Determinan los capitales su jornada, y suplican al Rey les favorezca.
Los Capitanes trataron con el nuevo General cual sería la más
conveniente y provechosa empresa, y resolvieron de comun parecer de
ofrecerse al Emperador de los Griegos Andronico Paleólogo casi oprimido
de las armas de los turcos; porque á mas de que Andronico se tenía por
cierto que buscaba socorros de naciones extranjeras, dudoso de la
fidelidad de los suyos, era Príncipe que tenía poca correspondencia con
el Papa, á quien Roger temia por haber maltratado en tiempo de guerra
las Provincias de la Iglesia, y siempre vivía con recelos de que el Papa
pidiese á Don Fadrique su persona como de Religioso Templario, para
vengarse de él entregándole á su Maestre y Religion. Y aunque no se
podia esperar de la grandeza de Don Fadrique hecho tan feo, pero como
los Reyes alguna veces no miden sus intereses con lo que deben á su
estimacion y fama, olvidan con facilidad los servicios por otras mayores
conveniencias. Y pudiera ser que rehusando Don Fadrique el entregar á
Roger, fuera ocasion de rompimiento y guerra; y así no quiso Roger poner
á Don Fadrique en nuevos cuidados, ni su libertad en peligro si se
quedára en Sicilia. Pachimerio dice que el Papa se le pidió á Don
Fadrique, y que juzgando no ser justo entregar á quien tambien le habia
servido, ofreció entonces de escribir y rogar al Emperador Andronico le
trajese á su servicio; porque de esta manera saldria honrado de sus
tierras, y el Papa no podria quejarse de que él amparaba los fugitivos
de las Religiones. Pero en este caso me parece dar más crédito á
Montaner; porque al principio de este capítulo escribe Pachimerio, que
si en esta relacion se apartáre de la verdad, no tendrá la culpa el
escritor, sino la fama de quien él lo supo, y como la que corria entre
los Griegos de nuestras cosas, era siempre falsa, no se le debe de dar
crédito en lo que difiere de Montaner, y facilmente en este caso les
podemos conciliar; porque solo difieren, en que Pachimerio dá por
constante que el Papa pidió la persona de Roger á Don Fadrique, y
Montaner dice que se temió el caso, pero no que sucedió; y así no fué
mucho que la fama de tan lejos añadiese lo demás.
Después de haber resuelto todos la jornada, y platicado por algunos dias
los medios más convenientes para su ejecucion, dieron cargo á Roger que
hablase á Don Fadrique, y le descubriese sus intentos, y le suplicase de
parte de todos que los favoreciese, porque no fuera justo que se trátara
públicamente, sin haber precedido su consentimiento y gusto. Roger vino
á Mesina, donde el Rey estaba, poco después de concluido su casamiento
con Leonor hija de Cárlos; y acabadas las fiestas y regocijos de las
bodas, hablando en secreto con el Rey, le dijo, como los Catalanes y
Aragoneses se querian salir de Sicilia, y pasar á Levante, no tanto por
el beneficio comun de todos ellos, como por la quietud y provecho que le
resultaría si le dejaban un Reino tan trabajado por las guerras pasadas
libre de carga tan molesta y pesada, como eran ellos en tiempos de paz:
que sus personas las tendria siempre á su devocion, y que cuando
importase, le vendrían á servir de los últimos fines de la tierra; pero
que por entónces le suplicaban facilitase su jornada, y les ayudase con
su autoridad y fuerzas; paga bien merecida á sus servicios.
Respondió el Rey, que advirtiesen que la resolucion que habian tomado de
salir de Sicilia aunque le estaba bien para su conservacion, no para su
fama, porque muchos podrian entender que su salida era trazada por su
órden, para quedar libre de sus obligaciones; y que eran de tal calidad
las que él reconocia, que por este medio no se podia librar de ellas sin
conocida nota de ingrato. Pero si la esperanza de mayores
acrecentamientos les llamaba á nuevas empresas, y estaban resueltos, que
él les asistiria y ayudaria con sus fuerzas, con que ellos fuesen
testigos y publicasen la verdad del hecho, y que primero aventurará el
Reino y la vida, que faltara á la obligacion de tan señalados servicios;
pero que la estrecheza del tiempo por los excesivos gastos de la guerra,
no daba lugar á que el premio igualase á su deseo. Digna respuesta de
Príncipe tan esclarecido, tanto más de estimar, cuando es más rara en
los Príncipes la virtud del agradecimiento, y satisfacer grandes
servicios cuando son tales que no se pueden pagar con ordinarias
mercedes. Roger estimó en nombre de todos tan señalado favor, y la honra
que les hacia, y fuese luego á dar razon á los Capitanes de lo que el
Rey habia respondido, y entendido por ellos, lo celebraron y
agradecieron con alabanzas.
Fué Don Fadrique uno de los más señalados Príncipes de aquella edad, por
la grandeza de su ánimo, y gloria de sus hechos, cuyo valor deshizo y
quebrantó las fuerzas unidas para su ruina de Italia, Francia, y España,
y el que á pesar de todos sus competidores quedó con el Reino de Sicilia
para sí, y su posteridad, en quien hoy felizmente se conserva. No pudo
suceder á Don Fadrique cosa que más le importarse para la seguridad y
quietud de su nuevo reinado, que librar á su pueblo de las
contribuciones y alojamientos de huéspedes tan molestos, como suelen ser
los soldados mal pagados. Después que las paces y parentesco desterraron
la guerra, por mantenerla daban los pueblos de Sicilia con mucha
liberalidad sus haciendas á los soldados, que los defendian y amparaban
contra Cárlos á quien temian; pero despues que con la paz se les quitó
este miedo, comenzaron á sentir la mala vecindad de los soldados, y á
desavenirse con ellos; disgustos que forzosamente habian de causar daños
gravísimos, si la nueva expedicion no les atajara.