La gente de guerra con mayor furia que antes se alborota, porque tiene
alguna desconfianza de Roger.
El Emperador Andronico para cumplimiento del juramento hecho, envió á
Teodoro Chuno que llevase á Roger los conciertos firmados y sellados con
sellos de oro, y treinta mil escudos, y las insignias de César, y que el
trigo estaba ya recogido para entregarle á quien Roger ordenase.
Caminaba la vuelta de Ripi Teodoro, y como cuerdo y practico junto á
Ripi se detuvo, porque supo que las cosas de Galípoli, y de los
catalanes se iban empeorando. Resolvió de no pasar adelante hasta saber
de cierto el estado de las cosas, á más de que temia á Roger por estar
ofendido de un hermano suyo que estaba en Cancilio, de donde muchas
veces habia salido con gente armada en su daño. Así parece que por
cierta providencia envió á Canavurio que fuese antes á la hermana del
Emperador, para que primero á ella le diese aviso de lo que pasaba, y
juntamente volviese á sagnificarle la disposicion y estado del nuevo
motin, porque su persona y el dinero no lo queria aventurar sin más
seguridad de la que tenía. Pasó adelante, caminando siempre muy
despacio, para dar tiempo á Canavurio que se pudiese informar, y
volverle á encontrar antes del peligro. Junto á Brachialio tuvo nuevas
llenas de sospechas, porque tuvo aviso que Roger no recibiera las
insignias de César por no hacerse más sospechoso á los suyos, de quien
ya comenzaban á tener alguna desconfianza, por verle rico y honrado, y
ellos defraudado de su sueldo. Temió Teodoro, y resolvió de asegurarse,
retirándose al fuerte de Ripi donde estuvo algunos dias. Como vió que no
se sosegaba la gente, temió que si los Catalanes entendieran que él
estaba en Ripi con treinta mil escudos, no le acometiesen para quitarle
el dinero; y así una noche con gran secreto con todos los recaudos que
traía se fué á Constantinopla, y dió razon al Emperador de lo que le
habia detenido, y forzado á volver atrás sin ejecutar su órden. Roger
juzgó que convenia para su reputacion, y seguridad satisfacer al
ejército de las sospechas viles de su fé, y así ordenó á las principales
cabezas del ejército que se viniesen á Galípoli, dejando aseguradas las
plazas que tenian á su cargo, Juntos todos les dijo, que los trabajos y
peligros que habian padecido por el aumentó y bien de la nacion Catalana
y Aragonesa, no merecían tan mala correspondencia como tener duda de su
fidelidad: que él habia probado su intencion en la guerra de Sicilia,
sirvieron al Rey, y gobernando siempre gente Catalana, y con ser
aquellos tiempos tan sospechosos, nadie se atrevió á ofenderle: que en
las guerras del Asia habia acudido á la obligacion que fué llamado, y
que el Emperador aunque le habia hecho muchas honras, no las tenía él
por iguales á sus servicios, y cuando lo fueran, que él no era hombre
que por correponder á ellas olvidaría las obligaciones que tenía en
primer lugar: que el Emperador le queria hacer César, y que él no queria
más recibir honras sin que á ellos se les diese entera satisfacion, y
que por solo venirles á socorrer y animar habia salido de
Constantinopla, y dejado al Emperador que le queria detener y
acrecentar; que él estaba resuelto de correr la fortuna que ellos, y que
si el Emperador con su ejército les acometiere, procuraría por el
juramento hecho ceder si pudiese á su rigor, pero que cuando conviniese,
forzosamente habian de venir á las armas, y las suyas siempre se habian
de emplear en la defensa comun contra los Griegos. Con esta plática
Roger aseguró su crédito, y los Catalanes satisfechos de sus sospechas,
y así con el reconocimiento que siempre, le dieron disculpa de los
recelos mal fundados de algunos.
En este mismo tiempo sucedió para mayor descrédito de nuestras armas,
que los Turcos acometieron la Isla del Jio, que estaba á cargo de Roger
y los suyos, y casi toda ella la tomaron, sino fueron algunos que se
pudieron retirar á la fortaleza en cuarenta barcos que pudieron juntar,
y estos tambien se perdieron lastimosamente rotos y deshechos de una
furiosa tormenta junto á la Isla de Sciro. Con esta pérdida los ánimos
de los unos y de los otros se fueron irritando. Los Griegos porque les
pareció que los Catalanes, ya que les molestaban tanto con las
ordinarias contribuciones, no fuesen bastantes para defenderles del
rigor y sujecion de los infieles; los Catalanes tambien atribuyeron esta
perdida á la dilacion de Andronico, en no cumplirles lo que tantas veces
se les habia ofrecido, y que si se les pagara con tiempo, pudieran ellos
acudir á su obligacion, y defender lo que estaba á su cargo; la falta de
dinero les obligó á que con mayor desorden le fuesen á buscar por todos
los lugares de Thracia.