Partese Roger á verse con Miguel Paleólogo, contradicelo María su mujer,
y los demás Capitanes.
En este tiempo que los Catalanes andaban llenos de tantos temores y
esperanzas, ya Andronico y Miguel trazaban de que manera podian hacer un
castigo señalado en ellos, y castigar con sumo rigor su atrevimiento;
que aunque esto claramente no lo dicen los Historiadores Griegos, el
efecto lo publicó, y descubrió su alevosia. La desdichada suerte de
Roger abrió el camino para que esto se ejecutase, con gran seguridad de
los Griegos, y notable pérdida nuestra. Llegóse el tiempo de la partida
de Grecia para proseguir la guerra, y Roger determinó de ir á verse con
Miguel Paleólogo para darle razon de lo que se habia tratado con su
padre en materia de la guerra, y pedirle dinero, como Nicephoro dice.
Pero María mujer de Roger, y su madre y hermanos, que como ladrones de
casa conocían bien la condicion de los suyos, sentian muy mal de esta
ida, y María, como á quien más le importaba, advirtió á su marido en
secreto que no se fuese, ni se pusiese voluntariamente en las manos de
Miguel, y que no ofreciese la ocasion á quien con tanto cuidado la
buscaba; que advirtiese cuán huérfana quedaba ella, cuán desamparados
los suyos si faltase su gobierno; que no fiase tanto de su ánimo; que no
diese crédito á sus palabras, nacidas no solo de su cuidado pero de
ciertas y seguras señales que tenia de que Miguel Paleólogo procuraba su
ruina. Todas estas razones acompañadas con lágrimas y ruegos dijo María
á su marido Reger, porque como Griega, y persona tan íntima de la casa
del Príncipe, aunque se recelaba de ella porque no descubriese sus
trazas, como todo este recto llegaban á su noticia muchas, que como
mujer cuerda y cuidadosa de la vida del marido pudo advertir, y
descubrir algo de lo que se maquinaba contra él. Hizo poco caso Roger de
sus consejos, y ella cuanto menos recelo descubria en el marido, tanto
más crecia su cuidado, y procuraba intentar algunos medios para
persuadirle; y el que debiera ser más eficaz, fué llamar á los capitanes
más principales del ejército, y descubrióles sus justas sospechas, para
que pidiesen á Roger que suspendiese su ida de Andrinopoli para visitar
á Miguel Paleólogo. Al fin todos los Capitanes juntos á instancia de
María, cuyas sospechas no les parecian vanas, fueron á Roger, y le
pidieron que dejase, ó si quiera, difiriese la jornada hasta estar más
asegurado y satisfecho del animo de Miguel. Respondióles resueltamente
que por ningun temor que le pusiesen delante dejaria de hacer su viage,
y cumplir con obligacion tan forzosa como visitar á Miguel, y quien
debia el mismo respecto que al Emperador su padre; que si antes de
partir de Grecia para la jornada de Asia no se le daba razon de todos
sus consejos y determinaciones, era darle ocasion desavenirse con ellos,
cosa de grande incoveniente para la conservacion de todos ellos, que los
recelos de María su mujer nacian del amor y temor de perderle, y que
pues eran sin otro fundamento no era justo que le detuviese.
Llamado Roger de su fatal destino, ni advirtió su peligro, ni advertido
lo temió. Muchas veces por mas avisos que un hombre tenga no puede
escapar de la muerte y fines desastrados; aunque Dios nos advierte con
señales manifiestos y claros, puede tener una loca confianza que nos
quita el discurso para que no veamos los peligros donde está determinado
nuestro fin y castigo. En este caso de Roger, ni su buen discurso, ni el
conocimiento grande de la naturaleza de los Griegos, ni los avisos de su
mujer, ni los ruegos de los suyos, pudieron detenerle para que
voluntariamente no se entregáse á la muerte. Resuelto ya de partirse,
María su mujer con todos los de su casa no quiso quedarse en Galípoli,
porque como tenía por cierta nuestra perdicion, no le pareció
aventurarse, pues la obligacion de asistir en Gailipoli faltaba con
ausentarse su marido. Mandó Roger que Fernando Aones con cuatro galeras
la llevase á Constantinopla, y él con trescientos caballos, y mil
infantes, dejando en su lugar á Berenguer de Entenza. Caminó la vuelta
de Andrinopoli; dicha por otro nombre Orestiade, Ciudad principal de
Thracia, y Corte de muchos Emperadores y Reyes, y que entónces lo era de
Miguel, Zurita quiera que Andrinopoli y Orestiade sean lugares diversos,
porque no llegó á su noticia que esta Ciudad tenia entrambos nombres,
Nicephoro la llamó Orestiade con el nombre mas antiguo, y Montaner
Andrinopoli, que fué el mas moderno; y el que entónces le daban los
Griegos, y el que hoy conserva con poca diferencia.
Supo el Emperador Miguel á 22, de Abril como el César Roger venia,
porque Azan su cuñado se lo hizo saber. Alteróse extrañamente Miguel de
esta venida, y con un caballero de su casa le envió á preguntar, una
jornada antes que llegase, si el Emperador su padre se lo habia mandado
ó el movido de su sola voluntad. Respndió el César con palabras llenas
de humildad que solo iba para darle obediencia, y mostrar la servitud
que le debia, y juntamente para conferir con él el viaje que habia de
hacer al Oriente. Con esta respuesta se sosegó Miguel, y mostró que
gustaba de su venida. Envió luegó á recibirle con la benignidad y
cortesía que convenia. Era Miércoles de la segunda semana de la Pascua
que llaman de Santo Thomás. Vióse aquella misma noche con el Emperador,
de quien fué recibido y acariciado con grandes demostraciones de amor.