Parte el ejército á socorrer á Philadelphia y vencen á Caramano Turco
General de los que la tenian sitiada.
El deseo que tenía Roger de salir en campaña, ayudado de la persuasion
de su suegra, hizo que luego se pusiese en ejecucion la salida, y así se
señalo para los nueve de Abril. Estando apercibiéndose ya todos para el
viaje, dos Massagetas ó Alanos esperando en un molino que les moliesen
un trigo, llegaron algunos Almugavares á tratar con descompostura una
mujer que estaba dentro á tomar la harina, salieron á la defensa los
Alanos, y entre otras razones que dieron contra Roger su capitan fué
decir: que si les daban tales ocasiones, harian del Megaduque Roger lo
que hicieron del gran doméstico. Este fué Alejos Raul, que en una fiesta
militar le mataron estos á traicion de un flechazo. Refirieron estas
palabras á Roger, y por su mandado ó consentemiento aquella misma noche
los Almugavares dieron sobre los Alanos, y si la oscuridad de la noche y
el cuidado de los vecinos nos les defendiera, los degolláran todos.
Murieron muchos, y entre ellos un mozo valiente hijo de George, cabeza
de los Alanos. A la mañana volvieron á troparse, y quedaron los
Catalanes superiores habiendo muerto más de 300 Alanos; y si no temiera
á los vecinos de Cizico, á quien por los malos tratamientos tenian
irritados, que no tomasen las armas, y se pusiesen de parte de los
Alanos, lo hubieran sin duda degollado á todos. Por este caso se apartó
la mayor parte de los Alanos del ejército de Roger; solo quedaron con él
hasta mil, que con promesas y ruegos los detuvieron. Roger quiso con
dinero aplacar al padre por la muerte del hijo, pero Gregorio
menospreció el dinero, y al agravio del hijo muerto se añadió la afrenta
del ofrecimiento: con que el bárbaro quedó irritado, aunque encubrió la
ofensa para mayor venganza.
Este suceso alargó la partida hasta los primeros de Mayo, que salieron
de Cizico seis mil con nombre de Catalanes, mil Alanos, y las compañias
de Romeos debajo del gobierno de Marulli; pero todos sujetos, y á órden
de Roger. Iva tambien Nastago gran Primicerio. Llegaron con estas
fuerzas á Anchirao, y de allí con gran valor y confianza, que sí lo dice
Pachimerio, fueron á sitiar á Germe; lugar fuerte donde los Turcos
estaban, y entendida por ellos la resolucion, con sola la fama de su
venida dejaron el lugar, y se retiraron. Pero no pudo ser esto tan á
tiempo, que su retaguardia no fuese gravemente ofendida de los
Catalanes. De allí pasaron á otro lugar que la historia de Pachimerio no
le nombra, solo dice que estaba dentro para su defensa Sausi Crisanislao
famoso soldado y Capitan de Búlgaros, á quien mandó ahorcar con doce de
sus soldados los más principales, sin decir con certeza la ocasion de
este castigo; solo se presume, que habrian defendido mal algun lugar que
estaba á su cargo, ó entregado alguna fortaleza, y queriendo Sausi
disculparse atravesó razones con Roger, que le movieron á meter mano á
la espada, y herirle, y después fué entregado á los que le habian de
ahorcar. Los Capitanes Griegos detuvieron la ejecucion, y alcanzaron de
Roger el perdon; porque le advirtieron el disgusto que tendria el
Emperador Andronico si castigase un hombre de tanta calidad, y tan buen
soldado, sin haberle dado razon. Era Crisanislao uno de los capitanes
Búlgaros que prendió Miguel padre de Andronico en la guerra de la Chana,
y detenido gran tiempo en prision fué puesto en libertad por Andronico,
y honrado en cargos militares, y en gobiernos de Provincias, y entónces
se hallaba en esta parte de Frigia ocupado en servicio del Emperador.
Luego de allí pasó el ejército á Geliana camino de Philadelphia, donde
le llego aviso á Roger de algunos lugares fuertes que ocupaban los
Turcos, significándole la violencia que padecían, y por carta le
suplicaban les ayudase, pues eran Romeos que se dieron á la fuerza del
tiempo, y que se querian levantar contra los enemigos.
Roger les respondió que estuviesen de buen ánimo, que él les socorrería.
Con esto pasó adelante á meter el socorro en Philadelphia, que era el
principal intento que llevaban, Caramano Alisurio que la tenía sitiada,
cuyo gobierno se extendía por esta Provincia, con el aviso que tuvo de
la venida del ejército de los Catalanes, levantó el sitio con la mayor
parte de su ejército, y caminó la vuelta de ellos, con deseo de vengar
la rota del año antes que los Catalanes dieron á sus compañeros. Esto
pareció que le convenia, y no aguardarlos sobre Philadelphia; ciudad
grande, y con gente armada, que animada del ejército amigo saldria á
pelear. Dejó algunos fuertes guarnecidos, con que le pareció que los de
la ciudad no intentarian el salir, pero dos millas lejos al amanecer se
reconocieron de una y otra parte, y se pusieron en órden para pelear. El
ejército de los Turcos llegaba á ocho mil caballos y doce mil infantes
Caramanos todos, los mas valientes y temidos de toda la nacion,
superiores en número á los nuestros, pero muy inferiores en el valor, en
la disciplina, en la ordenanza militar, y en las armas ofensivas y
defensivas; solo habia igualdad en el ánimo y deseo de pelear. Roger
dividió en tres tropas su caballería, Alanos, Romeos y Catalanes, y
Corbaran de Alet, á cuyo cargo estaba la infantería, la dividió en otros
tantos escuadrones, y hecha señal de acometer se envistieron con
gallardo ánimo y bizarría. Travóse la batalla muy sangrienta para los
Turcos, por que los Catalanes más prácticos en herir, y más seguros por
las armas de ser ofendidos, hacian grande daño en ellos con muy poco
suyo. Junto á los conductos de la ciudad fué donde más reciamente se
envistieron. Pero los Turcos valientes y atrevidos no dejaban por todos
los caminos que podian de ofender á los nuestros, y poner en duda la
victoria, que hasta al medio dia anduvo varia; pero el valor
acostumbrado de los Catalanes la hizo declarar por su parte con notable
daño de los Turcos. Escaparonse huyendo hasta mil caballos, de ocho mil
que entraron en la batalla, y solos quinientos infantes, y Caramano
Alisurio se retiró herido. De los nuestros perecieron ochenta caballos,
y cien infantes. Rehechos sus escuadrones, pasaron la vuelta de
Philadelphia, siguiendo lentamente al enemigo, y temiendo alguna gran
emboscada de sus copiosos ejércitos. Los Turcos de los fuertes, sabida
la rota, los desampararon, y fueron siguiendo su Capitan vencido. Fué la
presa y lo que se ganó en esta batalla, segun Montaner, de mucha
consideracion.
Con esta victoria comenzaron á levantar cabeza las ciudades de Asia,
viendo que los nuestros habian dado principio á su libertad, que los
Turcos tenian tan oprimida. Llegó esta opresion á tanto extremo, que les
quitaban las mujeres y los hijos para instruirles en su secta.
Profanaban los templos y monasterios tan antiguos, donde habia
depositados tantos cuerpos de Santos, y grande memoria de nuestra
primitiva Iglesia que tanto floreció en aquellas Provincias, trocando el
verdadero culto en falsa y abominable adoracion de su profeta. Pero como
por los justos juicios de Dios estaba ya determinada la destruicion y
servidumbre de todo aquel Imperio y nacion, fué de poco provecho para
alcanzar entera libertad todo lo que los nuestros hicieron, antes parece
que se confirmó con esto su perdicion; pues cuando los grandes remedios
no curan la dolencia porque se dan, es casi cierta la muerte. Nuestros
Capitanes se detuvieron antes de entrar en Philadelphia, reconociendo
algunos lugares vecinos adonde se pudieron haber retirado y rehecho;
pero todo lo hallaron libre de los Turcos; á quien el miedo hizo alargar
muchas leguas.