Reprimen los nuestros el atrevimiento de Sarcano Turco. Llegan nuestras
banderas á los confines de la Natolia y Reino de Armenia.
Tuvieron nuestros Capitanes consejo del camino que tomarian, y
concordaron todos en que volviesen otra vez hácia las Provincias
Orientales y pasados los montes, entrasen en Pámphila, adonde les
pareció que estarian las mayores fuerzas de los Turcos, y habria ocasion
de venir con ellos á batalla, que este fué siempre el intento principal
que se llevaba; porque siendo nuestro ejército tan pequeño, no se podia
hacer la guerra á lo largo, y ocupar Ciudades y lugares, habiendo de
dejar en ellas guarnicion, porque era dividir y deshacer sus fuerzas; y
así pareció siempre acertado caminar la vuelta de los Turcos, y pelear
con ellos. Pero en tanto que se trataba de poner en ejecucion la salida,
Sarcano Turco con saber que el ejército de los Catalanes estaba dentro
de la Ciudad, se atrevió á correr su vega llevando á sangre y fuego
cuanto se le puso delante. Pagó presto su atrevimiento y locura; porque
salieron los nuestros sin aguardar órden, ni esperar los Capitanes:
tanto les ofendia la osadía de este Bárbaro, y dieron con tanta presteza
sobre él y los suyos, que aunque luego quiso retirarse, no pudo sin
mucho daño, porque se halló tan empeñado que hubo de pelear para huir.
Siguieron los nuestros el alcance hasta la noche, y volvieron á la
Ciudad con nuevos brios, dejando muertos en la campaña de los enemigos
mil caballos y dos mil infantes: cosa apenas creida de los que quedaron
dentro de la ciudad, porque la salida fué muy tarde, y con mucho
desorden.
Roger y los demas Capitanes considerando cuán dañosa les pudiera ser la
detencion, si los soldados advirtieran el peligro de la jornada y camino
que intentaban, con el gusto de la victoria pasada, quisieron que dentro
de seis dias marchase el campo. Partieron de Ania, y atravesaron la
Provincia de Caria, y todo aquel inmenso espacio de Provincias que están
entre la Armenia y el mar Egeo, sin que hubiese enemigo que se les
opusiese. Marchaba el campo según la comodidad de los lugares muy de
espacio, consolando los pueblos Cristianos, y animándoles á su defensa,
y con universal admiracion de todos los fieles eran recibidos los
nuestros, alegrándose de ver armas Cristianas tan á dentro, las cuales
los que entonces vivian jamás vieron en sus Provincias, aunque su deseo
siempre las llamaba y esperaba; pero la flojedad de los Griegos nunca
les dió lugar á que las viesen, hasta que el valor de los Catalanes y
Aragoneses se las mostró.