Rocafort y Fernan Jimenez de Arenós toman al Estañara y cobran sus
cuatro galeras.
Al mismo tiempo que Montaner hizo tan buena suerte contra Jorge,
Rocafort, y Fernan Jiménez de Arenós juntaron la gente que estaba
dividida en Pacía, Rodesto y Módico, y entraron por Thracia hacia el mar
mayor, haciendo lo que siempre, pegando fuego á los lugares después de
saqueados y de talar y abrasar los frutos de las campañas, cautivar,
matar y jamas aflojando en su venganza. Parecióles intentar de tomar
Estañara pueblo de mucho trato, á la ribera del mar de Ponto, donde se
fabricaban la mayor parte de los navíos de Thracia. Atravesaron largas
cuarenta leguas, entraron el lugar sin hallar resistencia; porque nunca
temieron á los Catalanes estando tan apartados de sus presidios para
vivir con cuidado. Ganado el lugar, acometieron los navíos y galeras del
puerto, que afirma Montaner que fueron cientocincuenta vajeles, y todo
se les hizo llano en el mar como en la tierra. Recogieron riquísima
presa, cobraron sus cuatro galeras que los Griegos tomaron en
Constantinopla, cuando mataron á Fernando Aones su Almirante. Fué
notable el espectáculo de aquel dia, porque turbado el órden de la misma
naturaleza anegaron la tierra, rompiendo algunos diques que detenian el
agua de las acequias, y en el mar pegaron fuego á los navíos, sirviendo
los elementos de ministros de su venganza, y saliendo de sus limites y
jurisdicion para ruina de sus contrarios, parecia que volvían á su
primer confusion según andaba todo trocado. Murieron muchos quemados en
el agua, otros ahogados en la tierra, solo reservaron del incendio sus
cuatro galeras, que estando cargadas de despojos, y reforzadas de gente,
se enviaron á Galípoli. Pasaron por el canal de Constantinopla con mayor
espanto de los enemigos que peligro suyo, porque no hubo quien se les
opusiese. Rocafort, y Fernan tomaron el camino de sus presidios muy poco
á poco, corriendo por entrambos lados la tierra para buscar el sustento
forzoso, y quitársele á su enemigo, que desamparados los lugares se
retiraba á lo mas áspero de sus montañas. Andronico sabida la pérdida,
no le parecieron bastantes sus fuerzas para poderla restaurar, saliendo
á cortarles el camino, antes desesperado entregó sus provincias, al
rigor de las armas enemigas, desconfiando, no tanto del valor como de la
fé de los suyos; daño que padecen todos los Príncipes que por su
crueldad y tiranía hacen á los mas fieles desleales. En el imperio
Griego se introdujeron los Príncipes mas por aclamacion del ejército,
que por derecho de sucesion, y como temian perder el lugar por las
mismas artes que le ocuparon, andaban con perpetuos recelos y temores,
así de los subditos que se aventajaban á los demas en valor y consejo,
de los ricos, de los honrados, de los bien quistos, como de los
atrevidos y sediciosos; igualmente afligidos de las virtudes de los
unos, y de los vicios de los otros. De esto nacieron las crueldades
entre los de esta nacion, de quitar la vista, las orejas, y las narices,
proscripciones, destierros, muertes por vanas sospechas imaginadas, ó
fingidas, para quitarse el miedo de la emulacion, y las mas veces fueron
oprimidos de lo que nunca temieron. Andronico tenido por Príncipe de
singular prudencia, á lo último de sus años, su nieto Andronico le quitó
el Imperio, prevenidos sus consejos por el atrevimiento de un mozo; este
fin tienen siempre los reinados é imperios, que con razones políticas
solamente se quieren conservar y emprender.