Los Genoveses persuaden al Emperador la guerra contra los Catalanes, y
Miguel Paleóloga hace lo mismo, y alborotase en Galípoli la gente de
guerra.
Los Genoveses de Pera, que poco antes fortificaron y engrandecieron con
fosos y murallas, fueron los primeros que hicieron sospechosas nuestras
armas, y pusieron duda en nuestra fidelidad, diciendo al Emperador
Andronico, que tenian nuevas de Poniente, que se preparaba una grande y
poderosa armada para acometer las Provincias del Imperio á la primavera,
y que esto lo tenian por cierto por manifiestas conjeturas; y que los
Catalanes que antes estaban en su servicio, y los que después con
Berenguer de Entenza vinieron, estaban unidos para su daño, y no para su
defensa, porque se correspondian secretamente con los de Sicilia; y que
el hermano bastardo de Don Fadrique Rey de Sicilia se entendia que venia
con doce navíos para juntarse con ellos, y que para entonces aguardaban
el declararse, y poner en ejecucion sus intentos. Estos fueron los
embustes con que los Genoveses quisieron destruir los Catalanes, y ellos
introducirse, y hacerse muy confidentes, y celosos del bien comun del
Imperio. Aconsejaron á Andronico, segun dice Pachimerio, que acometiese
desde luego á los Catalanes con guerra descubierta; que ellos tenian
cincuenta navíos en órden, y que con otros tantos que se armasen por el
Emperador, ó se les diese dinero á ellos, aunque fuese en largos plazos,
los pondrían ellos en la mar; y que á esto solo les movia ver á los
Griegos maltratados, la tierra que ya tenian por patria maltratada y
destruida de los que vinieron para defenderla. No dió el emperador por
entonces crédito á los Genoveses, creyendo que eran quimeras fingidas de
su maldad y envidia, nacida desde que pusieron los Catalanes el pié en
Grecia. La fé y juramento prestado de los Catalanes tambien lo
aseguraba; pero respondióles que agradecia su cuidado, y lo que se
dolian de los trabajos de los Griegos. Mandóles que callasen, y que él
consultaria lo que se debia hacer, y que consultado lo ejecutaria.
En este mismo tiempo la honra y merced que Andronico hizo á Berenguer,
irritó el ánimo de Miguel Paleólogo para nuestra ruina, y persuadido de
los Griegos comenzó luego á tratar de ella, intentando para esto todos
los medios más eficaces que pudo, atropellando leyes divinas y humanas.
Estaban los Griegos tan envidiosos y soberbios, que con rabia y furor
increíble, aunque con algun secreto, andaban maquinando traiciones y
alevosias; con lengua y manos solicitaban á Miguel ya mal afecto contra
nosotros, encareciendo la gran reputacion de las armas de los Catalanes,
y que ocupaban los supremos cargos de su Imperio, en grande mengua de su
Magestad, y deshonor suyo. Creyeron siempre los Griegos que nuestros
Catalanes fueran como los Alanos y Turcoples, que no se les levantaban
los pensamientos á más que vivir con una triste y miserable paga; pero
cuando vieron provehidos en ellos los oficios de César, Megaduque,
Senescal y Almirante, y que tenian brios para aspirar á los que
quedaban, advirtieron su daño, y comenzaron á sentirse de que las
fuerzas y honras del Imperio se pusiesen en manos de extranjeros. Al
tiempo que entre los Griegos corrian estas pláticas y sentimientos, los
soldados de los presidios por parecerles que la paga se dilataba,
maltrataron á los Griegos de los pueblos donde estaban alojados: mal
forzoso de la guerra, y que difícilmente el rigor militar de los más
insignes Capitanes lo ha podido atajar. Miguel Paleólogo atento á todas
las ocasiones de calumniar toda nuestra nacion, se valió de esta, para
persuadir á su padre, diciendo: que si no se atajaba luego la insolencia
de los Catalanes, sería la total perdicion del Imperio, y de su casa,
porque no contentos con la paga y sueldos tan excesivos, y con los
despojos riquísimos del Asia, oprimian los pueblos amigos para
satisfacer su codicia; que no por haber vencido á los Turcos quedaba el
Imperio libre de servidumbre, si se esperaba más insufrible, y cruel de
los Catalanes, en cuya mano estaba puesta la libertad comun: que en vano
la habia recuperado su abuelo Miguel Paleólogo, hechando á los Latinos
del Imperio, si segunda vez se les habia de entregar voluntariamente:
que esto estaba muy cerca de suceder si no se atajaba su insolencia: que
les quedaban aún sus fuerzas á los Griegos si sus trazas saliesen vanas
para que de cualquier manera se oprimiese á los Catalanes: que la
obligacion en que le habian puesto con librar sus Provincias de los
Turcos, ya su arrogancia y mala correspondencia lo habia borrado, y sus
victorias merecian nombre de agravios, no de servicios, pues en vez de
establecer sus armas en una segura paz el Imperio, hacian nueva guerra á
los pueblos amigos con intolerables contribuciones, y malos
tratamientos.
Andronico apretado de la persuasion del hijo, y de sus privados, que
continuamente con quejas y sentimientos lloraban la miseria de los
Griegos en tanto deshonor suyo, mostró luego contra los Catalanes el
efecto de su pláticas, respondiendo á Roger, y á Berenguer que le pedian
dinero para la guerra, que no les queria pagar hasta que hubiesen pasado
á la Asia, y diesen principio á la guerra; lenguaje nunca antes usado de
Andronico, que hasta entonces fué más largo en hacerles merced, y darles
dinero, que solícitos ellos en pedirle. La respuesta de Andronico llegó
á los oidos de los de Galípoli, y fué tan grande el alboroto y motin que
causó en todo el campo, que forzaron á los Capitanes á tomar las armas
para acometer los lugares del Imperio, y apoderarse de algunas fuerzas y
presidios. En tanto que Andronico dilataba el darles satisfacion,
mostraron gran sentimiento de sus dos Capitanes Roger y Berenguer, por
parecerles que con su peligro y sangre se querian engrandecer, y que por
no disgustar al Emperador de quien esperaban sus mayores
acrecentamientos, no le apretaban como debieran, para que se les diese á
ellos pagas tan bien merecidas. Estas sospechas llegaron á tanto, que
resolvieron de enviar Embajadores al Emperador, pidiendo que les
pagasen, y que continuarian su servicio con mucha fidelidad, castigando
los excesos de los que se atreviesen á ofender y maltratar los pueblos
amigos. Esta embajada tan cortés, dice Pachimerio que fué por el miedo
que tuvieron del ejército de Miguel Paleólogo, que se habia juntado para
reprimir su atrevimiento y osadía. Recibida del Emperador esta embajada,
luego le pareció imposible el satisfacer por las grandes pagas que le
pedian, pero por no llegar á rompimiento, y á una guerra declarada, les
remitió á Berenguer de Entenza, para que por su medio se quietasen con
darles parte del dinero que le pedian. Contentarónse por entónces con el
dinero que se les dió, y con él se fueron á Galípoli donde ya habia
llegado Roger con su mujer, suegra y cuñado, que quisieron acompañarle,
y tambien, á lo que yo sospecho, por tener Roger cerca de sí á Irene su
suegra y hermana del Emperador, como en rehenes, por si acaso contra él
se quisiese proceder como rebelde, cuando el alboroto y motin pasára más
adelante.