TOMÉ.

_Tomé._

Aguardaba que estos dos

Se fuesen; muriendo llego

De risa por una parte,

Y por otra de pesar.

_Otav._

No te acabaste de entrar,

Tanto que áun pudo toparte

Cuando el padre de esa dama,

Que nos ha pedido ayuda,

Vino, la espada desnuda,

Para defender su fama.

Díjele que la llevó

En una silla un galan,

Y que seis soldados van

En su escolta, y lo creyó,

Diciendo traicion ha sido

De Leonardo, y fuése airado;

Tras esto, el más agraviado

Si pensó ser su marido,

Y como viste gallardo,

Vino y de la misma suerte

Fuego por los ojos vierte

En busca del tal Leonardo,

Que seguro de su ofensa,

No sabrá qué responder;

¿Qué has hecho desta mujer?

Y ella ¿qué dice ó qué piensa?

Porque, vive Dios, que ha sido

Defenderla necio error,

Porque son cosas de honor

Donde hay padre y hay marido.

_Tomé._

Señor, si tan cierto sabes

Que es aquesta noble dama

Hija del conde Fabricio,

¿Por qué te pesa de darla

Favor en esta ocasion?

Que un padre injusto la casa

Contra su gusto. ¿Es delito

Huir la desnuda espada

De un hombre que con la ira,

Cerca estuvo de matarla?

Y á tí, porque la defiendas,

¿Puede resultarte infamia?

_Otav._

Nunca te he visto tan necio.

¿Parécete que es ganancia

Dar á Celia pesadumbre

Por esconderla en su casa,

Y á su padre y su galan

Para que se ofendan causa?

Que bien dicen, que ninguno

Sabe, cuando se levanta,

En qué ha de acabar el dia,

Porque ¿quién imaginára

Lo que nos ha sucedido?

_Tomé._

Señor, tú puedes dejarla

Por los respetos que dices,

Puesto que es cosa inhumana;

Pero yo, si dos mil vidas

Me cuesta, no he de entregarla

Al tirano que la fuerza.

_Otav._

Necio, ¿qué furor te engaña?

¿No es locura que á su padre

Escondas, sin irte nada,

Una mujer principal?

_Tomé._

Yo sé que me disculpáras

Si la habláras ó la vieras.

_Otav._

Si la viera, ó si la hablára,

La aconsejára su honor.

_Tomé._

¡Ah señor! que en nuestras almas

Tiene gran juridicion

La hermosura en la desgracia;

Aquel mero mixto imperio

Que tiene una hermosa cara

Bañada en líquido aljófar

Sobre dos rosas de nácar,

¿Á qué bárbaro no rinde

De la más desierta Arabia?

¿Á qué fiera donde el Nilo

Las siete bocas desagua?

Parece que á las mujeres

Dió naturaleza sábia

Horca y cuchillo en los ojos,

Y más si lloran con gracia.

Si vieras tú como yo,

Dos estrellas animadas

Llover perlas en claveles

Por dos caminos de plata,

Si vieras entre suspiros,

Que con una mano blanca

Limpiaba soles un lienzo,

Que el dolor bañaba en agua,

Si vieras unos cabellos

Que descompuestos bajaban

Á servir de celosías,

Porque dos niñas se bañan,

Y que entre aquestos efetos,

Formaba tiernas palabras

El instrumento más dulce

De las acciones humanas,

Diciendo: ¡Ay padre cruel!

¿Por qué me fuerzas y casas

Con un hombre que aborrezo?

¿Qué dijeras, qué intentáras?

No es hombre quien esto sufre,

Aspid de la Scitia helada

Anima su ingrato pecho,

Pues que la deuda no paga

Á las mujeres debida,

Desde las primeras fajas,

Desde la primera cuna,

Y áun ántes que el hombre salga

Á la luz del sol, que allí

Como víbora los mata,

Con achaques, con antojos,

Y áun con la vida.

_Otav._

No hagas

En su defensa, Tomé,

Conmigo oracion tan larga;

No tienen hombre en el mundo,

Que como yo satisfaga

La deuda á los nueve meses,

Pero en la presente causa,

¿Qué puedo yo hacer por ella?

_Tomé._

Sólo hablarla y consolarla,

Ya que se valió de tí,

Que ella te dará la traza

Como tú la favorezcas.

_Otav._

¿Á dónde está?

_Tomé._

En esta sala.

_Otav._

¿Viéronla entrar?

_Tomé._

Fué ventura,

Que en corredor ni ventana

No estaba persona entónces.

_Otav._

Abre, y pon luégo la aldaba.

Comedias inéditas · 第 47 / 161 题