Envianse Embajadores á Sicilia, y sale Berenguer con su armada, gana la
Ciudad de Recrea y vence en tierra á Calo Juan hijo de Andronico.
Luego que se supo en Galípoli la muerte de sus Embajadores, que no se
puede con palabras encarecer lo que alteró los ánimos, y encendió los
corazones á la venganza, el verse maltratar tan inhumanamente de los que
debieran ser amparados y defendidos. Cargaba todos los dias sobre
Galípoli gente de refresco, y apretaban á los de dentro, mas con el
impedirles que no entrasen bastimentos por tierra, que con las armas.
Berenguer de Entenza, y todos los Capitanes, con la resolucion que
habian tomado de no salir de Grecia sin haberse vengado, prevenian
socorros, y así les pareció que hiciesen dueño de sus armas al Rey Don
Fadrique, y que le jurasen fidelidad para obligarle mas á su defensa.
Este fué su principal motivo, aunque al Rey con razones de mayor
consideracion, y de mayor utilidad le persuadian. Recibió el juramento
de fidelidad en nombre del Rey Don Fadrique un caballero de su casa, que
se llamaba Garcilopez de Lobera, soldado que seguia las banderas de
Berenguer, y juntamente le eligieron por su Embajador al rey con Ramon
Marquet, ciudadano de Barcelona, hijo de Ramon Marquet ilustre Capitan
de mar, á lo que yo presumo, del gran Rey Don Pedro, y Ramon de Copons,
para que fuesen testigos del juramento de fidelidad que habian prestado
en manos de Garcilopez de Lobera, y le diesen larga relacion del estado
en que se hallaban; que si en su memoria tenia sus servicios, se
acordase de darles favor, pues en ellos no solamente interesaban ellos,
pero su aumento y grandeza; que advirtiese la puerta que le abrian ellos
para ocupar el Imperio de Oriente; y que se valiese de su venganza y
desesperacion, pues ellos ya estaban aventurados. Partiéronse los tres
Embajadores á Sicilia, con que la gente quedó con algunas esperanzas de
que Don Fadrique les socorrería; porque siempre, aunque sean muy flacas,
animan y alientan á los muy necesitados. El Infante Don Sancho á la
partida de estos mensajeros ofreció, no sólo de seguir y acompañar á
Berenguer en la jornada que tenia dispuesta, pero asistirles con sus
diez galeras hasta que se supiese el ánimo y voluntad del Rey. Entenza
en nombre de todos aceptó el ofrecimiento, y agradeció al Infante el
haber tomado tan honrada resolucion, dígna de un hijo de la casa de
Aragon. Con esto apresuró Berenguer su partida, y embarcó la gente, pero
al tiempo que quiso salir, Don Sancho mudó de parecer, olvidado de la
palabra que poco antes habia dado, y faltando á su mismo honor, y
reputacion; cosa que causó en todos novedad, ver en tan poca distancia
tomar tan diversas y encontradas resoluciones, sin haberse podido
ofrecer por la cortedad del tiempo nuevos accidentes, que le pudieran
obligar. Y si los pudiera haber de tal calidad que obligarán á romper
palabras dadas con tanto fundamento y razon, no se puede averiguar, por
lo que los antiguos no dejaron escrito la causa que pudo mover al
Infante á tomar resolucion tan en descrédito suyo; pero por lo que
respondió á Berenguer cuando le pidió que cumpliese su palabra, que fué
decir solamente, que así cumplia el servicio de su hermano, se puede
presumir que advirtió el Infante, que habia paces entre Andronico y Don
Fadrique, y que sin expresa órden suya no habia de ocupar sus galeras en
daño de un Príncipe amigo. Esto bien me parece que pudiera disculpara al
Infante para no quedarse, cuando no lo hubiera ofrecido, pero empeñada
su palabra, y viendo maltratar los mejores vasallos y súbditos del Rey
su hermano, grande desconocimiento y mengua fué el no asistirles y
ayudarles; porque ya Andronico, degollando á los Catalanes y Aragoneses
que se hallaban en su Imperio, rompió las paces primero.
Berenguer con sentimiento que debia, según él refiere en su relacion que
envió al Rey Don Jaime II. de Aragon, dijo al tiempo que se partia,
cuando sus ruegos y razones no le pudieron detener, que el Infante fué
como le plugo y no como hijo de su padre. No perdieron los nuestros
ánimo con la partida de Don Sancho, ni verse desamparados de la mayor
fuerza les hizo mudar parecer. Berenguer de Entenza embarcó en cinco
galeras, dos leños con remos, y diez y seis barcos, ochocientos
infantes, cincuenta caballos, y salió de Galípoli la vuelta de la isla
de Marmora llamada de los antiguos Propontide. Llegó á ella, echó su
gente en tierra, y saqueó la mayor parte de sus pueblos, degollando sus
moradores, sin perdonar edad ni sexo, destruyendo y abrasando los
pudiera ser de algun provecho y comodidad; porque como fué esta empresa
la primera que ejecutaron después de tantos agravios, mas se dió á la
venganza que la codicia. Con la misma presteza y rigor volvió Berenguer
á las costas de Thracia, y continuando los buenos sucesos, después de
algunas presas de navios, acometió á Recrea, Ciudad grande y rica, y con
poca pérdida de los suyos la entró á viva fuerza. Ejecutóse en los
vencidos el rigor acostumbrado, y recogido á los navios y galeras lo mas
lucido y rico de la presa, entregaron á la violencia del fuego los
edificios; porque hasta las cosas insensibles y mudas quisieron que
fuesen testigos y memoria de su venganza. Andronico tuvo aviso de la
pérdida de Recrea, en tiempo que juzgaba á los pocos Catalanes huyendo
la vuelta de Sicilia, y para atajar los daños que Berenguer hacia de
toda aquella ribera de mar, que los Griegos llamaban de Natura, mandó á
Calo Juan Déspota su hijo, que con cuatrocíentos á caballo, y la
infantería que pudiese recoger se opusiese á Berenguer, y le impidiese
el hechar gente en tierra. Junto á Puente Régia supo Berenguer que Calo
Juan venia, y el número y calidad de sus fuerzas, y aunque en lo primero
se juzgó por muy inferior, en lo segundo le pareció que aventajaba á su
enemigo, y así resolvió de hechar su gente en tierra, y recibir á Calo
Juan, que avisado tambiem por sus corredores, como Berenguer con su
gente habian puesto el pié en tierra, apresuro el camino, temiendo que
no se retirasen, porque nadie pudiera creer, que ricos y llenos de
despojos quisieran los nuestros aventurarse sino forzados. Llegaron con
igual ánimo á envestirse los escuadrones, y en breve espacio se mostró
claramente, que el valor es el que da las victorias, y no la multitud,
porque los nuestros quedaron vencedores siendo pocos, y los Griegos
rotos y degollados, siendo muchos. Calo Juan escapó con la vida, y llegó
á Constantinopla destrozado. Andronico hizo tomar las armas al pueblo,
porque toda la gente de guerra estaba sobre Galípoli, y temió que
Berenguer no le acometiese la Ciudad. Esta rota se dió el ultimo dia de
Mayo del año 1304. Fueron tan prontas estas victorias, y alcanzadas en
tan diversas partes, y tan á tiempo, que los Griegos juzgaron por
mayores nuestras fuerzas, y que no era uno solo Berenguer el que les
hacia daño, sino muchos.