Acometen los Genoveses á Galípoli, y retiranse con pérdida de su
General.
Por el mismo tiempo que Rocafort, y Fernan Jiménez alcanzaron victoria
de los Masagetas, Ramon Montaner capitan de Galípoli la alcanzó de
Genoveses. Fué el suceso notable, y en que claramente se muestran, cuan
varios son los accidentes de una guerra, pues algunas veces las
victorias y pérdidas nacen de causas ni previstas, ni esperadas. Antonio
Spinola con diez y ocho galeras Genovesas llegó á Constantinopla para
traer al Marquesado de Monferrato á Demetrio, tercer hijo de Andronico,
y de la Emperatriz Irene, y platicando con el Emperador del estado de
las cosas de los Catalanes, el Spinola con mas temeridad que cordura
ofreció de tomar á Galípoli, y hechar los Catalanes de Thracia, si le
daba palabra de casar á Demetrio su hijo tercero con la hija de Apicin
Spinola premio debido á tan señalado servicio. Andronico aceptó el
partido, y empeñó su palabra que casaria su hijo. Con esto el Genovés
arrogante con dos galeras llegó á Galípoli debajo de seguro. Preguntó
por el capitan, y llevado á donde estaba con semblante soberbio y
descortés le dijo: Yo soy Antonio Spinola general de mi república, vengo
á ordenaros, que sin replica y dilacion degeis libres estas provincias,
y os retireis á vuestra patria, porque de otra manera os hecharemos con
las armas, y estareis sujetos á su rigor. Ramon Montaner reconociéndose
sin fuerzas, como cuerdo y buen soldado respondió con mucha blandura y
cortesía: Que el salirse de Galípoli, y de Thracia no era cosa que tan
arrebatadamente se podia hacer, como el queria, y que amenazarles con
sus armas era cosa muy fuera de toda razon, y de las paces que tenian
sus Reyes y su República, que el estaba puesto en guardarla mientras
ellos la guardasen. Replico Antonio, y segunda, y tercera vez desafió á
todos los Catalanes con palabras llenas de mil ultrages, y quiso que
constase su desafío por fé pública de escribano. Montaner irritado de
tanta insolencia, perdió el sufrimiento, y respondió con valor: Que la
guerra que les denunciaba de parte de su república era injusta, y que
así protestaba delante de Dios, y por la fé comun que procesaban, que
todos los daños, derramamiento de sangre, robos, incendios, y muertes
serian por su causa, porque ellos forzosamente se habian de oponer á tan
injusta ofensa. Que la república de Génova no tenia jurisdicion para
requerirle saliesen de Thracia, no siendo aquella tierra sujeta á su
señorío, que si su derecho solo se fundaba en su poder, viniesen á
hecharles; que el suceso mostraria la diferencia que hay del decir al
hacer. Que Andronico era cismático, fementido, y que sus armas se habian
de emplear en su ruina á pesar de los Genoveses. Luego con esta
respuesta Antonio volvió á sus galeras, y con ellas á Constantinopla, y
dió cuenta al Emperador de lo que habia pasado, ofreció de darle luego
ganado á Galípoli por la poca defensa que tenia. Andronico codicioso de
ganar el presidio de sus mayores enemigos, dió al Spinola siete galeras
con su Capitan Mandriol, Genovés de nacion, para que juntas con las diez
y siete facilitase mas la empresa. Antonio embarcó á Demetrio, y con
veinte y cinco galeras llegó el dia siguiente á las dos después de medio
dia á los palomares cerca de Galípoli, y comenzó á desembarcar la gente.
Montaner con los pocos caballos que tenia arriscados y valiente, á la
legua del agua impedia la desembarcacion. Pero diez galeras apartándose
de las demás, libremente pusieron en tierra la gente que trahian.
Hirieron á Montaner, y le matron el caballo, y creyendo los Genoveses
que su dueño lo quedaba; dijeron á voces: Muerto es el capitan, y
Galípoli nuestro; pero socorrido de un criado, escapó de sus manos con
cinco heridas. Retiróse dentro de Galípoli bañado en su sangre propia y
ajena, y causó alguna turbacion creyendo que las heridas de su capitan
eran mortales. Recocidas luego, fué de tan poco cuidado, que ni el
pelear ni el gobernar le impidieron. Guarneciéronse las murallas de
Galípoli con dos mil mujeres, siendo caba de cada diez un mercader
Catalan, y con chuzos, espadas y piedras se pusieron á la defensa de su
libertad, sucediendo no solo en el cargo, pero en el valor de sus
maridos. Dueños ya los Genoveses de la campaña, ordenadas sus haces
llegaron á Galípoli; arrimaron sus escalas, tirando inumerables dardos,
apretaron gallardamente el asalto, y mas, cuando vieron las murallas
solo defendidas de mujeres. La resistencia mostró luego, que solo en el
nombre lo parecian, y en el esfuerzo y constancia varones invencibles.
Rebatidos con muchas muertes, y heridas de las murallas; creyeron que la
flaqueza natural del sexo, si porfiadamente se combatia, se rendiria.
Volvieron segunda vez al asalto, pero con mayor daño se retiraron.
Miraba Antonio Spinola desde su capitana el combate, y viendo su gente
rendida, desesperado de poder hacer algun buen efecto con sola la que
tenia en tierra, acudió con su persona, y con cuatrocientos caballos á
dar calor al asalto. Llegó á las murallas, conociendo el daño de cerca,
y tanta gente muerta. Quisiera no haberse empeñado, animó á los suyos, y
acometieron con valor. Renobose el combate, y en las mujeres creció él
ánimo con el peligro, llenas de sangre y heridas tan asistentes en sus
postas, que algunas de ellas con cinco heridas en el rostro no quiso
dejar la suya, juzgando con tan honrado puesto como ocupar el que el
marido debiera tener, no se habia de perder sino con la vida. Los
Genoveses afrentados de verse tan gallardamente rebatidos de mujeres,
obstinadamente peleaban, en caer uno muerto de las escalas, habia otro
que se ofrecia al mismo peligro. Ramon Montaner visto el daño que habian
recibido los Genoveses, y que ya no tenian dardos que tirar, sus
escuadrones desechos, la mayor parte heridos, los demas cansados y
rendidos al rigor del combate, y del tiempo, por ser el mes de Julio
poco después del medio dia, con cien hombres, y seis caballos, sin armas
defensivas por ir mas sueltos, salió á pelear. Abierta una puerta de
Galípoli, se arrojó con sus seis caballos sobre el enemigo desalentado
de la fatiga del calor, y las armas; siguiéronles los cien hombres, y
con poca resistencia todo lo vencieron, y degollaron. Tomaron los
vencidos la vuelta de sus galeras, apretados siempre de sus enemigos,
perecieron casi todos en el alcance. Las galeras tenian las escalas en
tierra, y hubo algun Catalan que siguiendo á su enemigo llegó á darle
muerte dentro de la galera; y si Montaner aquel dia tuviera mas gente de
refresco, pudiera ser que muchas de las galeras genovesas quedarán en su
poder. Demetrio hijo del Emperador, y los demas capitanes que quedaban
vivos, se alargaron de tierra, temiendo el atrevimiento y osadia del
vencedor. Los cuatrocientos caballos murieron todos, y su capitan
Antonio en el mismo lugar donde de parte de su república retó á todo
nuestro ejército, y le denunció la guerra: fin justamente merecido de un
hombre tan arrogante y que tan fuera de toda razon rompió una guerra, y
su pérdida fué aviso para los que ofrecen á los Príncipes empresas
sujetas á la incertidumbre de la guerra, por muy fáciles y seguras.
Encendida una guerra, y empuñada una espada, lo muy cierto esta dudoso,
cuanto mas lo que está en duda. Antonio Rocanegra, capitan genovés,
hallando cortado él paso para sus galeras, con hasta cuarenta soldados
se pudo en defensa en lo alto de un collado. Llegó este aviso á
Montaner, después que los pocos genoveses que quedaron y habian con
tanta infamia y daño retirado á sus galeras, se alargado con ellas,
revolvió con la gente que tenia hácia donde el genovés estaba con los
suyos, peleó con ellos, y parte rendidos, parte muertos, quedó solo
Antonio Rocanegra con un montante, haciendo bravas y estremadas pruebas
de su valentia. Aficionado y obligado Montaner, aunque enemigo de tanto
valor, detuvo los soldados que le tiraban y procuraban matar, y con
mucha cortesía le pidió que se diese á prision. Pero el genovés
temerario, resuelto de morir antes que rendir las armas, menospreció los
ruegos y cortesía de Montaner, con que provocó la ira á los vencedores,
que cerrando con él, le hicieron pedazos, con que los catalanes quedaron
señores del campo, y de la victoria. Las diez y siete galeras de
genoveses no osaron volver á Constantinopla, aunque la necesidad y falta
de gente les pudiera obligar, pero temiendo la indignacion de Andronico,
y la insolencia de los Griegos, desembocaron el estrecho y fueron la
vuelta de Italia, llevando en ellas á Demetrio. Las otras siete galeras
gobernadas por Mandriol, vueltas á Constantinopla avisaron á Andronico
del suceso.
Llegó la voz del peligro en que estaba Galípoli á nuestro ejército, que
se venia retirando á sus presidios, después de la victoria que se
alcanzó contra los Masagetas, y temiendo perderle antes de ser
socorrido, apresuró el camino, y llegó dos dias después que los
genoveses se embarcaron vencidos. Fué el sentimiento universal en todos,
por no haber llegado á tiempo de castigar en los genoveses tanta
deslealtad, como romper las paces con ellos, estando ausente y acometer
su presidio defendido de mujeres. Acrecentaba mas este sentimiento el
verlas heridas y maltratadas; pero el gusto de la victoria le quitó
luego, y juntamente celebraron el contento y regocijo den entrambas
victorias.