Llega Berenguer de Rocafort con su gente á Constantinopla, y por órden
del Emperador se junta con Roger en Epheso.
Berenguer de Rocafort llegó de Sicilia por este tiempo á Constantinopla
con algunos vajeles y dos galeras, y con dos cientos hombres de á
caballo, y mil Almugavares, habiendo cobrado ya del Rey Cárlos el dinero
que le debia, y restituido los castillos de Calabria que estaban en su
poder. Mandóle luego Andronico, que navegando la vuelta de la Asia,
procurase juntar sus fuerzas con las de Roger; y así con mucha brevedad
llegó al Jio, adonde halló á Fernando Aones de partida, y juntos
llegaron á Ania, de donde avisaron á Roger don dos caballos ligeros de
la venida de Rocafort con los suyos. Llegó esta nueva antes de salir de
Tiria, y causó generalmente en todo el campo grandísimo contento, así
por la gente que Rocafort traía, que era mucha y escogida, como por la
opinion que tenía de muy valiente y esforzado Capitan. Envió luego Roger
á visitarle con Ramon Montaner, y con órden de que se partiese luego de
Ania, y viniese á Epheso, dicha por otro nombre Altobosco. Partió
Montaner con una tropa hasta de veinte caballos, y con alguna gente
practica, para que le guiasen por caminos desviados, por no encontrarse
con los Turcos, que ordinariamente corrian la tierra, y salteaban los
caminos más pasageros. Valióle á Montaner poco esta diligencia y
cuidado, porque muchas veces hubo de abrir camino con la espada; llegó
al fin á la Ciudad de Ania libre de estos peligros. Dio á Rocafort la
bien venida de parte de los suyos, y le dijo lo que Roger ordenaba
acerca de su partida. Rocafort obedeció, y dejando para la guarnicion de
la armada quinientos Almugavares, con lo restante de la gente tomó el
camino de Epheso, adonde llegó acompañado de Montaner dentro de dos
dias. Esta ciudad es una de las más señaladas de toda el Asia por su
famoso templo dedicado á la diosa Diana. Fué no solamente reverenciada
de los romanos, pero de los Persas y Macedones, que tuvieron antes el
Imperio, y todos conservaron sus inmunidades y derechos, sin que se
mudasen jamás mudándose los Imperios: tanto era el respecto con que
veneraban los antiguos las cosas que se persuadian que tenian algo de
divinidad y religion. Pero el mayor título que esta Ciudad tiene para
ser famosa y célebrada, es haber puesto en ella el Apóstol y Evangelista
San Juan los primeros fundamentos de la fé. De este Santo referiré lo
que Montaner escribe, que por referirlo en esta misma historia, no
parece ageno de la nuestra.
Dicen que en esta Ciudad de Epheso está el sepulcro donde San Juan se
encerró cuando desapareció de los mortales, y que poco después vieron
levantar una nube en semejanza de fuego, y que creyeron que en ella fué
arrebatado su cuerpo, porque después no pareció. La verdad de esto no
tiene otro fundamento mayor que la tradicion de aquella gente, referida
por Montaner. El dia antes de San Juan, cuando se dicen las vísperas del
Santo, sale un maná por nueve agujeros de un mármol que esta sobre el
sepulcro, y dura hasta poner del sol del otro dia, y es tanta cantidad,
que sube un palmo sobre la piedra, que tiene doce de largo y cinco de
ancho. Curaba este maná de muchas y graves dolencias, que con
particularidad las refieren Montaner.
Después de cuatro dias que Rocafort y Montaner llegaron á Epheso, entró
tambien Roger con todo el ejército. Alegráronse todos de ve á Rocafort
amigo y compañero en todas las guerras de Sicilia, por el socorro que
les traia, que hallándose lejos y en tierras enemigas fué de grande
importancia, y aumentó mucho las fuerzas de los Aragoneses. Diósele
luego el oficio de Senescal que vacó por muerte de Corbarán, y para que
en todo le sucediese, le dió Roger su hija por mujer, habiendo sido
primero concertada con Corbarán; porque con este nuevo parentesco
aseguraba Roger la condicion y aspereza de Rocafort, aparejada para
intentar cosas nuevas. Dióle cien caballos para la gente que traía, con
armas de á caballo, y cuatro pagas. En Epheso, dice Pachimerio, que
Roger y los Catalanes hicieron notables crueldades para sacar dinero,
cortando miembros, atormentando, degollando los desdichados Griegos, y
que en Metellin un hombre rico y principal llamado Macrami fué
degollado, porque prontamente no quiso dar cinco mil escudos que le
pidieron: licencia militar y atrevimiento ordinario en gente de guerra
mal disciplinada.
Roger, todo el dinero, caballos y armas que recogió de las
contribuciones de las ciudades vecinas envió á Magnesia con una buena
escolta; porque en esta ciudad como la más fuerte de aquellas
provincias, determinó poner su asiento para invernar. De Epheso se
fueron todos juntos á la Ciudad de Ania, adonde estaba Fernando Aones
con la armada. Hiciéronles un grande recibimiento á Roger y á Rocafort
los soldados que se hallaban en Ania, saliéndoles á recibir con grande
alegria y regocijo; porque ya les parecia que juntos eran bastantes á
recuperar el Asia, hechando de ella á los Turcos. Roger agradeció y
satisfizo este buen recibimiento, dando una paga á todos los soldados de
la armada; y porque Tiria quedaba desarmada y sin defensa, determinaron
que se enviase alguna gente para su seguridad. Fué Diego de Orós hidalgo
Aragones, buen soldado, con treinta caballos y cien infantes; porque con
esto les parecia que quedaria en defensa la Ciudad y su comarca, fiando
más en la reputacion de sus armas, que en el número de la gente: que
muchas veces alcanza la reputacion lo que no pueden las fuerzas.