Matan á Roger con gran crueldad los Alanos, estando comiendo con los
Emperadores Miguel y María, y á todos los que fueron en su compañía.
Con el buen acogimiento que Miguel hizo á Roger y á los suyos, creyeron
que las sopechas de María fueron sin fundamento, y vivían tan sin
cuidado ni recelo del daño que tan vecino tenian, que divivididos y sin
armas discurrian por la Ciudad como entre amigos y confederados. Estaban
dentro de ella los Alanos con George su General, cuyo hijo mataron en
Asia los Catalanes. Estaban tambien los turcoples, parte debajo del
gobierno del búlgaro Basila, la otra obedecia á Meleco. Los Romeos
estaban debajo del gran Primicerio Casiano, y del Duque y gran Príncipe
de Compañías llamado Etriarca. Todos estos tuvieron por sospechosa la
venida de Roger, y que solo venia á reconocer las fuerzas de Miguel, con
pretesto de darle la obediencia, y según ellas disponer sus consejos. El
que mas alteraba y movia los ánimos contra Roger y los Catalanes, era
George cabeza de los Alanos; que con deseo de tomar satisfaccion
intentaba todos los medios que podia; finalmente, ó fuese por solo su
motivo, ó con permision y órden del Emperador Miguel; el dia antes de
partida de Roger, estando comiendo con el Emperador Miguel y la
Emperatriz María, gozando de la honra que sus Príncipes le hacian,
entraron en la pieza donde se comia George Alano, Meleco Turcople con
muchos de los suyos Gregorio; el primero cerró con Roger, y después de
muchas heridas con ayuda de los suyos le cortó la cabeza, y quedó el
cuerpo despedazado entre las viandas y mesa del Príncipe, que se
presumia habia de ser prenda segurísima de amistad, y no lugar donde se
quitase la vida á un Capitan amigo, y de tantos y tan señalados
servicios, huésped suyo, pariente suyo y como tal, honrado en su casa,
en su mesa y en presencia de su mujer y suya. No se pudieron juntar, á
mi parecer, mayores circunstancias para acrecentar la infamia de este
caso, hecho por cierto indigno de lo que tiene nombre y obligaciones de
Príncipe, que las mas principales son las que mas se apartan de parecer
ingrato y cruel, aunque es verdad que los Príncipes raras veces se
reconocen por obligados, y cuando se tienen por tales, aborrecen la
persona de quien les tiene obligados, pero esto no llega á tanto que
perdiendo de todo punto el miedo á la fama, descubiertamente le acaben y
destruyan. Lo cierto es que comúnmente puede mas en un Príncipe un
pequeño disgusto para castigar, que grandes y señalados servicios para
perdonar, ó disimular algunas ofensas de poca, ó ninguna consideracion.
¿Pero qué maldad hay que no acometa un Príncipe injusto si se le antoja
que importa para su conservacion? Porque el juicio y castigo de Dios á
quien solo se sujetan y temen, le miran tan de lejos, que apenas le
descubren no acordándose por cuan flacos medios vienen á ser castigados,
pues la mano de un hombre resuelto suele quietar Reynos y vidas.
Este desastrado fin tuvo Roger de Flor de edad de 37 años, hombre de
gran valor, y de mayor fortuna, dichoso con sus enemigos, y desdichado
con sus amigos, porque los unos le hicieron señalado y famoso Capitan, y
los otros le quitaron la vida. Fué de semblante áspero, de corazon
ardiente, y diligentísimo en ejecutar lo que determinaba, magnífico,
liberal, y esto le hizo General, y cabeza de nuestra gente; pues con las
dadivas grangeó amigos que le pusieron en este puesto, que fué uno de
los mayores, fuera de ser Emperador, ó Rey, que hubo en aquellos
tiempos. Dejó á su mujer preñada, y después parió un hijo que Montaner
refiere que vivia en el tiempo que él comenzó su historia. Nicephoro
solo dice, que junto al palacio del Emperador Miguel le mataron, sin
decir por cuyo órden fué, ni quien lo hizo; pero Pachimerio concuerda
con Mantaner en lo mas esencial, porque refiere, que salido el César
fuera de la Cámara Imperial, después de haber comido con los
Emperadores, le envistieron los Alanos de George, y que Roger viéndose
acometido se retiro hácia donde estaba la Emperatriz Augusta, y cayó
muerto junto á ella, atravesado de una estocada por las espaldas, y que
cuando le llegó la nueva á Miguel, que estaba en otro cuarto de su
palacio, del suceso de Roger, y que todo estaba alborotado por las
muertes que los Alanos ejecutaban en los Catalanes descuidados, perdió
casi el sentido, y preguntó si la Emperatriz habia recibido algun daño y
si estaba segura; pero luego supo la ocasion de la muerte de Roger, y
mandó que George viniese á su presencia, y le preguntó la ocasion que
habia tenido para hacer la muerte de Roger, y que le respondió. Que
porque el Imperio tuviese un enemigo menos. Así disculpa Pachimerio esta
maldad; pero ya que Miguel expresamente no fué Autor de esta muerte,
pero por lo menos la consintió, y dejó de castigarla, con que se hizo
participante del delito.
No se satisfacieron los Alanos con solo la muerte de Roger, porque al
mismo tiempo acometieron todos los Catalanes y Aragoneses que estaban en
su compañía, y con atroces muertes los despedazaron, y dice Pachimerio,
que Miguel mandó á su tio Teodoro que detuviese á los Alanos y á las
demas naciones, que encarnizadas con nuestras sangres salieron de
Andrinopoli á degollar todos los que topasen de nuestra nacion, que
habia muchos alojados por aquellas aldeas, y que esto lo hizo Miguel
porque temió que los suyos no fuesen vencidos, y que su ímpetu no les
perdiese. Con esto me parece que claramente se descubre el ánimo de
Miguel, que fué sin duda de acabarles á todos. Toda la gente de acaballo
que estaba junta acometieron á todos los Catalanes y Aragoneses dentro
de la ciudad, y fuera de ella; pero algunos heridos y maltratados
tomaron las armas, y perdieron la vida que les quedaba con igual daño
del enemigo. Escaparon solo tres caballeros de esta lastimosa tragedia,
puesto que Nicephoro dice, que escapó la mayor parte. El uno se llamaba
Ramon Álquer, hijo de Gilabert Álquer natural de Castellon de Ampurias,
los otros dos eran Guillén de Tous, y Berenguer de Roudor de Llobregat,
los demás aunque no murieron luego, fueron entonces puestos en hierros,
y después con mayor crueldad quemados, como después se referirá por
relacion de Pachimerio. Estos tres caballeros defendiéndose
valerosisamente ganaron una Iglesia, y apretándoles mucho en ella, se
hubieron de retirar á una torre de ella, peleando con tanta
desesperacion desde lo alto que no fué posible, por masque se procuró,
matarles ni rendirles. Miguel después de haber ejecutado su crueldad,
quiso ganar fama de piadoso y clemente, y así mandó que nadie les
ofendiese, y dióles salvo conducto para volver á Galípoli. Nicephoro
difiere algo de Montaner en este hecho, porque dice, que Roger fué con
solos doscientos caballos á Andrinopoli, y no para solo verse con
Miguel, y darle cuenta de lo que se habia determinado en materia de la
guerra, como Montaner escribe, sino para pedirle dinero, y cuando lo
rehusase hacérselo dar por fuerza. Estas son palabras de Nicephoro, y á
lo que yo puedo entender dichas con poco acuerdo de lo que antes habia
referido, que Miguel estaba en Andrinopoli con un poderoso ejército, y
no parece que un Capitan tan prudente como Roger, á quien los mismos
Griegos llaman, siempre que se ofrece ocasion, hombre de gran prudencia,
hiciese tan gran desatino, como lo fuera ir con solos trescientos de á
caballo á amenazar un Emperador, que se hallaba dentro de una Ciudad
grande, y con un ejército poderoso.