CAPITULO V.

Embajada de los nuestros al Emperador Andronico, y su respuesta.

Roger y las demás cabezas principales del ejército resolvieron, que

luego se enviasen dos Embajadores al Emperador Andronico á proponerle su

servicio. Hiciéronse las instrucciones, asistiendo á ellas con otros

Capitanes Ramon Montaner, uno de los escritores de mayor crédito, que

intervino siempre en los consejos y ejecuciones más graves de esta

expedicion. Entregáronse á dos caballeros, cuyos nombres el tiempo y el

descuido dejaron envueltos en tinieblas, para que luego partiesen á

Constantinopla, y diesen su embajada de parte de toda la nacion.

Llegaron en breves dias con una galera reforzada de Roger. Sabida su

venida, y con alguna noticia de la Embajada que traian, fueron recibidos

de Andronico con agradecido semblante y muestras de mucho amor. Propuso

uno de los dos Embajadores, el más antiguo en años, su embajada: que los

Catalanes y Aragoneses después de hechas las paces entre Cárlos Rey de

Nápoles, y Don Fadrique Rey de Sicilia, á quien ellos servian,

determinaron no buscar reposo en su patria, sino acrecentar con nuevos

hechos la gloria militar y fama adquirida en las pasadas guerras: que

tenían para esto fuerzas bastantes en número y valor, soldados

ejercitados por una larga y peligrosa guerra, Capitanes conocidos por

sus victorias y nobleza de sangre; que en nombre de todos ellos le

ofrecían su ayuda contra los Turcos con doblado gusto y aficion, por

ocupar sus armas á favor de la casa de los Paleólogos, amigos únicos de

la de Aragon, cuando sus partes estaban muy caidas, y dilatar su

Imperio, destruyendo juntamente el de los enemigos del nombre Cristiano,

que con tanta audacia y orgullo le querian establecer en las Provincias

usurpadas al Imperio Griego.

Quedaron los Emperadores contentísimos con la no esperada embajada y

ofrecimiento de los Catalanes, á su parecer tan importante á sus

intereses, porque entendieron que aquellos mismos, que se les venían á

ofrecer, eran los que con tanto espanto y temor de toda Italia ganaron y

sustentaron el Reino de Sicilia. Agradeció con palabras magníficas el

gusto con que toda la nacion le ofrecía servir, y con el mismo les

recibió. Quiso que luego se platicasen las condiciones con que habian de

militar; y así los Embajadores pidieron conforme sus instrucciones el

sueldo para la gente de guerra, y que á Roger se le diese el título de

Megaduque, y por muger una de sus nietas, porque queria con tales

prendas asegurarse más en su servicio. Andronico sin alterar ni mudar

cosa de las que le pidieron, las concedió, sin reparar en la calidad y

estado de Roger desigual al de su nieta; pero toda esta desigualdad pudo

igualar la reputacion de la gente, que como General gobernaba, y verse

el Griego tan oprimido de las armas de los Turcos, y poco seguro de la

fidelidad de los suyos.

Vivía ciego y desterrado en una aldea Bitinia Juan Lascar, legitimo

sucesor del Imperio, y aunque inútil para ocuparle, viviendo él, era la

posesion de Andronico tiránica, y causa muy justificada para tomar las

armas los mal contentos del gobierno presente; y así lleno de temores y

recelos, le fué forzoso valerse de naciones extranjeras para la guerra y

defensa de su persona. Recibió en su servicio diez mil Massegatas, á

quien el vulgo llama Alanos, gente bárbara de costumbres, Cristianos en

la fé mas que en las obras. Tenian su morada de la otra parte del

Danubio, y reconocían por señores á los Scitas de Europa. Embiaron

primero al Emperador su embajada ofreciendo servirle. Nicephoro Gregoras

Autor Griego de aquellos tiempos refiere lo mucho que Andronico la

estimó con estas mismas palabras: Fuéle tan agradable al Emperador como

si viniera del cielo. Decia que todos los Griegos le eran sospechosos y

enemigos, y así continuamente procuraba amistades y ligas con los

extraños, que ojalá nunca lo hiciera. Tambien recibió en su ejército

muchas compañias de Turcoples que dejaron á Sultan Azan, y se

bautizaron. Todas estas ayudas las deseaba Andronico, y las estimaba

como grandes; y así la que los nuestros le ofrecían no se puede con

palabras encarecer la estimacion que hizo de ella, por ser de gente tan

aventajada á las demás que le servian, y tan temida en aquellos tiempos.

Remitió Andronico los dos Embajadores á Roger concertando el casamiento,

y le llevaron las insignias de Megaduque, que es lo mismo entre nosotros

General de la mar: dignidad grande de aquel Imperio, pero no de las

mayores.

Expedición de Catalanes y Aragoneses al Oriente · 第 33 / 112 题