_Fén._
Si donde la belleza
Del exterior ornato y compostura
Confirma la nobleza,
Y las obligaciones asegura
De un noble caballero,
De vuestros piés favorecerme quiero.
_Otav._
Tened, tened, señora.
_Fén._
No juzgueis mi desgracia á culpa mia,
Pues oyéndome agora,
Culparéis de un tirano la porfía,
Cuyo acero desnudo,
Si no fuera por vos, matarme pudo.
Pensaréis que ha nacido
De ser liviana yo, la inobediencia
De que estará ofendido,
Pues sabed que es valor mi resistencia,
Y una virtud causada
Del mismo honor á que nací obligada.
Es el conde Fabricio
Mi padre, de alta sangre y de alto nombre;
Mas como el buen juïcio
Y la virtud hagan perfecto al hombre,
Entre gente que sabe
No hay alto nacimiento que se alabe
Dos nobles caballeros
Me han pretendido, en sangre y renta iguales;
Pero satisfaceros
Puedo segura yo que con ser tales,
Ninguno me ha inclinado
Á ser oido, cuanto más amado.
César llaman al uno,
Leonardo al otro; el César con el nombre
No sufre igual ninguno,
En el valor, en rico y gentil hombre;
Pero no le ha valido
Para ser á Leonardo preferido.
Pidiéndome arrogante,
Mi padre concertó mi casamiento,
Leonardo al mismo instante
Le declaró tambien su pensamiento,
Con que dudoso el viejo,
Si no la voluntad, mudó consejo.
César en esto airado,
Por quitar á Leonardo la esperanza,
Libre y desatinado,
Dijo, mintiendo extraña confianza,
Entre algunos señores,
Que tenía de mí falsos favores;
Y Leonardo presente
Á la conversacion de cierto dia,
Se alabó libremente
De que por prendas de mi amor tenía
Lo que puede la boca
Permitir de licencia al que la toca.
La honestidad consiste
En resistir los labios una dama,
Que si no los resiste,
Para su infamia abrió los de la fama;
Porque quien los entrega,
Confiesa más que con la lengua niega.
Melindre no os parezca
Que mis labios sintiesen sus agravios,
Que no es bien que merezca
La puerta del amor, que son los labios,
Quien ántes de tenellos,
Tan necio se alabó de merecellos.
Esta loca mentira
Me dijo visitándome Leonardo,
Para moverme á ira,
Y desde entónces esta afrenta guardo,
De suerte en mi sentido,
Que le aborrezco cuando no le olvido.
Mi padre, que debiera
Por la misma razon tenerle en poco,
En darme persevera
Á un hombre para mí tan necio y loco,
Que hoy quiere, hoy dice, hoy jura
Que tengo de firmalle la escritura.
Nuestros deudos se juntan,
Aunque él estaba ausente y recatado,
Luégo por mí preguntan,
Yo salgo, y miro con el rostro airado
Á mi padre, al notario,
Cual bravo con la espada á su contrario,
Tomo la pluma, escribo,
Al tiempo de otorgalla, que no quiero,
Ni admito, ni recibo
Á César por marido, y con severo
Rostro en la escrita suma,
Á espaldas vueltas arrojé la pluma.
No suele así cometa
Pasar resplandeciendo por el viento,
Y por senda imperfeta,
Correr para morir fuego violento,
Que yo partí encendida
De los agravios de que estoy corrida;
En leyendo lo escrito
Saca mi padre contra mí la espada,
La puerta solicito,
Todos le tienen, y salí turbada,
Donde me hubiera muerto,
Si no fuérades vos mi dulce puerto;
Á cuyos piés os ruego
Que miéntras pasa del rigor la furia
No permitais que ciego
Intente hacerme tan notable injuria,
Que como el alma os muestra,
Miéntras tuviere vida seré vuestra.
_Tomé._
¡Vive Dios que me ha cogido!
Gusto de señora tienes,
Que yo esperaba un romance,
Y en verso grave procedes.
_Otav._
Vuestra pena, y la ocasion
Me la ha dado de tal suerte,
Aunque otro intento tenía
Ántes, señora, que os viese,
Que determino, y es justo
Ser desde agora obediente
Á cuanto vos me mandeis,
Puesto que la causa es fuerte;
Que no sé qué he visto en vos
De aquello que no se entiende,
Que me ha mandado serviros,
Aunque la vida me cueste.
Yo soy en aquesta casa,
Desde esta mañana, huésped,
Que á tratar un casamiento,
Y que en su nombre concierte,
Por embajador me envia
Cierto amigo, que pretende
Á Celia, desde Milan;
Así porque no tuviese
Más segura voluntad,
En cuantos amigos tiene,
Como porque yo venía
Á negocios diferentes
Á Nápoles con el Duque,
Aquel Giron excelente,
Que de Sicilia ha venido
Habrá, señora, diez meses,
Donde sucedió al marqués
De Villena, su pariente,
Aquel Pacheco famoso,
Que de tan nobles Maestres
De Calatrava y Santiago,
Honor de España, desciende.
Esto quiso que tratase
Con esta dama, de suerte
Que hoy la he visto, y es señora
Que al conde Otavio merece;
Que aquéste es el apellido
Deste caballero ausente,
Soldado de buena fama
En Asti como en Verceli;
Entre el Alpe y Apenino
Caudaloso el Pó desciende,
Donde tiene algunas villas
Que le adoran y obedecen.
No perderá Celia nada
Cuando efetuado quede,
Aunque no me ha parecido,
Por algunos accidentes;
En este cuarto que veis,
Y que con vos se ennoblece
Aunque no lo imaginaba,
Me mandó que me aposente,
Porfié, no aprovechó,
Obedecí y acetéle;
Mi nombre es Cárlos, si acaso
En mi persona os parece
Que hay algo noble, eso soy,
Y para ser vuestro siempre.
Mirad agora qué traza
Dais en el rigor presente,
Que estoy tal de haberos visto,
Que me obliga á que os confiese
Que me pesará en el alma
Con envidia de que llegue
Otro alguno á mereceros.
Si á Celia quereis que os lleve,
Ella hará las amistades
Con vuestro padre y parientes;
Si quereis estar aquí
El tiempo que os pareciere,
Aposentos hay y llaves
Que os aseguren y cierren;
Esto será con secreto,
Porque Tomé solamente
Ha de acudir á serviros.
_Tomé._
Y Tomé dice que puede
Entregarle esta alcaidía,
Porque desde Adan deciende
Por línea recta de alcaides,
Y la guardará fielmente,
Porque fué un agüelo suyo
Alcaide de los Donceles;
Que llevarla á Celia agora,
Es notable inconveniente,
Que no vive sin envidia
La hermosura en las mujeres.
Ea, pues, vusiñoría
Escoja aposento y éntre,
Que un huésped en casa honrada
Convidar puede otro huésped,
Y sálgase fuera Cárlos,
Que sólo se le concede
Que pueda ver esta dama
Los miércoles y los viérnes.
_Otav._
Señora, Tomé es un loco,
Aquí no hay cosa que os fuerce
Si no es vuestra voluntad.
_Fén._
Esa basta.
_Otav._
Si lo fuese.
_Fén._
No sé lo que puede ser.
_Otav._
¿Cómo es vuestro nombre?
_Fén._
Fénis.
_(Éntrese.)_
_Otav._
¡Qué bien parecen las cosas
Que con los nombres convienen!
_Tomé._
¿Qué quiéres concetear
Deste pájaro celeste
Si lo es de hermosura y gracia,
Y traer en cultos fuelles
Los céfiros orientales,
Con que sus llamas enciende,
Y que en canela y aromas
La purpúrea pluma envuelve
Para volver á nacer?
_Otav._
¡Ay Tomé!
_Tomé._
Pues bien, ¿qué tienes?
No hay borrico que suspire
En viendo los alcacéres,
Como tú por cualquier hembra.
_Otav._
Mucho esta Fénis ofende,
No he visto cosa.
_Tomé._
No más.
_Otav._
Loco me deja.
_Tomé._
Detente.
_Otav._
¿Qué haré de Celia?
_Tomé._
Casarte.
_Otav._
¿Cómo casarme?
_Tomé._
Ó volverte.
_Otav._
¡Hay tal mudanza!
_Tomé._
¿Qué dices?
_Otav._
¡Qué confusion!
_Tomé._
Ya no puedes
Hacer otra cosa.
_Otav._
Calla,
Que el hombre que más entiende,
Adónde amanece sabe,
Pero no dónde anochece.
_(Váyanse.)_