Págase la gente de guerra por órden de Andronico con moneda corta, de
donde nacieron nuevos alborotos.
Forzado Andronico, de la necesidad, con astucia y fraude Griega, mandó
librar la moneda de plata que se dió á los Embajadores para hacer el
pagamento, muy menoscabada, y falta en más del tercio de su antiguo
valor, y quiso que la recibiesen los soldados como si fuera muy entera.
Los capitanes poco advertidos del engaño, fácilmente se dejaron
persuadir, y solicitados de los soldados que casi amotinados pedian sus
pagas, tomaron el dinero, y le trajeron á Galípoli, donde se tomó
muestra, y repartió con quejas y sentimientos; pero al fin con solo el
nombre de que los pagaban, aunque conocieron la falta, se sosegaron.
Diferentemente lo hicieron los Genoveses poco después, que concertados
con el Emperador por cierta cantidad de dinero den envidiar su armada
contra los Catalanes, pagándoles con esta misma moneda se la volvieron á
enviar, y deshicieron la armada. Cuando los Aragoneses y Catalanes
contentos con el dinero de las pagas quisieron pagar los huéspedes
Griegos, y darles entera satisfacion, reusaron recibir la moneda al
precio que se les daba, y como la comida y sustento necesario no sufre
dilaciones, forzaban á los Griegos á que se las diesen, y recibiesen la
moneda. Con esto se fueron alterando los Griegos, y los Catalanes á
buscar la comida con las armas, con que todos los pueblos de aquella
comarca quedaban desiertos. Andronico con infinitas quejas de los
desórdenes y demasías de los soldados, se inclinó á seguir el parecer de
su hijo, y poner remedio eficaz y violento á tantos daños. Pudiéranse
atajar, si la diversidad de cabezas que habia en nuestro ejército,
tuvieran entera autoridad con los súbditos, y ellos estuvieran unidos;
porque siempre, que un Príncipe usa de trazas tan indignas de su
obligacion, como fué dar á los Catalanes moneda tan falta por su antiguo
precio, y no mandar con universal edicto que la recibiesen todos los
súbditos de su Imperio al mismo precio, es dar ocasion cierta de venir á
rompimiento el pueblo y la milicia. Tiénese por cierto que este medio
fué trazado por entre ambos Emperadores Andronico y Miguel, para que los
Catalanes maltratasen á los Griegos, y ellos ofendidos tomasen las armas
para su venganza, con que les pareció que los Catalanes quedarian
perdidos, y ellos libres de su obligacion. Salió bien la traza, porque
los nuestros faltos de dinero, se entraban por las aldeas y pueblos
grandes, y se hacian contribuir, y en hallando resistencia, con la
acostumbrada licencia militar maltrataban de manos y de lengua á quien
se les oponia. Nicephoro Autor Griego, como de la parte ofendida, cuenta
largamente los excesos de aquella milicia, y muchos más Jorge
Pachimerio, que dando lugar á su pasion, muerte con mayor malignidad;
Pero Montaner niega que los Catalanes se mostrasen implacables y crueles
con los Griegos; antes dice que les ayudaban y socorrian, porque con la
furia de los Turcos, los fieles de las Provincias de la Asia, huyendo de
tan cruel servidumbre, se recogian á Constantinopla, y perecian en los
muladares de hambre y de miseria, sin que á los Griegos les moviese á
lástima la desdicha de los que tenian por compañeros y amigos; y que los
Catalanes con mucha liberalidad y largueza socorrian á muchos que
padecían en este comun trabajo. El crédito que se debe dar á estos
Historiadores el que leyese esta relacion puede facilmente ser juez,
precediendo primero la noticia de sus caridades. Nicephoro y Pacimerio
Griegos, y en muchas partes poco cuidadosos de escribir la verdad,
ofendidos por comunes y particulares agravios de los nuestros, lejos de
las ocasiones, Montaner español, testigo de vista de todos estos
sucesos, y que la llaneza de su estilo, y del tiempo que escribió,
parece que aseguran la verdad de los acontecimientos que refiere.
El emperador Andronico temiendo que Roger descubiertamente no tomase las
armas contra él, y siguiese la voluntad de los Catalanes, ofendidos del
engaño que hubo en las monedad de sus pagas, quiso que el Príncipe
Maruli general de los Romeos que militaban con Roger en el Oriente,
fuese de su parte á traerle á Constantinopla, y le asegurase de su
voluntad, que siempre habia sido de hacerle merced, y engrandecerle, y
juntamente le ordenó que dijese á su hermana Irene que se viniese con
él, por parecerle que tendría autoridad con el hierno para persuadirle
lo que importase. Llegó con esta embajada Maruli á Galípoli, y Roger
claramente le respondió que no pensaba salir de Galípoli sin hacerse más
sospechoso á los suyos con asistir en Constantinopla. Irene tambien se
escusó por la falte de salud, que no le daba lugar de ponerse en camino.
Con esto Maruli volvió á Constantinopla, y desengañó al emperador, que
si no pagaba el ejército por entero no habia de tratar de conciertos.
Con todo este desengaño porfió segunda vez por medio de su hermana, á
persuadirle que pasase al Oriente con algun socorro que le enviaria,
porque Philadelphia estaba en mayor aprieto que el año antes, y que la
necesidad que padecían no perdonaba aún á los muertos. Bien quisiera
Roger obedecer al Emperador, pero los soldados estaban más irritados que
nunca, y si Roger entónces mostrára gusto de dársele al Emperador
peligrára su autoridad y vida.
En este tiempo Berenguer de Entenza, viendo que todo estaba lleno de
sospechas y miedos, y que los Griegos le miraban como Catalan, y los
Catalanes entraban en desconfianza de su fé, porque estaba cabe el
Emperador en lugar tan supremo, y que aquello no podia ser sino estando
de su parte, aprobando lo mal que el Emperador lo hacia con ellos;
finalmente estando ya las cosas de los Catalanes, y Andronico, en
términos que no se podia estar neutral, ni ser medianero entre estas
diferencia sin gran riesgo de perderlos á todos, Berenguer se resolvió
de acudir á su primera obligacion, y preferir á su particular
acrecentamiento el público honor y estimacion de la nacion, que estaba
cerca de perderse. Pidió licencia á Andronico para volverse á Galípoli,
y aunque el Emperador con ruegos y dádivas le procuró detener, no dejó
de embarcarse en dos galeras que tenia al puerto de Blanquernas por la
puerta del Emperador, y dice Pachimerio, que se embarcó con el semblante
triste, y que mostraba el combate de pensamientos que llevaba. De la
galera volvió á enviar al Emperador treinta vasos de oro y plata que le
habia dado, y añade el mismo autor, que las insignias de la dignidad de
Megaduque las arrojó en el mar, mostrando que desde entonces renunciaba
la amistad del Imperio. Esta accion que en los Griegos se condena por
muy infame y vil, fué la más digna de alabanza que este gran caballero
hizo en el Oriente, porque ni las honras ni los cargos no le pudieron
apartar de lo justo; ejemplo grande para los que quieren introducirse
con daño del bien público, y reputacion de la patria, como á muchos
acontece, que olvidados de lo que deben á su sangre y á su naturaleza,
la dejan maltratar por pequeños intereses, que las más veces de las
veces de ellos no les queda sino solo la infamia por premio de su
ruindad.
Estando ya para partirse Berenguer, el Emperador le envió á llamar
muchas veces, sin que pudiese creer que Berenguer le dejaria.
Ofreciéronle al Emperador ciertos hombres de Malvasia de acometer las
dos galeras de Berenguer, y vengar la poca estimacion que hacia de su
amistad, y juntamente cobrar ellos una galera, que tenian á partido en
servicio de Berenguer, pero el Emperador no permitió que se ejecutase,
porque pensó reducirle. Aquella noche Berenguer se hizo á la vela, y se
vino á Galípoli, donde halló todas las cosas llenas de mil sospechas y
recelos.