Estado de las cosas de Andronico, y de los Griegos.
En todos tiempos y edades se ha mostrado la igualdad de la justicia
divina, pero en unos se ha señalado mas que en otros con el azote de
alguna pestilencia, hambre, ó guerra. Esta última se tomó para castigo
de Andronico, y de los Griegos que apartados de la obediencia de la
Romana Iglesia, madre universal de los que militan en la tierra, cayeron
en mil errores y por ellos, y por los demas pecados que antes se
siguieron, permitió Dios que los Catalanes fuesen los ministros de su
ejecucion. Añadióse á los daños de la guerra, males y divisiones
caseras, que entre los Príncipes suele ser el último y mayor de los
trabajos, porque con él se confunden los consejos, y se enflaquecen las
fuerzas, y es un breve atajo para su ruina.
Irene mujer del Emperador Andronico juzgaba por cosa indigna de su
grandeza y sangre, que sus tres hijos Juan, Teodoro, y Demetrio no
tuviesen parte en el Imperio de su padre por tener hijos de otra madre
llamados primero á la sucesion. Miguel ya nombrado por Emperador, y
Constantino Despota. Procuró por todos los medios posibles, que su
marido Andronico dividiese entre sus hijos algunas Provincias de su
imperio. No le fué concedida esta demanda. Volvió segunda vez á tantear
otro medio mas perjudicial y dañoso para el Imperio que el primero, y
fué pedir que les declarase sucesores y compañeros de Miguel su hermano.
Negosele tambien con, que Irene mujer ambiciosa conociendo el amor
grande de su marido, y que apartándose de él doblara á su constancia, y
que el deseo de volverla á ver fuera mas poderoso que lo habian sido sus
ruegos, fuese á Thesafonica con gran contradicion de su marido, aunque
por no publicar males tan íntimos y secretos, mostró en lo exterior que
no le desplacia. Nunca ausencia se tomó por medio para acrecentar una
aficion, antes suele ser con que la mayor se desvanece, como siempre
suele esperimentarse: El amor y aficion de Andronico se fué perdiendo, y
la mujer al mismo paso desesperando y cerrando la puerta á su
pretension, trocó los ruegos en amenazas. Admitió platicas y tratos de
Príncipes extranjeros enemigos de Andronico. Envió á llamar á su hierno
Crales Príncipe de los Tribalos y de Servia, casado con su hija
Simonide, y le dió todas las joyas, y tanto dinero, que Nicephoro
quiere, que con él se pudiera fundar renta para sustentar cien galeras,
en defensa de los mares y costas del Imperio. ¿Con esta division, qué
poder no se deshiciera? ¿qué Reino no se acabára? Y mas sobreviniendo un
ejército de gente enemiga, á quien el deseo de su venganza puso en la
necesidad de morir, ó vencer.