QUE TENGA COSTUMBRE DE COMER

Con el transcurso del tiempo se ha ido ingiriendo considerablemente la

cocina en la literatura, ó mejor dicho, la literatura en la cocina.

No aludo al hecho de que algunas cocineras tengan sobre el fogón tal

cual novela para honesta distracción del espíritu atribulado y

grasiento. Me refiero á lo que se ha escrito de poco tiempo á esta parte

sobre materias culinarias.

No es fácil enumerar todos los tratados de cocina y repostería y los

manuales del arte de guisar que han sido publicados, y mucho menos las

recetas sueltas que andan por ahí[1]. Lo que sí puede asegurarse es que

los autores que han explotado todas estas materias se han revestido de

la mayor seriedad para redactar sus trabajos y ofrecérselos al público

que come bien, que es el más sano de todos los públicos, ó al menos lo

debe ser.

Á la tal seriedad es precisamente á lo que yo pretendo sacar punta en

estas cortas pero honradas líneas, sin que el hacerlo sea faltar al

respeto que los principales guisanderos teóricos me infunden, unos por

sus méritos y otros porque desgraciadamente hicieron tiempo ha la última

digestión de su vida.

Yo no soy cocinero, y apenas si he tenido roce, (roce técnico, se

entiende), con cocinera alguna; pero como suelo sentir comezón de poner

en solfa las cosas más graves, me permito presentarte, caro lector, un

librito humorístico de cocina, menos caro que tú y sin más pretensiones

que enseñarte á confeccionar algunos platos de cocina y de repostería,

ya montados, ora de á pie, y entretenerte con varias poesías relativas á

la manducatoria.

Mas no debo dejar paso franco á las recetas ni á las coplas sin

consignar antes unas cuantas advertencias respecto á lo que en clase de

comensal bien nacido debes hacer antes de comer y durante la comida;

sí, durante ese acto importantísimo que, digan lo que quieran los

inapetentes de profesión, constituye, sin duda, el segundo de los

placeres con que contamos los mortales en este valle de lágrimas y de

patatas fritas.

* * * * *

Cuando te conviden á comer, no debes llegar á casa del anfitrión después

que hayan servido los postres; pero tampoco antes de que amanezca el día

señalado para la comida. _In medio consistit virtus_, que dijo el otro.

Si no ha precedido invitación y eres tú quien se convida, bueno será que

te anuncies con anticipación para que puedan prepararte comida buena y

abundante. La creencia de que donde comen cuatro comen cinco es una

majadería de primer orden. Comer cinco donde comen seis ya es algo más

razonable.

Bueno es también que sepa todo el mundo cuáles son los manjares de tu

mayor devoción. ¿Tendría gracia que te convidasen y con la mejor

intención te dieran besugo (pongo por plato) existiendo embozadas

diferencias, quizá odio profundo, entre el besugo y tú? Ciertamente no.

En las casas de medio pelo para abajo te dirán probablemente antes de

comer: «Vamos á tratarle á usted con toda confianza»... «Por usted no

hacemos ningún extraordinario»... No lo creas, lector mío. De seguro ha

precedido á la formación del _menu_ amplia discusión conyugal sobre tus

gustos y sobre la oportunidad de sacar á relucir lo mejorcito de la

vajilla.

Si no te han señalado sitio en la mesa y hay señoras, no seas bobo y

colócate junto á la más guapa, á no ser que ésta tenga por costumbre

limpiarse las manos en la ropa del comensal más próximo ó escupir sobre

él las espinas de los pescados ó el hueso de las aceitunas.

No empieces jamás á comer antes de que haya manjares en la mesa, pues no

está generalizado entre los comensales de buen tono el ir á la cocina á

catar los platos, en alas de la impaciencia.

No dejes de ofrecer entremeses á las señoras, y mucho más si tienen la

_probalidad_ de ser mancas. ¿Que les gusta lo que las ofreces? Pues

contarás con su eterno reconocimiento. ¿Que no les gusta? Pues recibirás

un desaire, lo cual es amargo siempre, y ya sabes lo conveniente que es

empezar á comer con algo amargo por vía de aperitivo.

Respecto á la colocación de la servilleta, no sé qué aconsejarte, porque

conozco distintos pareceres.

Todo lo que no sea limpiarte los labios con las mangas, está bien.

Unos individuos desdoblan la servilleta y se la ponen sobre los muslos.

Otros se la atan al cuello, como si les fuesen á afeitar.

¿Qué debes hacer tú? Según y conforme. Si tienes la corbata rozada ó has

robado á alguno de los presentes el alfiler que llevas, debe quedar tu

pecho tapado con la servilleta, bien atándotela al pescuezo, bien

clavándotela á la nuez con disimulo y con una tachuela.

En otro caso, bien se está el blanco cendal sirviendo de sudario á las

rodillas.

Por cierto que en esto de la colocación de la servilleta he visto

caprichos muy raros. Un general muy conocido se la ataba al tobillo

derecho. Cierto marqués no menos afamado se la ponía en la cabeza á modo

de turbante, y un literato que no quiero nombrar se la suele meter en el

bolsillo con no muy santo fin, y digo esto porque á veces ha devuelto

la comida, pero la servilleta no.

Nunca pongas los codos sobre el mantel y mucho menos el mantel sobre los

codos. Especialmente esto último es de mal efecto.

No cojas las aceitunas con el tenedor, sino con los dedos, prefiriendo

los de la mano; pero no con todos, sino con dos, y aun si te es posible

con uno solo. Esto es lo más elegante.

Una vez las aceitunas en la boca, no te tragues los huesos: deposítalos

con disimulo en el bolsillo del comensal colindante.

Para comer las rajas de salchichón, quítalas primero el cerco de tripa

que las rodea, valiéndote para ello del cuchillo, nunca de la cuchara, y

efectuada la separación, no te distraigas y vayas á tirar la rodaja y á

comerte la tripa.

En cuanto al uso del cuchillo, del tenedor y de la cuchara, poco habré

de advertirte.

No cortes con el cuchillo los caldos ni las salsas, ni te le metas en la

boca conduciendo en su punta bocado alguno, porque te puedes partir la

lengua en lonchas. De querer chuparlo á todo trance, hazlo por el mango,

que al fin y al cabo carece de filo conocido.

Si te presentan chuletas empedernidas ó _entrecocotes_ fósiles, suelta

el cuchillo y pide un hacha inmediatamente. Lo demás es perder el

cuchillo y mellar el tiempo, ó viceversa.

La cuchara se agarra por el rabo generalmente, y se usa para los

líquidos. Pero no interpretes esto al pie de la letra y vayas á tomar á

cucharadas el Champagne ó el Chartreuse. (Suele emplearse también la

cuchara para el reconocimiento facultativo de la garganta, tratándose de

personas que tienen la lengua levantisca.)

Con el tenedor no debes intentar pinchar los huesos de los mamíferos ni

de las aves, ni chupar como un bobo las púas después de haberlo usado.

Y ya que de las aves te hablo, debo recordarte aquella moraleja que dice

así:

Partiendo una pechuga Juan Bustillo,

tres dedos se cortó con el cuchillo,

y al pinchar un alón Joaquín Manzano,

se clavó el tenedor en una mano.

Si no quieres comer pasando _miedos_,

coge siempre las aves con los dedos.

En la imposibilidad de hablarte de todos los manjares difíciles de

tomar, te voy á hacer tres ó cuatro breves advertencias respecto de

algunos, _Alcachofas_.--Constan de un cogollo que está en el centro y

muchas hojas que lo abrigan cariñosamente. Estas son duras de pelar, y

cuando se las tiene en la boca forman un modesto estropajo. Pues bien,

lector querido, como la digestión del tal estropajo suele ser más

laboriosa que la constitución de algunos gobiernos, y como, por otra

parte, sacar las hojas de la boca para adornar el borde del plato no es

de buen gusto, yo estaría más tranquilo si no comieras alcachofas en

toda tu vida.

_Espárragos_.--Cómete la cabeza (la de ellos) y el tallo verde, después

de empuñarlos por la parte blanca, parte que arrojarás, tras de chuparla

bien, al plato del comensal más próximo.

_Moluscos_.--Nunca debes comerte la cáscara de almeja alguna, por más

que en su afán de que comas de todo te inste á ello la señora de la

casa. Con el bicho que tiene en el centro te basta y te sobra para

relamerte.

_Cangrejos_.--Si te los dan, haz lo siguiente: coge al animalito,

decapítale, quítale el corpiño, los entresijos, la colita y las patas; y

como no quedará nada del crustáceo, te chupas el dedo y vuelves por

otro.

_Helado_.--Si es queso, no pretendas quitarle la corteza, y si tiene

forma de sorbete piramidal, no eches los dientes á la cúspide, porque es

cosa fea. Tómalo con la cucharilla, y si no la hubiere, con el dedo

índice.

En cuanto al orden de los platos, tampoco puedo decirte mucho. Bástete

saber que sería de mal efecto comenzar por los postres y acabar por la

sopa, no siendo sopa de almendra.

Aunque seas muy amante del buen orden en todos los actos de tu vida, no

pretendas, cuando comas, empezar por el principio. Tómalo después del

cocido y no te pesará. Y si te _pesa_, agárrate á la magnesia

efervescente.

Extrañarás una cosa en el curso de la comida, y es que te darán la

_entrada_ después de llevar dentro más de una hora.

Otra cosa: si te dicen que vas á tomar el sorbete _detrás_ del asado, dí

que eso no es posible. ¡Tendría que ser un asado muy grande!

Respecto á la prelación en los vinos y en las bebidas espirituosas ó

espirituales (como decía una patrona mohosa que yo tuve), ten sólo en

cuenta el orden comúnmente establecido, pues si malo es tomar vino de

Valdepeñas con las tartas, aún es peor tomar el Ojén, pongo por caso,

con la sopa de fideos.

No tomes el Oporto ni el Jerez en taza, porque este cacharro está más

admitido para la manzanilla; y si te sirven Madera no abusos de él, que

luego puede mortificarte la salida de las virutas.

Si crees que el bigote ha de servirte de estorbo para tomar los guisos

de salsa, déjalo con el sombrero en el recibimiento. Preferible es esto

á que puedan ver en tu faz inoportunas estalactitas, pues éstas son más

propias de las grutas que de los bigotes.

Terminada la comida, coge un palillo y límpiate bien la dentadura; y

después, en vez de volverlo al palillero, ten la galantería de

ofrecérselo á la señora de la casa.

¿DEBE HABER FLORES SOBRE LA MESA?

Por lo mucho que adornan y que animan,

soy partidario de ellas.

Mas hay que distinguir; no todas pueden

estar sobre la mesa.

Hace poco rogóme un tal _Don Diego_

que en su casa comiera,

y allí estaban con él _Jacinto Flores_

y su cuñada _Hortensia_,

y _Flora_, su sobrina, con su novio

(un _lila_ de primera)

y sus amigas _Margarita_ y _Rosa_

en unión de su abuela,

_flor_ de la maravilla, pues no tiene

achaques ni dolencias.

¿Allí me negarás que había flores?

¡Pues ahora considera

qué efecto hubieran hecho colocadas

encima de la mesa!

¿COMO SE DEBE TOMAR EL CAFÉ?

Como viene de Ultramar;

como lo suele tomar

don Bernabé Povedano;

es decir, comiendo el grano

sin moler y sin tostar.

--¿Toma usted, don Bernabé,

crudo y en grano el café?

(le dije un día en su cara).

¡No he visto cosa más rara

que esos caprichos de usté!

--Pues se los puedo explicar.

--¿Y en dónde su origen tienen?

--En el adagio vulgar

que dice que _hay que tomar

las cosas conforme vienen_.

Recetas de guisos.

Cocina cómica: Recetas de guisos y postres, poesías culinarias, y otros excesos · 第 14 / 118 题