CAPITULO XIII.

Parte el ejército á socorrer á Philadelphia y vencen á Caramano Turco

General de los que la tenian sitiada.

El deseo que tenía Roger de salir en campaña, ayudado de la persuasion

de su suegra, hizo que luego se pusiese en ejecucion la salida, y así se

señalo para los nueve de Abril. Estando apercibiéndose ya todos para el

viaje, dos Massagetas ó Alanos esperando en un molino que les moliesen

un trigo, llegaron algunos Almugavares á tratar con descompostura una

mujer que estaba dentro á tomar la harina, salieron á la defensa los

Alanos, y entre otras razones que dieron contra Roger su capitan fué

decir: que si les daban tales ocasiones, harian del Megaduque Roger lo

que hicieron del gran doméstico. Este fué Alejos Raul, que en una fiesta

militar le mataron estos á traicion de un flechazo. Refirieron estas

palabras á Roger, y por su mandado ó consentemiento aquella misma noche

los Almugavares dieron sobre los Alanos, y si la oscuridad de la noche y

el cuidado de los vecinos nos les defendiera, los degolláran todos.

Murieron muchos, y entre ellos un mozo valiente hijo de George, cabeza

de los Alanos. A la mañana volvieron á troparse, y quedaron los

Catalanes superiores habiendo muerto más de 300 Alanos; y si no temiera

á los vecinos de Cizico, á quien por los malos tratamientos tenian

irritados, que no tomasen las armas, y se pusiesen de parte de los

Alanos, lo hubieran sin duda degollado á todos. Por este caso se apartó

la mayor parte de los Alanos del ejército de Roger; solo quedaron con él

hasta mil, que con promesas y ruegos los detuvieron. Roger quiso con

dinero aplacar al padre por la muerte del hijo, pero Gregorio

menospreció el dinero, y al agravio del hijo muerto se añadió la afrenta

del ofrecimiento: con que el bárbaro quedó irritado, aunque encubrió la

ofensa para mayor venganza.

Este suceso alargó la partida hasta los primeros de Mayo, que salieron

de Cizico seis mil con nombre de Catalanes, mil Alanos, y las compañias

de Romeos debajo del gobierno de Marulli; pero todos sujetos, y á órden

de Roger. Iva tambien Nastago gran Primicerio. Llegaron con estas

fuerzas á Anchirao, y de allí con gran valor y confianza, que sí lo dice

Pachimerio, fueron á sitiar á Germe; lugar fuerte donde los Turcos

estaban, y entendida por ellos la resolucion, con sola la fama de su

venida dejaron el lugar, y se retiraron. Pero no pudo ser esto tan á

tiempo, que su retaguardia no fuese gravemente ofendida de los

Catalanes. De allí pasaron á otro lugar que la historia de Pachimerio no

le nombra, solo dice que estaba dentro para su defensa Sausi Crisanislao

famoso soldado y Capitan de Búlgaros, á quien mandó ahorcar con doce de

sus soldados los más principales, sin decir con certeza la ocasion de

este castigo; solo se presume, que habrian defendido mal algun lugar que

estaba á su cargo, ó entregado alguna fortaleza, y queriendo Sausi

disculparse atravesó razones con Roger, que le movieron á meter mano á

la espada, y herirle, y después fué entregado á los que le habian de

ahorcar. Los Capitanes Griegos detuvieron la ejecucion, y alcanzaron de

Roger el perdon; porque le advirtieron el disgusto que tendria el

Emperador Andronico si castigase un hombre de tanta calidad, y tan buen

soldado, sin haberle dado razon. Era Crisanislao uno de los capitanes

Búlgaros que prendió Miguel padre de Andronico en la guerra de la Chana,

y detenido gran tiempo en prision fué puesto en libertad por Andronico,

y honrado en cargos militares, y en gobiernos de Provincias, y entónces

se hallaba en esta parte de Frigia ocupado en servicio del Emperador.

Luego de allí pasó el ejército á Geliana camino de Philadelphia, donde

le llego aviso á Roger de algunos lugares fuertes que ocupaban los

Turcos, significándole la violencia que padecían, y por carta le

suplicaban les ayudase, pues eran Romeos que se dieron á la fuerza del

tiempo, y que se querian levantar contra los enemigos.

Roger les respondió que estuviesen de buen ánimo, que él les socorrería.

Con esto pasó adelante á meter el socorro en Philadelphia, que era el

principal intento que llevaban, Caramano Alisurio que la tenía sitiada,

cuyo gobierno se extendía por esta Provincia, con el aviso que tuvo de

la venida del ejército de los Catalanes, levantó el sitio con la mayor

parte de su ejército, y caminó la vuelta de ellos, con deseo de vengar

la rota del año antes que los Catalanes dieron á sus compañeros. Esto

pareció que le convenia, y no aguardarlos sobre Philadelphia; ciudad

grande, y con gente armada, que animada del ejército amigo saldria á

pelear. Dejó algunos fuertes guarnecidos, con que le pareció que los de

la ciudad no intentarian el salir, pero dos millas lejos al amanecer se

reconocieron de una y otra parte, y se pusieron en órden para pelear. El

ejército de los Turcos llegaba á ocho mil caballos y doce mil infantes

Caramanos todos, los mas valientes y temidos de toda la nacion,

superiores en número á los nuestros, pero muy inferiores en el valor, en

la disciplina, en la ordenanza militar, y en las armas ofensivas y

defensivas; solo habia igualdad en el ánimo y deseo de pelear. Roger

dividió en tres tropas su caballería, Alanos, Romeos y Catalanes, y

Corbaran de Alet, á cuyo cargo estaba la infantería, la dividió en otros

tantos escuadrones, y hecha señal de acometer se envistieron con

gallardo ánimo y bizarría. Travóse la batalla muy sangrienta para los

Turcos, por que los Catalanes más prácticos en herir, y más seguros por

las armas de ser ofendidos, hacian grande daño en ellos con muy poco

suyo. Junto á los conductos de la ciudad fué donde más reciamente se

envistieron. Pero los Turcos valientes y atrevidos no dejaban por todos

los caminos que podian de ofender á los nuestros, y poner en duda la

victoria, que hasta al medio dia anduvo varia; pero el valor

acostumbrado de los Catalanes la hizo declarar por su parte con notable

daño de los Turcos. Escaparonse huyendo hasta mil caballos, de ocho mil

que entraron en la batalla, y solos quinientos infantes, y Caramano

Alisurio se retiró herido. De los nuestros perecieron ochenta caballos,

y cien infantes. Rehechos sus escuadrones, pasaron la vuelta de

Philadelphia, siguiendo lentamente al enemigo, y temiendo alguna gran

emboscada de sus copiosos ejércitos. Los Turcos de los fuertes, sabida

la rota, los desampararon, y fueron siguiendo su Capitan vencido. Fué la

presa y lo que se ganó en esta batalla, segun Montaner, de mucha

consideracion.

Con esta victoria comenzaron á levantar cabeza las ciudades de Asia,

viendo que los nuestros habian dado principio á su libertad, que los

Turcos tenian tan oprimida. Llegó esta opresion á tanto extremo, que les

quitaban las mujeres y los hijos para instruirles en su secta.

Profanaban los templos y monasterios tan antiguos, donde habia

depositados tantos cuerpos de Santos, y grande memoria de nuestra

primitiva Iglesia que tanto floreció en aquellas Provincias, trocando el

verdadero culto en falsa y abominable adoracion de su profeta. Pero como

por los justos juicios de Dios estaba ya determinada la destruicion y

servidumbre de todo aquel Imperio y nacion, fué de poco provecho para

alcanzar entera libertad todo lo que los nuestros hicieron, antes parece

que se confirmó con esto su perdicion; pues cuando los grandes remedios

no curan la dolencia porque se dan, es casi cierta la muerte. Nuestros

Capitanes se detuvieron antes de entrar en Philadelphia, reconociendo

algunos lugares vecinos adonde se pudieron haber retirado y rehecho;

pero todo lo hallaron libre de los Turcos; á quien el miedo hizo alargar

muchas leguas.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 41 / 112 题