Á un cuartillo de leche de burras, que haya cocido por espacio de diez
minutos en un embudo de metal, se le agrega un manojo de perejil
moscado, quince gramos de lejía Fénix, una jícara de creosota y seis
metros de canela en rama, haciendo hervir toda esta mezcla hasta que
quede reducida á la nada. Cuando ya no exista ni rastro de todo ello, se
compra una liebre de buenos antecedentes y se prensa todo lo posible
colocándola debajo de una nodriza montañesa, después de sacarla los
ojos.
Al mismo tiempo se tendrán partidos en rodajas dos pepinos de América y
dos piñas de Leganés, ó viceversa, cuyas rodajas se rebozarán con
belladona y se tendrán en el baño de María Santísima por espacio de tres
meses, hasta que la liebre prensada haya procreado debajo de la nodriza.
En seguida se machacan en un mortero dos ó tres berenjenas y se vuelcan
en un cuartillo de limón helado, cuidando de que no se inflamen.
Se pasa todo esto por un tamiz y se le introduce á la liebre en las
entrañas, cosa que agradece mucho el animal, porque le produce
cosquilleo en los hipocondrios y se los refresca.
Colocada la liebre en una fuente de Lozoya y rodeada de la piña, de los
pepinos y de unas cuantas cucharadas de orujo recién ordeñado, se sirve
á los comensales, que no recuerdan, seguramente, haber probado en su
vida un plato como la merluza de cerdo.