CAPITULO XXXII.

Envianse Embajadores á Sicilia, y sale Berenguer con su armada, gana la

Ciudad de Recrea y vence en tierra á Calo Juan hijo de Andronico.

Luego que se supo en Galípoli la muerte de sus Embajadores, que no se

puede con palabras encarecer lo que alteró los ánimos, y encendió los

corazones á la venganza, el verse maltratar tan inhumanamente de los que

debieran ser amparados y defendidos. Cargaba todos los dias sobre

Galípoli gente de refresco, y apretaban á los de dentro, mas con el

impedirles que no entrasen bastimentos por tierra, que con las armas.

Berenguer de Entenza, y todos los Capitanes, con la resolucion que

habian tomado de no salir de Grecia sin haberse vengado, prevenian

socorros, y así les pareció que hiciesen dueño de sus armas al Rey Don

Fadrique, y que le jurasen fidelidad para obligarle mas á su defensa.

Este fué su principal motivo, aunque al Rey con razones de mayor

consideracion, y de mayor utilidad le persuadian. Recibió el juramento

de fidelidad en nombre del Rey Don Fadrique un caballero de su casa, que

se llamaba Garcilopez de Lobera, soldado que seguia las banderas de

Berenguer, y juntamente le eligieron por su Embajador al rey con Ramon

Marquet, ciudadano de Barcelona, hijo de Ramon Marquet ilustre Capitan

de mar, á lo que yo presumo, del gran Rey Don Pedro, y Ramon de Copons,

para que fuesen testigos del juramento de fidelidad que habian prestado

en manos de Garcilopez de Lobera, y le diesen larga relacion del estado

en que se hallaban; que si en su memoria tenia sus servicios, se

acordase de darles favor, pues en ellos no solamente interesaban ellos,

pero su aumento y grandeza; que advirtiese la puerta que le abrian ellos

para ocupar el Imperio de Oriente; y que se valiese de su venganza y

desesperacion, pues ellos ya estaban aventurados. Partiéronse los tres

Embajadores á Sicilia, con que la gente quedó con algunas esperanzas de

que Don Fadrique les socorrería; porque siempre, aunque sean muy flacas,

animan y alientan á los muy necesitados. El Infante Don Sancho á la

partida de estos mensajeros ofreció, no sólo de seguir y acompañar á

Berenguer en la jornada que tenia dispuesta, pero asistirles con sus

diez galeras hasta que se supiese el ánimo y voluntad del Rey. Entenza

en nombre de todos aceptó el ofrecimiento, y agradeció al Infante el

haber tomado tan honrada resolucion, dígna de un hijo de la casa de

Aragon. Con esto apresuró Berenguer su partida, y embarcó la gente, pero

al tiempo que quiso salir, Don Sancho mudó de parecer, olvidado de la

palabra que poco antes habia dado, y faltando á su mismo honor, y

reputacion; cosa que causó en todos novedad, ver en tan poca distancia

tomar tan diversas y encontradas resoluciones, sin haberse podido

ofrecer por la cortedad del tiempo nuevos accidentes, que le pudieran

obligar. Y si los pudiera haber de tal calidad que obligarán á romper

palabras dadas con tanto fundamento y razon, no se puede averiguar, por

lo que los antiguos no dejaron escrito la causa que pudo mover al

Infante á tomar resolucion tan en descrédito suyo; pero por lo que

respondió á Berenguer cuando le pidió que cumpliese su palabra, que fué

decir solamente, que así cumplia el servicio de su hermano, se puede

presumir que advirtió el Infante, que habia paces entre Andronico y Don

Fadrique, y que sin expresa órden suya no habia de ocupar sus galeras en

daño de un Príncipe amigo. Esto bien me parece que pudiera disculpara al

Infante para no quedarse, cuando no lo hubiera ofrecido, pero empeñada

su palabra, y viendo maltratar los mejores vasallos y súbditos del Rey

su hermano, grande desconocimiento y mengua fué el no asistirles y

ayudarles; porque ya Andronico, degollando á los Catalanes y Aragoneses

que se hallaban en su Imperio, rompió las paces primero.

Berenguer con sentimiento que debia, según él refiere en su relacion que

envió al Rey Don Jaime II. de Aragon, dijo al tiempo que se partia,

cuando sus ruegos y razones no le pudieron detener, que el Infante fué

como le plugo y no como hijo de su padre. No perdieron los nuestros

ánimo con la partida de Don Sancho, ni verse desamparados de la mayor

fuerza les hizo mudar parecer. Berenguer de Entenza embarcó en cinco

galeras, dos leños con remos, y diez y seis barcos, ochocientos

infantes, cincuenta caballos, y salió de Galípoli la vuelta de la isla

de Marmora llamada de los antiguos Propontide. Llegó á ella, echó su

gente en tierra, y saqueó la mayor parte de sus pueblos, degollando sus

moradores, sin perdonar edad ni sexo, destruyendo y abrasando los

pudiera ser de algun provecho y comodidad; porque como fué esta empresa

la primera que ejecutaron después de tantos agravios, mas se dió á la

venganza que la codicia. Con la misma presteza y rigor volvió Berenguer

á las costas de Thracia, y continuando los buenos sucesos, después de

algunas presas de navios, acometió á Recrea, Ciudad grande y rica, y con

poca pérdida de los suyos la entró á viva fuerza. Ejecutóse en los

vencidos el rigor acostumbrado, y recogido á los navios y galeras lo mas

lucido y rico de la presa, entregaron á la violencia del fuego los

edificios; porque hasta las cosas insensibles y mudas quisieron que

fuesen testigos y memoria de su venganza. Andronico tuvo aviso de la

pérdida de Recrea, en tiempo que juzgaba á los pocos Catalanes huyendo

la vuelta de Sicilia, y para atajar los daños que Berenguer hacia de

toda aquella ribera de mar, que los Griegos llamaban de Natura, mandó á

Calo Juan Déspota su hijo, que con cuatrocíentos á caballo, y la

infantería que pudiese recoger se opusiese á Berenguer, y le impidiese

el hechar gente en tierra. Junto á Puente Régia supo Berenguer que Calo

Juan venia, y el número y calidad de sus fuerzas, y aunque en lo primero

se juzgó por muy inferior, en lo segundo le pareció que aventajaba á su

enemigo, y así resolvió de hechar su gente en tierra, y recibir á Calo

Juan, que avisado tambiem por sus corredores, como Berenguer con su

gente habian puesto el pié en tierra, apresuro el camino, temiendo que

no se retirasen, porque nadie pudiera creer, que ricos y llenos de

despojos quisieran los nuestros aventurarse sino forzados. Llegaron con

igual ánimo á envestirse los escuadrones, y en breve espacio se mostró

claramente, que el valor es el que da las victorias, y no la multitud,

porque los nuestros quedaron vencedores siendo pocos, y los Griegos

rotos y degollados, siendo muchos. Calo Juan escapó con la vida, y llegó

á Constantinopla destrozado. Andronico hizo tomar las armas al pueblo,

porque toda la gente de guerra estaba sobre Galípoli, y temió que

Berenguer no le acometiese la Ciudad. Esta rota se dió el ultimo dia de

Mayo del año 1304. Fueron tan prontas estas victorias, y alcanzadas en

tan diversas partes, y tan á tiempo, que los Griegos juzgaron por

mayores nuestras fuerzas, y que no era uno solo Berenguer el que les

hacia daño, sino muchos.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 60 / 112 题