Para freir los huevos hace falta tener varias cosas: 1.ª Huevos.--2.ª
Aceite.--3.ª Lumbre.--4.ª Sartén.--Y 5.ª Paleta.
Los huevos han de ser precisamente de ave de corral y el aceite de
hígado de aceituna. La lumbre ha de estar caliente, la sartén sin
agujeros en el fondo y la paleta provista de rabo.
El aceite puede ser sustituído por manteca. Y ésta ha de ser de cerdo,
no de olivas.
La operación de freir los huevos no es pesada ni difícil. Sin embargo,
no todos los seres humanos la saben realizar. Hay muchos académicos que
no saben freir más que la lengua castellana, y algunos personajes
políticos que ni siquiera saben lo que son huevos.
Pues bien: después de encender la lumbre y tener sobre ella aceite
hirviendo, se coge un huevo con cáscara (pues sin ella no se le podría
cascar). Se le maltrata contra cualquier objeto duro, y colocándole en
alto sobre la sartén y separando cada una de las dos mitades con cada
una de las dos manos, ¡pal! se dejan caer las entrañas del huevo dentro
de dicha vasija, porque si caen fuera es probable que no quede bien
frito. La yema queda en medio dándose tono y la clara la guarnece
alrededor metiendo un ruido infernal y levantando ampollas á su contacto
con el aceite. En tal momento es cuando la paleta cumple su misión en
este valle de lágrimas. ¿Cómo? Recogiendo la clara para que no se
divorcie de la yema, y rociando de aceite todo el huevo con la mejor
intención. El huevo, por su parte, sigue tan calentito y escandalizando
como una fiera, hasta que, decretada su libertad provisional, se le saca
del baño con la susodicha paleta y se le pone encima de un plato (nunca
debajo).
Inmediatamente se repite la operación con otro huevo y se le coloca
después de frito al lado del primero, encargándoles á uno y á otro que
se lleven bien y no riñan, pues los huevos están destinados á
presentarse en el mundo por parejas, como la Guardia civil.
Á nadie se le ocurre pedir un huevo, ni tres; ha de ser un par.
Esto no _quita_ que un vecino mío se coma siete huevos para desayunarse.
Y si son fresquitos, del día, y procedentes los siete de una misma
gallina, mejor que mejor.
Bien es verdad que se los come con otros tantos panecillos.