Berenguer De Entenza con nuevo socorro llega á Constantinopla, donde se
le dió el cargo de Megaduque, y á Roger le ofrecieron el de César.
Roger quedó en la Ciudad algunos dias solicitando al Emperador su
despacho, y á los ministros de su hacienda que maliciosamente ocultaban
el dinero, y ponian dificultades y estorbos en los medios y arbitrios
que se daban para su cobranza: artes usadas siempre de los que manejan
hacienda de Príncipes. Aunque en esta detencion concurria el Emperador.
En este medio llegó á Galípoli Berenguer de Entenza, hombre conocido por
su sangre y valor, llamado con grande instancia del Emperador Andronico,
que aunque Berenguer tenía ya ofrecido que le vendría á servir, envió
segunda vez por él con embajada particular, ofreciendo hacerle muy
aventajadas mercedes. Partió de Mecina Berenguer solicitado de este
segundo llamamiento, y llegó á Grecia con algunas galeras, y cinco
bajeles armados, y en ellos mil Almugavares, y trescientos hombres de á
caballo, toda gente muy lucida. Detúvose en Galípoli diez dias, donde
fué recibido con notable gusto de toda la nacion, hasta saber lo que
Roger ordenaba, á quien envió dos caballos para que le diesen aviso de
su llegada. Holgóse mucho Roger de tener á Berenguer de Entenza en su
compañía, porque habia entre los dos estrechísima amistad, y grandes
obligaciones para conservarla. Escribióle que viniese luego á
Constantinopla, porque el Emperador querria honrar su persona como se
contenia en dos cartas del mismo Emperador, con sellos pendientes de
oro, que juntamente con la suya le enviaba. Con esto Berenguer de
Entenza se fué á Constantinopla, y luego acompañado no solamente de
Roger, y de todos los de nuestra nacion, pero tambien de muchos Griegos
principales, que en público profesaban nuestra amistad, entró en el
Palacio Imperial. Recibióle Andronico con semblante alegre, pero con
ocultos temores y sospechas, porque los Catalanes se aumentaban, no solo
en reputacion, pero con nuevos suplementos de gente. Y aunque Andronico
procuró con particular instancia, que Berenguer viniese á servirle, fué
antes que los Catalanes alcanzasen tantas victorias de los Turcos. Pero
después que por ellas creció su estimacion, tuvo por sospechosa compañía
tan poderosa dentro de su casa, y Pachimerio dice, que el Emperador no
le quiso recibir á su sueldo, porque venia con más compañías de gente
que él pedia.
Roger de Flor entre las muchas partes que le hicieron famoso, fué el ser
agradecido, y reconocer en público sus obligaciones á Berenguer de
Entenza, que en los tiempos que pobre y desvalido llegó á Sicilia, le
amparó y ayudó á levantar su fortuna. Pidió licencia al Emperador para
renunciar el oficio de Megaduque en Berenguer, dando por motivo su valor
y nobleza igual á la de los Reyes, y que caballero de tan alta sangre
era justo que tuviese el primer lugar en el ejército. Berenguer de
Entenza con igual correspondencia suplicó al Emperador, que el título de
César que le ofrecía fuese servido de darle, á Roger; persona de tantos
servicios, y por el casamiento de su nieta adoptado en la casa Real,
pocas veces usada, no solo en los tiempos presentes, pero ni en los
antiguos, donde la moderacion y templaza parece que tuvieron alguna
estimacion. Roger poderoso en riquezas, acreditado con victorias,
estimado por el nuevo parentesco, Berenguer por sangre y por valor
ilustre, parece que entre ambos pudieran tener razon de pretender el
supremo lugar, pero las mismas calidades que les debieran incitar á la
emulacion, fueron las que les moderaron, juzgando por muy aventajadas
las agenas, y por muy inferiores las propias.
El siguiente dia después de la llegada de Berenguer, asistiendo toda la
nobleza de la Corte, así extranjeros como naturales, Roger de Flor,
habida licencia de Andronico, se quitó el bonete, insignia de su
dignidad de Megaduque, y juntamente con el sello, baston y estandarte de
su oficio, le entregó á Berenguer; rehusólo, y sin duda no lo admitiera,
si el Emperador resueltamente no se lo mandara. Causó en los Griegos
gran admiracion la cortesía de Roger, y Andronico la celebró, y honró
con otra más señalada merced, ofreciendo á Roger título de César, uno de
los mayores de su Imperio; con que entre ambos quedaron obligados, y los
Griegos ofendido de ver que Andronico diese el título de César desusado
ya en aquel imperio por sospechoso á los Príncipes. En los tiempos
antiguos, cuando floreció el Imperio Romano, llamar á uno César, era
señalarle por su sucesor, como lo es entre los Emperadores occidentales
el Rey de Romanos, en Francia el Delphin, y en nuestra España el
Príncipe. Pero declinado ya el poder de los Romanos, después de dividido
el Imperio, los Emperadores Griegos daban solamente el título de César,
sin algun derecho de sucesion; pero siempre quedó estimado este oficio,
puesto que solo era sombra de lo que fué. Túvose después por el primero,
hasta que la dignidad de Sebastocrator fué preferida, cuando Alejos
Commeno dió su segundo lugar en el Imperio á Isacio. Esta tambien perdió
después su precedencia y autoridad, cuando el mismo Alejos, por quedar
sin hijo varon, casó su hija primogénita Irene, con Alejos Paleólogo,
dándole título de Déspota, que es lo mismo que llamarle á uno señor, y
fuera sin duda Emperador si no muriera antes que su suegro; de suerte
que la dignidad de César en aquel Imperio es la tercera, por ser la
primera la de Déspota, y la segunda la de Sebastocrator. Dice
Curopalates que estas tres dignidades no tienen particular ocupacion á
que acudir, y que al César le llaman señor; palabra tenida por soberbia,
y debida solo á Dios en los tiempos antiguos aún de los mismos
Emperadores, pues leemos de Augusto, de Tiberio, y de algunos otros que
jamás consintieron que les llamasen señores. Tratavanle de Magestad al
César, el bonete que llevaba era de oro y grana, y su remate casi como
el del Emperador, la capa de grana, las media y zapatos de color
celeste, y la silla como la del mismo emperador, pero sin águilas, iba
junto al Emperador en las públicas entradas y acompañamientos, y vivia
dentro de su Palacio. Todo este suceso que se ha referido es conforme se
saca de lo que Montaner en su historia, y Berenguer en sus relaciones no
dejó escrito. Pero George Pachimerio en el cap. II del libro 12 refiere
con alguna variedad este suceso; y así me ha parecido no confundirlo con
lo de arriba, ya que no los podia conciliar, para que el que lo leyere
pueda con claridad hacer juicio de lo que le pareciere más verdadero.
Determinado ya el Emperador de recibir á Berenguer de Entenza, le envió
á llamar muchas veces, que se decia estaba en Galípoli, y para
asegurarle le envió sus patentes con sellos pendientes de oro, en que le
prometia con juramento, que queriéndose quedar le trataria con buena
voluntad, y ánimo amigable, y que cuando se quisiese ir no lo impediría.
Berenguer recibidos los despachos, con la fé y palabra del Emperador, se
fué á Constantinopla con dos navíos, pero llegado, no quiso salir fuera
de ellos, y envió el aviso al Emperador de su llegada. Mandóle luego al
Emperador llamar, y le envió coches y caballos para que entrase con
mucha autoridad y honra, pero Berenguer ni quiso salir de los navíos, ni
obedecer, pidiendo que el Emperador le enviase en rehenes á su hijo el
Déspota Juan. Pareció esto mal así al Emperador, como á todos, pues no
se fiaba de su palabra y juramento; y así le dejó muchos dias en los
navíos. Finalmente llegándose el dia de Navidad le envió á llamar,
diciéndole que estuviese de buen ánimo pues le habia asegurado con su fé
y palabra. Estuvo dudoso mucho tiempo, hasta que se desengañó, y se fué
al Emperador, de quien fué magníficamente recibido, pero siempre se
retiraba á los navíos, á donde el Emperador tuvo siempre cuenta de
regalarle. El dia de Natividad le tomó al Emperador el juramento de
fidelidad, y con esto le dió la dignidad de Megaduque del Senado, y le
dió la vara dorada, invencion nueva del Emperador, y le vistieron al
modo y uso de Senador, con que dejó sus navíos, y se fué á posar á
Cosmidio donde estaban sus Catalanes, que algunos de ellos fueron
tambien honrados con títulos y mercedes grandes; y desde entónces
Berenguer tuvo grandes autoridad con los privados, y en los consejos de
Andronico. En el juramento de fidelidad que hizo Berenguer disimuló su
engaño, dando muestras de verdad y llaneza; pues habiendo de jurar que
sería amigo de los amigos del Emperador, y enemigo de sus enemigos,
exceptuó á Fadrique de los enemigos, porque decia que le habia jurado
antes amistad. Esto pareció á los inteligentes que encerraba en sí algun
gran secreto, más de lo que exteriormente parecia; otros lo tomaron
bien, diciendo que como fué fiel á Fadrique, así lo sería al Emperador,
con que ganó opinion y gloria, siguiendo la sentencia de Platon, de
cuanta importancia sea el parecer bueno y justo para ganar opinion, y
poder engañar.