CAPITULO XXX.

Tienen los nuestros consejo, síguese el de Berenguer de Entenza, no por

el mejor, pero por ser del mas poderoso.

Había entre los capitanes de Galípoli diversas opiniones sobre el modo

de hacer la guerra; y así convino que las principales cabezas se

juntasen en consejo para resolverse. Berenguer de Entenza dijo: si el

valor y esfuerzo de hombres que nacieron como nosotros, amigos y

compañeros, en algun trabajo y desdicha pudiera faltar, pienso sin duda

que fuera en la que hoy padecemos, por ser la mayor y mas cruel con que

la variedad humana suele afligir los mortales, el ser perseguidos,

maltratados, y muertos, por los que debiéramos ser amparados y

defendidos. ¿De qué sirvieron las victorias, tanta sangre derramada,

tantas Provincias adquiridas, si al tiempo que se esperaba justa

recompensa debida á tantos servicios, con bárbara crueldad se ejecuta

contra nosotros lo que vemos, y apenas damos crédito? Por mayor suerte

juzgo la de nuestros compañeros que murieron sin sentir el agravio, que

la nuestra que habemos de perecer con tan vivo sentimiento; porque dejar

de tomar satisfacion de tantas ofensas, y retirarnos á la patria, fuera

indigno de nuestro nombre, y de la fama que por largos años hemos

conservado, ni los deudos ni amigos nos recibieran en la patria, ni ella

nos conociera por hijos, si muertos nuestros compañeros alevosamente no

se intentará la venganza, y se borrará con sangre enemiga nuestra

afrenta. Las pocas fuerzas que nos quedan, avivadas con el agravio, al

mayor poder se podian oponer, y mas favorecidas de la razon que tan

claramente está de nuestra parte. Vuestro ánimo invencible en la

dificultad cobra valor, y en el mayor peligro, mayor esfuerzo. El Asia

quedó libre de la sujecion de los Turcos por nuestras armas, nuestra

reputacion y fama tambien lo ha de quedar por ellas; y si Grecia se

admira de tantas victorias, hoy sentirá el rigor de vuestras espadas que

no supo conservar en su favor y defensa. Todos nos deben de tener por

perdidos, ó por lo menos navegando la vuelta de Sicilia con los navios y

galeras que nos quedan; pero su daño les desengañará, que ni el ánimo

les acovardó, ni el agravio antes de su venganza permitió nuestra

vuelta. Defender á Galípoli, es lo que ahora nos importa, por estar á la

entrada del estrecho, de donde se puede impedir la navegacion y trato de

estos mares, siempre que no corrieren por ellos armadas superiores á la

nuestra, y así es forzoso buscar bastimentos y dinero para sustentarle.

Los socorros tenemos lejos, tardos, y quizá dudosos, porque á nuestros

Reyes ocupan otros cuidados mas vecinos. Todos los Príncipes y naciones

que nos rodean son de enemigos, no hay que esperar otro socorro sino el

que estos navios y galeras que nos quedan podran alcanzar de nuestros

contrarios. Con esto haremos dos cosas importantes, buscar el sustento

que nos va ya faltando, y divertir al enemigo del sitio que tanto nos

aprieta, y puesto que la guerra se deba hacer como ya está determinado,

es bien que sea en parte donde los enemigos no esten tan superiores, y

se pueda mas fácilmente alcanzar alguna victoria, para que el crédito y

reputacion de nuestras armas vulva á su debido lugar y estimacion. Las

costas de estas Provincias vecinas viven sin recelo, pareciéndoles que

nuestras fuerzas no son bastantes á defendernos en Galípoli, y en tanto

que el sitio durare no dejaremos estas murallas. Este descuido parece

que nos ofrece una ocasion cierta de hacerles mucho daño, si con

nuestras galeras y navios acometemos estas islas y costas de su Imperio;

y pues soy autor del consejo, lo seré de la ejecucion. A las últimas

palabras de Berenguer de Entenza Rocafort se levantó con semblante y voz

alterada, señales de su ánimo ocupado de la ira y venganza, dijo: El

sentimiento y pasion con que me hallo por la muerte de Roger, y de

nuestros Capitanes y amigos, no es mucho que turbe la voz y el

semblante, pues enciende el ánimo para una honrada y justa satisfacion.

Por el rigor de nuestro agravio, mas que por la razon; debiéramos hoy de

tomar resolucion; porque en caos semejantes la presteza y poca

consideracion suelen ser útiles, cuando de las consultas suelen

dificultades. Retirarnos á la patria mengua y afrenta de nuestro nombre

seria, hasta que nuestra venganza fuese tan señalada y atroz como lo fué

la alevosia y traicion de los Griegos; y así en este punto siento con

Berenguer de Entenza; pero en lo que toca al modo de hacer la guerra

opuestamente debo contradecirle, porque paréceme yerro notable dividir

nuestras fuerzas, que juntas son pequeñas y desiguales al poder del

enemigo que nos sitia. Yo doy por cierto y constante que Berenguer robe,

destruya, y abrase las costas vecinas como él ofrece; ¿pero quién nos

asegura que al tiempo que él estuviere corriendo los mares, los pocos

que quedaren en Galípoli no sean perdidos? ¿Y entonces Berenguer á donde

podrá su armada, donde los despojos de su victoria? ¿No le queda puesto

ni lugar seguro hasta Sicilia; pues yo por mas cierto tengo el perderse

Galípoli si él sacáre la gente que está en su defensa para guarnecer la

armada, que seguro de su victoria. Todos los Capitanes famosos ponen su

mayor cuidado en socorrer una plaza que el enemigo tiene sitiada, y para

esto aventuran no solo lo mejor y más entero de su campo, pero todas sus

fuerzas? ¿Y Berenguer estando dentro se ha de salir? ¿Quién asegura al

soldado que su ida ha de ser para volver? el miedo y el recelo comun no

se pueda quitar, aunque sangre y hechos claros son seguras prendas para

los que nacieron como él. Nuestra venganza ya no pide remedios tan

cautos y dudosos, ni á nosostros nos conviene el dilatar la guerra por

ser poca antes de ser menos; ejecutemos la ira. Aventurese en un trance

y peligro nuestra vida; y así mi último parecer es, de que salgamos en

campaña, y debemos la batalla á los que tenemos delante.

Y aunque por la muchedumbre del ejército enemigo se puede tener la

muerte por más cierto que la victoria, la causa justa que mueve nuestras

armas, y el mismo valor que venció á los Turcos vencedores de los

Griegos, tambien puede darnos comfianza de romper sus copiosos

escuadrones, y abatir sus águilas como se abatieron sus lunas; y cuando

en esta batalla estuviere determinado nuestro fin, será digno de nuestra

gloria que el último término de la vida nos halle con la espada en la

mano, y ocupados en la ruina y daños de tan pérfida gente. Prevalió este

último parecer en los votos de los que se consultaban por ser el mas

pronto, aunque de más peligro, y de mas gallardia; pero el poder de

Berenguer de Entenza, mayor entonces que el de Rocafort, no dió lugar á

que la ejecucion fuese la que determinó la mayor parte. Y Ramon Montaner

y dice, que las razones y ruegos de muchos no le pudieron hacer mudar de

parecer.

En este medio tuvieron aviso, que el Infante Don Sancho de Aragon habia

llegado con diez galeras del Rey de Sicilia á Metellin é iria al

archipiélago, y de las mas vecinas á Galípoli. Berenguer de Entenza y

los demás Capitanes enviaron luego á suplicarle viniese á Galípoli, á

tomarles los homenages y juramento de fidelidad por el Rey de Sicilia.

Encarecieron su peligro y el descrédito del nombre de Aragon si no los

socorria; subditos que le habian hecho tan ilustre y tan grande. Don

Sancho mostró luego con su presta resolucion el deseo de su bien y

conservacion. Partió de Medellín con sus diez galeras y vino á Galípoli,

donde fué recibido con universal aplauso, creyendo que les ayudaria para

tomar entera satisfacion de sus agravios, sirviéndole con parte de los

pocos bastimentos y dinero que tenian, y sin precisa obligacion de

obedecerle, todos le reconocieron por cabeza.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 58 / 112 题