Vencen los Catalanes y Aragoneses á los turcos.
Por el aviso que Roger tuvo de como los Turcos estaban cerca, temiendo
perder tan buena ocasion si advertidos de la llegada de los nuestros se
previnieran, ó retiraran, juntó el campo, y en una breve platica les
dijo, como el siguiente dia queria da sobre los alojamientos de los
enemigos, fáciles de romper por estar descuidados. Propusoles la gloria
que alcanzarian con vencer, y que de los primeros sucesos nacía el
miedo, ó la confianza, y que la buena ó mala reputacion pendia de ellos.
Mandó que no se personase la vida sino á los niños, porque esto causase
más temor en los Bárbaros, y nuestros soldados peleasen sin alguna
esperanza d que vencidos pudiesen quedar con vida. Dispuesto el órden
con que se habia de marchar, dió fin á la platica. Oyéronle con mucho
gusto, y aquella misma noche partieron de sus alojamientos á tiempo que
al amanecer pudiesen acometer á los Turcos. Guiaba Roger con Marulli la
vanguardia con la caballería, y llevaba solos dos estandartes, en el uno
las armas del Emperador Andronico, y en el otro las suyas. Seguia la
infantería hecho un solo escuadron de toda ella, donde gobernaba
Corbarán de Alet Senescal del ejército. Llevaba en la frente solas dos
banderas, contra el uso comun de nuestros tiempos, que suelen ponerse en
medio del escuadron como lugar más fuerte y defendido. La una bandera
llevaba las armas del Rey de Aragon Don Jaime, y la otra las del Rey de
Sicilia Don Fadrique; porque entre las condiciones que por parte de los
Catalanes se propusieron al Emperador, fué de las primeras, que siempre
les fuese lícito llevar por guia el nombre y blason de sus Príncipes,
porque querian que adonde llegasen sus armas, llegase la memoria y
autoridad de sus Reyes, y porque las armas de Aragon lastenian por
invencibles. De donde se puede conocer el grande amor y veneracion que
los Catalanes y Aragoneses tenian á sus reyes, pues aún sirviendo á
Príncipes extraños, y en Provincias tan apartadas, conservaron su
memoria, y militaron debajo de ella: fidelidad notable, no solo conocida
en este caso, pero en todos los tiempos. Porque no se vió de nosotros
Príncipe desamparado por malo y cruel que fuese, y quisimos más sufrir
su vigor y aspereza, que entregarnos á nuevo señor. No fué preferido el
segundo al primogénito. Siempre seguimos el órden que el cielo, y
naturaleza dispuso, ni se alteró por particular aborrecimiento ó
aficion, con no haber apenas Reino donde no se hayan visto estos
trueques y mudanzas.
Pasaron los nuestros á media noche la muralla, ó reparo que divide el
cabo de tierra firme, y al amanecer se hallaron sobre los Turcos, que
como en parte segura, y á su parecer lejos de enemigos, estaban sin
centinelas, reposando dentro de sus tiendas con descuido y sueño. Cerró
Roger y Marulli con la caballería, metiéndose por las tiendas y flacos
reparos que tenian con grande ánimo. Siguiéronle los Almugavares con el
mismo, dando un sangriento y dichoso principio á la nueva guerra. Los
Turcos á quien la furia y rigor de nuestras espadas no pudo oprimir en
el sueño, al ruido de las armas y voces despertaron, y con la turbacion
y miedo que semejantes asaltos suelen causar en los acometidos, tomaron
las armas para su defensa, pero fueron pocos, divididos y desarmados,
con que su resistencia fué inútil y sin provecho contra el esfuerzo y
gallardia de nuestra gente, que ya lo ocupaba todo. Pelearon los Turcos
con desesperacion, viendo á sus ojos despedazar y degollar á sus más
caras prendas, de gente que ni aún por el nombre conocían. Alcanzose
cumplidísima victoria, dejando en el campo muertos de los Turcos tres
mil caballo, y diez mil infantes. Los que quedaron vivos fueron los que
reconociendo con tiempo el desorden y pérdida, y que los Catalanes eran
impenetrables á los golpes de sus dardos, se pusieron en seguro con la
huida, y el que querer muchos hacer lo mismo después les causó mas
presto la muerte, por que ocupados en retirar sus hijos y mujeres,
dejaban la batalla, y luego perecian. La presa fué grande, y los niños
cautivos muchos. Refiere Nicéforo, Griego de nacion, y enemigo declarado
de la nuestra, el espanto y terror que causó en los Turcos este primer
acometimiento con estas mismas palabras: «Como los Turcos vieron el
ímpetu feroz de los Latinos, (que así llama á los Catalanes) su valor,
su disciplina militar, y sus lucidas y fuertes armas, atónitos y
espantados huyeron, no solo lejos de la ciudad de Constantinopla, pero
más adentro de los antiguos límites de su Imperio.» Nuestra gente siguió
el alcance poco rato, por no tener la tierra conocida, y volvieron
aquella misma noche al cabo, por tener el alojamiento reconocido y
seguro.