CAPITULO XXI.

Los Genoveses persuaden al Emperador la guerra contra los Catalanes, y

Miguel Paleóloga hace lo mismo, y alborotase en Galípoli la gente de

guerra.

Los Genoveses de Pera, que poco antes fortificaron y engrandecieron con

fosos y murallas, fueron los primeros que hicieron sospechosas nuestras

armas, y pusieron duda en nuestra fidelidad, diciendo al Emperador

Andronico, que tenian nuevas de Poniente, que se preparaba una grande y

poderosa armada para acometer las Provincias del Imperio á la primavera,

y que esto lo tenian por cierto por manifiestas conjeturas; y que los

Catalanes que antes estaban en su servicio, y los que después con

Berenguer de Entenza vinieron, estaban unidos para su daño, y no para su

defensa, porque se correspondian secretamente con los de Sicilia; y que

el hermano bastardo de Don Fadrique Rey de Sicilia se entendia que venia

con doce navíos para juntarse con ellos, y que para entonces aguardaban

el declararse, y poner en ejecucion sus intentos. Estos fueron los

embustes con que los Genoveses quisieron destruir los Catalanes, y ellos

introducirse, y hacerse muy confidentes, y celosos del bien comun del

Imperio. Aconsejaron á Andronico, segun dice Pachimerio, que acometiese

desde luego á los Catalanes con guerra descubierta; que ellos tenian

cincuenta navíos en órden, y que con otros tantos que se armasen por el

Emperador, ó se les diese dinero á ellos, aunque fuese en largos plazos,

los pondrían ellos en la mar; y que á esto solo les movia ver á los

Griegos maltratados, la tierra que ya tenian por patria maltratada y

destruida de los que vinieron para defenderla. No dió el emperador por

entonces crédito á los Genoveses, creyendo que eran quimeras fingidas de

su maldad y envidia, nacida desde que pusieron los Catalanes el pié en

Grecia. La fé y juramento prestado de los Catalanes tambien lo

aseguraba; pero respondióles que agradecia su cuidado, y lo que se

dolian de los trabajos de los Griegos. Mandóles que callasen, y que él

consultaria lo que se debia hacer, y que consultado lo ejecutaria.

En este mismo tiempo la honra y merced que Andronico hizo á Berenguer,

irritó el ánimo de Miguel Paleólogo para nuestra ruina, y persuadido de

los Griegos comenzó luego á tratar de ella, intentando para esto todos

los medios más eficaces que pudo, atropellando leyes divinas y humanas.

Estaban los Griegos tan envidiosos y soberbios, que con rabia y furor

increíble, aunque con algun secreto, andaban maquinando traiciones y

alevosias; con lengua y manos solicitaban á Miguel ya mal afecto contra

nosotros, encareciendo la gran reputacion de las armas de los Catalanes,

y que ocupaban los supremos cargos de su Imperio, en grande mengua de su

Magestad, y deshonor suyo. Creyeron siempre los Griegos que nuestros

Catalanes fueran como los Alanos y Turcoples, que no se les levantaban

los pensamientos á más que vivir con una triste y miserable paga; pero

cuando vieron provehidos en ellos los oficios de César, Megaduque,

Senescal y Almirante, y que tenian brios para aspirar á los que

quedaban, advirtieron su daño, y comenzaron á sentirse de que las

fuerzas y honras del Imperio se pusiesen en manos de extranjeros. Al

tiempo que entre los Griegos corrian estas pláticas y sentimientos, los

soldados de los presidios por parecerles que la paga se dilataba,

maltrataron á los Griegos de los pueblos donde estaban alojados: mal

forzoso de la guerra, y que difícilmente el rigor militar de los más

insignes Capitanes lo ha podido atajar. Miguel Paleólogo atento á todas

las ocasiones de calumniar toda nuestra nacion, se valió de esta, para

persuadir á su padre, diciendo: que si no se atajaba luego la insolencia

de los Catalanes, sería la total perdicion del Imperio, y de su casa,

porque no contentos con la paga y sueldos tan excesivos, y con los

despojos riquísimos del Asia, oprimian los pueblos amigos para

satisfacer su codicia; que no por haber vencido á los Turcos quedaba el

Imperio libre de servidumbre, si se esperaba más insufrible, y cruel de

los Catalanes, en cuya mano estaba puesta la libertad comun: que en vano

la habia recuperado su abuelo Miguel Paleólogo, hechando á los Latinos

del Imperio, si segunda vez se les habia de entregar voluntariamente:

que esto estaba muy cerca de suceder si no se atajaba su insolencia: que

les quedaban aún sus fuerzas á los Griegos si sus trazas saliesen vanas

para que de cualquier manera se oprimiese á los Catalanes: que la

obligacion en que le habian puesto con librar sus Provincias de los

Turcos, ya su arrogancia y mala correspondencia lo habia borrado, y sus

victorias merecian nombre de agravios, no de servicios, pues en vez de

establecer sus armas en una segura paz el Imperio, hacian nueva guerra á

los pueblos amigos con intolerables contribuciones, y malos

tratamientos.

Andronico apretado de la persuasion del hijo, y de sus privados, que

continuamente con quejas y sentimientos lloraban la miseria de los

Griegos en tanto deshonor suyo, mostró luego contra los Catalanes el

efecto de su pláticas, respondiendo á Roger, y á Berenguer que le pedian

dinero para la guerra, que no les queria pagar hasta que hubiesen pasado

á la Asia, y diesen principio á la guerra; lenguaje nunca antes usado de

Andronico, que hasta entonces fué más largo en hacerles merced, y darles

dinero, que solícitos ellos en pedirle. La respuesta de Andronico llegó

á los oidos de los de Galípoli, y fué tan grande el alboroto y motin que

causó en todo el campo, que forzaron á los Capitanes á tomar las armas

para acometer los lugares del Imperio, y apoderarse de algunas fuerzas y

presidios. En tanto que Andronico dilataba el darles satisfacion,

mostraron gran sentimiento de sus dos Capitanes Roger y Berenguer, por

parecerles que con su peligro y sangre se querian engrandecer, y que por

no disgustar al Emperador de quien esperaban sus mayores

acrecentamientos, no le apretaban como debieran, para que se les diese á

ellos pagas tan bien merecidas. Estas sospechas llegaron á tanto, que

resolvieron de enviar Embajadores al Emperador, pidiendo que les

pagasen, y que continuarian su servicio con mucha fidelidad, castigando

los excesos de los que se atreviesen á ofender y maltratar los pueblos

amigos. Esta embajada tan cortés, dice Pachimerio que fué por el miedo

que tuvieron del ejército de Miguel Paleólogo, que se habia juntado para

reprimir su atrevimiento y osadía. Recibida del Emperador esta embajada,

luego le pareció imposible el satisfacer por las grandes pagas que le

pedian, pero por no llegar á rompimiento, y á una guerra declarada, les

remitió á Berenguer de Entenza, para que por su medio se quietasen con

darles parte del dinero que le pedian. Contentarónse por entónces con el

dinero que se les dió, y con él se fueron á Galípoli donde ya habia

llegado Roger con su mujer, suegra y cuñado, que quisieron acompañarle,

y tambien, á lo que yo sospecho, por tener Roger cerca de sí á Irene su

suegra y hermana del Emperador, como en rehenes, por si acaso contra él

se quisiese proceder como rebelde, cuando el alboroto y motin pasára más

adelante.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 49 / 112 题