CAPITULO XLIV.

Acometen los Genoveses á Galípoli, y retiranse con pérdida de su

General.

Por el mismo tiempo que Rocafort, y Fernan Jiménez alcanzaron victoria

de los Masagetas, Ramon Montaner capitan de Galípoli la alcanzó de

Genoveses. Fué el suceso notable, y en que claramente se muestran, cuan

varios son los accidentes de una guerra, pues algunas veces las

victorias y pérdidas nacen de causas ni previstas, ni esperadas. Antonio

Spinola con diez y ocho galeras Genovesas llegó á Constantinopla para

traer al Marquesado de Monferrato á Demetrio, tercer hijo de Andronico,

y de la Emperatriz Irene, y platicando con el Emperador del estado de

las cosas de los Catalanes, el Spinola con mas temeridad que cordura

ofreció de tomar á Galípoli, y hechar los Catalanes de Thracia, si le

daba palabra de casar á Demetrio su hijo tercero con la hija de Apicin

Spinola premio debido á tan señalado servicio. Andronico aceptó el

partido, y empeñó su palabra que casaria su hijo. Con esto el Genovés

arrogante con dos galeras llegó á Galípoli debajo de seguro. Preguntó

por el capitan, y llevado á donde estaba con semblante soberbio y

descortés le dijo: Yo soy Antonio Spinola general de mi república, vengo

á ordenaros, que sin replica y dilacion degeis libres estas provincias,

y os retireis á vuestra patria, porque de otra manera os hecharemos con

las armas, y estareis sujetos á su rigor. Ramon Montaner reconociéndose

sin fuerzas, como cuerdo y buen soldado respondió con mucha blandura y

cortesía: Que el salirse de Galípoli, y de Thracia no era cosa que tan

arrebatadamente se podia hacer, como el queria, y que amenazarles con

sus armas era cosa muy fuera de toda razon, y de las paces que tenian

sus Reyes y su República, que el estaba puesto en guardarla mientras

ellos la guardasen. Replico Antonio, y segunda, y tercera vez desafió á

todos los Catalanes con palabras llenas de mil ultrages, y quiso que

constase su desafío por fé pública de escribano. Montaner irritado de

tanta insolencia, perdió el sufrimiento, y respondió con valor: Que la

guerra que les denunciaba de parte de su república era injusta, y que

así protestaba delante de Dios, y por la fé comun que procesaban, que

todos los daños, derramamiento de sangre, robos, incendios, y muertes

serian por su causa, porque ellos forzosamente se habian de oponer á tan

injusta ofensa. Que la república de Génova no tenia jurisdicion para

requerirle saliesen de Thracia, no siendo aquella tierra sujeta á su

señorío, que si su derecho solo se fundaba en su poder, viniesen á

hecharles; que el suceso mostraria la diferencia que hay del decir al

hacer. Que Andronico era cismático, fementido, y que sus armas se habian

de emplear en su ruina á pesar de los Genoveses. Luego con esta

respuesta Antonio volvió á sus galeras, y con ellas á Constantinopla, y

dió cuenta al Emperador de lo que habia pasado, ofreció de darle luego

ganado á Galípoli por la poca defensa que tenia. Andronico codicioso de

ganar el presidio de sus mayores enemigos, dió al Spinola siete galeras

con su Capitan Mandriol, Genovés de nacion, para que juntas con las diez

y siete facilitase mas la empresa. Antonio embarcó á Demetrio, y con

veinte y cinco galeras llegó el dia siguiente á las dos después de medio

dia á los palomares cerca de Galípoli, y comenzó á desembarcar la gente.

Montaner con los pocos caballos que tenia arriscados y valiente, á la

legua del agua impedia la desembarcacion. Pero diez galeras apartándose

de las demás, libremente pusieron en tierra la gente que trahian.

Hirieron á Montaner, y le matron el caballo, y creyendo los Genoveses

que su dueño lo quedaba; dijeron á voces: Muerto es el capitan, y

Galípoli nuestro; pero socorrido de un criado, escapó de sus manos con

cinco heridas. Retiróse dentro de Galípoli bañado en su sangre propia y

ajena, y causó alguna turbacion creyendo que las heridas de su capitan

eran mortales. Recocidas luego, fué de tan poco cuidado, que ni el

pelear ni el gobernar le impidieron. Guarneciéronse las murallas de

Galípoli con dos mil mujeres, siendo caba de cada diez un mercader

Catalan, y con chuzos, espadas y piedras se pusieron á la defensa de su

libertad, sucediendo no solo en el cargo, pero en el valor de sus

maridos. Dueños ya los Genoveses de la campaña, ordenadas sus haces

llegaron á Galípoli; arrimaron sus escalas, tirando inumerables dardos,

apretaron gallardamente el asalto, y mas, cuando vieron las murallas

solo defendidas de mujeres. La resistencia mostró luego, que solo en el

nombre lo parecian, y en el esfuerzo y constancia varones invencibles.

Rebatidos con muchas muertes, y heridas de las murallas; creyeron que la

flaqueza natural del sexo, si porfiadamente se combatia, se rendiria.

Volvieron segunda vez al asalto, pero con mayor daño se retiraron.

Miraba Antonio Spinola desde su capitana el combate, y viendo su gente

rendida, desesperado de poder hacer algun buen efecto con sola la que

tenia en tierra, acudió con su persona, y con cuatrocientos caballos á

dar calor al asalto. Llegó á las murallas, conociendo el daño de cerca,

y tanta gente muerta. Quisiera no haberse empeñado, animó á los suyos, y

acometieron con valor. Renobose el combate, y en las mujeres creció él

ánimo con el peligro, llenas de sangre y heridas tan asistentes en sus

postas, que algunas de ellas con cinco heridas en el rostro no quiso

dejar la suya, juzgando con tan honrado puesto como ocupar el que el

marido debiera tener, no se habia de perder sino con la vida. Los

Genoveses afrentados de verse tan gallardamente rebatidos de mujeres,

obstinadamente peleaban, en caer uno muerto de las escalas, habia otro

que se ofrecia al mismo peligro. Ramon Montaner visto el daño que habian

recibido los Genoveses, y que ya no tenian dardos que tirar, sus

escuadrones desechos, la mayor parte heridos, los demas cansados y

rendidos al rigor del combate, y del tiempo, por ser el mes de Julio

poco después del medio dia, con cien hombres, y seis caballos, sin armas

defensivas por ir mas sueltos, salió á pelear. Abierta una puerta de

Galípoli, se arrojó con sus seis caballos sobre el enemigo desalentado

de la fatiga del calor, y las armas; siguiéronles los cien hombres, y

con poca resistencia todo lo vencieron, y degollaron. Tomaron los

vencidos la vuelta de sus galeras, apretados siempre de sus enemigos,

perecieron casi todos en el alcance. Las galeras tenian las escalas en

tierra, y hubo algun Catalan que siguiendo á su enemigo llegó á darle

muerte dentro de la galera; y si Montaner aquel dia tuviera mas gente de

refresco, pudiera ser que muchas de las galeras genovesas quedarán en su

poder. Demetrio hijo del Emperador, y los demas capitanes que quedaban

vivos, se alargaron de tierra, temiendo el atrevimiento y osadia del

vencedor. Los cuatrocientos caballos murieron todos, y su capitan

Antonio en el mismo lugar donde de parte de su república retó á todo

nuestro ejército, y le denunció la guerra: fin justamente merecido de un

hombre tan arrogante y que tan fuera de toda razon rompió una guerra, y

su pérdida fué aviso para los que ofrecen á los Príncipes empresas

sujetas á la incertidumbre de la guerra, por muy fáciles y seguras.

Encendida una guerra, y empuñada una espada, lo muy cierto esta dudoso,

cuanto mas lo que está en duda. Antonio Rocanegra, capitan genovés,

hallando cortado él paso para sus galeras, con hasta cuarenta soldados

se pudo en defensa en lo alto de un collado. Llegó este aviso á

Montaner, después que los pocos genoveses que quedaron y habian con

tanta infamia y daño retirado á sus galeras, se alargado con ellas,

revolvió con la gente que tenia hácia donde el genovés estaba con los

suyos, peleó con ellos, y parte rendidos, parte muertos, quedó solo

Antonio Rocanegra con un montante, haciendo bravas y estremadas pruebas

de su valentia. Aficionado y obligado Montaner, aunque enemigo de tanto

valor, detuvo los soldados que le tiraban y procuraban matar, y con

mucha cortesía le pidió que se diese á prision. Pero el genovés

temerario, resuelto de morir antes que rendir las armas, menospreció los

ruegos y cortesía de Montaner, con que provocó la ira á los vencedores,

que cerrando con él, le hicieron pedazos, con que los catalanes quedaron

señores del campo, y de la victoria. Las diez y siete galeras de

genoveses no osaron volver á Constantinopla, aunque la necesidad y falta

de gente les pudiera obligar, pero temiendo la indignacion de Andronico,

y la insolencia de los Griegos, desembocaron el estrecho y fueron la

vuelta de Italia, llevando en ellas á Demetrio. Las otras siete galeras

gobernadas por Mandriol, vueltas á Constantinopla avisaron á Andronico

del suceso.

Llegó la voz del peligro en que estaba Galípoli á nuestro ejército, que

se venia retirando á sus presidios, después de la victoria que se

alcanzó contra los Masagetas, y temiendo perderle antes de ser

socorrido, apresuró el camino, y llegó dos dias después que los

genoveses se embarcaron vencidos. Fué el sentimiento universal en todos,

por no haber llegado á tiempo de castigar en los genoveses tanta

deslealtad, como romper las paces con ellos, estando ausente y acometer

su presidio defendido de mujeres. Acrecentaba mas este sentimiento el

verlas heridas y maltratadas; pero el gusto de la victoria le quitó

luego, y juntamente celebraron el contento y regocijo den entrambas

victorias.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 72 / 112 题