DESCANSO XVII.

Parecióme que para la quietud que yo deseaba, el bullicio de Málaga, y

las ocasiones de la tierra y mar, con el apacible trato de la gente,

siendo yo conocido en ella, no se podia hallar á la medida de mi deseo,

y la ejecucion del intento principal; fuíme á la Sauceda de Ronda,

donde hay lugares y soledades tan remotas, que puede un hombre vivir

muchos años sin ser visto ni encontrado si él no quiere. Púsome en

camino un buen hombre, y porque no pasase sin trabajo, llegando á la

Sabinilla, se desembarcaron dos bergantines de turcos, saltaron en

tierra, y cogieron pescadores y vaqueros, cuantos hallaron por allí;

porque aunque habian hecho ahumadas, no las echamos de ver hasta que

dimos en manos de los moros, que nos maniataron y llevaron á los

bergantines; pero de verse tan señores de la tierra, descuidáronse,

hinchando las panzas de vino de lo que hallaron en una hacienda de

pesca; de manera que todos, ó la mayor parte se emborracharon; dan

sobre ellos la gente de Estepona y Casares, y los demás que vivian

cerca viniendo al rebato, cautivando y matando, se escaparon muy

pocos. Los que estábamos en los bergantines maniatados, pedimos á los

guardas, que si querian vivir nos desatasen y echasen en tierra; lo

cual hicieron, y les valió para poderse aviar, porque desatando á un

vaquero con los dientes, hombre de fuerza y ánimo, cogió un remo como

si fuera una vara de medir, y jugando de él, hizo que nos desatasen á

todos y nos echasen en tierra. Afligíme de nuevo, acordándome de mis

trabajos de mar y tierra, que aunque han sido muchos, siempre hallé

piedad y misericordia en ellos, como en este, que viéndome un hombre

anciano en edad, aunque robusto y fuerte en las acciones de hombre de

valor, vecino de la villa de Casares, que decian ser un Abraham en

piedad, porque su casa y hacienda era siempre para hospedar peregrinos

y caminantes; llegóse á mí, y dijo: Aunque siempre la piedad me llama á

semejantes cosas, ahora parece que me hace más fuerza que otras veces,

viéndoos afligido y con edad; idos conmigo á mi casa, que aunque es

pobre de hacienda, es abundantísima de voluntad, y nadie hay en ella

que no se incline á piedad tan entrañablemente como yo: no solamente mi

mujer é hijos, pero criados y esclavos, que tanto tiene el hospedaje

de bueno, cuanto tiene de concordia en el amor de todos. ¿Cómo es el

nombre, pregunté yo, de quien tanta piedad usa conmigo? que fuera de

la caridad, que tanto resplandece en vuestra persona, hay en mí otra

fuerza superior que me abrasa el pecho en amaros. Yo, respondió, soy

un hombre no conocido por partes que en mí resplandezcan, contento con

el estado en que Dios me puso, pobre bien intencionado, sin envidia al

bien ageno, ni de las grandezas que suelen estimarse; trato con los

mayores con sencillez y humildad, con los iguales como hermano, con

todos los sugetos como padre. Alégrome cuando hallo mis vaquillas

cabales, castro mis colmenas, hablando con las abejas como si fueran

personas que me entendiesen; no me pongo á juzgar lo que otros hacen,

porque todo me parece bueno; si oigo decir mal de una persona, mudo

conversacion en materia que les pueda divertir; hago el bien que puedo

con lo poco que tengo, que es más de lo que yo merezco, que con esto

paso una vida quieta, y sin enemistades que destruyen la vida. Dichoso

vos, dije yo, que sin andar contemporizando las pompas y soberbias del

mundo, habeis alcanzado lo que todos desean poseer. ¿Pues cómo habeis

caminado á tan quieta vida? Respondió: No desprecio de lo propio, no

envidio lo ageno, no confio en lo dudoso, no reparo en recibir lo que

viene sin alteracion de ánimo. Quien tal estado alcanza, dije yo, bien

es que publique su nombre. No es mi nombre, dijo, de los conocidos

por el mundo, sino á la manera de mi persona, llámome Pedro Jimenez

Espinel. Dióme una aldabada en el corazon, pero soseguéme, prosiguiendo

en la conversacion para entretener el camino hasta llegar al lugar; y

preguntéle: ¿Y con esa vida tan segura teneis alguna pesadumbre que

os inquiete? Por Dios, señor, respondió, si no es cuando no hallo la

hacienda bien hecha, ó la comida por aderezar, no tengo pesadumbre,

y esa con leer el Memorial de la vida cristiana de fray Luis de

Granada, se me quita como por la mano. ¡Cuántos filósofos, dije yo, han

procurado esa sencillez y no la poseyeron con cuantas observaciones

han tenido en los preceptos de la filosofía moral y natural! No me

espanto, dijo el buen hombre, que como la mucha ciencia engendra en

los hombres algun desvanecimiento, sin humildad no se puede alcanzar

esta vida, que como yo soy ignorante, abracéme desde mi niñez con

la virtud de paciencia y humildad que conocí en mis padres, y héme

hallado bien con ella; pero pues habeis andado por el mundo, podrá

ser que hayais conocido por allá un sobrino mio que há muchos años no

sabemos de él, que segun nos han dicho, anda en Italia, y á cuantos

hospedo en mi casa, fuera de ser la obra buena, en parte lo hago por

saber de mi sobrino. ¿Cómo se llama? pregunté, y respondióme con mi

propio nombre. Sí le conozco, dije, y es el mayor amigo que tengo en el

mundo. Él es vivo, y está en España, y bien cerca de aquí; donde sin

andar mucho le podreis ver y hablar. Holguéme en el alma de conocer

mi sangre, y tan bien fundada en las virtudes morales cristianas, que

pudiera yo imitarle si fuera tan puesto en la verdad de las cosas como

era razon. Él se holgó de las nuevas que le dí, aunque por entonces no

me dí á conocer hasta que hube mudado estado. Que realmente la carne y

sangre, y tan cercana como esa, tiene algo de estorbo para la ejecucion

de los intentos buenos que apetecen soledad. De todos los valerosos

hombres en religion tenemos noticia que han huido á los desiertos de

la compañía de parientes y amigos que pueden ser impedimento para los

buenos fines. Los actos del alma en la soledad están más desembarazados

y libres. Obras de ingenio no quieren compañía. El vicio tiene menos

fuerza cuando las ocasiones son menos. Las más escelentes obras de

varones señalados se han fraguado en las soledades. Y quien quisiere

adelantarse en cosas de virtud, ora sea en ejercitarla, ora sea en

escribir de ella, se hallará más fácil y pronto para semejantes

acciones. Y aunque la soledad por sí no es buena, no está solo quien

tiene á Dios por compañero.

[Ilustración]

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Vida del escudero Marcos de Obregón · 第 85 / 101 题