La vanguarda del campo del infante, y Berenguer, alcanza la retaguarda
de Rocafort, y llegan casi á darse la batalle; mata Rocafort á Berenguer
de Entenza; y Fernan Jimenez de Arenós huyendo del mismo peligro se pone
en manos de los Griegos.
Llegó Rocafort con su ejército á una aldea dos jornadas lejos de la
ciudad de Cristopol, puesta en un llano abundante de frutas, y aguas,
las casas vacias de gente, pero llenas de pan y vino, y de otras cosas
no solo necesarias, pero de mucho gusto y regalo. Detuvieronse en tan
buen alojamiento más de lo que debieran soldados platicos, y bien
disciplinados; cerca de medio dia aun no habian partido, porque la gente
derramada por aquella llanura, con el regalo de la fruta que se hallaba
en los árboles, se entretuvo de manera que no se pudo recoger antes. La
vanguarda del campo del infante donde iba Berenguer de Entenza, porque
salió mas temprano de lo que acostumbraba alcanzó la retaguarda de
Rocafort. Alteróse su retaguarda, y vueltas las caras viéndose tan cérca
los de Berenguer, juzgaron que venian á romper con ellos: tocóse arma
con grande confusion, y la vanguarda del uno con la retaguarde el otro
se encontraron. Rocafort luego que reconoció la gente de su contrario
tuvo por cierto que venía con determinacion de ejecutar algun mal
intento, pues no pudiera ser otra la causa que á Berenguer le obligara á
romper los conciertos sin primero avisar.
Un hombre sospechoso nunca discurre ni piensa lo que le puede quitar las
sospechas, sino lo que se las acrecienta. Rocafort no consideró su
descuydo en diferir la partida hasta medio dia, y acordóse que Berenguer
de Entenza habia madrugado mucho. Al fin, ó por pensarlo así, ó por
tomar la ocasion de venir á las manos con él, mandó suvir á caballo su
gente, y él hizo lo mismo armado de todas piezas, y partió con gran
furia contra la gente de Berenguer de Entenza, á quien la suya habia ya
acometido, trabándose una cruel y sangrienta escaramuza.
Llegó tambien aviso al Infante y á los demas capitanes del desorden.
Salió Berenguer de Entenza el primero á caballo, y desarmado con sola
una azcona montera, como persona de mas autoridad, á detener los suyos,
y retirarlos. Gisbert de Rocafort hermano de Berenguer, y Dalmau de San
Martín su tio, vieron á Berenguer que andaba metido en los peligros de
la escaramuza, ó que les parecíese que animaba su gente contra ellos, ó
lo que se tiene por mas cierto, viendo la ocasion de satisfacer su mal
animo, y quitar el émulo á su hermano, Gisbert, y Dalmau cerraron juntos
con él. Berenguer de Entenza, que como inocente y buen caballero, viendo
que los dos hermanos se encaminaban para él vuelto á ellos les dijo:
¿Qué es esto amigos?. Y en este mismo tiempo le hirieron de dos
lanzadas, con que aquel valiente y bravo caballero cayó del caballo
muerto, sin poderse defender por estar desarmado, descuidado y entre sus
amigos. Encendióse mas vivamente la escaramuza despues de muerto
Berenguer, y los Rocafort ejecutaron su venganza matando muchos de su
vando. No puede ser mayor la crueldad, que despues de haber vencido y
muerto su contrario, degollar y despedazar los vencidos, en quien no
pudiera haber resistencia, despues de perdida su cabeza, en admitir á
Rocafort, y obedecelle; pero su soberbia y arrogancia fué tanta que no
hacia ya la guerra á sus enemigos, sino á su propia naturaleza, y
solicitaba á los Turcos, y Turcoples para que inhumanamente acabasen
todos los del vando de Berenguer, sin excepcion alguna de persona.
Fernan Jimenez de Arenós con el mismo descuido que Berenguer de Entenza,
iba desarmado, y retirando su gente á cuchilladas, fué advertido de la
muerte de Berenguer y que con cuidado le iban buscando para matarle; y
así con alguna gente que pudo recoger y llevar tras sí, se salió del
campo y tuvo por más seguro entregarse á los Griegos que á Rocafort.
Fuese á un Castillo que estaba cerca, donde fué recibido debajo de
seguro, con que se presentase delante del Emperador Andronico. El
infante por amparar y defender la gente del vando de Berenguer, salió
armado con algunos caballeros que le siguieron, y se opuso con valor á
los Turcos, y Turcoples, que asistidos de Rocafort, todo lo pasaban por
el rigor de su espada.
Pudo tanto la presencia del Infante, que Rocafort puesto á su lado, por
que los Turcos no le perdiesen el respeto, retiró su gente, despues de
haber tan alevosamente muerto á Berenguer, y tanta gente de su vando.
Quedaron muertos en el campo ciento cincuenta caballos, y quinientos
infantes, la mayor parte de las compañias de Berenguer de Entenza, y
Fernan Jimenez de Arenós. Sosegado el tumulto, y retirada la gente á sus
vanderas, el Infante, y Rocafort vinieron juntos á la plaza del lugar,
donde tenian el cuerpo de Berenguer tendido.
Apeóse el Infante de su caballo, y abrazado con el cuerpo difunto, dice
Montaner, que lloró amargamente, y que le abrazó y besó mas de diez
veces, y que fué tan universal el sentimiento, que hasta sus mismos
enemigos le lloraron. Vuelto el Infante á Rocafort con palabras asperas
le dijo, que la muerte de Berenguer habia sido malamente hecho por algun
traidor. Rocafort con palabras humildes respondió que su hermano, y tio
no le conocieron hasta que le hubieron herido. Con esto se hubo de
satisfacer el Infante, pues no tenia fuerzas para castigar tanto
atrevimiento, y sin duda que hiciera alguna demostracion, sinó se
hallara con tan poca gente.
Mandó que para enterrar el cuerpo de Berenguer, y hacerle sus obsequias
se detuviese el ejército dos dias, porque quiso honrarle con lo que
pudo; y así se hizo. Enterraronle en una hermita de San Nicolas que
estaba cerca, junto del Altar mayor; sepulcro harto indigno de su
persona si consideramos el lugar humilde, y poco conocido donde le
dejaron, pero célebre y famoso por ser en medio de las Provincias
enemigas, cuya inscricion y epitaphio es la misma fama que conserva, y
estiende la memoria de los varones ilustres que carecieron de tumulos
magnificos en su patria, por haber perecido en tierra ganada y adquirida
por su valor. Este fin tuvo Berenguer de Entenza, nobilísimo por su
sangre, y celebrado por sus hazañas, y por entrambas cosas estimado de
Reyes naturales, y estraños. En sus primeros años sirvió á sus Principes
primero en Cataluña, y despues en Sicilia, con buena fama, donde alcanzó
muchos amigos, y hacienda para seguir el camino que la fortuna le
ofreció de engrandecerse, y alcanzar estado igual á sus merecimientos,
que aunque en su patria lo poseia grande, pero no de manera que su animo
generoso y gallardo cupiese en tan cortos limites, como los de la
Baronia que hoy llamamos de Entenza.
Fué Berenguer animoso y valiente con los mayores peligros, fuerte en los
trabajos, constante en las determinaciones, igualmente conocido por los
sucesos prosperos y adversos porque en medio de su felicidad padeció una
larga y trabajosa prision y apenas salido de ella, y restituido á los
suyos, cuando otra vez la fortuna se le mostraba favorable murió á
traicion á manos de sus amigos, en lo mejor de sus esperanzas.
El infante despues de sosegado el alvoroto, envio á llamar á Fernan
Jimenez, ofreciendole que podia venir seguro debajo de su palabra.
Respondió que le perdonase, que ya no estaba en su libertad para cumplir
sus mandamíentos, porque habia ofrecido de presentarse ante el Emperador
Andronico con toda su compañía. Tuvole el Infante por disculpado, y
Fernan Jimenez despues de haber recogido los suyos, se fué á
Constantinopla donde le recibió Andronico con muchas muestras de
agradecimiento, de que le hubiese venido á servir y por mostrarlo con
efecto, le dió por mujer una nieta suya viuda, llamada Teodora, y el
oficio de Megaduque que tuvo Roger y despues Berenguer de Entenza.
Con esto quedó Fernan Jimenez de los mas bien librados capitanes de esta
empresa, y el que solo permaneció en dignidad, y escapó de fines
desastrados.