SOPA DE ALMENDRA

Bueno es reunir almendras de toda confianza y machacárselas uno mismo,

aun á riesgo de reventarse un dedo; pero más cómodo es llegarse á una

confitería honrada y comprar pasta de almendra, en cantidad suficiente

para hacer una abundante sopa.

Con el auxilio de un cuchillo, que tenga filo, se parte la pasta en

fragmentos, y éstos irán á parar á una apreciable cacerola que, llena de

agua clara, se pone sobre la hornilla oscura, dentro de la cual habrá

lumbre, porque si no sería difícil la cocción.

Se mueve el líquido mientras cuece, ya sea con una badila, ya con un

paraguas, hasta que se disuelve bien la pasta, y al propio tiempo se le

echan pedacillos de pan, que navegan en el blanco elemento hirviente y

acaban por esponjarse de gusto sin exhalar un lamento «á pesar del calor

que hace allí».

Á unos les gusta calentita la sopa de almendra y á otros fría y aun

trasnochada.

Hay quien echa en ella cebolleta picada y unos cangrejitos; pero debe

considerársele como un loco rematado.

Constituye la sopa de almendra el clásico postre de la Noche-Buena; y la

costumbre data del tiempo del Patriarca San José, quien, siendo párvulo

aún, machacaba almendras y se las comía delante del nacimiento que le

habían comprado sus respetables padres en Santa Cruz.

Cocina cómica: Recetas de guisos y postres, poesías culinarias, y otros excesos · 第 73 / 118 题