CAPITULO X.

Vencen los Catalanes y Aragoneses á los turcos.

Por el aviso que Roger tuvo de como los Turcos estaban cerca, temiendo

perder tan buena ocasion si advertidos de la llegada de los nuestros se

previnieran, ó retiraran, juntó el campo, y en una breve platica les

dijo, como el siguiente dia queria da sobre los alojamientos de los

enemigos, fáciles de romper por estar descuidados. Propusoles la gloria

que alcanzarian con vencer, y que de los primeros sucesos nacía el

miedo, ó la confianza, y que la buena ó mala reputacion pendia de ellos.

Mandó que no se personase la vida sino á los niños, porque esto causase

más temor en los Bárbaros, y nuestros soldados peleasen sin alguna

esperanza d que vencidos pudiesen quedar con vida. Dispuesto el órden

con que se habia de marchar, dió fin á la platica. Oyéronle con mucho

gusto, y aquella misma noche partieron de sus alojamientos á tiempo que

al amanecer pudiesen acometer á los Turcos. Guiaba Roger con Marulli la

vanguardia con la caballería, y llevaba solos dos estandartes, en el uno

las armas del Emperador Andronico, y en el otro las suyas. Seguia la

infantería hecho un solo escuadron de toda ella, donde gobernaba

Corbarán de Alet Senescal del ejército. Llevaba en la frente solas dos

banderas, contra el uso comun de nuestros tiempos, que suelen ponerse en

medio del escuadron como lugar más fuerte y defendido. La una bandera

llevaba las armas del Rey de Aragon Don Jaime, y la otra las del Rey de

Sicilia Don Fadrique; porque entre las condiciones que por parte de los

Catalanes se propusieron al Emperador, fué de las primeras, que siempre

les fuese lícito llevar por guia el nombre y blason de sus Príncipes,

porque querian que adonde llegasen sus armas, llegase la memoria y

autoridad de sus Reyes, y porque las armas de Aragon lastenian por

invencibles. De donde se puede conocer el grande amor y veneracion que

los Catalanes y Aragoneses tenian á sus reyes, pues aún sirviendo á

Príncipes extraños, y en Provincias tan apartadas, conservaron su

memoria, y militaron debajo de ella: fidelidad notable, no solo conocida

en este caso, pero en todos los tiempos. Porque no se vió de nosotros

Príncipe desamparado por malo y cruel que fuese, y quisimos más sufrir

su vigor y aspereza, que entregarnos á nuevo señor. No fué preferido el

segundo al primogénito. Siempre seguimos el órden que el cielo, y

naturaleza dispuso, ni se alteró por particular aborrecimiento ó

aficion, con no haber apenas Reino donde no se hayan visto estos

trueques y mudanzas.

Pasaron los nuestros á media noche la muralla, ó reparo que divide el

cabo de tierra firme, y al amanecer se hallaron sobre los Turcos, que

como en parte segura, y á su parecer lejos de enemigos, estaban sin

centinelas, reposando dentro de sus tiendas con descuido y sueño. Cerró

Roger y Marulli con la caballería, metiéndose por las tiendas y flacos

reparos que tenian con grande ánimo. Siguiéronle los Almugavares con el

mismo, dando un sangriento y dichoso principio á la nueva guerra. Los

Turcos á quien la furia y rigor de nuestras espadas no pudo oprimir en

el sueño, al ruido de las armas y voces despertaron, y con la turbacion

y miedo que semejantes asaltos suelen causar en los acometidos, tomaron

las armas para su defensa, pero fueron pocos, divididos y desarmados,

con que su resistencia fué inútil y sin provecho contra el esfuerzo y

gallardia de nuestra gente, que ya lo ocupaba todo. Pelearon los Turcos

con desesperacion, viendo á sus ojos despedazar y degollar á sus más

caras prendas, de gente que ni aún por el nombre conocían. Alcanzose

cumplidísima victoria, dejando en el campo muertos de los Turcos tres

mil caballo, y diez mil infantes. Los que quedaron vivos fueron los que

reconociendo con tiempo el desorden y pérdida, y que los Catalanes eran

impenetrables á los golpes de sus dardos, se pusieron en seguro con la

huida, y el que querer muchos hacer lo mismo después les causó mas

presto la muerte, por que ocupados en retirar sus hijos y mujeres,

dejaban la batalla, y luego perecian. La presa fué grande, y los niños

cautivos muchos. Refiere Nicéforo, Griego de nacion, y enemigo declarado

de la nuestra, el espanto y terror que causó en los Turcos este primer

acometimiento con estas mismas palabras: «Como los Turcos vieron el

ímpetu feroz de los Latinos, (que así llama á los Catalanes) su valor,

su disciplina militar, y sus lucidas y fuertes armas, atónitos y

espantados huyeron, no solo lejos de la ciudad de Constantinopla, pero

más adentro de los antiguos límites de su Imperio.» Nuestra gente siguió

el alcance poco rato, por no tener la tierra conocida, y volvieron

aquella misma noche al cabo, por tener el alojamiento reconocido y

seguro.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 38 / 112 题