Tócale el turno á un postre, cuyos datos acaban de llegar dulcemente á
nuestro culinario poder.
Se llama «cosa rica», y se hace de la siguiente manera: Se compran (si
no existen de antemano en nuestra despensa) diez y seis huevos, diez y
seis onzas de azúcar diez y seis de harina y diez y seis de manteca de
vacas célibes (¡todo diez y seis!). Se les quita á los huevos la
cáscara, porque estorba. Se bate la manteca con la mano, pues con el pie
no es de buen tono, y se van echando encima los huevos, el azúcar y la
harina, por este orden, que es el que la etiqueta exige. Previamente
habráse tenido preparado un conveniente número de cajas de papel, por el
estilo de las que tienen para su uso particular las mantecadas de
Astorga. Ocúpanse estos débiles receptáculos, hasta la mitad, con la
masa referida y se les conduce amistosamente al horno, que no deberá
estar ni fu ni fa, ni fuerte ni frío.
¿Qué resta? Comer la masa y tirar el papel. Hacer lo contrario sería una
necedad.