Tienen los nuestros consejo, síguese el de Berenguer de Entenza, no por
el mejor, pero por ser del mas poderoso.
Había entre los capitanes de Galípoli diversas opiniones sobre el modo
de hacer la guerra; y así convino que las principales cabezas se
juntasen en consejo para resolverse. Berenguer de Entenza dijo: si el
valor y esfuerzo de hombres que nacieron como nosotros, amigos y
compañeros, en algun trabajo y desdicha pudiera faltar, pienso sin duda
que fuera en la que hoy padecemos, por ser la mayor y mas cruel con que
la variedad humana suele afligir los mortales, el ser perseguidos,
maltratados, y muertos, por los que debiéramos ser amparados y
defendidos. ¿De qué sirvieron las victorias, tanta sangre derramada,
tantas Provincias adquiridas, si al tiempo que se esperaba justa
recompensa debida á tantos servicios, con bárbara crueldad se ejecuta
contra nosotros lo que vemos, y apenas damos crédito? Por mayor suerte
juzgo la de nuestros compañeros que murieron sin sentir el agravio, que
la nuestra que habemos de perecer con tan vivo sentimiento; porque dejar
de tomar satisfacion de tantas ofensas, y retirarnos á la patria, fuera
indigno de nuestro nombre, y de la fama que por largos años hemos
conservado, ni los deudos ni amigos nos recibieran en la patria, ni ella
nos conociera por hijos, si muertos nuestros compañeros alevosamente no
se intentará la venganza, y se borrará con sangre enemiga nuestra
afrenta. Las pocas fuerzas que nos quedan, avivadas con el agravio, al
mayor poder se podian oponer, y mas favorecidas de la razon que tan
claramente está de nuestra parte. Vuestro ánimo invencible en la
dificultad cobra valor, y en el mayor peligro, mayor esfuerzo. El Asia
quedó libre de la sujecion de los Turcos por nuestras armas, nuestra
reputacion y fama tambien lo ha de quedar por ellas; y si Grecia se
admira de tantas victorias, hoy sentirá el rigor de vuestras espadas que
no supo conservar en su favor y defensa. Todos nos deben de tener por
perdidos, ó por lo menos navegando la vuelta de Sicilia con los navios y
galeras que nos quedan; pero su daño les desengañará, que ni el ánimo
les acovardó, ni el agravio antes de su venganza permitió nuestra
vuelta. Defender á Galípoli, es lo que ahora nos importa, por estar á la
entrada del estrecho, de donde se puede impedir la navegacion y trato de
estos mares, siempre que no corrieren por ellos armadas superiores á la
nuestra, y así es forzoso buscar bastimentos y dinero para sustentarle.
Los socorros tenemos lejos, tardos, y quizá dudosos, porque á nuestros
Reyes ocupan otros cuidados mas vecinos. Todos los Príncipes y naciones
que nos rodean son de enemigos, no hay que esperar otro socorro sino el
que estos navios y galeras que nos quedan podran alcanzar de nuestros
contrarios. Con esto haremos dos cosas importantes, buscar el sustento
que nos va ya faltando, y divertir al enemigo del sitio que tanto nos
aprieta, y puesto que la guerra se deba hacer como ya está determinado,
es bien que sea en parte donde los enemigos no esten tan superiores, y
se pueda mas fácilmente alcanzar alguna victoria, para que el crédito y
reputacion de nuestras armas vulva á su debido lugar y estimacion. Las
costas de estas Provincias vecinas viven sin recelo, pareciéndoles que
nuestras fuerzas no son bastantes á defendernos en Galípoli, y en tanto
que el sitio durare no dejaremos estas murallas. Este descuido parece
que nos ofrece una ocasion cierta de hacerles mucho daño, si con
nuestras galeras y navios acometemos estas islas y costas de su Imperio;
y pues soy autor del consejo, lo seré de la ejecucion. A las últimas
palabras de Berenguer de Entenza Rocafort se levantó con semblante y voz
alterada, señales de su ánimo ocupado de la ira y venganza, dijo: El
sentimiento y pasion con que me hallo por la muerte de Roger, y de
nuestros Capitanes y amigos, no es mucho que turbe la voz y el
semblante, pues enciende el ánimo para una honrada y justa satisfacion.
Por el rigor de nuestro agravio, mas que por la razon; debiéramos hoy de
tomar resolucion; porque en caos semejantes la presteza y poca
consideracion suelen ser útiles, cuando de las consultas suelen
dificultades. Retirarnos á la patria mengua y afrenta de nuestro nombre
seria, hasta que nuestra venganza fuese tan señalada y atroz como lo fué
la alevosia y traicion de los Griegos; y así en este punto siento con
Berenguer de Entenza; pero en lo que toca al modo de hacer la guerra
opuestamente debo contradecirle, porque paréceme yerro notable dividir
nuestras fuerzas, que juntas son pequeñas y desiguales al poder del
enemigo que nos sitia. Yo doy por cierto y constante que Berenguer robe,
destruya, y abrase las costas vecinas como él ofrece; ¿pero quién nos
asegura que al tiempo que él estuviere corriendo los mares, los pocos
que quedaren en Galípoli no sean perdidos? ¿Y entonces Berenguer á donde
podrá su armada, donde los despojos de su victoria? ¿No le queda puesto
ni lugar seguro hasta Sicilia; pues yo por mas cierto tengo el perderse
Galípoli si él sacáre la gente que está en su defensa para guarnecer la
armada, que seguro de su victoria. Todos los Capitanes famosos ponen su
mayor cuidado en socorrer una plaza que el enemigo tiene sitiada, y para
esto aventuran no solo lo mejor y más entero de su campo, pero todas sus
fuerzas? ¿Y Berenguer estando dentro se ha de salir? ¿Quién asegura al
soldado que su ida ha de ser para volver? el miedo y el recelo comun no
se pueda quitar, aunque sangre y hechos claros son seguras prendas para
los que nacieron como él. Nuestra venganza ya no pide remedios tan
cautos y dudosos, ni á nosostros nos conviene el dilatar la guerra por
ser poca antes de ser menos; ejecutemos la ira. Aventurese en un trance
y peligro nuestra vida; y así mi último parecer es, de que salgamos en
campaña, y debemos la batalla á los que tenemos delante.
Y aunque por la muchedumbre del ejército enemigo se puede tener la
muerte por más cierto que la victoria, la causa justa que mueve nuestras
armas, y el mismo valor que venció á los Turcos vencedores de los
Griegos, tambien puede darnos comfianza de romper sus copiosos
escuadrones, y abatir sus águilas como se abatieron sus lunas; y cuando
en esta batalla estuviere determinado nuestro fin, será digno de nuestra
gloria que el último término de la vida nos halle con la espada en la
mano, y ocupados en la ruina y daños de tan pérfida gente. Prevalió este
último parecer en los votos de los que se consultaban por ser el mas
pronto, aunque de más peligro, y de mas gallardia; pero el poder de
Berenguer de Entenza, mayor entonces que el de Rocafort, no dió lugar á
que la ejecucion fuese la que determinó la mayor parte. Y Ramon Montaner
y dice, que las razones y ruegos de muchos no le pudieron hacer mudar de
parecer.
En este medio tuvieron aviso, que el Infante Don Sancho de Aragon habia
llegado con diez galeras del Rey de Sicilia á Metellin é iria al
archipiélago, y de las mas vecinas á Galípoli. Berenguer de Entenza y
los demás Capitanes enviaron luego á suplicarle viniese á Galípoli, á
tomarles los homenages y juramento de fidelidad por el Rey de Sicilia.
Encarecieron su peligro y el descrédito del nombre de Aragon si no los
socorria; subditos que le habian hecho tan ilustre y tan grande. Don
Sancho mostró luego con su presta resolucion el deseo de su bien y
conservacion. Partió de Medellín con sus diez galeras y vino á Galípoli,
donde fué recibido con universal aplauso, creyendo que les ayudaria para
tomar entera satisfacion de sus agravios, sirviéndole con parte de los
pocos bastimentos y dinero que tenian, y sin precisa obligacion de
obedecerle, todos le reconocieron por cabeza.