Entra en Philadelphia el ejército victorioso. Ganánse algunos fuertes
que el enemigo tenía cerca de la ciudad, y dan segunda rota á los Turcos
junto á Tiria.
Libres los de Philadelphia del sitio, que tan apretados les tuvo por el
valor de las armas de los Catalanes, salieron á recibir el ejército los
magistrados y el pueblo, con Teolepto su Obispo, varon de rara santidad,
y por cuyas oraciones se defendió Philadelphia más que por las armas del
ejército que la guardaba. Entraron las tropas de nuestra caballería
primero, con los estandartes vencidos y ganados de los Turcos. Seguían
después el carruaje lleno de los Despojos enemigos, y gran número de
mujeres y niños cautivos, y algunos mozos reservados para el triunfo de
la entrada. Las compañías de infantería eran las últimas, y en medio de
ellas las banderas y los Capitanes más señalados, con lucidísimas armas
y caballos, que como cosa nunca vista de los de Asia, les causó grande
admiracion. No hubo en aquella entrada soldado por particular que fuese,
que no vistiese seda ó grana, aunque en aquel tiempo los Turcos no
usaban trajes costosos, pero entre los despojos de los Griegos habian
alcanzado gran cantidad de ropa y vestidos de mucho precio, que en esta
victoria se cobraron. Detuviéronse quince dias en la ciudad,
entretenidos con las fiestas y regocijos que se les hicieron; porque fué
cosa notable el amor y el respecto con que les trataron los naturales,
como quien reconocia de ellos la libertad y la vida que tan aventuradas
las tuvieron. La necesidad siempre es agradecida, pero con el beneficio
que recibe, seacaba.
Roger salió de Philadelphia á poner en libertad á algunos pueblos de que
estaban apoderados los Turcos, y entre otros á Culla algunas leguas mas
adelante hacia el Levante de la Ciudad; pero sabida la retirada y huida
de su ejército, se retiraron los turcos. Los naturales los recibieron
abiertas las puertas, como quien escapaban de tan dura servidumbre,
pareciéndoles que con esto alcanzarian perdon de haberse entregado antes
fácilmente á los Turcos. Roger perdonó la multitud del pueblo, pero
castigó gravemente á muchos. Cortó la cabeza al Gobernador, y al más
principal viejo del regimiento condenó á la horca. Estuvo un rato
pendiente de ella sin morir, y atribuyendolo á milagro cortaron la soga
los que estaban presente, y le libraron.
Volvió el ejército á Philadelphia, y según Pachimerio dice, Roger
recogió muchos ducados, y se hizo contribuir más de lo que debiera; por
sentirse ya en la Ciudad la falta de bastimentos, por ser muy populosa
de suyo, y tener dentro el ejército, después de haber padecido un largo
sitio que fué tan apretado que una cabeza de jumento se vendió por un
precio increíble. Nastago Duque y Primicerio del Imperio, que militaba
en este ejército con Roger, se apartó de él y se fué á Constantinopla,
porque no podia ver como Griego maltratar á los naturales, y las
demasías que Roger hacia con ellos; y así llegado á Constantinopla quiso
que el Emperador le yese, y como esto se le negó por los deudores y
amigos de la mujer del Megaduque, á l que yo puedo entender, se fué al
Patriarca, y por su medio el Emperador dió oidos á las quejas que traia
contra Roger, de que se encendió en el Palacio una gran discordia entre
los amigos y émulos del Megaduque.
Pareció á los Capitanes del ejército que convenia hechar primero al
enemigo de las Provincias marítimas, porque no quedase poderoso á las
espaldas, y porque la vecindad de su armada les diese más fuerzas y
seguridad. Con esta determinacion partieron luego de Philadelphia para
Niza, Ciudad de Licia, y de allí á Magnesia la que está en la ribera del
rio Meandro, donde apenas llegó Roger cuando dos ciudadanos de Tiria
vinieron á pedirle socorro diciendo; que la Ciudad no estaba
bastantemente fortificada que pudiese defenderse de los terribles
asaltos del enemigo, y que si el socorro se tardaba, era cierto el
perderse: que los Turcos con poco cuidado se podian coger á tiempo que
estuviesen derramados por aquellas vegas, y hacer alguna buena suerte,
con grande honra del ejército y provecho suyo: que en llegando la noche
se retiraban á los bosques, y salido el sol volvían á talar y destruir
la campaña. Roger con la mayor presteza y diligencia que pudo tomó la
gente más desembarazada y suelta, y fué la vuelta de Tiria para meterse
dentro de ella antes del dia. Llegó á ser tan buen tiempo, que los
Turcos ni le pudieron descubrir, ni sentir, habiendo caminado treinta y
seis millas en diez y siete horas.
Vino la mañana, y los Turcos comenzaron á bajar á la llanura, y llegarse
á la ciudad, y ya estaban cerca de las puertas para hacer sus
acostumbrados acometimientos, cuando Corbaran de Alet Senescal salió á
rebatirlos con doscientos caballos y mil infantes. Cargó sobre ellos con
tanta gallardia, que les rompió y degolló la mayor parte, pero la que
quedaba entrera en reconociendo á los nuestros se fué retirando hacia la
aspereza de la montaña. Corbaran les siguió con parte de la caballería;
pero como los caballos de los turcos estaban desembarazados, y los
nuestros cargados con el peso de las armas, llegaron á la falda del
monte á tiempo que los Turcos temerosos y cuidadosos solo de sus vidas,
habian dejado los caballos, y mejorándose de puesto, porque tomaron los
altos de donde mejor se podian guardar y ofender, impidiendo la subida á
sus enemigos. El Senescal con mejor ánimo que consejo, mandó que se
apeasen los suyos, y él hizo lo mismo, y acometió segunda vez á los
Turcos; pero como ellos estaban en lo alto, y tenian algunos reparos con
piedras, y flechazos defendían la subida, y tiraban golpes más seguros y
ciertos á los que más se señalaban, Corbarán, como valiente y esforzado
caballero, era de los que más les apretaban por su persona, y para subir
con más ligereza, y andar más suelto, se quitó las armas, después el
morrion, ocasion de su muerte; porque le dieron un flechazo en la
cabeza, de que luego murió, con cuya pérdida los demás se retiraron.
Con la muerte de tal Capitan trocóse la victoria de este dia en tristeza
y sentimiento; porque perder una buena cabeza suele causar algunas veces
inconvenientes y daños de mayor consideracion, que no lo es el provecho
que resulta de la victoria que se adquiere con su muerte. Sintiólo Roger
mucho, que le tenia concertado de casar con una hija suya, y puesta en
su persona su mayor esperanza. Perdio la vida Corbarán con más honroso
fin, que los demás Capitanes, porque cayó con la espada en la mano, y en
la misma victoria, y no por manos de traidores como otros compañeros
suyos. Es corto el discurso de los hombres que se tiene por gran
desdicha lo que se pudiera contar entre los prósperos sucesos de la
vida. Prévinole á Corbarán una muerte honrada á otra cruel y afrentosa,
pues corriera, como es de creer, el mismo riesgo que los demás
Capitanes. Enterrándole en un templo dos leguas de Tiria, á donde dice
Montaner, que estaba el cuerpo de San Jorge. Hiciéronle compañía diez
Cristianos, que solos murieron en aquel encuentro. Levantáronle un
sepulcro de mármol, y honráronle con grandes obsequias, pues solo para
cumplir con su memoria se detuvieron ocho dias. De Tiria despacharon
órden á su armada, que estaba en la Isla del Jio, para que lo más presto
que pudiese pasase á Tierra firme de la Asia, y que se detuviese en Ania
aguardando segunda órden.