Los Catalanes y Aragoneses, por dar cumplimiento á su venganza, á las
faldas del monte Hemo vencen á los Masagetas.
No estaban los Catalanes y Aragoneses á su parecer enteramente
satisfechos, si los Masagetas, con su General Gregorio, principal
ministro de la muerte del César Roger, y de los que con él iban, se
retiraban á su patria, sin llevar justa recompensa del agravio que de
ellos recibieron. Y como por los avisos que tubieron se supo, que los
Masagetas con licencia de Andronico se volvían á su patria, cansados de
los trabajos y fatigas de la guerra, prefiriendo la servidumbre y
sujecion de los Scitas sus antiguos señores, á la libertad, que gozaban
entre los Griegos; tanto puede el amor de la patria, que hace parecer
dulce la sujecion, y libertad fuera de ella insufrible. Pareciales á los
nuestros lance forzoso, puesto que le habian de buscar, salir luego en
su alcance, antes que pasasen el monte Hemo, que divide el imperio de
los Griegos del Reino de Bulgaria; porque fuera mal advertida
resolucion, si dentro de Bulgaria les siguieran, así por ser la retirada
difícil, por la angostura de los pasos, entradas y salidas del monte,
como por ser la gente de Bulgaria belicosa, y entonces amiga de
Andronico. Juntos los Capitanes en Pacía, resolvieron que para esta
faccion se debia hacer el mayor esfuerzo, y así para poder sacar mas
gente, desampararon á Pacía, Módico, y Rodesto; solo quedó Galípoli
donde se retiraron todas la mujeres, debajo del gobierno de Ramon
Montaner, con doscientos infantes, y veinte caballos. Replicó Montaner
diciendo, que no le estaba bien á su reputacion faltar en la jornada que
todos se aventuraban, pero los ruegos del ejercito le obligaron á
quedarse, y la confianza que de su persona hicieron, encargándole la
defensa de sus mujeres, hijos y haciendas. Ofreciéronle del quinto de la
presa un tercio, y otro para sus soldados; y con ser la ganancia cierta,
y sin peligro, muchos de los soldados, la estimaron en poco, y quisieron
mas seguir el ejercito, saliendo de noche á juntarse con Rocafort: á
otros Ramon Montaner dió licencia, viéndoles resueltos de partirse sin
ella, y movido de algun interés, porque le ofrecieron partir con él la
parte de la presa que les cupiese. Con esto los doscientos infantes
quedaron en ciento treinta y cuatro, y los veinte caballos en siete. Las
mujeres eran mas de dos mil, y así dice el mismo Montaner: Romangui mal
acompayat de homes, ben acompayat de fembres. Enviaronse con buenas
escoltas á Galípoli todas las que estaban en los presidios, y luego
nuestros Capitanes partieron de Pacía á grandes jornadas la vuelta de
los Masagetas, á que avisados del intento de los Catalanes, apresuraron
su partida pero su diligencia no pudo ser mayor que su desdicha, porque
sus enemigos después de doce dias de camino les alcanzaron antes de
pasar el Hemo. Los reconocedores del campo de los Catalanes una tarde
descubrieron el de los Masagetas, y por los de la tierra se supo, que
eran tres mil caballos, y seis mil infantes y el bagaje infinito por
llevar sus familias y haciendas. Rocafort y Fernan Jiménez fuéronse
mejorando con su gente, por asegurarse de que los Masagetas no se les
fuesen por pies, y descansaron el dia siguiente dentro de sus
alojamientos. Al amanecer del otro, alentada su gente con el reposo,
presentaron la batalla al enemigo. Los Masagetas, gente la mas valiente
de todas las naciones del Levante, admirados mas que atemorizados del
caso tomaron las armas, y salieron á récibir sus enemigos, en la
dedefensa de sus hijos y mujeres. Gregorio General, principal ministro
de la muerte del César Roger con mil caballos, dió principio al terrible
y espantoso combate, oponiéndose á nuestra caballería, que iba á meterse
entre los reparos que tenian hechos con los carros. Travóse sangrienta
batalla, porque fueron las demás tropas de una y otra parte cerrando con
la infantería. Viéronse notables hechos en armas porque iguales en valor
aunque desiguales en número, combatian. El teatro de esta tragedia era
un llano, que por espacio de dos leguas se estendia á las faldas del
Hemo. La caballería, destrozadas las armas, muertos los caballos, las
espadas y mazas rotas, con las manos, con los cuerpos, se sustentaban en
la pelea. A unos daba ánimo el deseo de venganza insaciable á otros la
necesidad última de su propia defensa, y en todos gobernaba el caso
porque los Masagetas estaban ya todos fuera de sus reparos, peleando
trabados y confusos con los nuestros. Hasta mediodia anduvo la victoria
dudosa, y vária pero muerto Gregorio cabe sus banderas con los mas
valientes Capitanes, se inclinó á nuestra parte. Quisieron los vencidos
rehacerse dentro de los reparos, pero no fué posible, porque los
vencedores entraron juntamente con ellos, dándoles la muerte entre los
brazos de sus mujeres, á quien muchas veces alcanzaba la espada, porque
sin excepcion de sexo ni edad salian á la defensa de sus hijos, y
maridos ofreciendo sus cuerpos al rigor de la muerte. Acrecentó la
victoria el detenerse los Masagetas en poner en los caballos á sus
mujeres, é hijos para huir, porque si de solo sus personas cuidaran,
pocos se dejaran de librar huyendo; pero el amor natural poderoso aun
entre los bárbaros á despreciar la muerte, les detuvo para mayor daño
suyo. Esparcidos por la llanura, caminaban, al guarecerse de la montaña,
los caballos cansados, poco ayudados de las mujeres mas llenos de temor,
y ímpedidos de los niños, que en los pechos y en los brazos los
sustentaban, no pudieron salvarse. En este alcance perecieron casi todos
porque desesperados revolvían sobre los nuestros, á cuyas manos hechos
pedazos rendian la vida, por dar lugar á que sus mujeres se alargasen.
No escaparon de nueve mil hombres que tomaban armas 300 vivos, y en esto
concuerdan Nicephoro, y Montaner. Sucedió en este alcance un caso tan
estraño como lastimoso. Viendo la batalla perdida, y que las armas
Catalanas lo ocupaban todo; un Masageta mozo valiente y bravo, quiso
acudir al remedio de la huida, mas por librar á su mujer hermosa y de
pocos años, que por temor de perder la vida, con la priesa que el
peligro pedia, sacó su mujer de los reparos y tiendas, donde todo andaba
ya revuelto con la sangre y con la muerte y puesta sobre un caballo, el
primero que el caso le ofreció, y él en otro; tomaron el camino del
monte. Tres soldados nuestros movidos de su codicia, ó quizá de la
hermosura y bizarría de la mujer, la fueron siguiendo. Reconoció el
marido sus enemigos y el cuidado con que le venian siguiendo. Hechó el
caballo de su mujer delante, y con el alfanje le iba dando, y animaba
con voces, pero el caballo se rindió al calor y cansancio. Con esto el
Masageta tuvo por menor mal dejar la mujer, que morir él, y dando
riendas y espuelas á su caballo, paso adelante; pero las lágrimas y
quejas tan justamente vertidas de su mujer le detuvieron. Revolvió su
caballo, y emparejando con ella, le hechó los brazos, y con besos y
lagrimas se despidió y apartó enternecido, y levantando luego el alfanje
le cortó de una cuchillada la cabeza. Barbara y fiera crueldad, y
estraña confusion de accidentes, que puedan en un mismo tiempo andar
juntos los brazos con el cuchillo, y los besos con la muerte, efectos
todos de la pasion de un amante. Amor tierno dió los brazos y besos,
celos insufribles el cuchillo y la muerte, porque sus enemigos no
gozasen lo que él perdia, y vencieron los celos; dos efectos igualmente
poderosos en el ánimo del hombre, amor, y deseo de vivir. Al mismo
tiempo que cayó la mujer muerta del caballo, le cogió por la rienda
Guillén Bellver, uno de los tres que la seguían, pero él Masageta bañado
de sangre propia vertida por sus manos, con increíble furia braveza de
una cuchillada quitó el brazo y la vida á Guillén, y revolviendo sobre
Arnau Miró, Berenguer Ventallola dando y recibiendo heridas cabe el
cuerpo difunto de la mujer, cayó muerto; y no parece que cumplierá con
las leyes de amante, si como sacrificó la vida de su mujer á sus celos,
no sacrificará la suya á su amor. De cualquier manera fué el caso
indigno de hombre racional, cuando no christiano. De Radamisto hijo de
Tarasmanes rey de Iberia nos cuenta Tacito un suceso semejante, cuando
huyendo con su mujer Cenobia en sendos caballos junto al rio Arajes,
viéndola rendida por estar preñada, y temiendo que no llegase á manos de
su enemigo ofendido, prenda en quien pudiese con grande mengua y afrenta
suya vengarse, le dió cinco heridas, y la echó en el rio: pero Cenobia
tuvo diferente fin que la mujer del Masageta, porque unos villanos la
sacaron del rio, la curaron, y entregaron al rey Tiridates enemigo de
Radamisto.
Los nuestros después de la victoria, recogieron la presa y los cautivos,
y dieron la vuelta á sus presidios con gran alegria y regocijo de haber
dado fin á su venganza con tanto cumplimiento. El camino que llevaron
fué con fatiga y peligro por ser largo y la tierra enemiga, puesta en
armas, retirados en lugares fuertes, los frutos recien cogidos de las
campañas; con que la comida las mas veces se compraba con sangre y
vidas. Hay entre Nicephoro, y Montaner alguna diversidad en la relacion
de esta jornada. Nicephoro dice, que los Catalanes la emprendieron á
persuasion de los Turcoples, porque en el tiempo que juntos militaban
debajo de las banderas del Imperio, los Masagetas como mas poderosos en
la reputacion, de las presas siempre les trataron con desigualdad, y les
hicieron agravio, de que quisieron los Turcoples por este camino tomar
satisfaccion y Montaner solo dice que fué pensamiento de los Catalanes,
y dejase bien creer, porque en materia de venganza no habia para que
solicitarles. Lo que yo tengo por cierto es, que los Turcoples fueron
los que les avisaron de la partida de los Masagetas, y que algunos
siguieron á los Catalanes, pero no toda la nacion junta, ni Meleco su
Capitan, porque después de esta victoria dejaron al Emperador Andronico,
y vinieron á servir á los Catalanes, como en su lugar se dirá.