Los embajadores de nuestro ejército á la vuelta de Constantinopla por
órden del Emperador fueron presos y muertos cruelmente en la Ciudad de
Rodesto.
De nuestra nacion enviados los Embajadores á fin de romper los
conciertos que tenian con el Emperador, y hecho esto desafiarle, con
harto peligro llegaron á Constantinopla, y puesto, ante el Bailio de
Venecia, y la potestad de Génova, y de los Consules de los Anconitanos,
y Pisanos, Magistrados y cabezas de estas naciones que tenian trato y
comunicacion en las Provincias del Imperio, dieron las manifiestas
siguientes. Que habiendo entendido que por órden del Emperador
Antronico, y su hijo Miguel en Andrinopoli, y en los demás lugares de su
Imperio, se habian degollado todos los Aragoneses y Catalanes que se
hallaron en ellos, tanto soldados como mercaderes, viviendo ellós debajo
de su proteccion y amparo por cuya satisfacion los Catalanes y
Aragoneses de Galípoli estaban resueltos de morir, y que estimaban en
tanto su fé y palabra, que querian antes de romper la guerra, que
constase, como ellos en nombre de todos los de su nacion se apartaban de
los conciertos y alianzas hechas con el Emperador; y que así los
públicos instrumentos de allí adelante fuesen inválidos y de ningun
valor, y que le retaban de traidor, y ofrecían de defender lo dicho en
campo, ciento á ciento, ó diez á diez, y que esperaban en Dios que sus
espadas serian el instrumento con que su justicia castigaria caso tan
feo; pues á más de violar la fé pública, matando los extrangeros, que
pacíficos y descuidados trataban en sus tierras, habian dado cruel y
afrentosa muerte á quien les habia librado de ella, defendido sus
Provincias, abatido sus enemigos, y engrandecido su Imperio. Que la
insolencia de los soldados no era bastante causa para que contra ellos
se ejecutará tan inhumana resolucion. Castigáranse los soldados culpados
á medida de sus delitos, sin que sus servicios les sirvieran de moderar
la pena. Diéranles navios, y con que volver á la patria, que bastante
castigo fuera enviarles sin premio; pero sin perdonar á sexo ni edad
llevando por un parejo inocente y culpados, malos y buenos, habia sido
suma crueldad. Dado el manífiesto; el Bailio de Venecia con los demas
dieron razon al Emperador de esta Embajada, y queriendo tratar de algun
acuerdo, no se pudo concluir, estando los ánimos tan ofendidos, y
cualquier palabra y fé tan dudosa; y así se tuvo por conveniente para
entreambas partes una guerra declarada que una paz mal segura; que
adonde falta la fé, el nombre de paz es pretexto y materia de mayores
traiciones. Respondió el Emperador, que lo sucedido contra los Catalanes
y Aragoneses no habia sido hecho por su órden; y que así no trataba de
dar satisfaccion, siendo verdad que poco antes mandó matar á Fernando
Aones el Almirante, y á todos los Catalanes y Aragoneses que se hallaron
en Constantinopla, que habian venido con cuatro galeras acompañando á
María mujer del César, á su madre y hermanos, aun Montaner aprieta mas
el hecho, pues dice que el propio dia se ejecutaron estas muertes.
Pidieron los Embajadores, que se les diese seguridad para su vuelta á
Galípoli; fuele luego concedido, dándoles un comisario, con trato se
partieron á Rodesto, treinta millas lejos de Constantinopla, y por órden
del comisario que les acompañaba fueron presos hasta veinte y siete con
los criados y marineros, y en las carnecerías públicas del lugar les
hicieron cuartos vivos. Esta maldad me parece que puede disculpar todas
las crueldades que se hicieron en su satisfaccion, porque ninguna pudo
llegar á ser mayor que violar con tan fiera demostracion el derecho
universal de las gentes, defendido por leyes humanas y divinas, por
inviolable costumbre de naciones políticas y bárbaras. Este desdichado
fin tuvieron las finezas de un Capitan poco advertido. Dignas de
alabanza son cuando hay seguridad en la fé y palabra del Príncipe
enemigo, pero cuando está dudosa, por yerro tengo el aventurarse.
Nuestro Rey el Emperador Cárlos V. pasó por Paris y se puso en las manos
de su mayor émulo, fué su confianza tan alabada como la fé de Francisco;
pero si la Reyna Leonor no avisara á Cárlos su hermano de lo que se
platicaba, fuera la confianza juzgada por temeridad y la fé por engaño,
con que claramente se muestra, que alabamos, ó vituperamos por los
sucesos, no por la razon. Berenguer de Entenza hizo notable yerro en
enviar Embajadores á Príncipe de cuya fé y palabra se podia dudar,
porque quien con tanta alevosia y crueldad quitó la vida á Roger y á los
suyos, de creer es que en todo lo demás no guardara fé, ni diera por
legítimos Embajadores á los que venian de parte de los que él tenia por
traidores; á más de que habiendo en los vecinos de Galípoli ejecutado
tan gran crueldad, se habia de temer otra mayor siempre que la ocasion
se la ofreciera.