Prision de Berenguer de Entenza con notable pérdida de los suyos.
Con tan dichoso principio como tuvieron nuestras armas contra los
Griegos gobernadas por Berenguer de Entenza, pareció pasar adelante, y
valerse de la fortuna y tiempo favorable, siendo el fin y remate de una
victoria el principio de otra. Resolvieron los nuestros acometer los
navios que estaban surgidos en los puertos y riberas de Constantinopla,
y quemar sus atarazanas; empresas de mayor nombre que dificultad.
Navegaron para ejecutar su determinacion por la playa entre Pactia y el
cabo de Gano con buen tiempo; pero al amanecer, descubriendo velas de la
parte de Galípoli, tomáronse pareceres sobre lo que se debia hacer,
viéndose cortados para volver á Galípoli, y todos conformes se metieron
en tierra, y puestas en ella las proas lo mas cerca que pudieron, las
popas al mar, porque en aquellas que las proas no iban guarnecidas de
artilleria, la mayor defensa era lo alto de las popas. Tomaron las
armas, y bien apercibidos aguardaron lo que las diez y ocho galeras
intentarian, que venian á dar sobre las nuestras. Estas diez y ocho
galeras eran de Genoveses, que ordinariamente navegaban aquellos mares,
porque su valor, ó codicia les llevaba por lo mas remoto de su Patria,
como á los Catalanes de aquel tiempo. Reconocidos de una y otra parte
los Genoveses fueron los primeros que les saludaron, con que los
nuestros dejaron las armas, y como amigos y aliados se comunicaron y
hablaron. Advirtieron luego los Genoveses por lo que oyeron platicar de
los sucesos, que Berenguer habia tenido la mucha ganancia que les
resultaria, y el gusto que darian al Emperador Andronico y á los
Griegos, si prendiesen á Berenguer, y le tomasen sus galeras. Y juzgando
por menor inconveniente romper su fé y palabra, que dejar de las manos
tan importante y rica presa, enviaron á convidad á Berenguer de Entenza,
dándole palabra de parte de la Señoria que no se les haria agravio, ni
ultraje alguno, que viniese á honrar su Capitana, donde tratarian
algunos negocios importantes á todos. Con esto Berenguer sin advertir en
lo pasado, y en los daños en que su confianza le habia puesto, se fué á
la Capitana, donde Eduardo de Oria con otros muchos caballeros le
recibió y acarició. Comieron y cenaron juntos con mucho gusto y amistad,
tanto que Berenguer se quedó á dormir en la Capitana, prosiguiendo hasta
muy tarde algunas platicas en razon de su conservacion. A la mañana
cuando quiso volverse á su galera, Eduardo de Oria le prendió y desarmó,
y otros Genoveses hicieron lo mismo con los demas que le acompañaban y
las diez y ocho galeras dieron sobre las nuestras desapercibidas y
descuidadas. Ganáronse luego las cuatro con pérdida de 200 Genoveses;
pero la galera de Berenguer de Víllamarin que tuvo algun poco de tiempo
para ponerse en defensa, la hizo de manera, que con tener sobre sí diez
y ocho proas, no la pudieron entrar hasta que todos los que la defendían
fueron muertos; sin escaparse un hombre solo; tanta fué la obstinacion
con que peleando murieron en el combate de esta sola galera 200
Genoveses, y fueron mucho mas los heridos. Pachimerio dice, que los
Genoveses aquella noche que llegaron á juntarse con las galeras
Catalanas despacharon secretamente una de sus galeras á Pera, dándole
aviso que estaban con los Catalanes, los cuales le decian que Andronico
estaba indignado contra ellos, y que les queria castigar, y que les
persuadian que juntos acometiesen á Constantinopla. Llegado el aviso á
Pera, los Genoveses dieron razon al Emperador, y que é les ordenó que
les acometiesen, ofreciendo de hacerles muchas mercedes, y así al otro
dia ejecutaron lo referido. Este lastimoso fin tuvo la jornada de
Berenguer mal determinada, bien ejecutada, digan de mayor fortuna, ¡pero
qué difícilmente los consejos humanos pueden prevenir casos semejantes!.
Dicurrióse en la determinacion de esta jornada entre los Capitanes de
los peligros que pudieran sobrevenirle, y con ser tantos y tan variados
los que se propusieron, fué este accidente ni imaginado, ni previsto;
con que claramente se muestra, que los juicios de los hombres aunque
fundados en razon no pueden prevenir los de Dios. Al Infante Don Sancho
se debe culpar, porque fué la mas cercana causa de esta pérdida. Si como
debiera acompañara á Berenguer, fueran las victorias que se alcanzaron
mayores, los Genoveses no se atrevieran, y las fuerzas de Galípoli se
aumentaran; con que la guerra se hiciera con mayores ventajas y
reputacion. Berenguer con serviles prisiones fué llevado con algunos
caballeros de su compañia á Pera; y porque temieron que Andronico no se
les quitase para satisfacer en su persona los daños recibidos, le
pasaron á la Ciudad de Trapisonda, puesta en la ribera del mar de Ponto,
donde los Genoveses tenian factoria, y le tuvieron en ella hasta que las
galeras volvieron. Los Genoveses hicieron una cosa bien hecha; porque
luego que tomaron las galeras Catalanas se vinieron á Pera, sin querer
entregar ningun prisionero á los Griegos, ni vender cosa de la presa,
aunque el Emperador les acarició y honró.
Con este buen suceso trató el Emperador con los mismos Genoveses, que
emprendiesen de echar á los Catalanes que estaban en Galípoli, y ellos
se lo ofrecieron que les diese seis mil escudos. Fué contento Andronico
de darlos, y así se los envió; pero ellos como gente atenta á la
ganancia pesaron el dinero, y hallándole falto se lo volvieron á enviar.
Andronico replicó que les satisfaría el daño, y entonces ya no
quisieron, porque informados mejor de lo que emprendian no les pareció
igual paga. Supo el Emperador que traian á Berenguer preso, procuró con
amenazas y ruegos que se le entregasen, y ultimamente ofreció por su
persona veinte y cinco mil escudos. Todos se le negó, temiendo, á lo que
yo sospecho, que el Rey de Aragon no hiciese gran sentimiento, si
Berenguer tan grande y principal vasallo suyo padeciera afrentosa muerte
en poder del Emperador Andronico, el cual tentó el medio mas eficaz que
pudo, ofreciendo á ciertos patrones de estas galeras, para que con algun
engaño se le entregase, ocho mil escudo, y diez y seis pares de ropas de
brodecado; pero descubierto el trato, no quisieron que Andronico tentase
alguna violencia, y así se partieron, dajando muy desbrido al Emperador.
A la entrada del estrecho, Ramon Montaner de parte de los que quedaban
en Galípoli llegó con una fragata á pedir á Eduardo de Oria le diesen la
persona de Berenguer, y ofreció el dinero que pudieron recoger por su
rescate, que fueron hasta cinco mil escudos; pero los Genoveses no
quisieron, ó por parecerles poca la cantidad, á lo que tengo por mas
cierto, ó por no irritar el ánimo de Andronico si ponian en libertad un
enemigo suyo, en puesto que se tenia por sus mayores enemigos, de donde
con mayor daño pudiese segunda vez destruir sus Provincias, y asolar sus
Ciudades. Desesperado Montaner de alcanzar su libertad, dióle parte del
dinero que trahia, y le ofreció que en nombre del ejército se enviarian
Embajadores al Rey de Aragon, y al de Sicilia, para que se satisfaciese
agravio tan notable, como prender debajo de seguro un Capitan de Rey
amigo.