CAPITULO XI.

Retirase el ejército par invernar en el cabo de Artacio sus

alojamientos.

Dieron aviso al Emperador del buen suceso de su victoria, enviando

cuatro galeras con riquísimos presentes para entre ambos Príncipes,

Andronico y Miguel, y en nombre de los soldados se envió á María muger

del Megaduque Roger lo más precioso y rico de la presa. Causó notable

admiracion entre los Griegos la brevedad con que se alcanzó tan señalada

victoria, y el pueblo la celebró con alabanzas, libre del temor de los

Turcos, que insolentes con las victorias alcanzadas de los Griegos de la

otra parte del estrecho amenazaban la Ciudad, con los alfanges desnudos;

pero casi toda la nobleza, que como fuera justo debiera mostrarse más

agradecida á tan grande beneficio, manifestó el veneno de sus ánimos,

que la envidia de la agena felicidad no dió lugar á que se pudiese mas

encubrir. Los privados de Andronico, y las personas de mayor estimacion

de su nacion, comenzaron á temer nuestras fuerzas, juzgándolas por

superiores á las que ellos tenian, y que dentro de casa tanto poder en

manos de extranjeros era cosa peligrosa. Estas platicas y discursos las

alentaba el Emperador Miguel, incitado de un oculto sentimiento que

causó en su ánimo la victoria, porque algunos meses antes habia pasado

el estrecho con un ejército poderosísimo, y por miedo de los Turcos ó

poca seguridad de los suyos, se retiró con gran pérdida de su

reputacion, sin travar ni aún una pequeña escaramuza con el enemigo; y

como los Catalanes siendo tan pocos vencieron á los que él no se atrevió

acometer con tan excesivo número de gente, de esto nació su corrimiento,

y de él un grande aborrecimiento y deseo de nuestra perdicion. Los

Príncipes sienten mucho que haya quien se les iguale en valor, y aún en

la dicha aborrecen á quien se les aventaja, porque el poder no sufre

virtud y partes aventajadas en ageno sujeto, y más cuando en su

competencia sucede el aventajarse. Si una baja y vil emulacion de un

Príncipe en hacer versos causó la muerte á Lucano, ¿Cuánto mayor fuera

si de valor y fortuna se compitiera? Y así no se debe tener por Captan

cuerdo el que intenta una empresa errada por su Príncipe, si ya n quiere

competir con el del Imperio.

Con el buen suceso que tuvieron no trataron de pasar adelante, ni seguir

la victoria: cosa que les hizo perder reputacion, y fué ocasion de hacer

muchos excesos en aquella comarca, que irritaron gravemente el ánimo de

los naturales y Griegos. Cuando quisieron entrar la tierra á dentro,

comenzó el primer dia de Noviembre á entrar con tanto rigor el invierno,

con vientos frios y agua que les detuvo. Los rios por sus crecientes sin

poderse vadear, la campaña esteril llena de enemigos, los caminos

difíciles por donde se habia de marchar para socorrer á Philadelphia,

eran causas bastantes para diferir cualquier empresa. Roger con el

parecer y consejo de sus Capitanes se resolvió de invernar en Cizico,

lugar acomodado por la fortaleza del sitio, y abundancia de las

vituallas, y porque el año siguiente fuese menos embarazosa la salida

que si hubieran de partir de Grecia, y embarcar y desembarcar la

caballería tantas veces, cosa de suyo tan molesta. Dieron luego aviso al

Emperador de esta resolucion y aprobóla con mucho gusto, porque era lo

que más le convenia, por tener el ejército alojado en la frente del

enemigo, y apartado de Constantinopla y de los demás pueblos Griegos,

donde no faltáran quejas y pesadumbre, aunque cerca de tres meses

anduvieron alojados por Asia sin efecto, trabajando la tierra con

insoportables contribuciones. Mandó Andronico que con mucha diligencia

se llevasen por mar las vituallas que no se hallaban en el cabo, con que

pasaron los nuestros un invierno muy apacible. El Megaduque Roger envió

con cuatro galeras por su mujer María. El órden que se tuvo en los

cuarteles para escusar pendencias entre los soldados y sus huéspedes,

fué el siguiente. Los soldados nombraron seis de su parte, y los de la

tierra otros tantos, para que de comun parecer y acuerdo se pusiese

precio á las vituallas: porque encareciéndose más de lo justo fuera gran

descomodidad para los soldados, y dándose á un precio muy bajo no

resultase en notable daño de los huéspedes, á más que faltára el

comercio y provision ordinaria que acudia de todas partes con

abundancia. Ordenose á Fernando Aones Almirante, que con la armada fuese

á invernar á la isla de Jio, puerto seguro y vecino de las Costas

enemigas. Es el Jio isla de las más señaladas del mar Egeo, por nacer en

ella sola el Almaste, cosa que negó naturaleza á las demás partes de la

tierra.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 39 / 112 题