Se alejan juntos, por los senderos del abandonado jardín, y se
pierden entre el follaje dorado y otoñal de los castaños. Los
mirlos cantan en las ramas y sus cantos se responden encadenándose
en un ritmo remoto, como el murmullo de las fuentes que en la
sombra de los viejos mirtos repiten el comentario voluptuoso
que parecen hacer á todos los pensamientos de amor, sus voces
eternas y juveniles. El sol poniente deja un reflejo dorado sobre
los cristales de la torre, cubierta de negros vencejos, y en el
silencio de la tarde aquel jardín lleno de verdor umbrío y de
reposo señorial, junta la voz de sus fuentes con la voz de las
niñas que rodean el banco donde hace calceta la dueña de los
espejuelos doctorales.
MARIA FERNANDA
Pues si no sabes el cuento de las tres princesas encantadas, cuéntanos
el de los siete enanos, que ése lo sabes.
MARIA ISABEL
Y sino, cuéntanos el del gigante moro.
DOÑA MALVINA
¡Dios me dé paciencia con vosotras! Os contaré la historia de una dama
encantada que se aparece al borde de una fuente que hay cerca de aquí.
MARIA FERNANDA
¿Tú la viste?
DOÑA MALVINA
Yo la vi siendo una niña como vosotras. La dama estaba sentada al pie
de la fuente, peinando los largos cabellos con peine de oro.
Próximo al banco se ha detenido Florisel, que pasaba con la jaula
de sus mirlos. Al oir las palabras de la dueña, sus ojos brillan
llenos de curiosidad.
FLORISEL
Sería una princesa encantada.
DOÑA MALVINA
Era la reina mora que un gigante tiene prisionera.
MARIA ISABEL
¿Y era muy guapa?
DOÑA MALVINA
¡Muy guapa, muy guapa!
MARIA FERNANDA
¿Así como mamá?
DOÑA MALVINA
Muy semejante. A su lado, sobre la yerba, tenía abierto un cofre de
plata lleno de ricas joyas que rebrillaban al sol. El camino iba muy
desviado, y la dama, dejándose el peine de oro preso en los cabellos,
me llamó con su mano blanca que parecía una paloma en el aire. Yo, como
era una niña, tomé miedo, y dime á correr, á correr...
FLORISEL
¡Si á mí quisiese aparecerse!
DOÑA MALVINA
Cuántos se acercan, cuántos perecen encantados. Vosotras no sabéis que
para encantar á los caminantes, con su gran hermosura los atrae, y con
la riqueza de las joyas que les muestra, los engaña: Les pregunta cuál
de entre todas sus joyas les place más, y ellos, deslumbrados al ver
tantos broches y cintillos y ajorcas, pónense á elegir, y así quedan
presos en el encanto. Para desencantar á la reina, y casarse con ella,
bastaría con decir: Entre tantas joyas, sólo á vos quiero, señora
reina. Muchos saben esto, pero cegados por la avaricia, se olvidan de
decirlo, y pónense á elegir entre las joyas.
FLORISEL
¡Si á mí quisiese aparecerse!
DOÑA MALVINA
¡Desgraciado de ti! El que ha de romper el encanto no ha nacido todavía.
Isabel Bendaña y el tonsurado, reaparecen dando compañía á la
Señora del Palacio. Caminan lentamente, acompasando su andar al de
la dama que de tiempo en tiempo se detiene y alienta con fatiga.
Ante la escalinata, cerca del banco donde la dueña refiere á las
dos niñas sus cuentos de abuela, hacen el último alto.
ISABEL BENDAÑA
¿No pasa usted Don Benicio?
EL ABAD
Perdonen que no les haga más larga visita.
LA DAMA
Señor Abad, que mañana celebra usted la misa en nuestra capilla. No lo
eche usted en olvido.
EL ABAD
No lo echo en olvido, no lo echo en olvido. ¡Aquí, Carabel! ¡Aquí,
Capitán! Díganle al ilustre Marqués de Bradomín...
LA DAMA
El Marqués de Bradomín, no está en el palacio de Brandeso.
DOÑA MALVINA
Ya lo sabe.
EL ABAD
En el supuesto de que recaiga por aquí, díganle que hace pocos días,
cazando con el Sumiller, descubrimos un bando de perdices. Díganle que
á ver cuándo le caemos encima. Resérvenlo al Sumiller si viniese por el
palacio. Me ha encargado el secreto. ¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán!
DOÑA MALVINA
¡Qué gran raposo! Sóbrale de saber dónde está el señor Marqués. ¿Adónde
vais, niñas?
MARIA FERNANDA
Vamos con Florisel á ver los otros mirlos.
Doña Malvina sube la escalinata con las dos niñas de la mano. El
Abad desaparece en el fondo de la avenida silbando á sus galgos,
con el balandrán flotante y el chambergo en la mano por refrescar
la asoleada y varonil cabeza, donde la tonsura apenas se esboza
sobre el gris acerado del cabello. Las dos primas quedan solas.
LA DAMA
Xavier llegará dentro de un momento.
ISABEL BENDAÑA
¡Xavier!
LA DAMA
¡Temo tanto verle! Temo el encanto de sus palabras, temo que sus ojos
me miren, temo que sus manos se apoderen de las mías...
ISABEL BENDAÑA
Pero no...
LA DAMA
¡Volverá á enloquecerme y volveré á caer en sus brazos! Tú, ¿qué me
aconsejas Isabel?
ISABEL BENDAÑA
Si es así que no le veas...
LA DAMA
¿Y puedo negarme á decirle adiós? ¡cuando es por toda la vida!
ISABEL BENDAÑA
Xavier no intentará separarte de tu marido. Xavier, mejor que nadie,
debe comprender la grandeza de tu sacrificio.
LA DAMA
No la comprenderá... Y yo quiero ser fiel á esa pobre sombra, detenida
por un milagro delante de la muerte. Quiero ser su esclava, ahora
que nada puede exigir de mí. Cuando me sonríe, con su sonrisa de
enfermo que vuelve á ser niño, cuando posa sobre mí sus ojos llenos de
indecisión, tristes ojos sin pensamiento, el dolor de haberle ofendido
se levanta dentro de mí como una ola, como un gran sollozo. Algunas
veces cuando estoy sola con él, temo que de pronto tenga un momento de
lucidez, y me maldiga, y me arroje de su lado. ¡Tú no sabes cómo esa
idea me hace sufrir!
ISABEL BENDAÑA
¿Y Xavier te ha escrito que venía?
LA DAMA
No.
ISABEL BENDAÑA
¿Cómo lo sabes?
LA DAMA
Lo presiento. Xavier vendrá, y yo volveré á caer en sus brazos, sin que
nada pueda salvarme.
ISABEL BENDAÑA
Tú debes luchar contra esa idea.
LA DAMA
¡No puedo! ¡Y el remordimiento me matará! ¡Mi falta, mi adulterio
ahora, sería más cobarde, más infame que nunca!
ISABEL BENDAÑA
Yo en tu caso no vería á Xavier.
LA DAMA
No le conoces. Se aparecería cuando yo menos lo esperase.
ISABEL BENDAÑA
Es algo fatal.
LA DAMA
¡Fatal! Y prefiero estar prevenida. Yo sé cómo puedo defenderme, y cómo
puedo conseguir que se aleje de mí para siempre. Me bastaría pronunciar
algunas palabras, pero me falta valor para hacerlo. Yo puedo renunciar
á Xavier, no á que me recuerde sin cariño. Quiero vivir siempre en su
corazón.
ISABEL BENDAÑA
¡Me das pena!..
LA DAMA
Si le dijese: Xavier, tuve otro amante.
ISABEL BENDAÑA
¿Cuándo?
LA DAMA
¡Nunca! ¿Quién has creído que soy yo? Ni otro amante, ni otro amor que
Xavier.
ISABEL BENDAÑA
Pues no se lo digas.
LA DAMA
¿A ti te asusta?
ISABEL BENDAÑA
Sí. Es un sacrificio demasiado cruel. Y, además, quién sabe si eso le
alejaría para siempre.
En la puerta del jardín aparecen dos sombras. Se las distingue,
como á través de larga sucesión de pórticos, en el fondo de la
avenida de castaños. Bajo la bóveda de ramajes resuena la voz
engolada y fanfarrona del Mayorazgo de Lantañón. La otra sombra es
el Marqués de Bradomín.
DON JUAN MANUEL
Llego hasta mis molinos. Volveré á buscarte.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Adiós tío!
DON JUAN MANUEL
¡Adiós sobrino! Que me tengan avillado un jarro de La Arnela.
LA DAMA
¡Ahí está!
ISABEL BENDAÑA
¿Adónde vas?
LA DAMA
¡Adonde mi ánimo se fortalezca! ¡Adonde está vivo mi remordimiento!
Se aleja hacia la puerta del laberinto, donde vigilan dos quimeras
manchadas de musgo, y en el tortuoso sendero que se desenvuelve
entre los mirtos centenarios desaparece. El Marqués de Bradomín se
acerca, camina lentamente bajo los cipreses que dejan caer de sus
cimas un velo de sombra.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Prima y señora.
ISABEL BENDAÑA
No esperaba verte aquí. ¿Don Juan Manuel no venía contigo?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Sí, pero no ha querido detenerse. Está muriéndose uno de sus cien
ahijados, y le han llamado para que le eche su bendición.
ISABEL BENDAÑA
Es verdad, que entre los aldeanos existe la creencia de que la
bendición del padrino abrevia la agonía. Tú, en cambio, vienes aquí
para hacerla más lenta y más cruel.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Hablas de Concha? Eres injusta conmigo, bien que en eso no haces más
que seguir las tradiciones de la familia. ¡Cómo me apena esa idea que
todos tenéis de mí! ¡Dios que lee en los corazones!..
ISABEL BENDAÑA
Mira, calla. Eres el más admirable de los Don Juanes: Feo, sentimental
y católico.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Isabel, eres injusta conmigo, mi presencia aquí es tan sólo una prueba
de mi amor por Concha. Con la cabeza llena de canas no puede serse Don
Juan. Hoy sólo me está bien con las mujeres la actitud amable de un
santo prelado confesor de princesas y teólogo de amor. La pobre Concha
es la única que me quiere todavía: ¡Sólo su amor me queda en el mundo!
Lleno de desengaños, estaba en Roma pensando en hacerme fraile, cuando
recibí una carta suya: Era una carta llena de afán y de tristeza,
perfumada de violetas, y de un antiguo amor. Sin concluir de leerla, la
besé: Concha, al cabo de tantos años, me escribía, me llamaba á su lado
con súplicas dolorosas y ardientes. Los tres pliegos traían la huella
de sus lágrimas: Me hablaba de la tristeza de su vida en el retiro de
este viejo palacio, y me llamaba suspirando. Aquellas manos pálidas,
olorosas, ideales, sus manos, que yo amé siempre tanto, volvían á
escribirme como otras veces. Sentí que los ojos se me llenaban de
lágrimas. Yo siempre había esperado en la resurrección de nuestros
amores, era una esperanza que llenaba mi vida con un aroma de fe. ¡Era
la quimera del porvenir!
ISABEL BENDAÑA
¿Y si Concha te suplicase ahora?..
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Que me fuese? Sería entristecer dos vidas. Concha tampoco tiene otro
amor que yo.
ISABEL BENDAÑA
¿Y sus hijas?
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Pobres niñas!
ISABEL BENDAÑA
¿Y su marido?
EL MARQUES DE BRADOMIN
No existió jamás... Isabel, tú bien sabes que hay tálamos fríos como
los sepulcros, y maridos que duermen como las estatuas yacentes de
granito, maridos que ni siquiera pueden servirnos de precursores, y
bien sabe Dios que la perversidad, esa rosa sangrienta, es una flor que
nunca se abrió en mis amores. Yo he preferido siempre ser el Marqués
de Bradomín á ser ese divino Marqués de Sade. Esa ha sido la causa de
pasar por soberbio entre algunas mujeres.
ISABEL BENDAÑA
Xavier, yo te suplico que te vayas.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Tú?
ISABEL BENDAÑA
En nombre de Concha.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Creía merecer que ella me lo dijese.
ISABEL BENDAÑA
¿Y ella, pobre mujer, no merece que le evites ese dolor?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Si hoy atendiese su ruego, mañana volvería á llamarme. ¿Crees que esa
piedad cristiana que ahora la arrastra hacia su marido, durará siempre?
¿Crees que después de martirizarse un día y otro día no hará estéril
ese martirio otra carta suya? Tú sabes que también fué una ola de
misticismo lo que antes nos separó. ¿Recuerdas sus terrores religiosos
y la celeste aparición que le fué acordada hallándose dormida? Concha
estaba en el laberinto, sentada al pie de la fuente y llorando sin
consuelo: En esto se le apareció un Arcángel: no llevaba espada ni
broquel, era cándido y melancólico como un lirio. Concha comprendió
que aquel adolescente no venía á pelear con Satanás, y le sonrió á
través de las lágrimas, y el Arcángel extendió sobre ella sus alas
de luz y la guió. El laberinto, según parece, era el pecado en que
Concha estaba perdida, y el agua de la fuente eran todas las lágrimas
que había de llorar en el Purgatorio. A pesar de nuestros amores,
Concha no se condenaría; yo sí. El Arcángel, después de guiarla á
través del laberinto, en la puerta agitó las alas para volar. Concha,
arrodillándose, le preguntó si debía entrar en un convento; el Arcángel
no respondió. Concha, retorciéndose las manos, le preguntó si iba
á morir; el Arcángel no respondió. Concha, arrastrándose sobre las
piedras, le preguntó si debía deshojar en el viento la flor de nuestros
amores; el Arcángel tampoco respondió; pero Concha sintió caer dos
lágrimas en sus manos: Las lágrimas le rodaban entre los dedos como dos
diamantes. Entonces Concha comprendió el misterio de aquel sueño. ¡Era
preciso separarnos!
ISABEL BENDAÑA
¿Y os separasteis?
EL MARQUES DE BRADOMIN
Sí: estaba como loca.
ISABEL BENDAÑA
Acaso ahora lo esté también, pero su locura es bien hermosa.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Y tú crees que durará siempre?
El blanco fantasma de la dama solloza en la puerta del laberinto.
Está allí desde hace un momento, y por sus labios pasa el temblor
de un rezo, al mismo tiempo que sus ojos y su alma vuelan hacia el
Marqués de Bradomín.
LA DAMA
Sí, Xavier. ¡Siempre!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Más que mi amor?
LA DAMA
Tanto como tu amor. ¡Xavier, tú no sabes cuánto he sufrido desde
aquella noche en que nos separamos!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Con la promesa de volver á vernos.
Los dos se contemplan mirándose en el fondo de los ojos, con esa
intensidad atrayente y dolorosa que tienen los abismos y los
destinos trágicos. Isabel Bendaña se aleja lentamente, y cuando
desaparece bajo la dorada y otoñal avenida de viejos castaños, el
Marqués de Bradomín intenta besar las manos de la dama, aquellas
manos olorosas y ardientes que deshojan el amor como un lirio
rústico. La dama retrocede, y sus ojos brillan con dos lágrimas
rotas en el fondo.
LA DAMA
¿Tú vienes á exigirme que abandone á un pobre ser enfermo? ¡Tú quieres
que le deje en manos mercenarias, y eso, jamás, jamás, jamás! ¡Sería en
mí una infamia!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Son las infamias que impone el amor, pero desgraciadamente ya soy viejo
para que ninguna mujer las cometa por mí.
LA DAMA
¿Por qué me dices eso cuando sabes que no puedo dejar de quererte?
Xavier, si tuvieses un duelo, te batirías á pesar de mis súplicas, á
pesar de mis lágrimas, aunque me vieses morir. Lo que á mí me sucede
es algo parecido. Hay momentos en que una mujer no debe retroceder, ni
siquiera dudar. ¡Las mujeres no se baten, pero se sacrifican!..
EL MARQUES DE BRADOMIN
Hay sacrificios tardíos, Concha.
LA DAMA
¡Eres cruel!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Cruel?
LA DAMA
Tú quieres decirme que el sacrificio debió ser para no engañarle.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Acaso hubiera sido mejor, pero al culparte á ti, me culpo á mí también.
Eramos jóvenes y ninguno de los dos supo sacrificarse... ¡Esa ciencia
sólo se aprende con los años, cuando se hiela el corazón!
LA DAMA
¡Xavier, es la última vez que nos vemos, y qué recuerdo tan amargo me
dejarán tus palabras!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Tú crees que es la última vez? Yo creo que no. Mi pobre Concha, si
accediese á tu ruego, volverías á llamarme.
LA DAMA
¡Por qué me lo dices! Y si yo fuese tan cobarde que volviera á
llamarte, tú no vendrías. Este amor nuestro es imposible ya.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Yo vendría siempre.
LA DAMA
¡Dios mío, y acaso llegará un día en que mi voluntad desfallezca, en
que mi cruz me canse!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Ya llegó.
LA DAMA
¡Nunca! ¡Nunca! ¡Antes que eso sucediese..! ¡No! ¡No!..
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Por qué tiemblas? ¿Qué dudas? Ya llegó.
LA DAMA
¡Vete, Xavier..! ¡Vete!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Mi pobre Concha, cuánto sufres y cuánto me haces sufrir con tus
escrúpulos.
LA DAMA
¡Vete! ¡Vete..! ¡No me digas nada! ¡No quiero oirte!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Divinos escrúpulos de santa! ¡Cuántas noches, al entrar en tu tocador,
donde me dabas cita, te hallé llorando de rodillas..! Sin hablar,
levantabas los ojos hacia mí indicándome silencio, y las cuentas del
rosario pasaban con lentitud devota entre tus dedos pálidos.
LA DAMA
¡Calla!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Algunas veces, sin esperar á que concluyeras, me acercaba y te
sorprendía, y tú, volviéndote más blanca, te tapabas los ojos con
las manos. Yo amaba locamente aquella boca dolorosa, aquellos labios
trémulos y contraídos, helados como los de una muerta.
LA DAMA
..¡Calla! Xavier, voy á causarte una gran pena. Yo ambicioné que tú
me quisieses como á esas novias de los quince años. ¡Pobre loca! Y te
oculté mi vida, y todo te lo negué cuando me has preguntado, y ahora,
ahora..! Tú me adivinas, Xavier, tú me adivinas, y no me dices que me
perdonas!..
EL MARQUES DE BRADOMIN
Te adivino. ¿Has querido á otros?..
LA DAMA
Sí.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Y me lo dices!
LA DAMA
¡Para que me desprecies!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Quiénes fueron tus amantes?
LA DAMA
Se ha muerto ya.
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Uno nada más?
LA DAMA
Nada más.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Y conmigo, dos. Ese amante, mi sucesor, sin duda...
LA DAMA
No.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Siempre es un consuelo. Hay quien prefiere ser el primer amor, yo he
preferido siempre ser el último. ¡Pero, acaso lo seré?
LA DAMA
¡Xavier, mi Xavier, el último y el único!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿Por qué reniegas del pasado? ¿Imaginas que eso puede consolarme? Más
piadosa hubieras sido callando.
LA DAMA
¿Qué hice yo? Xavier, olvida cuanto dije... Perdóname... ¡No, no debes
olvidar ni perdonarme!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¿He de ser menos generoso que tu marido?
LA DAMA
¡Qué crueles son tus palabras!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Qué cruel es la vida cuando no caminamos por ella como niños ciegos!
LA DAMA
¡Cuánto me desprecias! ¡Es mi penitencia!
EL MARQUES DE BRADOMIN
Despreciarte, no. Tú fuiste como todas las mujeres, ni mejor ni peor.
¡Adiós, Concha!
LA DAMA
Si todas las mujeres son como tú me juzgas, yo tal vez no haya sido
como ellas. ¡Xavier, mi Xavier, déjame que me vea en tus ojos! ¡Es la
última vez! ¡Compadéceme, no me guardes rencor!
EL MARQUES DE BRADOMIN
No es rencor lo que siento, es la melancolía del desengaño, una
melancolía como si el crepúsculo cayese sobre mi vida, y mi vida,
semejante á un triste día de otoño, se acabase para volver á empezar
con un amanecer sin sol.
LA DAMA
Tú tendrás el amor de otras mujeres.
EL MARQUES DE BRADOMIN
Temo que reparen demasiado en mis cabellos blancos.
LA DAMA
¿Qué importan tus cabellos blancos? Yo los buscaría para quererlos más.
¡Xavier, adiós para toda la vida!
EL MARQUES DE BRADOMIN
¡Quién sabe lo que guarda la vida! ¡Adiós, Concha!
El Marqués de Bradomín se aleja, y la dama tiende hacia él los ojos
mudos y desesperados. En el silencio de aquel jardín de mirtos
lleno de gracia gentilicia, y de la tarde azul llena de gracia
mística, los tritones de las fuentes borbotean su risa quimérica,
y las aguas de plata corren con juvenil murmullo por las barbas
limosas de los viejos monstruos marinos, que se inclinan para
besar á las sirenas presas en sus brazos. La dama, desfallecida,
se sienta en el banco que tiene florido espaldar de rosales, y
ante sus ojos se abre la puerta del laberinto coronada por las dos
quimeras, y el sendero umbrío, un solo sendero, ondula entre los
mirtos como el camino misterioso de una vida.
LA DAMA
¡Qué hice yo, Dios mío!.. ¡Y si á pesar de todo volviese!
ASÍ TERMINA LA JORNADA TERCERA
ELOGIO DE DON RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN LO ESCRIBIÓ VARGAS VILA EN
ESTE AÑO DE MCMVII
SEGUROS _de que serán gratas á nuestros lectores, publicamos aquí las
páginas donde el admirable escritor americano loa al admirable escritor
de Castilla_.
(NOTA DEL EDITOR.)
[Ilustración]
--Lo ilimitado está en el Arte, como en el Espacio;
una condensación de Infinito, eso es una: Obra de Arte;
crear, es condensar el Misterio, en formas visibles á los ojos
espirituales;
inextricablemente complexo, el Arte, es, como un Universo en gestación:
creador eterno de bellezas;
las formas varían: el Arte, es, Uno;
llenar estas formas en Armonía y Belleza Superior es, ser: Artista;
encarnar musicalmente la Vida Interior de una época y de un país;
ser el Poeta y el Profeta, incompatible con su tiempo, é incomprensible
para su tiempo;
aislarse en el Evangelio de la Belleza y de la Verdad, que guarda la
gran palabra inarticulada que ha de salvar la Tierra;
decir las cosas profundas en el canto insondable de un pensamiento
musical, raro, como una revelación de Gloria;
dar á la frase inusitada la intensidad y el poder pictural de un fresco
eterno, que no han de afrentar los siglos;--porque la Eternidad no se
hizo para el insulto del Genio, sino para su consagración;--
ser la omnividencia maravillosa y la expresión armónica de una
hora ciega y áfona, de un momento histórico brutal, de uno de esos
momentos en que el pensamiento humano sufre la cecidad y la mudez
producidas por la lejanía del Ideal, y, el olvido de la comunión con lo
Bello-Infinito;--única Eucaristía de las almas;
ser la profundidad inagotable, donde mañana, las generaciones
sitibundas vengan á apagar su sed de Belleza, apurando la onda negra,
permanecida pura en la Soledad;
ser un gran Evocador y un gran Creador;
ser el Sacerdote melodioso de un culto que la apostasía condenó al
Olvido, y, la Gloria volverá al sereno esplendor de su Belleza;
he ahí el Deber, he ahí la Misión de esa Personalidad Exótica, de ese
Hijo del Misterio, de esa Figura Heroica del Dolor, que es, un: ARTISTA.
* * * * *
... El corazón del Artista, no es el corazón de _un_ hombre: es, el
corazón del Hombre;
el corazón de todos gime en ese corazón único, hecho de sinceridades
radiosas;
el corazón del Artista, es hecho de fraternidades; y, ningún Simulacro
turba su voz confusa, que viene del profundo Infinito;
su misma teatralidad, es sincera, porque es la exteriorización de su
fastuoso sueño;
el Artista, no finge: expresa;
su Visión, es vivida;
el más absurdo sueño, fué Vida,
en él;
porque su vida es una centuplicación de siglos;
lo Eterno, está en él;
su palabra es un viático misericordioso, que alimenta las almas en su
peregrinación á lo Desconocido;
todo Genio es un Profeta;
la lapidación es su destino;
hoy, la vil Estulticia, la enemiga del Genio, no se llama: Muchedumbre;
se llama: la Crítica;
ya no se lapida al Genio con guijarros: se le lapida con vocablos;
los semi-intelectuales verbalizan contra él, sentencias de
proscripción, y, en nombre del Diccionario, insultan lo Sublime
Extraordinario;
cuando el salvaje elemento de la Envidia, cree haberlo consumido,
organiza en su honor, los grandes funerales del Silencio;
pero, el Genio, como el Mar, es más grande que el Silencio; y, lo ahoga
con sus clamores;
y, hace sonoro al Silencio; sonoro, como la Fama;
y, hace que el alma invisible y gigante del Silencio, toque para él,
las mil trompetas del Renombre;
el Genio, es siempre vencido por la Suerte; no es nunca vencido por la
Crítica;
puede ser reducido á la impotencia; no es nunca reducido al Silencio;
la voz del Genio es la pesadilla de los mediocres;
¿qué no daría, la afonía, cenagosa de los pantanos, por reducir al
silencio la gloria estruendosa de los Mares?
¿qué no darían los mediocres, por reducir el Genio á la mudez?
el pantano es el eterno envidioso del Océano, como el crítico, es el
eterno enemigo del Genio;
su cólera viene de su impotencia; el alma de ambos es verde, verde como
el limo, lleno de reptiles enormes;...
* * * * *
...Toda creación de Arte, es una Palabra, dicha;
de mármol, de lienzo, de hierro, de cristal, toda obra del Genio, es
Verbo;
en manos del Artista todo canta; El, mismo es un cántico;
el Artista excelso, es, el Artista raro, aquel, cuya maravilla de
creación, escapa á la comprensión de la Muchedumbre, al gusto del
rebaño letrado de su tiempo;
la antimonia entre su individualismo y, el medio ambiente, es lo que
caracteriza al Genio;
el Artista Verdadero, el Artista raro, no es tolerado nunca, y, atrae
la execración, del colectivo animal que lo rodea;
su grandeza lo aisla tanto como su voluntad;
el Grande escritor de quien vengo á hablaros, es un Extraño y un
Aislado;
en el Pórtico del Ideal, que es su templo, aparece así, Enigmático y
Taciturno, escoltado por dos efigies: el Silencio y el Ensueño;
Valle-Inclán, no es un escritor popular, ni siquiera un escritor,
célebre, es simplemente, un escritor glorioso;
la Gloria no se dicierne, la Gloria se posee;
Valle-Inclán, no colinda por ningún lado con la popularidad;
no cultiva el género chico, que hace veinte años triunfa en España, y,
educa y divierte el alma heroica y triste de ese pueblo;
no es un profesor de hilaridad;
no cultiva tampoco el enojo, que los escritores graves de su país,
estilan en sus libros, ese enojo mortal, capaz de hacer dormir de pie,
á un neurótico en cólera;
los libros de Valle-Inclán, no son un éxito de librería, son
simplemente una victoria del Arte;
él, no cultiva el Suceso, cultiva la Belleza;
he ahí por qué, en la literatura de su tiempo, es un Extraño y un
Aislado;
cuando se es un Artista puro, un Artista apasionado y verdadero, se
tiene el derecho de estar orgulloso de esa forma sagrada del suplicio,
que es: la Soledad;