parcialidades no
llegasen á rompimiento: tanto pueden disgustos é intereses particulares,
que impiden el remedio comun y quieren mas perecer con ellos, que vivir
cediendo de su locas y vanas pretensiones. Todos fueron de parecer que
desmantelasen á Galípoli, y los demás presidios, y en esto conformaron
los capitanes competidores juntamente con los turcos, y turcoples; y así
suplicaron al infante la gente buena y libre de pasiones, que fuese
servido de no desampararles hasta dejarles en otra provincia, porque
debajo de su autoridad, y nombre, irian todos muy seguros y en este
medio se podrían concertar las diferencias de Entenza, y Rocafort. El
infante tuvo su acuerdo por bueno, y ofreció de hacerlo, y á lo que yo
puedo entender, movido de lástima de que Berenguer de Entenza, y Fernan
Jiménez de Arenós quedasen en las manos de Rocafort, á quien el respeto
del infante parece que detenia la ejecucion de su animo vengativo, quiso
tentar si con esta detencion podia concertar estas diferencias, y
dejarles con mucha paz y quietud, para que unidos y conformes pudiesen
hacer mayores progresos, esperando siempre que obedecerian al rey,
aunque por entonces lo hubiese rehusado. Juntó el infante las cabezas
principales del ejército, con todos los del consejo, y resueltos ya de
salir de aquellos presidios que tenian en Thracia, por haberles forzado
la necesidad, y falta de vituallas. Trataron que camino tomarian; y qué
ciudad en Macedonia ocuparian. Hubo diferentes pareceres, y últimamente
pareció el más acertado, que se acometiese la ciudad de Cristopol,
puesta en los confines de Tracia en Macedonia por tener la entrada de
las dos provincias fácil, y la retirada segura, y los socorros de mar
sin poderselos impedir, como en Galípoli, que ocupado el estrecho con
pocos navios de guerra impedian el libre comercio que venia por mar á
darles alguna ayuda. Ordenose que Ramon Montaner con hasta treinta y
seis velas que habia en nuestra armada, y entre ellas cuatro galeras,
llevasen las mujeres, niños, y viejos, por mar á la ciudad de Cristopol,
despues de haber desmantelado todos los presidios que en aquellas costas
se tenian por nosotros, como Galípoli, Nona, Pacía, Modico, y Megarix.
El infante y los demás capitanes ordenaron en esta forma su partida.
Berenguer de Rocafort con los turcos y turcoples, y la mayor parte de
los Almugavares saliese un dia antes qué Berenguer, y Fernan Jimenez, y
que siempre se guardase este orden en el camino siguiendo siempre
Berenguer á Rocafort una jornada lejos, y esto se hizo por quitar las
ocasiones que pudiera haber de disgusto, si los dos bandos juntos se
alojáran, donde forzosamente sobre el tomar los puestos vinieran á las
manos. Pudose sin peligro dividir sus fuerzas, por no tener enemigo
poderoso en la campaña que les pudiese prontamente acometer, porque
divididos el espacio de un dia de camino, no se pudieran socorrer si le
tuvieran, toda la gente de guerra atendia más á defenderse dentro de las
ciudades, que salir á ofender nuestro ejército; cosa que tantas veces
emprendieron con notable daño suyo y gloria nuestra. Juntos en Galípoli,
despues de haber desmantelado todos los demás presidios, partió Rocafort
con su gente por el camino mas vecino al mar, y al otro dia le siguió
Berenguer de Entenza, y el infante, ocupando siempre los puestos que
Rocafort dejaba. Después de haber caminado algunos dias, comenzaron á
entrar en lo poblado de la provincia, á donde sus armas no habian
llegado. Los Griegos con el pavor del nombre de Catalanes huian la
tierra adentro dejando en los pueblos bastimentos en grande abundancia,
con que los nuestros pasaban con mucha comodidad, y libres del daño, que
siempre creyeron de faltarles con que vivir. Esta fué una de sus
empresas grandes, entrarse por tierras, y provincias no conocidas, sin
tener seguridad de alguna plaza, ó de algun Príncipe amigo. La
expedicion de los diez mil Griegos que cuenta Xenofonte, fué de las
mayores que celebra la antigüedad, pero siempre los Griegos llevaban por
fin llegar á su patria, y parte con armas atravesaban Provincias, y
naciones estrañas: pero los Catalanes solo tenian por fin de aquel
viaje, no el descanso de su patria sino la expugnacion de una Ciudad
grande y fuerte, que resolvieron de acometer antes de salir de Galípoli,
y que el fin de una fatiga y peligro grande fuese el principio de otro
mayor.