_Cel._
Pues ya vusiñoría no desea
Verme, justo será que yo le vea.
_Otav._
Señora, ¿tal exceso?
_Cel._
No es exceso,
Siendo mi dueño vos.
_Otav._
Aquí confieso
Que erraron mi ignorante cortesía
Y mi encogida y necia cobardía;
Fuera d’eso, he tenido una cansada
Visita, aunque la doy por disculpada,
Por ser quejas, señora, de un amante;
Sobrino pienso que es del Almirante.
_Cel._
El marido de Fénis, una necia,
Que cuanto ve desprecia.
_Otav._
Una que dicen que se fué temiendo
La espada de su padre.
_Cel._
Estando haciendo
Las escrituras, dijo, en vez de firma,
Con que su loca presuncion confirma,
Que á César no queria, y es un hombre
Rico, noble, galan y gentil hombre.
_Otav._
Tal me lo ha parecido.
_Cel._
Es una loca,
Que entiende que á sus méritos es poca
La majestad de un rey.
_Otav._
Vusiñoría
Se siente, aunque es su casa, que no es mia.
_Cel._
Quien eso dice cuando el alma enseño,
Señal es que no quiere ser su dueño.
_(Siéntense.)_
_Otav._
La casa, señora mia,
Es donde yo vi mi bien,
Aunque temiendo el desden
Del bien que no conocia,
Ayer fué el dichoso dia
Que en aquesta casa hallé
El bien que nunca pensé;
Que no pude imaginar
Que tal grandeza de amar
Cupiera en tan breve fe,
Y tanta gloria me da
Ver que rendí su desden,
Que no tengo yo más bien
Que el que en esta casa está;
Aquí dentro vive ya
Mi dueño, mi amada esposa,
Tan entendida y hermosa,
Que me pesa de tener
Sola un alma que ofrecer
Á su deidad amorosa.
Mucho el veros me suspende,
Pero si me atrevo á hablar
Desta suerte, es por pensar
Que hablo con quien me entiende;
Temo que desto se ofende,
Pero tanta discrecion
Disculpará la ocasion,
Que á no estar nadie presente,
Trasladára tiernamente
Á la lengua el corazon.
_Cel._
Bésoos las manos, Otavio,
Por la merced que me haceis,
Á quien sois correspondeis,
Y con ser noble, á ser sabio;
No tengo yo por agravio
Que no hableis más tiernamente,
Que si os detiene esta gente,
Tiempo queda á los casados
Para decir sus cuidados
Con afecto diferente.
Gustosa estoy de que aquí
Hallásedes vuestro bien,
Pues hallé yo en vos tambien
El mayor bien para mí;
Yo sola dichosa fuí
En que en mi casa tengais,
Conde, el bien que deseais,
Que siendo vos mi marido,
El mayor que al cielo pido,
Con daros á vos me dais;
Mas mirad que no os mudeis
D’ese firme pensamiento.
_Otav._
Quien sabe mi sentimiento,
Siente lo que no sabeis;
Como el alma no me veis,
Lo que no entendeis juzgais.
_Cel._
¿De qué tema os enojais?
_Otav._
Vos no teneis qué temer,
Que quien es ya mi mujer
No duda lo que dudais.
_Tomé._
Señor, el Duque.
_Otav._
¿Qué Duque?
_Tomé._
El Virey.
_Cel._
Pues no me vea.
Abre, Flora, el camarin,
Abre, que esconderme es fuerza.
_Flora._
Dame la llave, Tomé.
_Tomé._
Espera.
_Flora._
¡Qué linda flema!
_Tomé._
Ya la busco, no me turbes.
_Flora._
De la carroza se apea.
_Tomé._
Vive Dios, que la tenía
En la faltriquera izquierda;
Pienso que se me ha caido.
_Flora._
¿Hay tan gran descuido? muestra.
_Tomé._
¿Qué quieres, que no la hallo?
_Flora._
No la busques, que ya entra.