_Rold._
¿Es posible, amor, que soy
Contigo una vez dichoso?
No lo creo, vive Dios,
Aunque lo veo y lo toco.
_Flor._
Llega á mi padre.
_Doñ._
¡Ay amiga!
Mil necedades propongo,
Turbada.
_Flor._
Las necedades
Puedes dejar para el novio.
_Doñ._
Déme vuestra majestad
Su mano.
_Cárl._
Serán forzosos
Los celos en vuestro primo,
Si os doy la mano.
_Rold._
Hoy mejoro
Mi fortuna, y hoy amigos,
Gustos y esperanzas logro.
¡Dichosas penas de amor!
_Cárl._
En tan digno matrimonio
Estriba, Doñalda bella,
La paz de mi reino todo,
Pues se sosiegan en él
Los tumultos y alborotos,
Que han alterado estos dias
Mi quietud y mi reposo
Gozaos los años del ave
Que en holocausto oloroso,
Como la flor se renueva,
Bañada de nácar y oro.
_Doñ._
Y vos dilateis, señor,
Á los climas más remotos
Vuestro imperio soberano.
_Rold._
Pues vuestro desde hoy me nombro,
Yo cumpliré esa palabra,
Por vos haciendo los golfos
No conocidos, alfombras
De sus piés, y á sus heroicos
Renombres dando inmortales
Láminas, del tiempo oprobio,
Para que conozca el mundo
Con admiracion y asombro,
Que es por vos, el Magno Cárlos,
El señor más poderoso.
_Cárl._
Basta teneros á vos
Por mi Atlante, en cuyos hombros
Estriba mi monarquía.
_Doñ._
Los dos vuestra hechura somos.
_Cárl._
Daos las manos.
_Doñ._
Don Turpin
Falta.
_Rold._
No faltan estorbos
Jamas en mi bien.
_Cárl._
Llamaldo;
Conde, ¿no os juzgais dichoso
Con tal premio?
_Rold._
Es el ingenio
Para encarecerle corto,
Que como es accion del alma,
Y el alma donde la copio
Es materia celestial,
Por incomprensibles modos,
Decirlo sin ofendella
Será tan dificultoso,
Cuanta distancia hay del alma
Al cuerpo grosero y tosco.