CAPITULO XXII.

Págase la gente de guerra por órden de Andronico con moneda corta, de

donde nacieron nuevos alborotos.

Forzado Andronico, de la necesidad, con astucia y fraude Griega, mandó

librar la moneda de plata que se dió á los Embajadores para hacer el

pagamento, muy menoscabada, y falta en más del tercio de su antiguo

valor, y quiso que la recibiesen los soldados como si fuera muy entera.

Los capitanes poco advertidos del engaño, fácilmente se dejaron

persuadir, y solicitados de los soldados que casi amotinados pedian sus

pagas, tomaron el dinero, y le trajeron á Galípoli, donde se tomó

muestra, y repartió con quejas y sentimientos; pero al fin con solo el

nombre de que los pagaban, aunque conocieron la falta, se sosegaron.

Diferentemente lo hicieron los Genoveses poco después, que concertados

con el Emperador por cierta cantidad de dinero den envidiar su armada

contra los Catalanes, pagándoles con esta misma moneda se la volvieron á

enviar, y deshicieron la armada. Cuando los Aragoneses y Catalanes

contentos con el dinero de las pagas quisieron pagar los huéspedes

Griegos, y darles entera satisfacion, reusaron recibir la moneda al

precio que se les daba, y como la comida y sustento necesario no sufre

dilaciones, forzaban á los Griegos á que se las diesen, y recibiesen la

moneda. Con esto se fueron alterando los Griegos, y los Catalanes á

buscar la comida con las armas, con que todos los pueblos de aquella

comarca quedaban desiertos. Andronico con infinitas quejas de los

desórdenes y demasías de los soldados, se inclinó á seguir el parecer de

su hijo, y poner remedio eficaz y violento á tantos daños. Pudiéranse

atajar, si la diversidad de cabezas que habia en nuestro ejército,

tuvieran entera autoridad con los súbditos, y ellos estuvieran unidos;

porque siempre, que un Príncipe usa de trazas tan indignas de su

obligacion, como fué dar á los Catalanes moneda tan falta por su antiguo

precio, y no mandar con universal edicto que la recibiesen todos los

súbditos de su Imperio al mismo precio, es dar ocasion cierta de venir á

rompimiento el pueblo y la milicia. Tiénese por cierto que este medio

fué trazado por entre ambos Emperadores Andronico y Miguel, para que los

Catalanes maltratasen á los Griegos, y ellos ofendidos tomasen las armas

para su venganza, con que les pareció que los Catalanes quedarian

perdidos, y ellos libres de su obligacion. Salió bien la traza, porque

los nuestros faltos de dinero, se entraban por las aldeas y pueblos

grandes, y se hacian contribuir, y en hallando resistencia, con la

acostumbrada licencia militar maltrataban de manos y de lengua á quien

se les oponia. Nicephoro Autor Griego, como de la parte ofendida, cuenta

largamente los excesos de aquella milicia, y muchos más Jorge

Pachimerio, que dando lugar á su pasion, muerte con mayor malignidad;

Pero Montaner niega que los Catalanes se mostrasen implacables y crueles

con los Griegos; antes dice que les ayudaban y socorrian, porque con la

furia de los Turcos, los fieles de las Provincias de la Asia, huyendo de

tan cruel servidumbre, se recogian á Constantinopla, y perecian en los

muladares de hambre y de miseria, sin que á los Griegos les moviese á

lástima la desdicha de los que tenian por compañeros y amigos; y que los

Catalanes con mucha liberalidad y largueza socorrian á muchos que

padecían en este comun trabajo. El crédito que se debe dar á estos

Historiadores el que leyese esta relacion puede facilmente ser juez,

precediendo primero la noticia de sus caridades. Nicephoro y Pacimerio

Griegos, y en muchas partes poco cuidadosos de escribir la verdad,

ofendidos por comunes y particulares agravios de los nuestros, lejos de

las ocasiones, Montaner español, testigo de vista de todos estos

sucesos, y que la llaneza de su estilo, y del tiempo que escribió,

parece que aseguran la verdad de los acontecimientos que refiere.

El emperador Andronico temiendo que Roger descubiertamente no tomase las

armas contra él, y siguiese la voluntad de los Catalanes, ofendidos del

engaño que hubo en las monedad de sus pagas, quiso que el Príncipe

Maruli general de los Romeos que militaban con Roger en el Oriente,

fuese de su parte á traerle á Constantinopla, y le asegurase de su

voluntad, que siempre habia sido de hacerle merced, y engrandecerle, y

juntamente le ordenó que dijese á su hermana Irene que se viniese con

él, por parecerle que tendría autoridad con el hierno para persuadirle

lo que importase. Llegó con esta embajada Maruli á Galípoli, y Roger

claramente le respondió que no pensaba salir de Galípoli sin hacerse más

sospechoso á los suyos con asistir en Constantinopla. Irene tambien se

escusó por la falte de salud, que no le daba lugar de ponerse en camino.

Con esto Maruli volvió á Constantinopla, y desengañó al emperador, que

si no pagaba el ejército por entero no habia de tratar de conciertos.

Con todo este desengaño porfió segunda vez por medio de su hermana, á

persuadirle que pasase al Oriente con algun socorro que le enviaria,

porque Philadelphia estaba en mayor aprieto que el año antes, y que la

necesidad que padecían no perdonaba aún á los muertos. Bien quisiera

Roger obedecer al Emperador, pero los soldados estaban más irritados que

nunca, y si Roger entónces mostrára gusto de dársele al Emperador

peligrára su autoridad y vida.

En este tiempo Berenguer de Entenza, viendo que todo estaba lleno de

sospechas y miedos, y que los Griegos le miraban como Catalan, y los

Catalanes entraban en desconfianza de su fé, porque estaba cabe el

Emperador en lugar tan supremo, y que aquello no podia ser sino estando

de su parte, aprobando lo mal que el Emperador lo hacia con ellos;

finalmente estando ya las cosas de los Catalanes, y Andronico, en

términos que no se podia estar neutral, ni ser medianero entre estas

diferencia sin gran riesgo de perderlos á todos, Berenguer se resolvió

de acudir á su primera obligacion, y preferir á su particular

acrecentamiento el público honor y estimacion de la nacion, que estaba

cerca de perderse. Pidió licencia á Andronico para volverse á Galípoli,

y aunque el Emperador con ruegos y dádivas le procuró detener, no dejó

de embarcarse en dos galeras que tenia al puerto de Blanquernas por la

puerta del Emperador, y dice Pachimerio, que se embarcó con el semblante

triste, y que mostraba el combate de pensamientos que llevaba. De la

galera volvió á enviar al Emperador treinta vasos de oro y plata que le

habia dado, y añade el mismo autor, que las insignias de la dignidad de

Megaduque las arrojó en el mar, mostrando que desde entonces renunciaba

la amistad del Imperio. Esta accion que en los Griegos se condena por

muy infame y vil, fué la más digna de alabanza que este gran caballero

hizo en el Oriente, porque ni las honras ni los cargos no le pudieron

apartar de lo justo; ejemplo grande para los que quieren introducirse

con daño del bien público, y reputacion de la patria, como á muchos

acontece, que olvidados de lo que deben á su sangre y á su naturaleza,

la dejan maltratar por pequeños intereses, que las más veces de las

veces de ellos no les queda sino solo la infamia por premio de su

ruindad.

Estando ya para partirse Berenguer, el Emperador le envió á llamar

muchas veces, sin que pudiese creer que Berenguer le dejaria.

Ofreciéronle al Emperador ciertos hombres de Malvasia de acometer las

dos galeras de Berenguer, y vengar la poca estimacion que hacia de su

amistad, y juntamente cobrar ellos una galera, que tenian á partido en

servicio de Berenguer, pero el Emperador no permitió que se ejecutase,

porque pensó reducirle. Aquella noche Berenguer se hizo á la vela, y se

vino á Galípoli, donde halló todas las cosas llenas de mil sospechas y

recelos.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 50 / 112 题